• No results found

Features of respite that carers attribute as contributing to its

Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su voluntad, bajo las condiciones elegidas por ellos mismos, sino bajo condiciones directamente existentes, dadas y heredadas. La tradición de todas las generaciones muertas gravita como una pesadilla sobre el cerebro de los vivos. E incluso cuando parecen ocuparse de cambiar las cosas y a sí mismos, y crear lo que no estaba, precisamente en estas épocas de crisis revolucionaria invocan temerosamente a los espíritus del pasado para servirse de ellos, toman prestados sus nombres, sus consignas de batalla y sus trajes, para representar, engalanados con esta vestimenta venerable y con este lenguaje fiado, la nueva escena de la historia universal.

Karl Marx, El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general.

Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política

Escribir la historia de un sujeto, sea individual o colectivo, en vinculación con una estructura sociohistórica que desborda el espacio geográfico del Estado-nación es muy problemático, sobre todo considerando al alcance geo-temporal de ambos. Esto lleva a la cuestión de los límites, ya que ¿cómo ubicar el gobierno de Salvador Allende en las coordenadas histórico-estructurales del capitalismo histórico? ¿Es pertinente incrustarlo exclusivamente al espacio temporal marcado por los años 1970 y 1973? Aquí los lapsos temporales más importantes no son precisamente aquellos que están “cortados” por los períodos gubernamentales. Si esto es así, entonces esta coalición partidaria debe ser comprendida en el marco de la longue durée del sistema-mundo capitalista además de la historia “nacional” chilena. La razón de plantear esta interrogante, es que la Unidad Popular no debiera comprenderse meramente como una coalición de partidos, de izquierda, que llegó a posesionarse partes de la estructura estatal —por la vía electoral/democrática— y conformarse a continuación como gobierno. Pues, si la Unidad Popular no puede comprenderse

exclusivamente a partir de sí misma, a saber los años 1970-1973, entonces, ¿se debiera realizar en torno a la historia total del sistema-mundo, o en ciertas partes de la misma? Y en caso que la respuesta fuera la última, entonces ¿a partir de qué “cortes históricos” temporales concretos, al interior de la historia de la economía-mundo, puede comprenderse el gobierno de Salvador Allende? Para solucionar este problema, insoluble “objetivamente”, se adoptarán múltiples TiempoEspacios para comprender la Unidad Popular y su programa político. Es decir, en el curso de la exposición se avanzará, grosso modo, desde los TiempoEspacios “estructural” pasando por el “coyuntural” hasta el “geopolítico”; y, simultáneamente, habrá una cierta progresión geográfica desde una perspectiva “nacional” hacia lo “global”,111 aunque sin perder la relación parte-todo.

Se podría decir que, en los capítulos, se avanzará desde lo “diacrónico” hasta lo “sincrónico”. ¿Quiénes eran los encargados de formular estas consideraciones estratégicas bajo el rótulo de la Unidad Popular como sujeto colectivo? Si bien no se desea realizar un estudio prosopográfico, sí se debiera tener en cuenta quiénes eran los encargados en particular de elaborar estas cuestiones. Quizá el más importante fue Pedro Vuskovic (independiente y originario de la CEPAL), quien fue Ministro de Economía desde sus comienzos hasta el 17 de junio de 1972, cuando fue reemplazado por Carlos Matus militante del Partido Socialista (PS) y creador de la Planificación Estratégica Situacional. En el cargo de Ministerio de Hacienda, primero estuvo Américo Zorrilla, militante del Partido Comunista (PC) y que posteriormente (el 17 de junio de 1972) fue reemplazado por Orlando Millas en el cargo, hasta el 11 de enero de 1973, cuando fue sucedido por Fernando Flores Labra (perteneciente al MAPU). El Presidente del Banco Central, durante el gobierno de Allende, fue Alfonso Inostroza y sucedido

111 Un método de escritura histórica bastante usado por analistas de sistemas-mundo, especialmente por Immanuel Wallerstein, es el solapamiento de los lapsos temporales. Esto significa que los marcos temporales no son estrictamente cronológicos (ni tampoco exclusivamente geográficos, en términos de los espacios territoriales) sino que se acomodan de acuerdo a la problemática en particular que se desee abordar.

posteriormente por Carlos Matus. Aunque es bastante difícil establecer la afiliación política del primero. Pero también, hay que destacar al pequeño grupo de funcionarios técnicos y especialistas que trabajaron en la Oficina Nacional de Planificación (ODEPLAN) que es la base de donde se sostendrán los enunciados con respecto a las limitaciones más gravitantes del sistema-mundo capitalista sobre Chile. Cabe destacar que es muy difícil, si no imposible con la información hasta ahora disponible, establecer los orígenes y la afiliación política de estos cuadros, pero aún así les cabe un reconocimiento. El primero de ellos es Wally Meza San Martín, quien al parecer era encargado de estudiar las relaciones internacionales y asuntos relacionados con el sistema interestatal.112 Por otra parte, están también Joaquín Morales y Osvaldo Reyes

quienes se encargaban de la transferencia de tecnología y los efectos de la misma en la economía chilena.

a) La Unidad Popular como fruto de las contradicciones “internas” del capitalismo histórico y sedimentación de las opciones históricas de los movimientos antisistémicos

1] Ciertamente los hombres, y las mujeres, hacen “su” propia historia como mencionó hace más de 150 años Karl Marx, pero simultáneamente la realizan bajo condiciones heredadas, y no decididas, por los mismos en “su” propio presente. Con los movimientos antisistémicos no es la excepción, y mucho menos con la Unidad Popular. Este actor colectivo, grosso modo, perteneció a la larga tradición e historia de los movimientos antisistémicos, los cuales surgieron históricamente desde mediados del siglo XIX en el seno del capitalismo histórico.113 Como tal, la

112 Lo único que se ha podido establecer es que es ingeniero comercial de la Universidad de Chile, pero esta información es reciente y no hay ninguna referencia a períodos anteriores.

113 Mejor dicho, se podría decir que recién en el siglo XIX se institucionalizaron en estructuras organizativas relativamente estables y con una duración relativamente prolongada, ya sea como movimientos sociales (enfocados en las desigualdades materiales) y/o como movimientos de liberación nacional (enfocados en la construcción de Estados-nación y su independencia con respecto a potencias foráneas). Los autores no postulan que antes del siglo XIX no existieran grupos de oposición y/o resistencia en el sistema histórico en cuestión; no obstante, dicha

UP formó parte del mismo tipo de formulaciones, ambigüedades y contradicciones estratégicas e ideológicas que han construído y permeado recurrentemente (¿constantemente?) este tipo de movimientos en su desempeño político-estratégico así como su devenir histórico. Es por lo anterior que la postura que se adoptará aquí con respecto a estos movimientos y, en particular, con la Unidad Popular, es que inevitablemente son construcciones históricas y, por tanto, variables: “[l]a historia real de la construcción (reconstrucción, remodelación, destrucción) de las clases, naciones y grupos étnicos —incluída la presión tanto de grupos 'externos' para crear esos grupos como la del deseo 'interno' de esos supuestos grupos de crearse a sí mismos— es la historia del constante auge y caída de la intensidad de estas pretensiones políticas envueltas por la correspondiente cobertura cultural”.114 No obstante, la construcción de los movimientos

antisistémicos no se realizó en un vacío social, sino en relación a las estructuras organizativas del capitalismo histórico: “[u]n análisis inteligente exige que descubramos los procesos mediante los cuales los grupos (y las instituciones) son continuamente recreados, remodelados y eliminados en el continuo funcionamiento de la economía-mundo capitalista, que es un sistema social real que comenzó a existir, primero, en Europa en el 'largo' siglo XVI y que, posteriormente, se ha expandido en el espacio hasta llegar a incluir a todas las restantes áreas geográficas del globo”.115

Por consiguiente, la construcción histórica de los movimientos antisistémicos ha sido, tanto obra de ellos mismos en tanto que actores auto-conscientes como por eventos históricos y decisiones de otros actores que escapan a su esfera de acción y decisión.

Ahora bién, ¿qué es un movimiento antisistémico? A grandes rasgos es un actor colectivo “que pretende transformar el sistema. Al mismo tiempo, un movimiento antisistémico es un

resistencia era mayormente espontánea, momentánea y sin repercusiones, es decir, desvinculada con respecto a otros brotes de resistencia en el seno del sistema-mundo capitalista.

114 Giovanni Arrighi, Terence K. Hopkins, Immanuel Wallerstein, Movimientos antisistémicos, p. 27. 115 Ibíd., p. 24.

producto del propio sistema”.116 ¿Que elementos precisos del capitalismo histórico como tal

deseaban transformar, o destruir? El carácter crecientemente opresivo y jerárquico en el seno del sistema-mundo, expresado tanto en términos de clases sociales —el antagonismo entre el capital y el trabajo— dando lugar a los “movimientos sociales” como en términos de grupos de status etnonacionales —al interior de un Estado-nación o como una dominación colonial— dando lugar a los “movimientos de liberación nacional”. Ambos tipos de movimientos tuvieron seguramente sus propias discusiones en torno a la estrategia política más pertinente para lograr sus objetivos. Sin entrar en especificidades, lo cierto es que tanto el movimiento social como el movimiento de liberación nacional comprendieron, o creyeron, que la estructura política clave en dónde radicaba “el” poder era la maquinaria estatal; de esta forma comprendieron que si “pretendían cambiar algo, tenían que controlar un aparato estatal, lo cual significaba pragmáticamente 'su' aparato de Estado. En consecuencia, el objetivo primario tenía que ser obtener el poder del Estado”.117 Como

corolario de esta opción adoptada, la estrategia de estos sujetos colectivos devino crecientemente orientada hacia el espacio nacional, independientemente de cuál fuera la táctica subyacente para conseguir tal meta, es decir: si iba a ser mediante una estrategia electoral en el sistema político o por medio de una insurrección armada —lo que a menudo se entiende como la añeja dicotomía reforma versus revolución—.118 El punto es que más allá de la táctica particular, el objetivo fue

siempre el mismo: capturar la estructura estatal, y desde allí comenzar a realizar las transformaciones sociales.

116 Immanuel Wallerstein, “La cultura como el terreno de batalla ideológica del sistema capitalista mundial”, Geopolítica y geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial, Kairós, 1° edición, 2007, España, p. 249.

117 Giovanni Arrighi, Terence K. Hopkins, Immanuel Wallerstein, Movimientos antisistémicos, p. 31.

118 “La existencia de objetivos paralelos, obtener el poder del Estado, condujo a un debate interno similar sobre el modo de obtenerlo, que podría definirse en términos polares, como la senda legal de persuasión política versus la fuerza ilegal de la fuerza insurreccional. Este par se ha denominado habitualmente reforma versus revolución, pero estos dos términos han llegado a estar tan sobrecargados de polémicas y confusión que hoy obscurecen más que ayudan al análisis”. Ibíd., p. 31.

2] Un punto de inflexión muy importante que marcó históricamente a los movimientos antisistémicos fue la Revolución rusa de 1917, especialmente la de octubre de ese mismo año. Ello fue así porque implicaba la posibilidad real de poder realizar los cambios tan anhelados por este sujeto colectivo. Pero simultáneamente fue importante debido a las consecuencias que dicho evento político significó para el futuro desenvolvimiento de los mismos. De hecho, con la revolución de los bolcheviques fue que la división, o mejor dicho distinción, entre los “movimientos sociales” y los de “liberación nacional” se fue haciendo paulatinamente menos nítida, aunque aún persistían. Si bien discursivamente puede que hayan diferido, estratégicamente se fueron haciendo cada vez más parecidos: “[a]unque gran parte del apoyo a la revolución provino de 'proletarios' que luchaban contra la burguesía, con toda seguridad el apoyo prestado a los bolcheviques contenía un factor específico de 'liberación nacional'”.119 Dicho factor que

fomentó la noción de “liberación nacional” fue la intervención extranjera de las potencias occidentales imperialistas para derrocar a los bolcheviques. Lo complicado aquí, es que a partir de entonces lo movimientos antisistémicos comenzaron a lidiar con los problemas de la transformación social con el poder del Estado “capturado” ya a su favor. Esto significaba que tenían que hacer elecciones estratégicas con fuertes consecuencias para el futuro: utilizar el poder recién conquistado para seguir apoyando la lucha de clases hacia otras partes del mundo, o “consolidar su poder dentro de un sistema interestatal reestructurado, pero tendencialmente estable”.120 Ahora sabemos que la URSS, y la III Internacional, eligieron el segundo camino.

Hay que destacar, en este punto de inflexión, que la revolución del '17 contradijo el esquema inicial marxista, el cual postulaba que la “revolución proletaria” tendría que haberse desarrollado en el país capitalista más avanzado en aquel entonces (Inglaterra primero, y

119 Ibíd., p. 49. 120 Ibíd., p. 56.

Alemania posteriormente). Pero los sucesos históricos superaron a la teoría de la historia marxista. De hecho, Rusia en 1917 era, como Althusser postulaba, el “eslabón débil de la cadena imperialista”,121 o en términos del análisis de sistemas-mundo, un país perteneciente a la

semiperiferia del sistema histórico capitalista/“moderno”, lo cual no es un dato menor. Pues que la primera “revolución proletaria” haya sido llevada a cabo en un país “atrasado” según los cánones de la teoría marxista, en primer lugar, significó como ya se dijo la imbricación cada vez más estrecha entre la estrategia de los movimientos sociales y de liberación nacional; en segundo lugar y más importante aún, tuvo importantes resonancias para la futura estrategia de los movimientos antisistémicos en su conjunto, lo cual fue cristalizado posteriormente en lo que se conoce comúnmente como “marxismo-leninismo”.122 Esto quiere decir, que las revoluciones

proletarias exitosas en el primer objetivo político (tomar el poder del Estado) —las cuales brotaron mayormente en zonas periféricas y semiperiféricas de la economía-mundo— se fueron transformando, en vista de ciertas presiones estructurales que van más allá del radio de acción y decisión de los propios movimientos, desde una “teoría de la insurrección proletaria contra la burguesía a un nuevo papel como teoría del antimperialismo”,123 fusionándose, de esa forma, el

antagonismo capital/trabajo con el de los grupos de estatus etnonacionales en tándem. A partir de entonces, la lucha de clases tendría expresiones geopolíticas a escala del sistema-mundo, en que el éxito de una revolución proletaria está en directa consonancia con la defensa de la soberanía 121 Louis Althusser, “Contradicción y sobredeterminación (notas para una investigación)”, La revolución teórica de Marx, Siglo XXI editores, 26° edición, 2004, México, p. 79.

122 Se quiere aclarar que con lo que se propone aquí no se está negando el propio influjo desde América Latina en relación a un pensamiento de corte antiimperialista. Se está muy consciente de que en América Latina también hubo pensadores que posteriormente fueron catalogados de “antiimperialistas” como Francisco Bilbao, José Martí, Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui, Luis Emilio Recabarren, etc. Pero el énfasis dado a la revolución de octubre de 1917 se debe a que fue vista como la primera revolución proletaria victoriosa de la historia y, por tanto, como históricamente factible, lo cual le daba legitimidad a escala del sistema-mundo capitalista por sobre otras experiencias históricas.

123 Immanuel Wallerstein, “El concepto de desarrollo nacional, 1917-1989: elegía y réquiem”, Después del liberalismo, Siglo XXI, editores, 4° edición, 2001, México, p. 113.

del propio Estado-nación en contraposición a las injerencias por parte de otras estructuras estatales y, por añadidura, del capital monopolista.

3] Como consecuencia de los dos hitos previamente mencionados, desde mediados del siglo XX comenzó toda una seguidilla de cuestionamientos a los imperios coloniales europeos, previamente construídos desde fines del siglo XIX, lo cual llevó a olas de descolonización — algunas violentas y otras pacíficas—. Por otro lado, la URSS ya no sería el único país gobernado por un movimiento antisistémico en el mundo, sumándose China como país “comunista” en 1949. Ello significó un cambio en la forma de funcionamiento y legitimación de las estructuras organizativas del sistema-mundo capitalista. Efectivamente, las clases dominantes de este sistema histórico estaban al tanto de que esto ya no podría funcionar como en antaño, a saber: mediante el

laissez faire; pero tampoco querían moverse hacia una economía totalmente centralizada al estilo soviético. De esta forma, buscaron una “tercera vía” —entre los excesos del “capitalismo salvaje” y la amenaza de una revolución comunista en los países centrales y periféricos— la cual fue una reforma, inspirada en la teoría económica keynesiana, que significaba en los países centrales una “tregua en el conflicto trabajo-capital, basada en un acuerdo tripartito suscrito entre gobierno, sindicatos y empresas. Los gobiernos y las grandes empresas aceptaban la existencia del sindicalismo, mientras que los sindicatos aceptaban el derecho de dirección de las empresas a realizar cambios en la organización de la producción para aumentar la productividad”.124 Es decir,

en los países “desarrollados” se logró institucionalizar —y atenuar— la lucha de clases (estabilidad política) a cambio de políticas de seguridad social por parte del Estado (garantías a la reproducción vital) y políticas macroeconómicas de pleno empleo.

En la periferia de la economía-mundo, no obstante, los cambios no fueron tan inmediatos.

124 Beverly J. Silver, Fuerzas de Trabajo. Los movimientos obreros y la globalización desde 1870, Akal ediciones, 1° edición, 2005, España, p. 171.

En esta zona particular no hubo un Plan Marshall como sí lo hubo para Europa occidental o como la reconstrucción económica en Japón, después de la II Guerra Mundial, apoyados en la capacidad material de Estados Unidos. Para la periferia, en contraparte, los cambios serían materializados en el futuro, a través de procesos de industrialización y desarrollo, también con el objetivo de contener al comunismo. La esperanza que subyacía al discurso desarrollista era que “todos los pueblos del mundo podrían alcanzar el sueño americano; cada país debería pasar por una serie de etapas parecidas en el camino hacia el mismo destino (deseable): la 'era del gran consumo de masas'”.125 De esta manera, el desarrollismo, en el fondo, fue una estrategia que se

utilizó para contener la lucha de clases a escala mundial. Lo relevante de esto no era tanto la creencia en sí, sino que era un discurso generalizado: “[l]o que tenían en común los programas de todos los estados no centrales miembros de las Naciones Unidas (…) era el supremo objetivo estatal de aumentar la riqueza de la nación y 'modernizar' su infraestructura. Además todos tenían en común un optimismo básico acerca de ese objetivo”.126 Estas ideas y optimismo fueron incluso

compartidos por los movimientos antisistémicos —aceptando el etapismo, evolucionismo e incluso el eurocentrismo de dichas concepciones teóricas y prácticas, además del optimismo subterráneo de las teorías del desarrollo económico elaboradas entre las décadas del '50 y '70 del siglo XX— por lo que también se limitaron a sí mismos en sus concepciones estratégicas, tendiendo a realizar transformaciones sociales acomodaticias en vez de socavadoras del sistema- mundo.

§

La necesidad de elaborar este trasfondo múltiple, sobre la base de la larga duración, es que la concepción estratégica inicial y/o prevista por la Unidad Popular ha sido, grosso modo, un

125 Ibíd., p. 174.