4.3 Recommended diets vs consumed diets
4.3.2 To what extent do the recommendations given to a user match their
«La mejor victoria es vencer sin combatir.»
Sun Tzu, El arte de la guerra, s. V a.C.
Introducción
Asentados en las bocas y riberas de los ríos, hombres y mujeres negras cimarronas y libres, y más tarde sus descendientes, forjaron un espacio de refugio en la costa central de Veracruz, dedicadas a la pesca y producción de hortalizas para la plaza. Tierra adentro ocurría un fenómeno semejante alrededor de las haciendas ganaderas que comenzaron a dominar el paisaje, así como en los pueblos indios sobrevivientes a congregaciones y epidemias donde negros, negras y castas se integraron como vaqueros y labradores, mientras que por los caminos, las castas itinerantes se ocuparon de la arriería. En la ciudad, representaron la fuerza de trabajo del puerto como cargadores, así como labores domésticas y otros servicios.
Ambos, mujeres y hombres de la costa y tierra adentro constituyeron el sustrato de una especie de «ejército de reserva» no sólo para la defensa de la costa, sino del mismo reino. Sus chozas de madera y palma, albergarían los «soldados del rey» en aquellas latitudes: los Lanceros y Pardos y Morenos libres.
Además de los pueblos con sus cabildos, las milicias fueron corporaciones que fungieron como vehículo de participación política y movilidad social de negros, mulatos, pardos y morenos, a la vez que materializaron funciones de control social que la Corona deseaba ejercer sobre las castas y la población fugitiva o disidente de la franja costera. Adherirse a los cuerpos castrenses coloniales a partir de las necesidades defensivas de la Nueva España, junto a su reconocimiento como valiosos elementos defensivos de los espacios costeros del seno mexicano, transformó la relación de los negros y mulatos de las jurisdicciones de Veracruz y Cosamaloapan con la Corona. Su nueva denominación como morenos y pardos trastocó el significado de la sociedad de castas novohispana, no sólo por la nominación, sino por el goce de estatus, exenciones, fueros y privilegios que les proporcionaron honor y prestigio al igual que a sus homólogos del ejército.
El nuevo vínculo con la Corona, proveniente del dominio y protección de un espacio que fue considerado estratégico, creó una dependencia militar que aunque fuese simbólica se tradujo en mayores capacidades de negociación y prebendas para pardos y morenos de la costa de Veracruz, favoreciendo su posición política. Sobre este fenómeno, insustancial aún en el siglo XVI e impulsado exponencialmente por las políticas de la casa de Borbón, es aún limitada la inteligencia historiográfica, especialmente desde sus particularidades provinciales y actores. Al respecto, Fernando Winfield Capitaine recabó las fuentes que
prueban la actuación de los cimarrones de Mazateopan y su integración a las filas de lanceros de Tlalixcoyan,304 en medio de la Guerra de los Siete Años (1758-1763) que ocasiona el despliegue del plan de defensa del virrey Marqués de Cruillas (1760-1765), por la reciente participación de España. A mediados del siglo veinte María del Carmen Velázquez (1950), se convirtió en pionera al ponernos al tanto sobre la situación del ejército en América, mientras explicaba el estado de guerra de la Nueva España alrededor del auge de las políticas borbónicas, así como las problemáticas de poner en pie un ejército americano y la necesidad que hubo de echar mano de las fuerzas americanas, incorporadas como milicias. Un especialista que ha tratado con mayor detenimiento el ejército realista es Christon Archer, quien al ocuparse de su fase borbónica afirma que antes del siglo XVIII era una fuerza defensiva más que de ofensiva y fueron los borbones quienes se ocuparon de organizarlo e «institucionalizarlo»; esta reforma cobra mayor auge con el Plan Crespo de 1784, para transformarse en un ejército ofensivo con la guerra de 1810. Con los borbones, se crean regimientos de infantería, caballería, dragones y artillería bajo la lógica de la defensa, se da paso a los regimientos provinciales y se arma a los americanos.305 Es cuando las milicias provinciales y las de la costa hacen su aparición oficial y se conceden prerrogativas, principalmente a las castas africanas que ocupan la costa, por ser un espacio crítico para la defensa, cuyos efectos se verán en el resto del virreinato. Precisamente a Ben Vinson III306 toca mostrar la relevancia de los «libres de todos los colores» en la defensa de los territorios del Nuevo Mundo. En su original estudio de larga duración, principalmente sobre Puebla y México, así como de algunos casos de Veracruz en diversos artículos, profundiza sobre la cuestión socioracial y la movilidad social de los milicianos «negros.» Hacia 1983, Juan Marchena realiza un estudio sobre los oficiales y soldados del ejército americano, proporcionando algunos datos sobre las milicias americanas.307 Hasta el momento el único estudio provincial de Veracruz sobre las fuerzas armadas y las circunstancias del teatro de la guerra, como él lo llama, es el de Juan Ortiz (2008), quien dedicó siete años de investigación a analizar el espacio de la costa, desde las implementación de las políticas borbónicas hasta que las fuerzas de la Corona capitulan y abandonan San Juan de Ulúa en 1825. El saldo historiográfico queda en deuda aún con los actores de estas latitudes, excepto por los
304 Octaviano Corro es quien se ocupa por primera vez del Levantamiento de 1745 y la fundación de Amapa, en 1951, considerado por ello como precursor de los estudios afrodescendientes en Veracruz. Adriana Naveda Chávez-Hita, «Presentación» en Pardos, mulatos y libertos. Sexto encuentro de afromexicanistas, 2001, pp. 9-13.
305 Christon Archer, El ejército borbónico, 1983. 306 Ben Vinson III, Bearing Arms for his Majesty, 2001.
307 Instrucción reservada que el conde de Revillagigedo dio a su sucesor en el mando, Marqués de Branciforte sobre el gobierno de este
continente en el tiempo que fue virrey, instrucción 99, p. 22.
307 Los orígenes de las milicias novohispanas se remontan al siglo XVI, cuando después del la acción ofensiva de las huestes, la estrategia de la Corona se dirigió a pacificar y expandir, su nuevo dominio americano. Las primeras milicias que operaron en América fueron las de los indios flecheros tlaxcaltecas guerreros y nobles, quienes al ser portadores de privilegios de conquista y en vista de las necesidades de pacificar las tierras recién invadidas, se les permitió la posesión de armas, aún a pesar las legislaciones plasmadas tempranamente en las Leyes de Indias. Oficialmente las milicias se instauran por las Ordenanzas de Felipe II en mayo de 1562 para todo el reino de Castilla, ratificadas por las ordenanzas generales de 1590. Juan Marchena, Ejército y milicias en el mundo colonial americano, 1992, p. 102.
artículos de Patrick Carroll (1992), quien contribuye a la comprensión del papel de los negros libres en Veracruz en el campo militar, el de Adriana Naveda (2010), quien continuó abonando al conocimiento de los negros libres de Córdoba y Orizaba a través de las milicias de lanceros de San Lorenzo Cerralvo, Filiberta Gómez sobre los milicianos pescadores de Tamiahua y Abel Juárez, quien saca del anonimato a los lanceros de Acayucan con fuentes ubicadas en el Archivo General de Indias en Sevilla308 y Juan Manuel de la Serna, quien da cuenta de las preferencias matrimoniales y la composición de la familia de los lanceros de Veracruz, relacionada al prestigio y la movilidad social. Un sentido diferente ha guiado otros trabajos sobre las milicias como el de Ulrich Bock (2010), al explorar la transición a ciudadanos de los pardos y morenos de Yucatán y Lyle Mac Alister (2012) que amplia el análisis del fuero militar.
Para sancionar lo dicho con antelación, se suscribe que no existe un estudio consistente como el elaborado por Ben Vinson III sobre las milicias de pardos y morenos libres,309 para otras latitudes del virreinato; así como tampoco han sido abundantes las investigaciones sobre el campo a lo largo del período colonial, sin mencionar que la actuación política de los milicianos a través de estos cuerpos políticos en la costa, aún no ha sido atendida de modo exclusivo. El enfoque historiográfico sobre las milicias americanas había sido sólo parcial, hasta la aparición del trabajo de Alfonso García Gallo en 1956, quien ofrece un panorama amplio y preciso sobre su papel y funcionamiento en la sociedad indiana, el cual conjuga los aspectos jurídicos con el detalle monográfico enfocado al servicio militar de indias, entendido como «la obligación o forma de prestarse aquél por los súbditos.»310 La escasez historiográfica respondía en su momento, a la dispersión de fuentes documentales y la división en los archivos americanos, Simancas e Indias.311 Aunque actualmente, ya se cuenta con los fondos de Operaciones e Indiferente de Guerra del Archivo General de la Nación, de donde se abrevó la presente investigación.
Fue interesante advertir que las milicias en suelo americano son tan antiguas como los indios flecheros, guerreros aliados equívocamente llamados «auxiliares» que lucharon «codo a codo» con las huestes ibéricas para el dominio de los territorios americanos y hasta el siglo XIX cumplieron funciones de defensa, principalmente en las fronteras novohispanas. Los estudios fundadores de José Luis Mirafuentes Galván y María del Carmen Velázquez confirman que estos indios gozaron de privilegios desde el inicio de la colonia, cuya existencia en sí misma, refracta la legislación indiana.
En torno a estas disertaciones es que discurre esta pieza del argumento de la tesis ocupada de exponer la trascendencia de estos actores en la conformación de las milicias de la costa central de Veracruz y de la
308 Abel Juárez Martínez, 2005. 309 Ben Vinson III, Op. cit.
310 García Gallo, Alfonso, «El servicio militar en Indias.», 1956.
influencia de estas en su vida política, identidades y cultura políticas. A través de comprender el proceso que siguieron en América, las circunstancias a las que respondieron y su relación con el ejército español y americano; así como su papel en el horizonte militar novohispano, en un momento en que se volvieron cruciales para un sistema defensivo inserto en un espacio caribeño, al calor de las reformas militares y lo posible del ataque inglés hacia 1762. En medio de una serie de coyunturas que transformaron tanto el horizonte militar como el espacio político americano, entre las más relevantes, las reformas militares, las consecuencias de la participación de España en la guerra de los Siete Años y el impacto de la guerra insurgente, concretadas en la transformación del sistema defensivo del virreinato. Los privilegios, fueros y honores con los que se distinguió a los milicianos fueron extendidos al campo de lo social y lo político por los propios actores. Pues se estima que además de ser una corporación preminente en el virreinato, la milicia constituyó un espacio social donde las castas africanas desarrollaron nuevas formas de hacer política y continuaron adquiriendo privilegios que les permitieron dar continuidad a la escalada social emprendida sino explícita, implícita en su integración a la vida económica y social, la fundación de pueblos y la erección de cabildos autónomos. Que contribuyó a su movilidad social, como ya lo había previsto Ben Vinson.312
Desde inicios del siglo XVIII algunos estudiosos ubican subsecuentes conflictos armados, nominados como «era de las revoluciones.»313Lo cierto es que en Europa se suscitaron continuas guerras314 que lograron impactar a las colonias hispanas para devenir en una preeminencia de lo militar: desde la sucesión de la Corona española (1701-1715), hasta las invasiones napoleónicas de Portugal y el conflicto contra Francia posterior a 1808, las cuales se extenderán hasta las independencias americanas. Sin duda un ciclo extremadamente bélico, en el cual el ejército y las milicias se erigen actores clave.
La exitosa invasión de Inglaterra a la Habana en 1762, en medio de un panorama internacional profundamente belicoso, provocó que las políticas de defensa de los Borbones para sus colonias experimentasen un nuevo paradigma. Concretadas en reformas políticas militares devinieron en una americanización de lo militar: un sistema defensivo particular y la conformación del ejército con efectivos americanos que en buena parte eran castas.315 Las modificaciones iniciales convierten las compañías en unidades regulares: compañías, batallones y regimientos que partir de los reglamentos de plaza dictados en 1718 son constitutivas del Ejército de América,316 compuesto por un cuerpo de dotación, otro de refuerzo y las milicias. Tales reglamentos crearon las guarniciones de Veracruz (1749), Yucatán (1754), y Campeche (1778), La
312 Ben Vinson III, Bearing arms for his Majesty, The Free.Colored Militia in Colonial México, Stanford University Press, Stanford, 2001. 313 Concepto de François Guerra para describir una serie de revoluciones sociales y políticas que también corresponde al «siglo de las luces.»
314 Sobre las guerras europeas, consultar Marchena, Juan y Manuel Chust (eds), Por la fuerza de las armas, 2008. 315 Me apoyo en el estudio de Christon Archer, El ejército borbónico…
frontera norte (1772), y Acapulco (1780), así como el Cuerpo de Artillería para la defensa del reino de la Nueva España (1765), con lo cual se instauraba el ejército de dotación,317 en contraste con el de refuerzo procedente de la península.
Las acciones del virreinato en materia militar y las innovaciones de su ejército de defensa no fueron solamente producto de las repercusiones bélicas ocasionadas por la disputa de los territorios coloniales frente a potencias enemigas, sino también por los movimientos geopolíticos europeos ocasionados por el cambio del reinado de los Habsburgo a los Borbones cuyo resultado fue un conjunto de políticas, económicas y militares que proyectaron una mayor efectividad de la administración de las colonias. Identificadas como reformas borbónicas, representan el cambio de una actitud paternalista de sus antecesores a otra absolutista, reconocida como «déspota» e «ilustrada», iniciada con la llegada al trono de Carlos III. Precisamente las políticas borbónicas provocaron una serie de intervenciones, dirigidas a la administración fiscal que no eran bien vistas por las élites comerciantes y empobrecían a la mayor parte de castas e indios que se mantenían escapando del tributo. La necesidad de hombres para un ejército americano que debía ser autónomo y las milicias, provocaron también el descontento por el cual, en 1810 pueblos y élites novohispanas, principalmente criollas se levantaron en armas. En la costa, la rebelión permeó todos sus pueblos, excepto la ciudad de Veracruz que asemejó una isla en medio de un mar de insurrección. Las políticas borbónicas en coexistencia con las circunstancias bélicas y amenazas de ataque, generaron una crisis de defensa en la cual la costa se encontró expuesta ante el potencial adversario, a causa de la carencia de un plan de defensa, una política débil, la endeble fortificación y disposición espacial casi ´«indefendible» del puerto, que sumado a la falta de armas y hombres, hace pensar en un escenario sumamente peligroso para la ciudad. El fracaso del plan de Cruillas318 emprendido en 1762 ante otro posible ataque de Inglaterra, en parte por lo provisorio de un «ejército invisible» de hombres que debían dedicarse a las siembras y producción de víveres para la ciudad completaron el panorama que hubiese sido trágico ante la invasión del enemigo; sólo hubiese quedado a su alcance la estrategia de dejar morir al adversario expuesto a las plagas y epidemias que acechaban la costa causando la muerte de extraños y la falta de alimento.
El énfasis de las políticas de la Corona de mediados del siglo XVIII fueron en buena medida violentas y apuntaron a extraer el tributo de indios y castas, así como a las élites a partir de «aportaciones» obligatorias, con tal de sostener sus contiendas en Europa, causando en buena parte, los intensos y abruptos acontecimientos de la violencia de la guerra independentista, que produjeran un rudo sisma social para los
317 Conjunto de unidades encargadas de la defensa local en cada una de las Jurisdicciones, con estados mayores de plaza. Juan Marchena (1992), Ejército y milicias en el mundo colonial americano, p. 98.
habitantes de este sitio geoestratégico del virreinato. La lucha armada implicó para los milicianos negros, pardos y morenos de la costa, la disyuntiva de defender a su rey o a su pueblo, o quizás a ambos. Pues pertenecer a un pueblo de la costa durante la guerra de independencia era análogo de insurgencia o al menos, encontrarse en peligro inminente frente a los leales a la monarquía española. Por otro lado, su experiencia y conocimiento previo en el campo y espacio militares, bien les permitiría acceder al movimiento insurgente desde una posición favorable, como ocurrió con los caudillos militares criollos y afromestizos.
Lo que había sido observado tras el infructuoso despliegue militar fue la relevancia de las fuerzas militares de la costa, integradas por lanceros y milicias urbanas de pardos y morenos que más tarde con la famosa visita de Juan de Villalba y José de Gálvez fuesen instituidas oficialmente y dotadas de fueros y privilegios. Otra ventaja extraída de aquella visita de Cruillas a la costa que intentaba organizar las fuerzas armadas, fue la negociación establecida por los cimarrones de Mazateopan, quienes ofrecieron unirse a los lanceros y a las labores de vigilancia de la costa y del cimarronaje.
A partir de estos eventos no cesaron las intenciones de fortificar y fortalecer el sistema defensivo, en el sentido de fortificación, como de estratégico-militar que llevaran precisamente a las reformas militares traducidas en una fuerza militar fija en América y el auspicio de las milicias en la costa. Coyuntura que como se ha mencionado, fue aprovechada por los negros, pardos y morenos para sumarse de modo más intenso a la corporación militar, lo cual a la larga será un recurso sumamente capitalizable y donde inician su carrera en las armas, así como la modificación y ampliación en sus formas de hacer política. Para la Corona fue aparentemente favorable, pues de alguna manera fue infructuoso y efímero, si se considera que a la costa no llegó ningún enemigo y la población armada de la costa se levantaría en armas contra el mal gobierno español en la primera década del siguiente siglo.
Afirmar que al inicio de las reformas militares se establecieran fuerzas fijas en América a partir del ejército español es muy distinto a que esas fuerzas emergieran del territorio novohispano, es decir que pueda considerarse un ejército americano. Aún si se considera que las fuerzas militares americanas provenían en gran parte de milicias nutridas por habitantes novohispanos, en su mayor parte castas.
El ejército americano emergerá en lo que resta de esa mitad del siglo XVIII y distará de la homogeneidad del modelo europeo el cual estaba conformado por una mayoría de artesanos, pues la jerarquización que pasaba por la distinción socioracial, hizo ajustar su composición a la pluralidad de la sociedad novohispana y permeó su conformación, cuya lógica y funcionamiento será producto de un proceso histórico propio. Oficialmente su estructura fue establecida por altos mandos peninsulares, oficiales criollos y soldados procedentes de estamentos más bajos, donde inicialmente se insertaron las castas afromestizas. No obstante,
las milicias y la participación de los negros, pardos y morenos subvirtieron ese orden, pues pronto se tuvieron sargentos y otros oficiales, así como altos mandos procedentes de las castas.
Las milicias coloniales constituyeron un cuerpo político que atravesó la estructura social, política y económica del orden colonial319 novohispano, para negros, pardos y morenos de la costa de Veracruz, significó la oportunidad de participar en la defensa y vida política del virreinato y a la larga, una garantía de movilidad