2.1.1.1. Los contextos, entornos y escenarios
Los individuos son producto de los contextos en los cuales desarrollan su vida familiar, educativa, laboral y social; los vínculos que se entablan entre estos contextos y su cotidianeidad son muy fuertes, en vista que el concepto contexto va más allá de un simple enunciado al hacer referencia a múltiples significados. Desde esta perspectiva, surge la interrogante, ¿por qué la familia va más allá de ser un simple escenario o entorno para convertirse en un contexto? Igual destino corren los demás contextos que hacen referencia al campo educativo, es decir, en el caso concreto que nos convoca, al contexto universitario donde el estudiante desempeña múltiples roles y ejecuta diversas acciones.
El análisis de los contextos en sus dimensiones sociales, culturales e históricas ha sido estudiado por muchos autores (Cole, 1999, Rogoff, 1990, 1998, 2003; Lacasa, et. al., 2004). Entre esos estudios Cole realiza una compilación de planteamientos sobre los contextos, a los cuales vamos a recurrir en este estudio. El contexto no puede ir separado de la cultura, por tres motivos: “1) porque no puede separarse de una dimensión
temporal, histórica en la realidad humana, que lo configura; 2) porque en él están presentes instrumentos materiales y simbólicos que permiten a los individuos adaptarse a la realidad y proyectarse al futuro; 3) porque es un entorno social” (Lacasa y Silvestre, 2001:341).
En consecuencia, el contexto es inseparable de las contribuciones activas de los individuos, sus compañeros sociales, las tradiciones sociales y los materiales que se manejan. Un ejemplo aclara más la idea, en el contexto comunicativo participan y actúan activamente unos actores, sean humanos o animales, que hacen uso de un objeto de referencia para comunicarse y recurren a unos instrumentos, sean biológicos o tecnológicos, para entrar en contacto comunicativo; si cambian los instrumentos de comunicación, cambian los actores y si los objetos de referencia se modifican, cambian los consumidores de comunicación.
Cohen y Siegel (1991) sostienen que el contexto está conformado por tres dimensiones: el contexto social, el contexto histórico y el contexto físico; o como indica Lacasa (2004: 18) el contexto como sistema social y como entorno físico que evoluciona a través del tiempo. Lacasa (2004:19) hace una muy buena revisión sobre el tema, señala que los psicólogos han resaltado la dimensión social del contexto y hace una distinción que es necesario citar: a) Quienes se acercan al contexto desde la perspectiva de la interacción personal, dentro de esta línea cita los trabajos que versan sobre la relación entre iguales o la interacción madre-hijo de Elice Forman y Bárbara Rogoff. b) Quienes se aproximan al contexto entendido como un macro-entorno en el que será posible diferenciar distintos niveles. Un ejemplo de esta línea de trabajo es la propuesta de Bronfenbrenner (1988) que se aplica en este estudio.
sociales y la psicología del desarrollo y los educadores. También son escasos los estudios dedicados a la dimensión temporal del contexto, aunque Lacasa resalta las investigaciones elaboradas por Middleton y Edwars, desde la perspectiva sociocultural, que abordan el problema del tiempo en relación con el contexto y la memoria; de esta manera, el recuerdo se ve inmerso en un contexto social del que es inseparable, y se hace presente por medio de un discurso que adquiere su verdadero significado en un entorno que va más allá del individuo. Plantea el contexto como sustancia de la memoria colectiva, contextualmente establecida en la palabra. La metacognición o (los procesos mentales) no es vista como reflexión sino de modo ocasional, explicando que las concepciones de los procesos mentales son formuladas, justificadas y socializadas al hablar sobre ellos. Así también, la inferencia y el argumento en las versiones conjuntas de los sucesos, produce versiones aceptables a partir del recuerdo (Middleton y Edwards, 1990, citados por Lacasa, 2004).
Desde de este ángulo, la antropología se ha dedicado a investigar el campo de la oralidad y el recuerdo basada en testimonios de vida (Valderrama y Escalante, 1992, 1982; Supa, 2002) de varones y mujeres quechuas, donde el tiempo se convierte en una dimensión del contexto social y se accede a ella a través del recuerdo y de los testimonios de los actores; y como dice Pilar Lacasa, el pasado sólo tiene sentido desde el presente en el que se recuerda y desde el futuro, sobre el que se proyecta.
Por la aproximación que tienen a la investigación que se realiza en esta oportunidad, se destaca el enfoque ecológico que considera el contexto como un escenario y la propuesta sociocultural que diferencia a su vez dos modelos, el de quienes, desde enfoques clásicos, se refieren a él como un sistema de actividad y el que tiene influencias desde la antropología que hace referencia a los contextos como comunidades prácticas donde sus miembros no necesariamente tienen una cultura compartida pero que sí comparten significados que se relacionan con lo que están haciendo en contextos socioculturales e históricos (Lacasa, Reina, Rodríguez, 2000). Cole apunta que el orden pertinente del contexto dependerá crucialmente de las herramientas por medio de las cuales se interactúa con el mundo, y éstas, a su vez, dependerán de las propias metas y otras restricciones sobre la acción. Del mismo modo, la interpretación pertinente del contexto para el analista de la conducta dependerá de las metas del análisis. Según esta visión del contexto, la
combinación de metas, herramientas y entorno (incluidas otras personas) constituye simultáneamente el contexto de la conducta y las maneras en que se puede decir que los procesos cognitivos se relacionan con el contexto (Cole, 1999:130). La noción de entorno nos lleva a pensar en aquello-que-rodea. Mientras que, la concepción de contexto plantea metafóricamente que son los hilos y las cuerdas que se entrelazan llegando a construir toda una trama.