5.9 Discussion and future works
5.9.4 File System Model Limitations and Evolutions
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La imagen que puede verse arriba es de una estatuilla reptiliana encontrada en las tumbas de la población de Ubaid, quienes vivieron en lo que hoy día es Iraq. La estatuilla data 4.000 años BCE, que es aproximadamente la época en que los judíos aseguran fueron sus inicios. Las poblaciones Gentiles datan de mucho más atrás.
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Sabemos que hubo una “guerra en el cielo” (allá afuera, en el espacio) y que nuestro lado (Satán) la perdió. Cualquiera que pueda identificar a un judío por sus facciones sabe que ellos se asemejan a los extraterrestres reptilianos. Esto puede parecerte ridículo y fuera de lugar, pero si la gente estudiara y viera con mentalidad abierta, abriendo sus ojos, se darían cuenta de que es verdad.
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El concepto más equivocado que tiene la gente es que los judíos son una religión. NO LO SON. Ellos son una raza. Por lo general se les reconoce por sus narices largas, pero sus orejas y su labio inferior prominente, entre otras facciones, es lo que los delata. No podemos decir lo mismo de los protestantes, los católicos o cualquier otra religión. La enfermedad de Tay Sachs es conocida sólo entre la población judía. Las enfermedades no atacan a los miembros de una determinada religión, las enfermedades son raciales. La lista de
enfermedades raras y extrañas que albergan los judíos es ilimitada. La enfermedad del “hombre elefante” es una de ellas.
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“Yo afligiré con enfermedades a aquellos que se opongan a mí” – Satán.
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Lo que sigue son fragmentos del libro “La Eterna Religión de la Naturaleza” escrito por Ben Klassen:
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La naturaleza, en su infinita sabiduría, ha puesto primordial importancia en la supervivencia de las especies. En su profusa variedad, la naturaleza ha creado criaturas de todas clases, peces y aves, animales y vegetales, insectos y bacterias. Algunas criaturas, como los cardenales y aves azules son preciosas de observar. Otras como el pez escorpión y la pereza, no lo son. Algunas criaturas son carnívoras, otras herbívoras. Algunos animales, como las vacas, se deleitan con los pastos de sus alrededores. Otras, como el coyote, el lobo y el tigre, son carnívoros predadores. Otras criaturas, como las cucarachas y los mosquitos, son parásitos. Cada criatura posee sus medios para existir y sobrevivir y también para perpetuar sus especies. Solamente existe una raza que está por encima de todas las demás en cuanto a su ferocidad e intensidad de deseo de supervivencia – es la raza judía. Cómo ha hecho esta raza para sobrevivir y permanecer intacta a través de las convulsiones y turbulencias de la historia durante 5.000 años, es algo digno de observación.
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Cuando algunas de las razas ancestrales de la historia, como los babilonios, los romanos, los fenicios y los egipcios, han desaparecido por completo en los sumideros de la historia, el judío ha sobrevivido. No solo ha sobrevivido sino que se ha convertido en maestro de la esclavitud de todas las otras razas del mundo, aunque el judío representa solo un pequeño porcentaje de la población mundial.
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Cuando la Raza Blanca ha sido constructora, exploradora y creadora de civilizaciones, gobiernos y naciones, el judío no ha sido nada de lo anterior. Por el contrario, el judío es la antítesis del noble Hombre Blanco. A través de su historia, que data de hace más de 5.000 años, y durante la cual el judío se ha mantenido unido como raza, ha sido el parásito y depredador a espaldas de aquellas naciones que los han acogido sin estar conscientes de su naturaleza parásita y depredadora.
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El judío nunca ha creado nada, ni construido nada, ni producido nada, como lo han hecho los miembros de la Raza Blanca. Por el contrario, el judío ha sido un destructor de civilizaciones, de naciones, y un asesino que inventó la idea del genocidio desde las primeras etapas de su propia historia. Todo lo que tenemos que hacer es leer su Viejo Testamento para darnos cuenta de que página, tras
página, tras página, ellos mataron, asesinaron y destruyeron una tribu tras otra. Una nación tras otra, hombres, mujeres y niños.
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La historia de la humanidad está llena de guerras y conflictos, pero de todos los conflictos que se han suscitado entre las diferentes naciones y razas, sólo hay una raza que ha levantado los antagonismos más violentos, sin importar dónde hayan estado asentados – esa raza es la judía.
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¿Por qué la raza judía ha sobrevivido a todos los tumultos por más de 5.000 años de historia, cuando razas más poderosas, como los romanos, han perecido? ¿Es acaso porque el judío es rudo? Sabemos que el judío es rudo, pero otras razas, como los romanos, eran más rudos todavía y sin embargo no sobrevivieron. ¿Será porque el judío es un buen luchador? No, de hecho, es físicamente un cobarde y en combate abierto es con toda certeza uno de los luchadores más cobardes que pueda existir. ¿Será porque el judío es más traicionero y mentiroso? Quizás, ya que estas son las características en las que el judío más se distingue, de entre todas las demás razas. Pero esta tampoco es la única razón por la que el judío ha sobrevivido. La razón de su supervivencia está en su religión única. Desde los comienzos de su historia los judíos se dieron cuenta de la tremenda potencia de la religión como arma – un arma que era capaz de unir a su propia raza y a la vez desintegrar y destruir a sus enemigos.
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Durante miles de años los judíos han capitalizado este conocimiento hasta lo máximo. De manera experta han manipulado la religión para su beneficio con una astucia maligna que, al parecer, nadie parece sospechar.
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El tema central de la religión judía es el odio, el odio hacia los Gentiles, esto es, hacia todas las otras razas. La otra faceta asombrosamente poderosa de la religión judía es la lealtad, lealtad hacia su propia gente. Lamentablemente, para el Gentil Blanco promedio no es demasiado importante saber con quién se vincula a la hora de hacer negocios, si es otro Gentil Blanco o no. Tampoco se muestra demasiado interesado en saber si su vecino o la persona con quien va a reunirse pertenece a su misma gente. Pero para un judío, saber si hace negocios con otro judío, o si su vecino es judío, o quién va a reunirse con él, es de capital importancia, lo es todo.
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El mayor centro de poder de la conspiración mundial judía reside ahora en el Nuevo Mundo. De hecho, Nueva York es el lugar donde más se concentra la población judía, y Nueva York también es el centro financiero más poderoso, no solamente en los Estados Unidos, sino también en el resto del mundo.