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de lo anterior, se consideraba español y por ello no era favorable a la cultura prehispánica. Cfr.GUERRERO ROSADO, Los dos mundos, p. 16.

386 S

AHAGÚN, BERNARDINO DE [ET ALTER], Los diálogos de 1524 según el texto de fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores indígenas, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1986 [Fundación de Investigaciones Sociales], cap. VI, p. 139 y 141 (en adelante citado como SAHAGÚN,Los diálogos).

“Hará a el propósito de bien entender la presente obra, prudente lector, el saber que esta doctrina con que aquellos doze apostólicos predicadores -de que quien en el prólogo hablamos- a esta gente desta Nueva España començaron a conuertir, a estado en papeles y memorias hasta este año de mil quinientos y sesenta y quatro, porque antes no vuo oportunidad de ponerse en orden ni conuertirse en lengua mexicana bien congrua y limada: la qual se boluió y limó en este Colegio de Santa Cruz del Tlatilulco este sobredicho año con los colegiales más hábiles y entendidos en lengua mexicana y en la lengua latina que hasta agora se an en el dicho colegio criado; de los cuales uno se llamaba Antonio Valeriano, vezino de Azcapuçalco, otro Alonso Vegerano, vezino de Quauhtitlán, otro Martín Iacobita, vezino deste Tlatilulco y Andrés Leonardo, también de Tlatilulco. Limóse asimismo con quatro viejos muy plàticos, entendidos ansí en su lengua como en todas sus antigüedades”. En SAHAGÚN,Los diálogos, Al prudente lector, p. 75.

Esta obra, en la que Sahagún reconoce la ayuda de sus colaboradores indígenas, fue entonces redactada cuarenta años después de los hechos y describe las conversaciones entre los doce primeros franciscanos llegados a México con los Señores y Sacerdotes indios.

387 Cfr. S

«¿Brillará el Sol, amanecerá?

¿Cómo irán, cómo se establecerán los macehuales (el pueblo)? Porque se ha ido, porque se han llevado

la tinta negra y roja (Los códices). ¿Cómo existirán los macehuales? ¿Cómo permanecerá la tierra, la ciudad?

¿Cómo habrá estabilidad? ¿Qué es lo que va a gobernarnos?

¿Qué es lo que nos guiará? ¿Qué es lo que nos mostrará el camino?

¿Cuál será nuestra norma? ¿Cuál será nuestra medida?

¿Cuál será el dechado? ¿De dónde habrá que partir? ¿Qué podrá llegar a ser la tea y la luz?»388

Ellos custodiaban los códices y así conservaban la memoria del pueblo, y la ponían en tensión hacia un futuro, al proporcionar sentido y orientación. Y en perfecta correspondencia con todo lo explicitado, los elegían considerando su sabiduría y virtud; es decir, si eran prudentes en las cosas de Dios y si su corazón, teniéndolo a Él, era puro, bueno y humano389.

«aún cuando fuera pobre o miserable,

aun cuando su padre y su madre fueran los pobres de los pobres... no se veía su linaje,

sólo se atendía a su género de vida... a la pureza de su corazón, a su corazón bueno y humano...

a su corazón firme...

Se decía que tenía a Dios en su corazón, que era sabio en las cosas de Dios...»390

388

LEÓN-PORTILLA,MIGUEL, Los Antiguos Mexicanos a través de sus crónicas y cantares, México: Fondo de cultura económica, 1961(16ª. reimp. 2001) (Colección “Popular”, n. 88), p. 53 (en adelante citado como LEÓN-PORTILLA, Los Antiguos). Cita Códice Matritense de la Real Academia de la Historia, fol. 191 v. y 192 r..

389

Cfr. GUERRERO ROSADO,El Nican mopohua, t. I, p. 201. 390 L

Y así, habiéndola alcanzado ellos mismos, ayudaban al hombre joven a constituir en modo maduro su personalidad e identidad, haciéndolo ir «...en busca de algo que lo colme [...] hasta dar con lo ‘único verdadero, en la tierra’, la poesía, flor y canto»391; es decir, haciéndolo acceder a ese modo de conocimiento peculiar con el que esos maestros revelaban su percepción profunda de dios, del destino y de todo lo existente, de cuyo carácter efímero (ontológicamente hablando), e inagotable (desde el punto de vista gnoseológico), estaban convencidos392.

Ocurre que para ellos el mundo humano o Tlaltípac (lo que está sobre la tierra) se encontraba a trece “cielos” de distancia del mundo de dios, lo que equivalía a decir que cuanto el hombre podía llegar a conocer, estaba deformado a la treceava potencia y sólo era, por lo tanto, intuición ambigua y frágil analogía de la verdad de lo existente. Conocimiento que entonces no saciaba su anhelo de felicidad e infinito en un mundo considerado engañoso, y muy distinto del de dios, cuya captación divina de sí mismo y del todo, cuyas flores y cantos no dejaban, sin embargo, de buscar393.

«¡Sólo te busco a ti, Padre Nuestro, dador de la vida [...] busco el deleite de tus flores,

la alegría de tus cantos, tu riqueza!»394.

«¿Quién no anhela tus flores, oh Dador de la Vida? [...]

bañadas están de sol tus múltiples flores:

¡son tu corazón, son tu cuerpo, oh dador de la vida!!»395. «Sacerdotes, yo os pregunto:

¿De dónde vienen las flores que embriagan al hombre? ¿El canto que embriaga, el hermoso canto?

- Sólo provienen de su casa, del interior del cielo, sólo de allá vienen las variadas flores»396

Entre dichos maestros nos interesa destacar a los tlaquetzqui, que eran quienes se dedicaban al arte de transmitir historias, leyendas y consejos397.

391

LEÓN-PORTILLA, La filosofía náhuatl, p. 191. 392 Cfr. L

EÓN-PORTILLA, La filosofía náhuatl, p. 143 y 146. 393

Entrevista personal con Monseñor GUERRERO ROSADO, febrero de 2003. 394

GARIBAY KINTANA, Historia, p. 192. Cita Manuscrito Cantares Mexicanos, fol. 23 v, lín. 8ss.. 395

GARIBAY KINTANA, Historia, p. 177 y 178. Cita Manuscrito Cantares Mexicanos, fol. 34 r, lín 27ss.. 396

GARIBAY KINTANA, Historia, p. 177. Cita Manuscrito Cantares Mexicanos, fol. 34 r, lín 7ss.. 397 Cfr. L

«Tlaquetzqui, el narrador, tiene gracia, dice las cosas con gracia [...]. El buen tlaquetzqui, de palabras gustosas, de palabras alegres. Flores tiene en sus labios. En sus palabras las consejas abundan, de palabra correcta, brotan flores de su boca. Su tlahtolli es gustoso y alegre como las flores. De él es el tecpillahtolli, ‘el lenguaje noble’ y la expresión cuidadosa.»398

Ellos repetían y narraban tradiciones e historias sobre el actuar de dioses y pipiltin y, de este modo, hacían visibles y ponían de manifiesto los recuerdos399, en su tarea de ayudar a otros a forjarse un rostro y un corazón.

Estos guías en general, que recibían especial preparación para realizar su tarea y eran muy severos, al escuchar las peticiones de los padres cuando les dejaban sus hijos, contestaban:

«…‘Aquí oímos vuestra plática, aunque somos indignos de oírla, sobre que deseáis que vuestro amado hijo, y vuestra piedra preciosa o pluma rica, entre y viva en la casa de Calmécac. No somos nosotros a quien se hace esta plática, más hácese al señor Quetzalcóatl, u otro nombre Tlilpotonqui, en cuya persona la oímos; él es a quien habláis, él sabe lo que tiene por bien de hacer de vuestra piedra preciosa y pluma rica, y de vosotros sus padres.

7.- Nosotros, indignos siervos, con dudosa esperanza esperamos lo que será; no sabemos por cierto cosa cierta que os decir, esto será o esto será de vuestro hijo; esperemos en nuestro señor todo poderoso lo que tendrá por bien de hacer a vuestro hijo’»400

Dichas palabras manifiestan que eran muy conscientes de lo sagrado de su misión educativa, y de lo misterioso y particular de la vida de cada uno de los ingresantes al Calmécac.

Con respecto a los alumnos de este templo escuela, podemos precisar que «...naciendo una criatura luego los padres y madres hacían voto y ofrecían la criatura a la casa de los ídolos, que se llama

398

LEÓN-PORTILLA, El destino, p. 334.Cita textual de Códice Matritense de la Real Academia, fol. 122 r.. 399 Cfr.L

EÓN-PORTILLA, Cuícatl y tlahtolli, p. 82 y 83. Tlaquetzqui “... se deriva de la misma raíz que el verbo quetza, que connota la idea de ‘levantarse, erguirse’, o, con sentido transitivo, ‘poner un objeto en alto, erguirlo, ponerlo de manifiesto’...”. En LEÓN-PORTILLA, El destino, p. 334.

400

SAHAGÚN, Historia general, lib. III, Apéndice, cap. VII, p. 212. En forma similar y ante idéntica situación respondían los maestros del Telpochcalli: “Tenemos en mucha merced haber oído vuestra plática o razonamiento. No somos nosotros a quienes háceis esta plática o petición, mas (la) hacéis al señor Dios Yáotl, en cuya persona la oímos; él es a quien habláis y a él dais y ofrecéis vuestro hijo... y nosotros en su nombre le recibimos; él sabe lo que tiene por bien de hacer de él.

13.- Nosotros indignos siervos caducos, con dudosa esperanza, esperamos lo que será y lo que tendrá por bien hacer a vuestro hijo [...]

14.- Cierto, ignoramos los dones que le fueron dados [...]

17.- Deseamos y rogamos que le sean dadas las riquezas de nuestro señor Dios; deseamos que en esta casa se manifiesten y salgan a la luz [...] no os podemos decir con certidumbre esto será, o esto hará [...]

19.- Nosotros haremos lo que es nuestro (deber) que es criarle y adoctrinarle como padres y madres; no podemos por cierto entrar en él, dentro de él, y ponerle nuestro corazón; tampoco vosotros podréis hacer esto, aunque sois padres. 20.-Lo que resta es que no os descuidéis en encomendarle a dios con oraciones y lágrimas, para que nos declare su voluntad.”. En SAHAGÚN, Historia general, lib. III, Apéndice, cap. IV, p. 209.

Calmécac o Tepochcalli»401. Dicha promesa o dedicación garantizaba protección divina y vida a los niños, que apenas estaban capacitados para cumplir los votos que en su nombre habían realizado los padres, eran llevados a esas casas colectivas402. Así, entraban al Calmécac entre los seis y nueve años de edad403; y si bien dicha incorporación no estaba determinada por la pertenencia a una clase social, sino que dependía como hemos expresado, de si los padres consagraban al niño como don a su divinidad protectora404,

«...al parecer, pocos eran los plebeyos que ingresaban al calmécac, porque las fuentes, aun hablando de la permisión, son insistentes en que la normalidad de la distribución era por origen. No sólo la prohibición tajante es forma de limitar el acceso del pueblo a las instituciones que se reservan al grupo dirigente.»405

En todo caso, egresaban del calmécac siendo ya hombres406 y cualquiera fuera su origen social a los pipiltin, se los consideraba hombres-dios, ya que eran los delegados de la divinidad con la cual dialogaban cara a cara para recibir sus instrucciones407.

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