3.2 Numerical approach
3.2.2 Fast Random Particle-Mesh Method
Dentro del universo de las personas sin hogar, no solo se han identificado a varones en la calle, también las mujeres están presentes en condiciones parecidas a los de su conjunto, como es el caso de María Argamarca o la “Viejita” como le la ciudadanía. A sus 80 años sobrevive de los alimentos de la calle. En el caso de la María, ninguno de los vecinos conocía su historia o su nombre, pero el hecho mostraba que no tenía familia, una institución clave en el desarrollo del ser humano como aclara Fajardo (2011) “la familia “es lo más importante en sus vidas pero la mayoría tiene rotas las relaciones y se encuentra en una situación de desamparo social. Sin redes familiares ni afectivas sobre las que agarrarse, su vida se convierte en una mera supervivencia” (p.108).
Su caso ha sido uno de los más llamativos en Latacunga, puesto que la mayoría de la ciudadanía la define como una mujer que agrede con su palo, estos pequeños antecedentes me llevaron a conocerla personalmente un 16 de septiembre del 2017, en ese primer acercamiento había comprado pan y yogurt para brindarle y ver qué pasa. Fue entonces que la hallé por el Sector de La Merced, por donde su recorrido es habitual (Fotografía 20) y me sorprendí cuando al ofrecerle la comida aceptó gustosa y dijo “Dios le pague”, aunque no me quedé a conversar con ella por el estereotipo que mantenía en mi mente sobre su agresividad. A partir
48
de entonces, mantuve en mi mente que no era agresiva como las personas comentaban de ella <<La viejita da con el palo, no se le acerque mucho>>, incluso en días posteriores me acerqué de nuevo con una funda de papas y también me aceptó con un “Dios le pague”, pero ese día algo fue distinto, algunas lágrimas le cayeron y ese momento marcó el proceso de la investigación.
Pero la ciudadanía siempre va a mantener opiniones diferentes sobre las personas sin hogar y sobre María Daniela Villacís expuso “Personalmente la evito, veo que le pega a la gente, a veces está tranquila y luego busca a quien pegar con el palo, por lo que el puente 5 de junio es intransitable, es al medio día, que generalmente se la observa por la Merced”. Fue uno de los testimonios sobre María, a la conocían por eso, por pegar a la gente, pero nadie sabía dónde vivía o cómo encontrarla.
Pasó un año y retomé su búsqueda, solo el medio día era la pista para hallarla, y fue el 19 de junio del 2018 que logré identificar su ruta gracias Rosa Carvajal una comerciante. Entonces encontré a María pidiendo comida en el mercado de la Merced, y logré conversar un poco con ella cuando le ofrecí pan con yogurt, su comida favorita (Fotografía 21) María Angamarca “Diosolopai, María me llamo, aquí comidita me regaló, aquí en Latacunga vivo. Tengo 20 años, de allá pueblo Sigchos soy, murió mi papá mi mamá, enterramos, yo solita me quedé, madrasta era mala allá quedó, hermano uno tengo en Quito, no viene a Latacunga, ya no trabajo, lavando la ropa trabajaba, pitiquito pagaba por lavar la ropa”.
Después de esa corta conversación prefirió marcharse, porque la sentí apresurada, así que avanzó media cuadra donde se sentó a comer (Fotografía 22). Sabía que era el momento indicado para averiguar donde habitaba, en seguida se puso en camino regresando a ver porque se daba cuenta de mi seguimiento. Una media cuadra después ingresó por una puerta de madera, y un pequeño insulto llegó hasta mí, lo que motivó a que un hombre salga y pensé que me haría un reclamo, no obstante, me preguntó el motivo de mi seguimiento y me invitó a pasar, con la intención de que conozca la situación de María. En compañía de Hernán Egas, visité el cuarto en el que habitaba María, pero antes, la encontramos compartiendo la comida recolectada con unos perros que, según Hernán, María los tiene 13 años (Fotografía 23).
49
abuelitos la acogieron aquí en la casa, nosotros no podemos decirle que se vaya, por la orden de mi padre que dijo que jamás se vaya. Ella tiene dos hijos, pero jamás en la vida vienen a visitarle, anda con su palito pegando a la gente, nosotros tenemos un buen corazón, a pesar de que nos insulta o nos pega. A ella no le gusta aceptar de nosotros nada de comida, porque dice que está con veneno. La fundación Manuela Espejo no quiso ayudarle, me dijeron que le lleve, pero no quiero que me dé un palazo. Cuando sale, va cerrando la puerta y amarra con muchas cosas, llega y se encierra”.
Mientras mantenía diálogo con Hernán, pude observar la actitud de María (Fotografía 24) que en ocasiones hablaba sola y confusamente, y mientras la grababa de cerca se puso molesta, deduje que la personalidad de ese momento era distinta a la que había visto hace minutos en el mercado. Luego abrió una puerta y cerró rápidamente (Fotografía 25), pero alcancé a ver que era un cuarto sin luz y que había un colchón extendido en el suelo y ropas colgadas un cordón.
La situación de María también es crítica debido a su trastorno mental y a la desvinculación de sus hijos que la convierte en una persona sin hogar, y en ese contexto su rehabilitación también depende de la colaboración de las autoridades, como concluye Fajardo (2011) “(…) la situación de las personas sin hogar no es fácil de resolver dada su multicausalidad. No se trata, por tanto, de un problema tan sólo de vivienda sino que (…) requieren una atención técnica y multidisciplinar” (p.108).
En conclusión, con María se pudo construir su imaginario mediante el relato de Hernán Egas quien la conoce toda la vida y también desde el conociiento de la ciudadanía, quienes la veían como alguien agresiva, pero se demostró que posee un trastorno mental que requiere de atención y que la hace cambiar de actitudes en determinados momentos. Hasta la vez sigue recorriendo el Sector El Salto y La Estación, recolectando comida para ella y para sus perros (Fotografía 26), que también cabe aclarar los alimentan los vecinos.