Section 6: Conclusions
6.1 Final remarks
La evolución del cerebro humano diferencia al Homo sapiens de las demás especies. La selección hacia un encéfalo grande se dio como resultado de interacciones más complejas entre el ambiente y los individuos, aunque su proceso selectivo no ha sido del todo clarificado15. No obstante, el cerebro se desarrolló hasta los 1400 c.c., con una estructura neurológica compleja que permitió mayor adaptabilidad16, ampliando la capacidad de almacenamiento y procesamiento de datos. Fue así como, el cerebro se desarrolló modularmente como formato innato para la clasificación de información, que al enfrentar diferentes desafíos del ambiente, conjetura soluciones desde experiencias pasadas, estableciendo probabilidades (Cosmides, et al. 1992; Gelperin, 1975; Gigerenzer 2000: 168).
En este sentido, la especie pudo adaptarse fácilmente, tomando datos sensibles de su interacción con el ambiente para producir comportamientos específicos en cada situación particular (Cosmides,
et al. 1992: 20). Por esta razón, la mente contribuyó a la adaptación social de la especie, ayudando a la discriminación de comportamientos aceptables e inaceptables dentro de la vida en comunidad, generando relaciones interpersonales complejas que involucraban la cooperación. Las capacidades innatas para el lenguaje y el aprendizaje avanzado, modelaron los cursos de acción para resolver problemas de índole individual y social. Dahl (2005: 11-12) asume que la naturaleza nos dotó de un cerebro apto para el desarrollo de procesos cognitivos complejos, donde el ambiente modela la forma de razonar, a través de procesos de aprendizaje (nurture), que pueden llegar a conformar cultura.
Por tanto, las capacidades cognitivas que ayudan a explicar cómo aparece el comportamiento cooperativo en humanos, en especial en grandes grupos, son el lenguaje; la capacidad de aprender; y las emociones, que tienen el poder de cambiar los comportamientos individuales y las preferencias temporales (Elster, 2007: 145-161).
Cuando se hace referencia al desarrollo del lenguaje en los seres humanos, debemos remitirnos al periodo de la evolución de los homínidos denominado Fase Humana Antigua17, en esta comenzó a
aparecer un lenguaje articulado, que permitió relaciones sociales complejas entre los individuos. Se desarrollaron el hemisferio izquierdo, el lóbulo temporal, y las áreas de Wernicke18y De Broca19,
asociadas con el habla, el lenguaje escrito y las capacidades comunicativas. Estas estructuras cerebrales datan de hace 500.000 años, pero el desarrollo mismo del lenguaje se dio hace 100.000 (Kandel, et al. 1997: 679).
El lenguaje se constituyó como forma de pensamiento abstracto20, que evolucionó de acuerdo a las circunstancias que se presentaron en el entorno. El origen de esta habilidad, precisa de la mímica o la imitación de expresiones motoras que emergen de estados mentales determinados21. Este proceso de ensayo y error, se aprende a través de la construcción de identidad o diferenciación dentro de los grupos gregarios (Taussig, 1993. Citado por Martínez, 2009: 46). La abstracción por tanto, corresponde a la asociación de patrones internos de conocimiento frente al mundo exterior.
“El desarrollo del lenguaje es una adaptación a la complejidad de la comunicación humana y del pensamiento; para sobrevivir los patrones motores se deben recordar y adaptarse a esos cambios” (Llinás, 2001: 281).
Con la creciente complejidad del lenguaje verbal y el surgimiento de las emociones, ocurre la pérdida del pelaje, así como la disminución del arco superciliar que dejó al descubierto la esclerótica de los ojos. El primero de estos cambios, permitió un contacto más directo entre los individuos y con ello, la sensación de afecto se volvió más fuerte; con el segundo cambio, junto con la pérdida del pelaje en la cara, se logró mayor expresividad, lo que permitió poder intuir los estados emocionales, sensaciones y creencias de los otros a través de sus posturas faciales (Teoría de la mente/ leguaje no verbal).Dicho en otras palabras, la capacidad de representar los estados intencionales de otros. (Scheiber, 2007: 53). Por consiguiente para la vida social de los homínidos, esto significó poder distinguir entre individuos confiables y no confiables, por tanto, decidir con quién interactuar.
En consecuencia, el lenguaje contribuyó al establecimiento de normas para el comportamiento individual deseable dentro de los grupos (Scott J. P, 1984: 615), es decir, para intercambiar y comunicar estrategias de juego cooperativo (Dahl, 2005; Rosenberg, Linquist, 2005). Éste también amplió la cantidad de sus receptores, al no necesitar una comunicación cara a cara, sino sólo una consigna lingüística de la idea que se quiere comunicar, de modo que se puede transmitir generacionalmente, como ocurrió con respecto a las normas sociales22 aceptadas y rechazadas
dentro de la vida social de los homínidos (Masters, 1989: 78).
De este modo, la imitación, el lenguaje, el pensamiento simbólico y la cultura son formas de cognición social que emergieron en los primates, no para resolver problemas formales de la política, sino para enfrentar las relaciones íntimas que se establecen diariamente con otros miembros del grupo o “everyday politics” (Schreiber, 2007: 56). Adicionalmente, al ser los homínidos animales que viven en grupo, el lenguaje se desarrolló como estrategia adaptativa que ayudó al aprendizaje23 social acumulado y la creación de la cultura (North, 2005: 27).
Las operaciones mentales que residen bajo la capacidad de aprendizaje individual son flexibles y creativas, de modo, que la mente es vista como una compleja estructura que interpreta activamente, al mismo tiempo que clasifica variadas señales percibidas por los sentidos
(Mantzavinos, et al., 2004: 76). Estas clasificaciones son modelos cognitivos24 que se reafirman, transformándose en creencias; o se rechazan, apelando a la formación de nuevos modelos. En el
momento en que se forman las creencias, éstas se conectan con un sistema motivacional, generando estímulos a la acción ligados con el afecto.25 Este hecho implica, que un cambio de creencias de manera abrupta sea difícil de lograr26.
Por otro lado, el aprendizaje colectivo se da de tres formas. La primera es a través de la comunicación entre los miembros del grupo con el fin de encontrar la mejor solución posible a un problema determinado.27 La segunda es el aprendizaje colectivo inter-generacional, o en palabras de Mantzavinos, et al. (2004: 76-77) el aprendizaje evolutivo, que consiste en la trasmisión de conocimiento a través del tiempo gracias a la representación simbólica y el lenguaje (Corning, 1971: 335-336). El último tipo de aprendizaje, se refiere al aprendizaje práctico o por imitación, que se logra a través de la observación de los demás miembros del grupo al dar solución a problemas prácticos28. Este último, guarda relación con la evolución de las neuronas espejo, que surgieron con
la competencia entre coaliciones. Éstas tienen la pericia de representar la acción de los otros, es decir, proveen representaciones mentales de las acciones, lo que permite imitar comportamientos (Neuman. et al. 2007: 12; Schreiber, 2007: 56). El aprendizaje colectivo es importante para entender cómo las comunidades cooperaron para la búsqueda de alimento y la protección contra invasores. Así, el aprendizaje y la memoria son factores que moldean la conducta de los individuos a través de la retroalimentación con el entorno cambiante (Corning, 1971: 335). La intencionalidad29 del
aprendizaje redunda en que la selección se da por parte de los individuos o grupos, y no sólo por efecto del entorno ambiental. Esto determina que en algún punto del proceso evolutivo humano, se haya optado por soluciones adaptativas diseñadas a los problemas de cooperación, que se presentaron cuando las comunidades de individuos pasaron de aproximadamente 150 habitantes, a miles de individuos. Sin embargo, no todas las formas de solución a problemas del entorno son aprendidas. Muchas de las respuestas motoras pertenecen a la naturaleza instintiva, tal es el caso de las emociones primarias (Damasio, A., 1996: 157). Esta situación sucede con el comportamiento cooperativo en grupos pequeños, que puede obedecer a la selección natural (Ver capítulo 2).
1.2. Características genéticas
Las neurociencias nos permiten ligar comportamientos cooperativos que evolucionaron con los individuos, con respuestas químicas presentes universalmente en los humanos y heredadas genéticamente. Por ello, podríamos asegurar que algunos tipos de comportamiento cooperativo son seleccionados naturalmente. Este documento no profundizará en estos aspectos, pero se enunciarán hallazgos generales en tres categorías que ayudan a entender un poco más el fenómeno de la cooperación que nos concierne.