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E) Other Variables

II. FDI inflows

Las mujeres kichwas transitamos por diferentes espacios de la ciudad, entre ellos están las universidades privadas de Quito, espacios que durante varias décadas han sido exclusivos de las clases dominantes, pero en la actualidad vemos participando actores sociales de las diferentes clases sociales, de los diferentes grupos étnico-culturales y de género (pero no en igualdad de condiciones), con la finalidad de mejorar su calidad de vida y emanciparse.

Alcanzar este propósito será un desafío aún más para las mujeres racializadas, en este caso las mujeres kichwas, que es el grupo en el que me enfoco, ya que nosotras nos enfrentamos al patriarcado y la colonialidad del saber17 que se registra en “las universidades y los sistemas escolares que producen y promueven versiones euro céntricas de la historia (…) que sirven de vías ideológicas a favor de la supremacía blanca masculina que desvalorizan, marginalizan e incluso puede borrar la representación, los conocimientos, historias, prácticas culturales, expresiones estéticas, formas semióticas de los sujetos y territorios subalternizados” (Lao Montes, no publicado: 16).

Además de no rescatar otros saberes sino los legitimados por la academia, las mujeres y hombres indígenas enfrentamos otras formas de racismo y sexismo que iré develando a medida que avanzamos en este capítulo, donde si bien pongo mayor énfasis en los sistemas de opresión que marginan y excluyen a las mujeres kichwas, dejo a su vez entrever un tema que será abordado con mayor profundidad en el siguiente capítulo, las acciones de resistencia que generamos las mujeres kichwas tanto al interior como al exterior de las universidad privadas, donde nosotras estamos presentes, participando, creando y resistiendo las diferentes situaciones de inequidad, exclusión, dominación y subordinación cultural, política, económica y de género.

En estos espacios donde se ven implementadas políticas de inclusión (para los “grupos históricamente excluidos y discriminados”) que se van entretejiendo con mecanismos de dominación étnico cultural y de género, estamos las mujeres kichwas

17 La colonialidad del saber “se trata de descalificar formas de conocimientos ajenas a los principios y

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reaccionando y respondiendo a las diferentes formas de opresión y dominación reificados en los escenarios a los que ingresamos tras derribar las barreras que se interponen para acceder, permanecer y concluir nuestros estudios, un instrumento más para dar continuidad con las luchas para alcanzar el reconocimiento, la justicia social, económica y la igualdad de género.

Universidad Shullana

La Universidad Shullana, institución privada, fundada en 1946 con autorización del Presidente Velasco Ibarra, quien daba continuidad a su segundo periodo de gobierno, que se caracterizó por la oposición a la educación laica en plena época liberal (Ayala Mora en Terán, 2006: 50). Su apoyo a la libertad de pensamiento y enseñanza, dio paso a la fundación de esta institución que “fue calificada por el gobierno como acto de liberalismo autentico que derivaba en un bien positivo para la enseñanza y la cultura nacional” (Terán Najas, 2006:51).

Actualmente la institución da cuenta sus principios cristianos, y las características de la Pedagogía Ignaciana, promueve el respeto a la dignidad y derechos de la persona humana y sus valores transcendentes. Apoya y promueve la implantación de la justicia en todos los órdenes de la existencia, dirige su actividad hacia el hombre integral, para superar una formación meramente profesionalizante. Además “pretende la integración del saber”, lo que quiere decir que apela al diálogo de las diversas disciplinas.

A nivel discursivo y práctico encontramos instituidas políticas de clase, encaminadas a reparar la formas de injusticia económica que soportamos la gran mayoría de la población ecuatoriana, es así que en el caso específico de la Universidad Shullana, todos/as los/las estudiantes que ingresan a esta institución pueden aplicar desde el primer semestre al descuento del Sistema de Pensión Diferenciada, la que funciona a través de un procedimiento de carácter confidencial para todos/as los/las estudiantes de pregrado con el fin de fijar el costo semestral de los créditos académicos en función de su situación económica, personal y familiar. De tal forma que los estudiantes al aplicar a este descuento son ubicados en una de las seis categorías (A, B, C, D, E, F), siendo la categoría A la más baja y la F la más alta, esta última hace referencia al costo real de la carrera.

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Aunque la Universidad Shullana cuenta con políticas que responden a la desigualdad económica a través de medidas de compensación social de clase, todavía no están vigentes las políticas de acción afirmativa y las políticas de cuotas. Es decir que la universidad si bien tienen instituidas políticas de compensación social de clase, no existen políticas de reconocimiento de la diversidad étnico-cultural. Esto según las autoridades se debe a que estas políticas “aún están por aterrizar en la parte operativa” (A1, entrevista 2013).

Esta situación que complica pero no impide el acceso de mujeres y hombres indígenas a la Universidad Shullana es enfrentada no sólo a través de las políticas institucionales (compensación social de clase) sino mediante la búsqueda de becas por fuera de la universidad. De ahí que observemos mujeres kichwas estudiando en un escenario donde se han mantenido políticas dedicadas a reparar la injusticia económica pero ignorando las injusticias étnico-cultural y de sexo-género.

Enfrentar situaciones de injusticia social, así como el racismo y el sexismo imperante en este escenario, donde yo misma había resistido y enfrentado actitudes y prácticas que terminan por subalternizarnos y marginarnos no es un asunto del pasado sino de nuestro presente. Por esta razón mi interés se mantiene enfocado en las experiencias de las mujeres kichwas que transitamos por un escenario donde todavía no se han implementando las políticas públicas generadas por el gobierno de turno que responden a las demandas de los “grupos históricamente excluidos y discriminados”. Al no integrarse las políticas de reconocimiento se continúa observando poca participación de mujeres kichwas, grupo muy reducido que tras ser admitidas en esta institución posteriormente nos enfrentamos al patriarcado blanco que “nos excluye, nos discrimina, nos limita e invisibiliza y no nos deja ser y hacer con libertad lo que queremos” (López, 2005: 27).

En estos espacios que, como bien lo señalé anteriormente, se observa poco acceso de las mujeres indígenas, quienes no llegamos a representar ni el 1% de la población estudiantil, según lo afirman funcionarios de la institución. Esto se debe sobre todo a la injusticia socioeconómica, arraigada en la estructura política-económica de la sociedad ecuatoriana, que al cruzarse con la variable étnico-cultural y de género la situación se vuelve más preocupante ya que en el ámbito educativo superior específicamente, se observa que la gran mayoría de “jóvenes indígenas no pueden

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continuar sus estudios por la insuficiencia de recursos económicos de sus padres, lo que les obliga abandonar su formación e incorporarse al trabajo” (Amaluisa, 2012: 161).

A pesar de los rezagos escolares en las diferentes etapas educativas y de los altos niveles de analfabetismo, las mujeres kichwas seguimos luchando por acceder a la educación superior. De ahí que específicamente en la Universidad Shullana se continúa observando un número muy reducido de hombres y mujeres indígenas de los diferentes pueblos y nacionalidades, de diferentes estratos sociales, en su mayoría provenientes de familias de escasos recursos económicos, 3 de 7 mujeres kichwas se ubican en los estratos medios y residen desde su infancia en la ciudad de Quito, en su mayoría provienen de las diferentes provincias de la sierra norte y sur del país.

Los porcentajes de mujeres kichwas que estudian en esta institución son aproximaciones, ya que las estadísticas universitarias no han incluido una variable de adscripción étnica, de manera que aún no contamos con información precisa que reflejen la composición étnica al interior de este campo universitario. A pesar de ello se ha logrado ubicar a casi todas las mujeres kichwas que están cursando carreras como: medicina, artes visuales, ecoturismo, economía, contabilidad y auditoría.

La información que se ha logrado recabar en la universidad Shullana da cuenta que las brechas étnicas en lugar de reducirse se van ampliando. Esto se debe sobre todo a ciertos cambios que se han ido generando en los procesos de negociación entre la Universidad y una fundación extranjera18, con la que tienen un convenio interinstitucional19 enfocado en beneficiar a los sectores menos favorecidos, como es la población indígena. En un inicio la población beneficiaria de esta beca percibía un descuento del 95% que se ha reducido en la actualidad al 60 %.

Esta fundación que en un principio estaba enfocada en beneficiar únicamente al sector indígena, asumió nuevos lineamientos hacia otros sectores de la población. De tal forma que las becas empezaron a otorgarse a la población mestiza, quienes son seleccionados por el personal de la universidad a petición del representante de la

18 Fundación que empieza a trabajar con el gobierno de Ecuador en el mes de septiembre de 1985 en temas de fortalecimiento de la democracia y la integración social, en el año 1992 se focaliza en otorgar becas a estudiantes en su mayoría indígenas pues su objetivo principal es contribuir en la formación superior, sin ningún compromiso de ideologías políticas y/o religiosas y con un respeto a los valores y derechos individuales de las personas.

19 El convenio entre la Universidad Shullana y la fundación fue firmado por primera vez en el mes de junio de 1995.

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Fundación. Esto de acuerdo a una de las asistentes académicas, produjo una reducción en la matrícula de estudiantes indígenas, quienes desde el 2008 al 2010 eran aproximadamente 12 para pasar a ser la mitad de este número de estudiantes, de los cuales la mayoría son mujeres. Aunque actualmente se observa una mayor participación de las mujeres indígenas esta situación ha ido variando en el transcurso del tiempo pues en sus inicios se observaba una mayor participación de hombres.

Según datos estadísticos que maneja la fundación, de tod@s sus becari@s en las diferentes universidades, da cuenta de la participación diferenciada por género en el transcurso de su funcionamiento.

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