2.2 Alternative Echo Management Techniques
2.2.3 Feedback Suppression
En el diálogo sostenido con cada una de las familias, en la mayoría de ellas apareció la expresión de salir a ganar el jornal en busca de mejorar el ingreso familiar. Según el Dicicionario de la Real Academia de la Lengua Española: “jornalero es aquella persona que trabaja por jornal o pago por un día de trabajo” (DRAE, 2011).
En casi todas las familias alguno de sus miembros combina su ingreso percibido por la producción en su parcela con trabajos al jornal, tomados en fincas vecinas, que pagan un promedio de $18.000 pesos por día.
Esto coincide con lo dicho por Tobón, quien manifiesta que:
el trabajo en parcelas diferentes a las suyas se conoce como semijornalero, el cual parte de un contrato verbal por días (jornales) para que el campesino trabaje en una finca en labores agrícolas y le es pagado un costo por el día (Tobón, s.f., p. 69).
Este es el caso de don Moisés, quien en su estructura económica cuenta con una parcela en la cual siembra algunos productos agrícolas. Actualmente vive de la parcela y de los jornales que logra conseguir en la semana, $20.000 pesos por jornal. Don Moisés afirma: “yo vivo satisfecho de mi forma de trabajo, las tierras entregadas son buenas y se tienen algunos animalitos y cultivos (…)
cuando no alcanza salgo y jornaleo y así vivo contento” (Vega, M., entrevista
septiembre de 2010).
Don Benjamín también relata la necesidad de acudir al jornal pues en su caso: Se medio sobrevive con lo que da la finca, pero se debe recurrir a los jornales, los cuales son escasos: máximo de 2 jornales por semana, a valor de $18.000 pesos poniendo el trabajador la alimentación y la herramienta, y $12.000 pesos cuando el patrono da el almuerzo” (Espitia B., entrevista, septiembre de 2010).
Moisés y Benjamín manifiestan que los jornales en la zona son escasos, percepción que es confirmada por Jhon al decir: “los jornales como fuente de trabajo son escasos y prácticamente ya no se puede vivir de ellos.” (Bernal, Jhon, entrevista, septiembre de 2010). Esto obedece a la estructura productiva de la zona, ya que la vereda Veraguas y las demás veredas circunvecinas en su mayoría son de explotación ganadera; eso quiere decir que demandan poca mano de obra, y en Santa Rosa existe bastante oferta de mano de obra y por este motivo la posibilidad de jornales es baja.
Esto coincide con lo afirmado por Rivera en un trabajo de tipificación de sistemas agropecuarios, en uno denominado G-PS, sistema de finca con grandes extensiones y cobertura de pasto, que es el que menos jornales e insumos demanda pues su economía solo depende de la actividad pecuaria, principalmente levante y ceba de bovinos (Rivera, B., Et. Al, p.8).
En el mismo trabajo realizado en el municipio de Neira Caldas se encontró que estos sistemas ganaderos pueden demandar al año la necesidad de 324 jornales y una familia en pequeñas parcelas con algunos cultivos y animales
como en el caso de Santa Rosa, “pueden ofrecer hasta 338 días de jornales al año” (Rivera, B, et al. P. 17.)
Esto quiere decir que una sola finca ganadera no ofrece en el año suficiente oportunidad de jornales en relación con el potencial que tiene una sola familia durante este lapso de tiempo. Esto corrobora lo expresado por las familias estudiadas cuando denuncian la poca oferta de jornales en la zona, teniendo en cuenta que no son las únicas familias campesinas que potencialmente pueden vender su mano de obra en la región.
La mayoría de familias se ven obligadas a combinar lo producido en su parcela con jornales, para de esta forma cumplir con los gastos de la casa y las obligaciones bancarias.
Al socializar un poco más este tema en el taller realizado en el mes de mayo de 2010, apareció el jornal bajo una modalidad denominado “vuelta de brazo”, entre las familias de Santa Rosa. Esta supone que no se brinda ningún pago financiero, consiste en un día ir a trabajar a la parcela de uno de los beneficiarios y al otro día este le devuelve el jornal trabajando en la parcela del otro beneficiario.
Otro caso es la participación de la mujer en la actividad jornalera, que se vuelve recurrente en las condiciones de las mujeres cabeza de familia, pues por lo general en las familias donde existe la pareja el hombre es quien sale de la casa a trabajar jornaleando y la mujer se encarga de las labores de la parcela. Martha, quien es cabeza de familia y vive con sus dos hijas y nietos, recurre a la posibilidad del jornal para mejorar su ingreso económico: “el trabajo como jornalera es algo que me agrada y salgo a hacer este tipo de actividades, por
necesidad, por mantenerme ocupada y ser productiva” (Garzón, M., entrevista
realizada septiembre de 2010).
En algunas de las fincas donde trabaja le pagan menos que a los hombres, “en partes, a los hombres le pagan $18.000 pesos y a mí me pagan $15.000 pesos, y hasta $10.000 pesos. Otros patronos si nos pagan lo mismo a hombres y mujeres”.
Esta situación de pagos diferenciados por género es una constante que vive la mujer campesina, que debe trabajar por jornales. Lo mismo se encontró en un estudio realizado en la provincia Guanentina donde “las mujeres que trabajan
por jornal ganan menos que los hombres teniendo igual trabajo en cultivos de tomate, tabaco y fríjol” (Gamboa, C., 2000, p. 5.).
En el municipio de la Calera Cundinamarca se encontró que la mujer tiene una gran participación en actividades de ordeño y elaboración de quesos, pero “este trabajo se toma como natural que trabajen con familiares no remuneradas, por otra parte se encuentra la industria gasificadora de agua y grandes cultivos de flores que contratan bastante personal femenino sin diferencia de salario por género” (Gamboa, C., 2000, p. 6).