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The Failure of the Section: Salinity Reports as Factories of Truth

Spending the Summer: The Invention of the Coast

1.4 The Failure of the Section: Salinity Reports as Factories of Truth

Homilía de la fiesta de San Bartolomé

Lecturas: /Ap/21/09-14; /1Co/04/09-15; /Jn/01/45-51

—El evangelio nos presenta a un hombre que nos recuerda a Job. Natanael, un hombre recto, íntegro, simple, capaz de abrirse a la verdad.

Habíamos leído: "Y Yahveh dijo a Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal y recto, que teme a Dios y se aparta del mal»" (Job 1,8). Y Jesús exclama: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" (Jn 1,47).

Natanael es un hombre justo, y a pesar de ello deberá pasar su prueba.

Toda su vida será una participación en el misterio de la pasión de Jesús, hasta la prueba suprema del martirio, que hoy la Iglesia nos hace meditar.

—El tema de la prueba de apóstol lo ha descrito Pablo ampliamente: A nosotros, los apóstoles—los elegidos, los que han creído, que han aceptado que la justicia de Dios se manifieste en sus personas—Dios nos ha asignado "el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres". Son palabras realmente sorprendentes.

La expresión "espectáculo para el mundo" nos hace pensar en la lucha impar que se desenvuelve en un anfiteatro entre los hombres y las bestias feroces.

Y aún San Pablo elenca una serie de adjetivos negativos: "necios, débiles, despreciados, hambrientos, sedientos, desnudos, abofeteados, vagabundos, fatigados, insultados, perseguidos, calumniados, basura del mundo, deshecho de todos" (1 Cor 4,9-13). Nos viene a la mente, otra vez, Job, que bebe el cáliz hasta la última gota.

El misterio de la prueba del justo se convierte, en el pasaje paulino, en el misterio de la prueba del apóstol, con una apertura neotestamentaria que en Job es implícita y aparecerá sólo en la conclusión.

Aquí ya está presente en el mismo sufrimiento: el apóstol, que participa de la condición del justo que sufre, expresa la plenitud de la resurrección; "insultados, bendecimos; perseguidos, soportamos; calumniados, confortamos."

Es el esplendor de la fuerza de la cruz.

—Todo esto nos conduce a la visión celeste de la primera lectura, del Libro del

Apocalipsis, que podemos leer como visión conclusiva de la meditación de la Iglesia sobre el apóstol Bartolomé. No es casual que las oraciones litúrgicas de esta Misa estén todas

centradas en el tema de la Iglesia.

La Iglesia, reflexionando sobre San Bartolomé, reflexiona sobre el propio misterio en el marco del Apocalipsis, donde aparece perseguida y sufriente, realizando en sí misma la figura de Job.

apelativos: "la Novia, la Esposa del Cordero" (Ap 21,9).

En la tradición oriental los dos términos equivalen, porque novia quiere decir prometida definitivamente como esposa, ligada por un contrato que dura toda la vida.

Se quiere indicar así la plenitud nupcial, la relación paritaria, afectiva, indisoluble que Dios estrecha con su pueblo, la confianza que el pueblo, la Iglesia tiene con Dios.

En el caso de Job a la confianza le resultaba difícil expresarse.

En María de Nazaret y en la cananea la confianza se expresa con toda la riqueza y el

amor posibles en un corazón humano: tú no puedes olvidarme, no puedo no tener confianza en ti, tú no puedes no ver la situación dolorosa en la que vivo, tu interés es grande porque has puesto sobre mí tu mano.

Esta es la Iglesia que vive su certeza de novia y esposa del Cordero, de aquel que tiene

en su mano los destinos del universo y que con su muerte ha salvado la historia y la ha redimido. "Me trasladó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la Ciudad Santa de

Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios" (v. 10).

Con frecuencia me he preguntado por qué se ha descrito la Iglesia de esta forma. Nosotros nos imaginamos más bien lo contrario, nos imaginamos a la Iglesia que sube hacia Dios a través de pruebas históricas que la purifican. Y sin embargo la visión nos presenta, de forma inesperada, a la Iglesia descendiendo del cielo.

¿Qué significa esta visión, un tanto paradójica, respecto a aquella ascendente histórica que ordinariamente fomentamos?

Significa, me parece, que la Iglesia, siendo un pueblo peregrino hacia su Señor, en su hacerse, en su camino hacia la plenitud, es toda ella don de Dios, viene de lo alto, de la gracia, del amor, de la misericordia, y en su ser como don, en su ser en Jesús, en el

Cordero, expresa la totalidad de la salvación, la propia catolicidad: en ella está la apertura a toda la realidad, está el pueblo hebreo y la humanidad entera.

Esta es la contemplación de la Iglesia que nosotros, los pastores, debemos tener siempre ante nuestros ojos.

Nosotros, que vemos segmentos quizás imperfectos, quizás irritantes, con frecuencia inadecuados, de la realización de la Iglesia, nosotros, que estamos tentados por las frustraciones, desmotivaciones y desesperanzas, debemos sin embargo alimentarnos con esta contemplación.

Y alguna vez me ha sucedido, celebrando un pontifical o la Eucaristía para una gran multitud, quedarme sorprendido por una visión de este tipo: soy testigo de la obra maravillosa de Dios, que desciende de lo alto.

Con los ojos podía ver gente distraída, adormilada, habladora, pero con la mirada de la fe admiro estupefacto esta novia, esta esposa que, gracias a la Eucaristía, desciende de la fuerza de Dios y se constituye definitivamente.

El estupor por la visión de la Jerusalén que desciende desde lo alto, nos ayuda en el camino cotidiano, es el alimento que continuamente nos regenera respecto a las desilusiones contingentes que probamos en las diversas experiencias individuales de nuestro ministerio.

"Concédenos, Señor, por intercesión de San Bartotomé, la certeza, la claridad de esta visión de tu obra que inevitablemente desciende de lo alto y que tú constituyes con absoluta determinación y perpetuidad en nuestro mundo lleno de incertidumbre, de miedo, de temor, de inconstancia.

cuerpo y de la sangre de tu Hijo, poder caminar siempre y esperar viendo lo invisible ya presente, es decir la Iglesia de Dios que desde lo alto desciende para alegrar la tierra con el anuncio de la salvación definitiva."

Págs. 123-157