• No results found

Factors affecting nitrification within DWDS

Chapter 2 Literature Review

2.6 Nitrification process

2.6.1 Factors affecting nitrification within DWDS

La Semiótica de la cultura no podría entenderse sin las fuentes de las que abreva, la matriz de su nacimiento teórico y las aportaciones que se fueron hilando para llegar al sistema conceptual que la sostiene. El punto de partida de la teoría de la Escuela de Tartu, de Lotman, encuentra lugar en la lingüística soviética y especialmente en la poética, orientadas ambas hacia el estudio de los signos en la literatura. A esta corriente se le llamó Formalismo (o Formalismo ruso), una acepción peyorativa que le daban adversarios al quehacer del grupo de intelectuales dedicados a la crítica literaria que se asentó en Rusia entre los años 1915 y 1930 (Todorov, 1970). El movimiento estuvo estrechamente ligado con la vanguardia artística de la época y se estableció en torno a las propuestas de dos grupos: el Círculo Lingüístico de Moscú, fundado en 1915, y cuyos miembros destacados eran Roman Jakobson, Petr Bogatirev y G. O. Vinocour; y el Grupo de Leningrado, conocido desde 1916 con el nombre de Opojaz, siglas de Obscestvo izucenija poeticeskogo jasyka que significa “Sociedad para el estudio de la lengua poética”.

A decir de Jakobson, la intención del Círculo Lingüístico de Moscú era buscar nuevos caminos y posibilidades sobre la lingüística, la poética y la métrica y aplicarlas en primer lugar al folclore. Con estos fundamentos estableció su programa. El Grupo de Leningrado (Petersburgo), en cambio, se orientó en resolver problemas de la literatura con la ayuda de la lingüística (Jakobson en Pérez, 1995). Boris A. Uspenski (1978) recuerda las diferencias que tenían estos grupos, pero reconoce lo fructífero que resultó:

36 Nosotros, los moscovitas, por regla, somos lingüistas y llegamos a la semiótica desde la lingüística. Más tarde algunos de nosotros nos ocupamos más o menos especialmente de literatura, pero la base lingüística, los intereses lingüísticos siempre quedaron en primer lugar. Mirábamos el mundo con los ojos del lingüista. Iu. M. Lotman y Z. G. Mints son investigadores literarios, que llegaron a los mismos problemas, por así decir, desde la otra parte. Mientras que los moscovitas son lingüistas que en alguna medida se ocuparon de estudios literarios, los representantes del grupo de Tartu son investigadores literarios que en alguna medida se ocuparon de la lingüística. Esta diferencia, en la base cultural, se sentía mucho en los primeros momentos, pero resultó muy fructífera: ambas partes se enriquecían mutuamente, se contagiaban una a la otra con sus intereses. Así, por ejemplo, el encuentro con los estudios literarios determinó el interés de los moscovitas lingüistas por el texto y por el contexto cultural, es decir, por las condiciones del funcionamiento del texto. Entretanto, el encuentro con los lingüistas determinó el interés de los investigadores literarios por el lenguaje como generador de los textos, como mecanismo de generación de los mismos“ (p. 200).

El Formalismo logró reunir a una docena de investigadores de Leningrado y de Moscú de los que destacan Viktor Sklovsky, B.M. Eikhenbaum, Yuri Tinianov, Vladimir Propp, Jan Mukarovsky y Roman Jakobson, entre otros, y se formó como una manera de protestar contra el estado que guardaba el estudio de la literatura enfocada en la biografía, la sociedad contemporánea, teorías religiosas u otras. Jakobson escribe en 1919 que “si los estudios literarios quieren llegar a ser una ciencia deben reconocer en el procedimiento su personaje único”, por lo tanto los estudios se debían enfocar no en las obras individuales, sino en las estructuras narrativas, estilísticas, sonoras y rítmicas, sin excluir la evolución literaria, ni la relación entre la literatura y la sociedad (Jakobson en Ducrot y Todorov, 1991, p. 101). En sus inicios, toma una postura contra las dos tendencias más representativas de la crítica literaria: el positivismo histórico y la crítica impresionista (Maestro, 2011).

El propósito del Formalismo se orientó esencialmente en el estudio científico de la literatura e hizo su aparición en 1919 mediante la colección de artículos titulada

Poética, trabajos sobre crítica literaria y que en su evolución se convertirían en estudios

lingüísticos e influirían de manera determinante en Lotman. Es pertinente explicar que la poética era entendida, a grandes rasgos, como el análisis de los discursos literarios, por eso su inclinación hacia explicar las estructuras y formas en que se construían los

37

géneros de la literatura. En la construcción de esta nueva ciencia, los investigadores literarios se decidieron por un modelo epistemológico de tipo monista, semejante al de la física. Aunque Jakobson fue quien demarcó su área de estudio al denominarla

Literariedad: un “conjunto de mecanismos y principios estructurales que hacen que un

texto sea literario, una obra de arte”; la propuesta de hacer uso de un método científico, hipotético-deductivo, la realizó Eichenbaum en 1926 en un artículo denominado “La teoría del ‘método formal’”. La ciencia de la literatura, entonces, definió su objeto de estudio no en los textos individuales o en su conjunto, sino en esos mecanismos y principios estructurales que los definen (Pérez, 1995).

De acuerdo con Herón Pérez (1995), podemos resumir de manera general las aportaciones de la escuela formalista en los siguientes puntos. El primero se encuentra sostenido en el artículo El arte como procedimiento, de Sklovski, en el que se discute la oposición de la lengua poética a la lengua cotidiana. El Formalismo proponía que se deberían tratar las leyes del gasto y de la economía en la lengua poética en su marco propio y no en uno que pusiera en el mismo nivel a la lengua prosaica. Tzvetan Todorov, en Teoría de la literatura de los formalistas rusos, define una manera de explicar esta oposición: “el hábito nos impide ver, sentir los objetos”, el trabajo del artista es deformar la realidad para que la mirada se detenga en ellas; las convenciones, una vez admitidas, facilitan el automatismo en lugar de destruirlo, por eso cada análisis debe hacerse en el contexto adecuado. Las estructuras del lenguaje poético son mucho más complejas, mientras que el lenguaje cotidiano es más estándar. Asimismo establece Sklovski que la poética es arte en todos sus niveles en la medida que la estética lo hace escapar de esos mecanismos de automatización para llamar la atención y detenerse en ella con una fuerza y duración particular: el objeto es percibido no como un parte del espacio, sino por así decirlo, de su continuidad (p. 12).

De acuerdo con el autor (Pérez, 1995), un segundo aporte fue aceptar a la obra como un discurso abierto y que sus elementos referenciales adquieren un sentido que se encuentra determinado por la forma, así “una nueva forma produce un nuevo contenido y que el contenido está condicionado por la forma” (p. 155), por tanto las formas distintas tienen contenidos diferentes. Sklovski (quien como parte del Formalismo ve la obra como una forma de huir del automatismo del habla cotidiana) junto con Jakobson, Trubetzkoy y Eikhenbaum, fue uno de los descubridores del fonema y mostró en el artículo Sobre la poesía y el lenguaje transracional, que las personas frecuentemente hacen uso de palabras sin referirse a su sentido, esto se relaciona con la idea y posición

38

de Potebnia en el sentido de que la poesía es un “pensamiento en imágenes”, una concepción muy difundida entre formalistas.

Siguiendo el recorrido que plantea Herón Pérez (1995) encontramos que es mediante Sklovski, la figura más importante del Formalismo, que se da cuenta de que las funciones del idioma en la actividad social (la tercera aportación) son diferentes; la primera es la interacción de los hombres; la segunda, es condición indispensable para el pensamiento: “la poesía, al igual que la prosa, es ante todo y sobre todo una manera de pensar y de conocer” (Pérez, 1995, p. 156). Por otro lado, especialmente destaca una cuarta contribución: el haber desarrollado el uso de un método para el estudio de los discursos de la literatura, pues los alejaba de los axiomas que estaban determinados por la sicología, la historia o la estética. Los formalistas en su etapa de madurez, la más productiva, se orientan más hacia la semántica y la sintaxis, así como hacia los aspectos sistémicos en los que se desarrollan los campos de la estilística métrica, teoría de la narración y de los géneros.

Todos estos trabajos y aportes se encuentran de alguna manera vinculados con los trabajos posteriores de Lotman, en cuya formación es destacable sustancialmente la figura de Bajtín y la creación del Círculo Lingüístico de Praga, el cual le dio seguimiento a los postulados del Formalismo, sobre todo los estudios sobre poética, sustentados en el estructuralismo y la literatura. La figura más influyente en estos grupos fue Roman Jakobson, quien, tras una estancia en los Estados Unidos, introdujo a los trabajos de Lotman la propuesta de Charles Sanders Peirce y la Teoría Matemática de Shanon y Weaver. Desde este punto de vista, el trabajo de Lotman “puede ser considerado una continuación del Formalismo ruso, aunque posee también algunos aspectos originales” (Fokkema y Kunne en Lozano, 1979, p. 16). Esto supone un paso muy importante en lo que será posteriormente la propuesta semiótica de Lotman, la cual si bien tiene sus raíces en los trabajos propios de la lingüística, encontraría en estas aportaciones la mirada sistémica para expandir sus propios horizontes conceptuales. Sobre esta relación profundizaré en el siguiente apartado.

2.2.La Semiótica de la cultura: entre la semiótica de Peirce y la semiología de