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Chapter 4 Key Frame Segmentation and Multi Stream CNNs

4.4.2 Filter Visualization

No es la forma en que lo alimentaron de pequeño lo que le afecta posteriormente; son los pensamientos sobre la manera en que lo hicieron.

Si su madre se siente culpable por no haberlo amamantado, el hecho podría crearle problemas a usted. Por otra parte, si ella tuvo una gran necesidad de ser indispensable y no lo destetó cuando estaba preparado para ello, quizá usted llegue a la conclusión de que no está bien crecer y ser independiente -que, de alguna manera, su independencia es una amenaza para su madre. Si ella piensa que no hay suficiente leche, podría heredarle ese pensamiento. Si siente que la lastima cuando lo amamanta esto puede agregarse a su culpa primaria y, de hecho, convertirse en culpabilidad ante la comida, el dinero, el amor, etc.

Si su mamá piensa que algo está mal len ella por no poder amamantarlo en forma correcta, quizás usted se apodere del mismo pensamiento. El punto importante: como los pensamientos son creativos, lo que sigue afectándolo hasta la fecha es lo que pensó, más lo que sucedió.

Uno de los aspectos interesantes que empezamos a investigar en los renacimientos consistió en lo que nosotros llamamos "Síndrome de la Desnutrición" y que se debe a no haber tomado leche materna, ser alérgico a la fórmula o llevar una alimentación "programada". A menudo ha dado como resultado el pensamiento: "No puedo obtener lo suficiente" -leche-. Que más tarde tradujo en: "No puedo obtener suficiente dinero." Cuanto más se libere la persona de los pensamientos sobre carencias y los cambie ¡aumentará su prosperidad!

También creemos que es obvio que los problemas primarios de nutrición afectan la relación de la persona con la comida. Es tan lógico que casi no tenemos que mencionarlo. Pero siempre nos sorprende la cantidad de gente que no fue amamantada y que tiene que comer a la fuerza.

Yo (Sondra) tengo la siguiente experiencia en esta área:

Fui uno de esos bebés a los que no amamantaron, a pesar de que nací en casa. En mi caso, no se lo permitieron a mi madre debido a un quiste que se le formó durante el período de lactancia de mi hermana. Fue fuente de gran tristeza tanto para ella como para mí. Ambas nos sentimos desgarradas. Nunca había tenido una buena relación con la comida, el dinero, o mi hermana, hasta hace poco cuando finalmente me liberé de todo esto.

En una ocasión, un guía de renacimiento me asignó una tarea que me ayudaría a eliminar mi "trauma de desnutrición". Me sugirió que llevara una dieta con base en leche durante siete días. Yo me resistía tremendamente. Pasó un año. Seguía pensando en esa tarea, pero no la hacía. Continuaba "intentándolo". Finalmente, me convencí de llevarla a cabo cuando iba rumbo a la ciudad de Nueva York a dar unos cursos. Decidí hacer ayuno de leche durante los Cursos de Capacitación en Relaciones Amorosas, ya que de todos modos con frecuencia sólo me alimentaba con jugos. De manera que me registré en el hotel y bajé al restaurante, pidiendo al mesero que me llevara un vaso con leche. Me miró consternado: "Pero Madame," dijo, "¿no sabe que hay huelga de lecheros en Nueva York?... ¡no hay leche en ninguna parte!" De repente me sentí furiosa -algo poco usual en mí-. Casi nunca me enojo. Me sorprendió mi reacción repentina. Y luego ¡tuve que reírme! ¡Perfecto! Debía reacomodar las cosas. No podía obtener leche -no podía lograr que me amamantaran. De inmediato me puse en contacto con todos esos sentimientos. Me sentí privada. Triste. "Pasé por eso."

Una semana después, en San Diego, empecé la dieta de leche. Ni siquiera me gusta mucho, pero la seguí. Una vez hice trampa y tomé leche con chocolate. En otra ocasión me

comí algunas cucharadas de helado... pero prácticamente la seguí durante siete días. Alrededor del tercer día, empecé a sentí deseos de acostarme en el piso, acomodándome en posición fetal. Contuve la respiración, renaciendo en esta posición. Durante el cuarto y el quinto día me cubrí con una manta y me quedé así por períodos más prolongados. En el sexto, en verdad empecé a experimentar sentimientos de mi infancia y, para mi deleite, me interné "en la dulzura de la vida". Fue una curación real y seguí perdonando.

Después, en el último día, llegó un maravilloso guía de renacimiento holandés, llamado Hans, y le platiqué lo que estaba haciendo. Me dijo: "Bueno, como no te amamantaron, esto merece un biberón". Salió y me consiguió uno, lo llenó con leche y me sostuvo en su regazo para alimentarme con él. Una vez más, me enojé mucho por la mamila de hule -mi primer alimento fue horrible para mí-. No me gustó nada. Pasé por la última parte de mi "trauma"; lo exhalé. Funcionó. Este proceso fue efectivo.

Uno de los pensamientos que formé con todo esto como niña fue: "No puedo conseguir lo que deseo" alimento, el pecho, lo suficiente. Otro pensamiento que tuve al nacer fue: "Mi madre no puede darme lo que quiero". Y otro más: "Odio a mi hermana por causar esto". Dichos pensamientos afectaban constantemente mis relaciones. Si alguna vez ponía a un hombre en el papel de mi madre, nunca obtenía lo que quería de él. Sentía que jamás me daba. Tampoco podía recibir porque no estaba acostumbrada a conseguir. Pero cometí el error de resentirme con los hombres en lugar de darme cuenta de que era una falla mía. Nunca estuve cerca de mi hermana. Sosteníamos una relación muy distante, según me parecía. Solía pedirle cosas que no deseaba prestarme, lo cual sólo probaba que podía crear un caso en su contra. Más adelante después de la "dieta de leche", le escribí y me disculpé con ella por todo esto. No fue sino hasta entonces que empecé a comprender por qué nuestra relación había sido tan tensa.

Como mi primera alimentación fue incómoda, me formé alg unos pensamientos de incomodidad sobre la comida: "La comida interrumpe mi alegría"; "La comida es una invasión"; "Otras personas me hacen comer a su manera y yo lo resiento". En general, nunca había tenido una buena relación con los alimentos. Esto desde luego se debió en parte a que nací sobre la mesa de la cocina.

De modo que ésta es mi propia historia. Lo que me curó fue: la dieta de leche; el renacimiento; escribir el libro The Only Diet There is (La única dieta que existe) y cenar con personas expertas en la buena cocina. Además, recibí ayuda de mis maestros espirituales.

Desde luego, pueden existir otros traumas de nutrición además del mencionado. Quizá a usted lo amamantaron, pero su madre no estaba contenta o no disfrutaba mientras lo hacía. En ese caso, puede ser difícil obtener la leche y quizá no tenga un buen sabor, tal vez sintió la tensión de su madre y esto produjo lo mismo en usted. Si la madre siente "ansiedad" mientras amamanta, produce "hormonas estimulantes" que con frecuencia causan cólicos -un dolor agudo en el estómago-, el abdomen del bebé se distiende, crea gases en el recto y acalambramiento de las piernas -todo lo cual da lugar a gritos persistentes-. Hay mucho más que aprender sobre el particular, pero si sufría de cólicos frecuentes, quizás esto haya hecho que su madre se sintiera más irritable. Lo que sucedía en la relación existente entre sus padres y usted durante tales períodos parecía más bien desagradable.

Escriba todos sus pensamientos sobre la nutrición: Por ejemplo:

"La nutrición es difícil"

"La nutrición es un problema" "La nutrición no es divertida"

"No estoy a cargo de mi propia nutrición"

Hemos descubierto una correlación definitiva entre los primeros patrones de alimentación y la manera en que uno recibe el amor y/o el dinero como adulto.

Yo -Bob- tengo la siguiente experiencia a este respecto:

Me alimentaron siguiendo un horario. "Sólo lo que ordenó el médico! "¡Aliméntelo cada cuatro horas sin importar nada más!" Eso fue exactamente lo que hizo mi madre. Yo lloraba y lloraba y gritaba y aullaba. ¡Tenía hambre" No había ninguna diferencia. Debía esperar mis cuatro horas. En el momento en que mi mamá intentaba alimentarme, estaba tan furioso que le escupía la comida a la cara.

Tenía el pensamiento: "No puedo conseguir lo que deseo cuando lo quiero". Parecía que todo en mi vida -la comida, el amor, el dinero- dependía de las convicciones de otra gente, de sus horarios. Conforme fui creciendo, rechacé cada vez más la comida y el amor de mi madre. Me preparaba emparedados para llevármelos al colegio y yo los tiraba.

La hora de la comida siempre era momento de crisis en mi casa y mis demandas imposibles de cumplir hicieron que todo fuera menos juicioso. Recuerdo a mi madre apurada preparando tres comidas diferentes para papá, para mi hermana y para mí -no importaba cuánto hiciera. Nunca era suficiente.

Cuando crecí y me fui a vivir solo, este patrón continuó con todas las mujeres. Peleábamos a la hora de la cena y, de alguna manera, me sentía de alguna manera, me sentía desnutrido en mis relaciones.

En el aspecto financiero, llevé este patrón al extremo. Parecía que no podía producir dinero, excepto cuando otras personas me permitían tomar un poco. Los cheques de pago se convirtieron en el programa de mi supervivencia. Nunca era capaz de abastecer mi propio negocio. Para mí ser empleado, era igual a no tener trabajo. Finalmente, reafirmé el pensamiento: "¡Siempre puedo conseguir lo que quiero cuando lo deseo!".

En forma gradual, empecé a regresar el patrón. Renací, tomando jugo con un biberón. Tenía que sentir y liberar toda la ansiedad y el enojo que existía al ser alimentado de pequeño. Perdoné a mi madre por escuchar al doctor. Perdoné al médico por su consejo ignorante. Un niño debe alimentarse de acuerdo con su ritmo natural de comidas, no supeditado a horas de alimento arbitrarias, como si fuera un animal del zoológico -por cierto ¡por qué se alimenta a los animales del zoológico bajo un horario? ¿No está fuera de lo natural?.

Cuanto más perdono y me considero la fuente de mi propia nutrición, mis momentos en las comidas se vuelven más fáciles y agradables, mis preocupaciones económicas desaparecen y mi vida amorosa produce un flujo constante de alimento para mí.

Capítulo 24

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