Existe evidencia científica abundante que indica que a medida que envejecemos, los procesos mentales son menos eficientes. No obstante, también existe evidencia de que con la edad se alcanzan un conocimiento y una experiencia que pueden ser útiles para la solución de problemas morales y sociales complejos (Baltes y Staudinger, 1993). Muchos teóricos creen que los recursos de procesamiento cognitivo de que dispone una persona para afrontar una situación gobernarán la eficacia de esta persona en tareas cotidianas tales como aprender a utilizar nueva tecnología, conducir en lugares desconocidos, manejar sus finanzas, administrarse medicación y tomar decisiones sobre la salud (Park, 1997, 1999).
Frases como: “ya no soy tan rápida como antes”, “hoy no tengo un buen día”, “no me encontraba bien y no podía acordarme de lo que me dijo”, son un reflejo de cómo disminuye nuestra energía mental y crece la necesidad de recursos cognitivos para realizar tareas mentales, lo cual se hace más patente a medida que envejecemos, estamos cansados o enfermos. La mayoría de los modelos basados en los recursos cognitivos comparten el supuesto de que a medida que envejecemos se van reduciendo los recursos mentales con que podemos contar rápidamente, y esto limita la propia capacidad para realizar operaciones mentales (Salthouse, 1996).
Sorprende ver, y esto es un desafío para el estudio del envejecimiento cognitivo, cómo aumenta el conocimiento a lo largo de la vida y se contrarresta con el declive en el procesamiento de la información que se produce simultáneamente. Resulta relativamente fácil demostrar pérdidas cognitivas en una situación de laboratorio, donde hay que realizar tareas novedosas en las cuales el conocimiento previo no es de utilidad. Por este motivo, cuando se realizan estudios neurocognitivos comparando personas mayores con jóvenes, el rendimiento suele ser superior en el grupo de menor edad. En cambio, evaluar a las mismas personas de mayor edad en tareas complicadas, familiares pero en el mundo real, podría dar un rendimiento muy alto gracias al apoyo prestado por los conocimientos y vivencias. Uno de los objetivos básicos en el envejecimiento cognitivo consiste en explicar la causa de la varianza asociada a la edad que se produce en las tareas cognitivas. Para explicar esas diferencias atribuibles a la edad, se han propuesto cuatro mecanismos que actúan en el funcionamiento cognitivo. A continuación se explican estos cuatro mecanismos propuestos como índices de los recursos de procesamiento: la teoría de la velocidad de procesamiento de las operaciones mentales, el funcionamiento de la memoria operativa, la función inhibitoria de la atención y el funcionamiento sensorial.
1) Teoría de la velocidad de procesamiento de las operaciones mentales:
Salthouse (1991, 1996), propuso esta teoría de la velocidad de procesamiento que ha demostrado ser poderosa cuando se usa como medida de las diferencias individuales a la hora de explicar las variaciones relacionadas con la edad en las tareas cognitivas. Sugiere que el mecanismo fundamental para explicar la varianza relacionada con la edad es un descenso generalizado en la velocidad con que se llevan a cabo las operaciones mentales. Las pruebas que se utilizan para investigar este constructo son tareas de velocidad perceptiva consistentes en medidas sencillas de lápiz y papel que requieren que los participantes emitan juicios perceptivos rápidos acerca de: con la presentación de pares de dígitos, cadenas de letras o símbolos, determinar si son iguales o distintos. La velocidad del procesamiento se mide mediante el número de comparaciones correctamente realizadas en un período fijo de tiempo, habitualmente, entre uno y tres minutos. Salthouse planteó la hipótesis de que hay dos mecanismos responsables de la relación entre velocidad de procesamiento y cognición. El primero sería el “mecanismo del tiempo limitado”, es decir, cuando en una tarea el tiempo disponible está ocupado en la ejecución de las operaciones previas, consecuentemente el tiempo para realizar operaciones posteriores se ve limitado. Y el segundo mecanismo
sería el “mecanismo de simultaneidad”, el cual sugiere que los productos del procesamiento previo podrían haberse perdido para cuando se finaliza el procesamiento posterior. Por tanto, el rendimiento en las tareas cognitivas se deteriora con la edad, porque las personas mayores llevan a cabo más lentamente los pasos o fases iniciales en las tareas complejas y esta ralentización también puede tener como consecuencia que nunca se alcancen las fases finales, ya que los productos de las operaciones previas podrían no estar disponibles. De esta manera, la actuación de personas mayores respecto a las más jóvenes en tareas de memoria operativa, recuerdo y razonamiento será sustancialmente distinta aunque estas tareas no necesariamente incluyan el componente de velocidad. El rendimiento de las personas mayores será distinto al de las personas jóvenes, sobre todo a medida que la tarea sea más compleja. Debido a que el funcionamiento cognitivo es más lento, los mayores podrían no completar algunas operaciones mentales necesarias para un rendimiento final correcto, puesto que podrían no disponer de los productos de operaciones mentales previas necesarios para llevar a cabo fases posteriores.
2) Funcionamiento de la Memoria Operativa:
Craik y Byrd (1982) desarrollaron un marco para explicar los efectos del envejecimiento cognitivo en relación al constructo de memoria operativa. Sugirieron que con los años aparecen dificultades en la habilidad para llevar a cabo el procesamiento iniciado personalmente o auto-iniciado. Este se basa en los recursos de procesamiento identificados con la memoria operativa. La memoria operativa puede conceptualizarse como la cantidad de recursos disponibles en un momento determinado para procesar información sobre la marcha, lo cual podría implicar almacenamiento, recuperación y transformación de la información. La memoria operativa es la totalidad de la energía disponible para llevar a cabo operaciones mentales a medida que se procesa la información. Suele evaluarse con pruebas de amplitud de cálculo, pidiendo a los sujetos que simultáneamente procesen y almacenen información.
Los autores sugirieron que el déficit de procesamiento con la memoria operativa en las personas mayores podría paliarse con la provisión de “apoyos ambientales”, es decir, recursos mnemónicos necesarios para llevar a cabo una tarea cognitiva. De esta manera, aunque las personas mayores tengan limitada la capacidad de la memoria operativa, se les puede presentar tareas cognitivas estructuradas de forma que no precisen tanta capacidad para su realización. Por ejemplo, una encuesta escrita donde se pueden ver todas las alternativas de respuesta, será más fácil de realizar por las personas
mayores que si la información es auditiva. En este sentido, a la hora de diseñar la información que tendrán que recordar las personas mayores, sería más conveniente presentarla de manera que las demandas mnemónicas se mantuvieran al mínimo. Por ejemplo, presentar claves para el recuerdo durante la fase de codificación, dar pistas para la recuperación, y anotar la información que con más probabilidad suelan olvidar, serían formas útiles de apoyo ambiental que ayudarían el mejor rendimiento de la memoria. Tanto la memoria operativa como la velocidad de procesamiento, son importantes para la memoria a largo plazo, aunque cada una de ellas mantiene distintas relaciones con las diferentes medidas mnemónicas. Así, la memoria operativa solamente mantiene relación directa con el recuerdo libre y el recuerdo con claves, pero no con el recuerdo espacial que implica menos esfuerzo. Mientras que, la velocidad de procesamiento, mantiene relación directa con todos los tipos de memoria. Por tanto, ambos constructos son importantes para entender las diferencias asociadas a la edad, las cuales serán más acusadas cuando las tareas impliquen más esfuerzo mental.
3) Función Inhibitoria de la atención:
Este constructo viene dado de la mano de los autores Hasher y Zacks (1988) que propusieron que con la edad tenemos más problemas para concentrarnos sobre la información pertinente e inhibir la atención hacia aspectos irrelevantes. Esto hace pensar que el declive cognitivo asociado a la edad se produce por la incapacidad de la gente mayor para mantener la concentración sobre la información principal, difuminando su atención hacia la información relevante e irrelevante en multitud de ocasiones. En este sentido, una función inhibitoria ineficiente asociada a la edad generará la acumulación de una considerable cantidad de información irrelevante en la memoria operativa que reduce los contenidos. No está del todo clara la importancia del constructo de la inhibición para la comprensión del envejecimiento cognitivo. No obstante, seguirá apareciendo como explicación del envejecimiento cognitivo y será un constructo importante para entender la conducta de las personas mayores en muchas situaciones cotidianas. Por ejemplo, con un mal funcionamiento inhibitorio, las personas mayores serían más susceptibles a la distracción (sobre todo si hay varias fuentes de información y deben atender sólo a una) y tendrían un peor control mental en situaciones sociales. En este sentido, se facilitaría la comprensión de los estereotipos asociados a la edad como “las personas mayores son más proclives a decir lo primero que se les pasa por la cabeza”, o “son más ariscas e intolerantes con los demás”. Estos estereotipos serían el resultado de su incapacidad para inhibir respuestas fuertemente
activadas aunque inadecuadas en situaciones sociales, y no tanto por la despreocupación respecto a estas situaciones.
4) Funcionamiento Sensorial:
Este constructo viene fundamentado por el Estudio Berlín, realizado por Lindenberger y Baltes en el año 1994. Los autores recogieron datos médicos, sensoriales, cognitivos y sociales de una muestra de adultos en la ciudad de Berlín (con edades entre 70 y 103 años) mediante pruebas sencillas de agudeza visual y auditiva. En este estudio se analizaron muchos tipos de procesos cognitivos y la muestra era representativa en muchos aspectos de la población general. Después de este trabajo, los autores propusieron la hipótesis de “la causa común”, es decir, que la función sensorial (como índice de la arquitectura neurobiológica) es fundamental para el funcionamiento cognitivo y es un poderoso mediador de todas las capacidades cognitivas. El declive cognitivo no varía en función de la educación, la ocupación, la clase social o el poder adquisitivo. Tiene una base biológica más que social, así las medidas sensoriales aportan un índice de integridad neuronal, a la vez que media en el funcionamiento cognitivo. Los resultados de este trabajo pusieron de manifiesto que poseer una educación elevada, riqueza o capacidades cognitivas superiores, no protegen frente al deterioro asociado a la edad, por tanto, todos envejecemos a la misma velocidad. No obstante, estas variables sociobiográficas resultan importantes para la comprensión de las situaciones en que el envejecimiento cognitivo pone en riesgo a las personas. Esto quiere decir, que las personas que han tenido la oportunidad de poseer gran cantidad de recursos cognitivos y experiencias (por ejemplo, gracias a una mayor formación académica), seguirán disponiendo de una proporción adecuada de los mismos, adaptándose y resolviendo eficazmente las tareas cotidianas (como los asuntos económicos, las prescripciones médicas, las compras y asuntos domésticos) a pesar del declive imputado a la edad.
3.3. Modelos explicativos del rendimiento cognitivo: Hipótesis compensatorias al