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En la transición del siglo XVIII hacia el XIX, el concepto de ruinas se acerca más a lo documental. Esto es puesto en evidencia por la importancia de la arqueología que venía siendo desarrollada desde el Renacimiento y en este siglo por un incremento del espíritu científico, pero artísticamente, las representaciones pictóricas siguen con las mismas intenciones empezadas en el romanticismo, esto es; la búsqueda de una ambientación intimista a los bordes de lo melancólico tan propio de la naturaleza humana. Es la misma melancolía que encontramos cuando hablamos del pintor alemán Caspar David Friedrich (1774- 1840), La abadía en el Carvalhal (Figura 12), 1808-1810 y su referencia directa al estilo gótico, una sugerencia del cambio de motivo que señala a la representación de la arquitectura que, en momentos anteriores tenía referencia y preferencia por la arquitectura del periodo clásico greco-romano. La valorización del gótico, estilo ya consagrado en estos momentos fue también la fuente de inspiración para el romanticismo europeo a finales del siglo XVIII y hasta mediados del XIX, así se expresará la obsesión por una naturaleza y un pasado glorioso, incomprensible. El artista romántico encontrará placer y se deleitará en la contemplación de las ruinas de la antigüedad.

Figura 12. Caspar David Friedrich, La abadia en el Carvalhal, 1808-1810. Óleo sobre lienzo, 110,4 x 171 cm. Nationalgalerie, Staatliche Museum zu Berlin, Preussicher Kulturbesitz.

Siguiendo un orden cronológico, cabe hacer hincapié en los grabados del conjunto dedicado a la obra impresa “Description de l'Égypte, ou, Recueil des observations et des recherches qui ont été faites en Égypte pendant l'expédition de l'armée française. - Seconde édition dédiée au roi Paris: Imprimerie de C. L. F. Panckoucke, 1820-1830. 24 v. en 26 + 11 v. de planchas y 1 atlas” (Figura 13), relato hecho cuando Napoleón Bonaparte invadió Egipto en (1798-1801) y

trajo consigo un séquito de más de 160 estudiosos y científicos. Conocidos como la Comisión Francesa para las Ciencias y las Artes de Egipto, estos expertos llevaron a cabo un extenso estudio de la arqueología, la topografía y la historia natural del país. Las litografías de Dominique Vivant Demon (1747-1825) son, en este conjunto, ejemplos de representaciones de las ruinas con vistas a lo documental pero, no exentas del criterio de lo "exótico” asociado al valor arqueológico. En la Vista de la Esfinge y a la Gran Pirámide dirección sureste (Figura 14), plancha II, del cuaderno dedicado a las pirámides de Menfis tenemos la noción de grandiosidad del monumento aunque soterrado, pero manteniendo su proporción casi amenazadora cuando la comparamos con las figuras humanas presentes en la imagen justamente para ese propósito. Tales litografías resultaron tan populares que se publicó una segunda edición durante la Restauración borbónica posnapoleónica como “Edición Real” (1821-1829), perteneciente a las colecciones de la actual Biblioteca de Alejandría.

Figura 13. Portada de la “Descripcion de

Figura 14. Dominique Vivant Demon, Vista de la Esfinge y a la Gran Pirámide dirección sureste, plancha II, 1821. Litografia. Biblioteca de Alexandria.

También es en los principios del siglo XIX cuándo empezarán los debates sobre las intervenciones en el patrimonio medieval antiguo y consecuentemente sobre los criterios adoptados en tales intervenciones cuando tiene lugar la fundación de la “restauración” como disciplina científica. Así, como mencionamos anteriormente, la arquitectura en estilo gótico constituirá una referencia para el patrimonio antiguo, remanentes de la Edad Media y valorizados principalmente en los países que no tenían la herencia greco-romana marcadamente presentes en la arquitectura y consecuentemente en sus ruinas. En este momento la restauración y la conservación son polarizadas en las figuras de Eugène-Emmanuel Viollet-le-Duc (1814-1879), arquitecto, arqueólogo y escritor francés, famoso por sus "restauraciones" interpretativas dirigidas a la búsqueda de una unidad de estilo con las intervenciones en los edificios medievales y, por otra parte John Ruskin (1819-1900) escritor, crítico de arte y sociólogo británico, contrario a las intervenciones realizadas en dicho patrimonio, proponiendo así una actitud más radical y anti restauración por respeto al original y al tiempo transcurrido, y lo que él aporta a los objetos culturales y al patrimonio arquitectónico, o más bien de los términos, una conservación con vistas a la preservación.

Otra forma de representación de las imágenes además que la pintura y los grabados, la fotografía será un medio también utilizado para documentar las ruinas y, considerando sus características técnicas de reproductibilidad, así como los grabados, también será una forma de llevar a conocer tales imágenes y, de cierto modo producir el encantamiento del tema para un público más ampliado.

La fotografía surge también en la mitad del siglo XIX como una forma perfeccionada por Louis-Jacques-Mandé Daguerre (1787–1851) para fijar la imagen a un soporte rígido a través de un proceso físico-químico, constituyéndose así en un nuevo medio de documentación más aún que expresivo, lo que comprobamos en las primeras imágenes tomadas a partir de ruinas por el fotógrafo y arqueólogo Desiré Charnay (1828-1915), Portada principal del Convento de Chichen-Itza ca. 1857-1861 (Figura 15) fotografía en papel albuminado. En la referida imagen vemos la grandiosidad de la edificación en ruinas visiblemente tomada por la naturaleza y que, ahora es parte del patrimonio arqueológico de una cultura que hasta el dicho momento era desconocida por muchos.

Figura 15. Desiré Charnay, Portada principal del Convento de Chichen-Itza ca. 1857-1861. Fotografía en papel albuminado. George Eastman House, New York.

En este mismo siglo también la figura de Camillo Boito (1836-1914), arquitecto, crítico de arte y escritor italiano que formulará las bases del llamado “restauro científico” en 1883 aportando conceptos más allá del “restauro estilístico” a través del método histórico-analítico para la restauración y conservación del patrimonio edificado y, consecuentemente aplicado también a las ruinas, estableciendo una línea de pensamiento que se seguirá por otros teóricos influenciados directamente por él tales como: Gustavo Giovanonni (1873-1947) y Luca Beltrami (1854-1933), ambos en el contexto italiano, pero

teniendo resonancias en todo el panorama de la conservación y restauración del patrimonio histórico europeo.

A finales del siglo XIX e inicio del XX Alois Riegl (1858-1905) historiador del arte austrohúngaro, uno de los principales impulsores del formalismo y uno de los fundadores de la crítica de arte como disciplina autónoma también se constituirá en una de las figuras principales en el contexto de la historia de la

restauración y la conservación. En su El culto moderno a los monumentos

propone los conceptos de “valor rememorativo” y “valor de contemporaneidad” llegando a definir el “valor de novedad” el cual reside en una forma cerrada de concebir la necesidad de lo nuevo e intacto en una obra recién creada, correspondiente a una actitud que atribuye a lo nuevo una incontestable superioridad sobre lo viejo. El análisis de Riegl revela además los conflictos entre los valores, las exigencias simultáneas y contradictorias en cada momento y según cada intención como afirma González Varas27, “El “valor de antigüedad” excluye el “valor de novedad” y amenaza el “valor de uso” y el “valor histórico”; el “valor de uso” contradice a menudo el “valor artístico relativo” y el “valor histórico”, y así sucesivamente”. Siendo así valores negociables en cada caso y dependiendo del estado de conservación, del contexto social y cultural donde están ubicados.

La teoría y las practicas de la conservación y restauración arquitectónica aún son orientadas por el pensamiento boitiano y que ahora se hacen presentes por sus seguidores, entre ellos Giovanonni con su contribución a la práctica del “restauro arqueológico”, formulado de acuerdo con la bases de la “restauración científica” y llevado a cabo en un segundo momento de las intervenciones en Roma. En estos momentos las ruinas romanas de la antigüedad clásica así como otros hallazgos posteriores del mismo periodo adquieren una mayor importancia y valorización, dado el contexto político, social y cultural vivido en el país. La distinción entre los materiales originales y los añadidos siguen las recomendaciones dejadas por Camillo Boito en 1883 y reafirmadas en la Carta de Atenas de 1931 pero aún se practica la “anastilosis”. Consolidaciones con materiales modernos son utilizadas especialmente en los refuerzos internos de las edificaciones y dictadas por el rigor científico de las prospecciones arqueológicas buscando una vivificación de las ruinas arqueológicas como señalaba Carlo Ceschi, citado por González Varas;

[…] la restauración arqueológica, incluso si de alguna manera se diferencia de la restauración común aunque no sea más que por el hecho de que, en general, los monumentos de la antigüedad han perdido su carácter funcional y utilitario, es sin duda rica de presupuestos histórico-científicos y de una particular poesía. 28

El tema de las ruinas sigue proponiendo nuevos estudios y análisis acerca de la estética, pero también nuevos problemas arquitectónicos ligados directamente a la conservación y preservación del patrimonio cultural. Las ideas como lo

27 Ignacio González-Varas Ibáñez, op. cit., 41. 28 Ibidem, op. cit., 245.

sublime, lo pintoresco e inclusive lo siniestro, tienen total validez cuando las indagaciones filosóficas del XVIII, aunque redefinidles, resultan vigentes.

1.5. Las ruinas a lo largo del siglo XX: Entre las dos guerras hasta los