• No results found

IGNACIO MORGADO BERNAL es cate- drático de psicobiología en el Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona.

factores neurotróficos, de eso se trata, se segregan “en cuentagotas”, por lo que las neuronas inervantes del tejido diana potenciales deben competir entre sí por su adquisición. Sólo sobrevivirán las neuronas que consigan hacerse con can- tidades suficientes de factor neurotrófico; el resto muere.

En 1968 Rita Levi-Montalcini con- firmaba esta hipótesis neurotrófica con el aislamiento de la primera molécula dotada de actividad neurotrófica, el fac- tor de crecimiento nervioso (NGF, por “Nerve Growth Factor”). De entonces acá han venido identificándose otros facto- res neurotróficos. Se les agrupa ahora en dos familias principales: la de las neu- rotrofinas, entre las que se encuentra el NGF, y la familia de los ligandos del fac- tor neurotrófico derivado de glía (GDNF). Pese a que la teoría neurotrófica explica el fenómeno de muerte neuronal fisio- lógica, hay que tener en cuenta que el proceso de regulación de esta muerte reviste mayor complejidad; en él parti- cipan también las células aferentes o las gliales e interviene la actividad eléctrica de las neuronas, vinculada con los nive- les de calcio intracelular.

Además de su papel fisiológico, la muerte apoptótica de neuronas participa en otros procesos. Por ejemplo, en los

neurodegenerativos observados en orga- nismos adultos, que se asocian con diver- sas patologías: Alzheimer, Parkinson, Hungtinton, esclerosis lateral amiotró- fica y otras. En estas enfermedades, las neuronas sufren un proceso de degene- ración que culmina, en la mayoría de los casos, en una muerte con características apoptóticas.

Queda mucho por avanzar en el cono- cimiento de los mecanismos desenca- denantes del programa apoptótico de las neuronas adultas en condiciones pa- tológicas. Sabemos que se caracterizan por la ausencia de factores tróficos, la presencia de proteínas o agregados de proteínas anormales que actúan como agentes tóxicos para las neuronas y la aparición de determinadas condiciones de isquemia. Se sospecha también que la activación de la microglía y su libe- ración de factores tóxicos para las neu- ronas podrían, a su vez, desencadenar la apoptosis neuronal en las enfermedades neurodegenerativas.

Teniendo en cuenta que todavía no se conocen métodos terapéuticos eficaces contra las enfermedades neurodegene- rativas, la aplicación de factores neuro- tróficos aparece como una opción pro- metedora.

El uso de modelos experimentales de lesión neuronal ha puesto de relieve la capacidad preventiva de los factores tró- ficos ante el daño neuronal causado por diversos tipos de estímulos. En particu- lar, el factor de crecimiento nervioso previene el daño inducido por ausencia de glucosa, condiciones de isquemia, axotomía (ausencia de tejido diana), radi- cales libres, hierro y otros. Por su parte,

el factor neurotrófico derivado del cere- bro (BDNF), otro miembro de la fami- lia de las neurotrofinas, puede prevenir el daño causado por agentes tóxicos o por la axotomía. A su vez, él mitiga, al menos temporalmente, los efecto cau- sados por el agente tóxico MPTP (que se utiliza para emular la enfermedad de Parkinson) en neuronas dopaminérgicas de mono.

Los resultados obtenidos demuestran que los factores tróficos ejercen una acción protectora importante en la dege- neración neuronal del sistema nervioso central y del periférico. Si a ello se añade otra observación reciente, según la cual hay factores tróficos que activan vías de señalización intracelular inhibidoras del proceso apoptótico, nos daremos per- fecta cuenta de las posibilidades que encierran en el tratamiento de enferme- dades neurodegenerativas.

Habrá que solucionar antes problemas difíciles; por ejemplo el que plantea la rápida metabolización de los factores tróficos por peptidasas cuando se admi- nistran de forma exógena. Además, son macromoléculas que no atraviesan la barrera hematoencefálica, lo que repre- senta un grave inconveniente para su inclusión en los tratamientos del sistema nervioso central. Para obviarlo, la inves- tigación se centra en moléculas peque- ñas que estimulen la síntesis celular de factores tróficos.

XAVIER CALOMARDE

2,30 µm 2,90 µm

a b

IMAGENES AL MICROSCOPIO ELECTRONICO de células de la línea de neuroblastoma SH-SY5Y: célula normal (a) y célula en proceso de muerte apoptótica (b); en la segunda se aprecia la condensación del citoplasma y del núcleo.

MONTSERRAT IGLESIAS. Universidad de Lérida

Carsten Könneker

MYC:Doctor Christaller, ¿existe una

conciencia artificial?

CHRISTALLER:No, estamos todavía muy

lejos de ello. Además, el concepto de “conciencia artificial” no tiene ninguna relevancia en el debate científico. Si acaso, hablamos, con un sinónimo, de inteligencia artificial; el concepto, no obstante, es nebuloso. Los manuales de IA ni siquiera suelen atreverse a aclarar el concepto de “inteligencia”.

MYC:Sin embargo se está investigando

en ella.

CHRISTALLER:Sin duda. Pero, en los úl-

timos cincuenta años, si algo hemos aprendido es por dónde no van las cosas.

MYC:¿Cuál es el problema?

CHRISTALLER:Todavía nos faltan los

modelos correctos. Hasta que los neuro- biólogos no sepan cómo funciona el cere- bro humano, los técnicos e ingenieros no podrán empezar a construir máquinas que ofrezcan rendimientos comparables.

MYC:¿Debería una máquina al menos

poder “hablar”, para que le pudiéramos certificar “conciencia”?

CHRISTALLER:Esta es exactamente la

clase de discusión en la que yo mismo

he caído durante decenios. En los libros de IA suele afirmarse que la inteligen- cia humana consiste en lenguaje, solu- ción de problemas, planificar, etc. Pero este modo de ver se queda corto. Lo que nos hace más inteligentes que los monos es, ante todo, la capacidad de predecir el comportamiento de los demás.

MYC:Capacidad de anticipación.

CHRISTALLER:Exacto. Yo lo denomino

acción de ensayo. Es la clave del apren- dizaje por imitación, de la transmisión cultural de patrones de comportamiento y también del lenguaje. El truco es el siguiente: cuando oímos hablar, ello excita —en silencio— nuestra muscu- latura del habla; repetimos inaudible- mente lo que estamos oyendo.

MYC:¿Puede explicarlo con mayor pre- cisión?

CHRISTALLER:La tormenta neuronal en

mi cabeza se empaqueta en forma de len- guaje y luego produce una tormenta neu- ronal comparable en usted. Y usted repite justamente lo que oye. Eso es entender.

MYC:¿En qué podrían ser útiles alguna vez los robots interactivos con inteli- gencia artificial o conciencia artificial?

CHRISTALLER:Por ejemplo, en la explo-

ración de lugares a los que nosotros no podemos llegar, porque nuestro cuerpo

no está capacitado. ¡Piense en la pro- fundidad de los mares o en planetas leja- nos! Ahí sería muy ventajoso disponer de robots que pudieran darse cuenta y decidir por ellos mismos lo que hay que hacer. Si en tal caso serían “inteligen- tes” y obrarían “conscientemente” en nuestro sentido, no lo sé. Puede que con menos baste. De cualquier forma tiene sentido investigar en esa dirección.

MYC:¿Hay también aplicaciones más

cotidianas?

CHRISTALLER:Naturalmente. La aten-

ción a los ancianos en su domicilio, por ejemplo, o en general, como asistentes del hogar. Pero tampoco éstos necesita- rían tener inteligencia y conciencia en las mismas proporciones que nosotros.

MYC:Los robots domésticos tienen un papel importante en ciertas visiones del futuro de la técnica. ¿Qué piensa usted de las predicciones del pionero de los ordenadores Ray Kurzweil? ¿Le harán la competencia al hombre dentro de poco tiempo las inteligencias virtuales?

CHRISTALLER:Ray Kurzweil se pone a

sí mismo y a sus ideas en escena maravi- llosamente bien. Pero a nivel científico, compara peras con manzanas: siempre está argumentando según el incremento de la potencia de las computadoras, que naturalmente es mensurable y sin duda

ENTREVISTA