5.2 Regressions and Results
5.2.5 Which Factors Affect the Changes in CEO Compensation Structure?
Durante las últimas décadas se han ofrecido una serie de respuestas a la gran complejidad de retos presentados por las tendencias historiográficas, aquellas que encaran los desafíos latentes y que aparecen en el siglo XX, no siempre desde círculos ligados a la historiografía4. Entre ellas se pueden encontrar tanto reaccio- nes que apuestan por un retorno a los proyectos positivistas y realistas, críticos de la deconstrucción “excesiva” de los conceptos, como aquellas que imponen la imposibilidad del conocimiento real como problema constitutivo e insuperable de la historiografía. En las aproximaciones post-positivistas “las formas extremas del constructivismo radical [son] como un sospechoso opuesto del esencialismo”
2Modris EKSTEINS. The Rites of Spring: The Great War and the Birth of the Modern Age. Boston, Lester
& Orpen Dennys, 1989. pp. 276-277.
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Concha ROLDÁN. Entre Casandra y Clío. Una historia de la filosofía de la historia. Madrid, Akal, 1997.
4Un recorrido sistemático de estas cuestiones vertebradas desde las diferentes supervivencias epis-
temológicas de los presupuestos historicistas, puede encontrarse en Elena HERNÁNDEZ SANDOI- CA. Tendencias historiográficas actuales. Escribir historia hoy. Madrid, Akal, 2004. Por otro lado, una apreciación más concreta de los problemas actuales está en Geoff ELEY. Una línea torcida. De la historia cultural a la historia de la sociedad. Valencia, Universitat de València, 2008.
al funcionar como plataformas epistemológicas desde las que los conceptos son tan sólo construcciones discursivas y la objetividad no es sino “nociones por demás exageradas de performatividad, ficcionalidad, relativismo e inconmensu- rabilidad”. El constructivismo favorece el argumento que sustenta que ante la imposibilidad del “conocimiento total”, se genera un corolario lógico que deriva en la imposibilidad de todo conocimiento.
El historiador estadounidense Dominick LaCapra no plantea este interrogante mediante una dicotomía previsiblemente irresoluble, sino que pretende mostrar la existencia de espacios de conocimiento en los que encontrar datos que arrojen luz sobre lo real. La experiencia articula una forma de encontrar esos espacios dentro de aquellos acontecimientos considerados como traumáticos, límites o ex- tremos. En su recorrido sobre este concepto de experiencia, LaCapra acude a Walter Benjamin para presentar una experiencia traumática, como es la de la Pri- mera Guerra Mundial, y los problemas que pueden existir para su interpretación si es considerada como un fenómeno estático o sublime, quedándose no integra- do en la historicidad propia de las diversas formas de representación histórica en las que se inscriben. Tanto para Benjamin como para LaCapra, la manera ade- cuada de enfocar la investigación de estas experiencias es la de vincularlas a los procesos de narración y reconstrucción continua de esas narraciones, siendo el recuerdo y la repetición capaces de generar nuevos datos reales que nos acercan al conocimiento del acontecimiento. La pauta a seguir es alejarse de lo categórico mediante un trabajo sistemático consciente de la intervención e influencia en el momento de la construcción de esos datos5.
Un elemento ineludible sobre el que pivota el conocimiento histórico es el del tiempo y la periodización de los acontecimientos. La fijación de los ejes cronoló- gicos es un factor básico para comprender la historiografía de la Gran Guerra. Sin embargo, las fechas que van desde el asesinato del archiduque Francisco Fernan- do, el 28 de junio de 1914 y el Armisticio del 11 de noviembre de 1918, aparentan estrangular las posibilidades de otorgar significación y modular la interpreta- ción histórica de la Guerra del 14. William A. Green, en un artículo publicado en 1995en History and Theory, apunta a que una vez que están firmemente estable- cidos unos límites cronológicos en las tradiciones historiográficas, éstos operan ejerciendo un empuje determinista que fuerzan interpretaciones rígidas y dificul- tan el problematizar las bases epistemológicas de aquellas que fueron primeras representaciones históricas. Éstas están cimentadas, como no puede ser de otra manera, a partir de los primeros acercamientos a los procesos y acontecimientos. Hay que añadir que Green considera que es posible establecer una periodización
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Dominick LACAPRA. Historia en tránsito. Experiencia, identidad, teoría crítica. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006. pp. 57-103. Las comillas son de la página 58. Además, añade en la página 24: “Una forma de mentalidad «pos» a la que sin embargo me opongo es la postapocalíptica, muy difundida en los círculo teóricos en el pasado reciente. Cuando se transforma en un modo de pensamiento dominante o acentuado, la orientación postapocalíptica tiende a crear lo que denomino una sensación de desempoderamiento iluminado: una suerte de fatalismo complejamente teorizado o, en el mejor de los casos, un sentido trágico a menudo asociado con el interminable e informe deseo de un cambio inaudito de un «más allá» absoluto, que quizás no supere la agitación sin objeto, el utopismo vacuo o la esperanza ciega.”
CAPÍTULO 2. LA GRAN GUERRA COMO ACONTECIMIENTO
general de la historia universal, en la que se demuestra a través de teorías del cambio histórico cómo los destinos de las personas han estado enlazados a través de los siglos. Pero su reflexión también permite advertir que el esmero empleado en la periodización de la Primera Guerra Mundial ha favorecido la ocultación de ciertos procesos históricos que lo atraviesan, en razón de esos privilegios episte- mológicos heredados de las iniciales representaciones históricas.6.
Estos problemas inferidos de la construcción cronológica de un acontecimien- to están conectados íntimamente con una concepción estática de las represen- taciones históricas. Si se puede concluir que la Primera Guerra Mundial como objeto historiográfico es un concepto, los trabajos de Reinhart Koselleck arro- jan luz desde la cual analizar la historiografía que la configura como tal. Para Koselleck, “el significado y el uso de una palabra nunca establece una relación de conexión exacta con la realidad”, siendo los conceptos los que nos ayudan a explicar y a interiorizar las experiencias de esa realidad. Esta distancia entre reali- dad y conceptualización no debe concluir, como cree también LaCapra, en una desazón epistemológica y en un relativismo negativo. Se presenta así la opción de observar el pasado como una serie de acontecimientos complejos atravesados por numerosos procesos históricos no constreñidos por ejes cronológicos. Este ar- gumento exige a su vez no privilegiar los cambios unidireccionales y definitivos en la historia. Así, “resulta que nos encontramos con aceleraciones y retrasos que producen diferentes velocidades de cambio”, de modo que cualquier representa- ción monolítica carecería de valor para una representación científica del pasado7. La conocida afirmación de Kosselleck de que “toda secuencia histórica contiene tanto elementos lineales como elementos recurrentes”, y que está vinculada a su propuesta de los estratos temporales para relacionar diferentes procesos históri- cos, aquellos que remiten unos a los otros en un espacio temporal determinado, apuesta por la multiforme pero siempre rigurosa significación de los conceptos históricos y de los acontecimientos históricos8.
Es a la luz de esos lineamientos epistemológicos que voy a tratar de exponer y examinar la producción historiográfica de la Primera Guerra Mundial. Me pro- pongo analizarla, pues, desde ese prisma. Un análisis cronológico nos ofrece una mayoría cuantitativa de trabajos que presentan el acontecimiento a través de una pregunta que sólo soporta una dicotómica respuesta. Es el trauma generado por el enfrentamiento bélico en una “guerra total” lo que tradicionalmente invita a pensar en la Gran Guerra como un acontecimiento límite que cierra una época. No es reiterativo añadir que de esa afirmación también se concluye que los di- ferentes procesos que desembocan cronológicamente en el estallido de la guerra,
6William A. GREEN. Periodizing World History. History and Theory 34, (2), p. 99, 1995.
7Reinhart KOSELLECK. Historia de Los Conceptos y Conceptos de Historia. Ayer 53, pp. 29-
36, 2004. En la página 30, además, dice: "Las teorías actualmente en boga que reducen la realidad al lenguaje olvidan que todo lenguaje tiene siempre dos caras. Por un lado, el lenguaje es recep- tivo y registra lo que sucede fuera de sí mismo, descubriendo aquello que se le impone sin ser en sí mismo lingüístico, a saber: el mundo, tal y como se nos presenta pre-lingüísticamente (y no- lingüísticamente). Por otro lado, el lenguaje, en su función activa, asimila (einverwandelt sich) todos estos contenidos y estados de cosas (gegebenheiten) extra-lingüísticos."
8KOSELLECK. Los estratos del tiempo. p. 36.
en cualquiera de las formas, son cerrados o, mejor dicho, finalizados: después de 1918comienza una nueva era en la que nuevos procesos históricos unívocamente marcados por la guerra emprenden su marcha. Pero, por otro lado, desde esos mismo presupuestos se deslizan matizaciones que poseen notoriedad historio- gráfica. Tienen que convivir con su origen conceptual y mediar en los debates sobre el cambio, siendo que más de una investigación de este tipo cae en las pro- yecciones valorativas sobre la pregunta del vuelco histórico. Desde ese enfoque aparecen trabajos que cuestionan los temas principales de la historiografía de la Guerra del 14 y que asumen que es innegociable no atender como dato histórico al bagaje historiográfico sobre la guerra, entre el que destaca sobre manera el establecimiento de sus límites cronológicos.
CAPÍTULO 2. LA GRAN GUERRA COMO ACONTECIMIENTO