Chapter 6: Conclusion
6.1 Final Remarks
Resumen
El cambio climático es uno de los grandes desafíos de este siglo. Los bosques cumplen un rol importante para la adaptación y mitigación porque proporcionan servicios eco- sistémicos relevantes tanto a escala local como global. Sin embargo, la información y la visibilización sobre la pérdida de bosques urbanos y su relación con el tejido urbano es incipiente. La iniciativa “Tiluchi ciclista: Conectando gente y biodiversidad para la acción climática en Santa Cruz de la Sierra” se enmarca en el sector este de la ciudad, en el Distrito 3, la cual tiene un bajo índice de verde urbano y una importante pérdida de cobertura arbórea en los últimos diez años. El objetivo de la iniciativa es construir co- lectivamente una ciclovía piloto, que incorpore corredores socioecológicos para reducir las islas de calor y favorecer el disfrute del ciudadano con una visión de ciudad resilien- te. Pretende fortalecer las capacidades de las autoridades municipales en el enfoque de cambio climático, incorporar herramientas de medición de la biodiversidad y variabi- lidad climática, así como promover que el tejido urbano del tramo piloto participe del diseño del corredor socioecológico. Sobre esa base se capacitó a autoridades y técnicos municipales, vecinos, vecinas y estudiantes del tramo piloto. Se utilizaron herramientas metodológicas de los ámbitos social, microclima y biodiversidad, con la toma de datos in situ. Finalmente, se realizaron reuniones para conformar una plataforma urbana onli- ne con la participación de diferentes actores de la sociedad cruceña; y se elaboró un plan participativo integral de acción climática y actividades de arbolado urbano.
Palabras clave: cambio climático, corredor, islas de calor, biodiversidad, arbolado, mi-
Introducción
Tres años atrás, en 2018, llegó el momento de enseñarle a pedalear a mis hijos. Sin embargo, en el momento de salir con ellos por las calles de mi ciudad, Santa Cruz de la Sierra, nos topamos con dificultades: el poco respeto de los conductores de vehículos motorizados hacia el derecho de vía de una familia de ciclistas y la ausencia de árboles en muchas de las calles pavimentadas. La falta de vegetación genera islas de calor, acrecentadas también por el cambio climático. Con esta experiencia me propuse incentivar acciones para ganar espacios para el bicitransporte para familias como la mía, dando seguridad a mujeres, niñas y niños en las calles. De igual modo, me empeñé en impulsar que las vías donde se transita habitualmente, tengan árboles para brindar sombra a ciclistas y peatones; también hacer frente a los efectos del cambio climático. Es así como nace la iniciativa “Tiluchi ciclista: Conectando gente y bio- diversidad para la acción climática en Santa Cruz de la Sierra”, como una llamada de atención a los gobernantes y la ciudadanía en general, para participar de una planificación urbana sostenible, que considere las opiniones de la ciudadanía, incorporando los beneficios de los árboles para la ciudad y propicie la movilidad alternativa con cero emisiones, como es la bicicleta.
Así como Santa Cruz de la Sierra, las ciudades en Latinoamérica se enfrentan a desafíos en el conglomerado de interacción que presentan, incluyendo la cantidad de emisiones anuales de gases de efecto inverna- dero, lo que hace imperativo generar estrategias para la acción climática. En este marco el enfoque ecosistémico, desarrollado por el Convenio de Diversidad Biológica, manifiesta la aplicación de acciones en diferentes espacios territoriales para “el uso sostenible de los bienes y servicios de los ecosistemas” (Andrade 2007), lo cual favorece la participación acti- va de la población local a diferentes escalas. Desde esa concepción, la ciudad es un ecosistema de “particularidades complejas” (Tort y Santa- susagna 2018) y requiere de iniciativas participativas y de apropiación local, para entender la importancia de los bienes y servicios que esta proporciona, su interacción con el cambio climático y las soluciones desde una escala local, regional y global.
Por otro lado, el cambio climático no está siendo visibilizado por la mayoría de las ciudades de Latinoamérica (Sánchez Rodríguez 2013), a diferencia de las poblaciones rurales que ven afectados sus cultivos y producción en general por la variabilidad climática. En muchos casos, parte del problema es la insuficientemente difusión y explicación de por qué el cambio climático es importante para el desarrollo local. Así se evi- dencia cómo la mayoría de las ciudades no incorporan estrategias sobre cambio climático en la planificación de los gobiernos locales; escenario que precisamente se muestra en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
Considerando lo anterior, la iniciativa “Tiluchi ciclista” tiene como objetivo general: “construir de manera colectiva una ciclovía piloto, in- corporando corredores socioecológicos, para reducir las islas de calor en la ciudad, para favorecer el disfrute del ciudadano, con una visión de ciudad resiliente”. Tiene como objetivos específicos: fortalecer las capa- cidades de las autoridades del gobierno municipal en el enfoque de cam- bio climático; incorporar herramientas de medición de la biodiversidad y variabilidad climática; así como promover que el tejido urbano del tramo piloto participe del diseño del corredor socioecológico. A conti- nuación, se presenta la descripción del caso y su contexto, el análisis de la intervención, sus resultados, recomendaciones y lecciones aprendidas.
Figura 1. Diagnóstico climático realizado en el tramo piloto
Descripción del caso y su contexto
El cambio climático es uno de los grandes desafíos de este siglo, los bosques juegan un rol importante tanto en la adaptación como en la mi- tigación, ya que proporcionan servicios ecosistémicos locales relevantes para la adaptación, así como el servicio ecosistémico global de captura de carbono, relevante para la mitigación. Por otro lado, la deforestación tiene implicancias importantes para el cambio climático. Las emisio- nes derivadas de la deforestación, en países como Bolivia, superan las provenientes, por ejemplo, del sector transporte. Los bosques son im- portantes para atenuar los efectos del cambio climático; sin embargo, es incipiente la información y la visibilización sobre la pérdida de bosques urbanos y su relación con el tejido urbano.
Los bosques en Bolivia cubren el 50,6 % de su superficie, concentra- das en la Cuenca del Amazonas (FAO 2018). Según Andersen y Ledez- ma (2019), la deforestación anual promedio se ha incrementado desde 1990 a 2017, de 150.000 ha a 350.000 ha, respectivamente, con una tasa de deforestación anual estimada de 4 % (Malky y Leguía 2012). La deforestación per cápita analizada para el período 2016-2017 da cuenta
de que en Bolivia fue de 310 m2/persona/año, es decir, comparativa-
mente más alta que el promedio mundial anual de 9 m2/persona/año
(Andersen y Ledezma 2019). Esta deforestación, en términos de cam- bio climático global, significa emisiones altas por poblador, con cerca
de 14 tCO2/persona/año (Andersen y Ledezma 2019). A escala local
esto significaría cambios a un microclima caliente y seco, al igual que incremento de riesgos ambientales, como las inundaciones o sequía, por ejemplo. A finales de 2016, Bolivia sufrió una de las sequías más extre- mas de los últimos 25 años, que afectaron críticamente a los pobladores y sus medios de vida: cinco de los nueve departamentos se declararon en emergencia; Santa Cruz vio incrementada su temperatura hasta 40 ºC (Fundación Solón 2017).
En términos de los compromisos internacionales respecto al cam- bio climático, Bolivia presentó el documento de Contribución Previs- ta Determinada Nacionalmente (NDC, por su sigla en inglés) el 4 de abril de 2016; este incorpora la visión de desarrollo integral, en relación
con lo establecido en su normativa.1 La contribución de Bolivia está planteada para dos períodos (2015-2020 y 2021-2030), en los que se proyecta incrementar la capacidad de mitigación y adaptación conjunta mediante el manejo integral y sustentable de los bosques. En el primer período, el Estado Plurinacional de Bolivia estimó alcanzar tres objeti- vos en relación con la mitigación y la adaptación (Gobierno de Bolivia 2015): agua, energía, bosques y agricultura. El análisis realizado por Apaza-Vargas et al. (2020) de la NDC de Bolivia en su primer período, desde las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN)2 (IUCN 2020, 1), concluye que, en términos de articulación de las NDC, el Gobierno nacional no ha propiciado una gobernanza para construir, implementar, ni visualizar estas metas. Esto se evidencia en que Bolivia al momento no cuenta, por ejemplo, con un Sistema Nacional de Inventarios (NDC LAC 2021). Según Jemio (2019), las NDC de Bolivia no medirían las emisiones de gases de efecto invernadero y no responderían al objetivo del Acuerdo de París,3 porque las acciones y metas planteadas más bien incrementarían las emisiones y afectarían a las poblaciones más pobres, entre otros impactos, por otro lado no habrían sido elaboradas de ma- nera participativa con todos los actores de la sociedad civil boliviana.
En ese contexto se observa que tanto la información respecto al cambio climático, como las políticas nacionales acerca de este proble- ma, estarían siendo escasamente articuladas con los actores locales en el terreno. En ese marco se realiza la iniciativa de intervención en el Distrito 3 de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Esta es la ciudad más poblada de Bolivia porque concentra al 18 % (1,8 millones de ha- bitantes) de la población boliviana (INE 2018). Con clima tropical, se ubica al oeste del departamento de Santa Cruz (Figura 3). En 2020 se registró durante la época seca una temperatura máxima de 38 ºC; con- forme los escenarios de cambio climático al 2030, la temperatura de la ciudad podría subir en 3-4 grados más (Jemio et al. 2014; Spickenbom 1 Constitución Política del Estado, Ley n.º 071 de Derechos de la Madre Tierra, y Ley n.º
300 Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien.
2 “Son acciones dirigidas a proteger, gestionar y restaurar de manera sostenible ecosistemas
naturales o modificados, que hacen frente a retos de la sociedad de forma efectiva y adaptable, pro- porcionando simultáneamente bienestar humano y beneficios de la biodiversidad” (IUCN 2020, 1).
2019), lo que provocaría escasez de agua y más sequía, además del in- cremento de las islas de calor en la ciudad.
Según el Gobierno Autónomo Municipal de Santa Cruz de la Sierra (GAMSCS 2016), este municipio cuenta con una extensión aproxima- da de 140.471 ha, cuya mancha urbana tiene una superficie de 38.475 ha, en el marco de la Resolución Suprema n.º 221842 del 2003. Está dividido territorialmente en 16 distritos (ver Figura 2): doce distritos son considerados urbanos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12; y tres son distritos rurales: 13, 14 y 15. El caso de estudio se realizó en el Distrito 3. La ciudad presenta dos áreas protegidas municipales que se encuen- tran en el sector oeste de la ciudad; Parque Urbano de Preservación Ecológica Curichi La Madre y el Parque Ecológico Metropolitano Piraí, ambas conformando el cordón ecológico del río Piraí. En términos de cambio climático, la planificación municipal incorpora escasos insumos como la gestión de riesgos.
Figura 2. Mapa de ubicación del radio urbano del Municipio de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, así como el tramo piloto de la iniciativa
Fuente: Elaboración propia basada en información de GeoBolivia (2019).
El estudio de Andersen y Ledezma (2019) analiza los 25 municipios con las tasas altas de deforestación en Bolivia: 22 se encuentran en el departa- mento de Santa Cruz, entre ellos el Municipio de Santa Cruz de la Sierra ocupa el sexto lugar con una tasa de 6,88 %, cifra superior a la nacional.
Si bien la iniciativa es realizada en un entorno puntual, como es el distrito 3 en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, es importante consi- derar que en términos de cambio climático lo que sucede fuera de las ciudades, como lo reportado anteriormente en términos de deforesta- ción global en Bolivia, afecta también a las ciudades. Estos impactos se observan con el incremento de sequías e inundaciones, por ejemplo. Pero entonces ¿por qué trabajar en las ciudades? Porque estas albergan la mayor población mundial,4 y por lo tanto muchas iniciativas económi- cas se desarrollan en ciudades. Se menciona que las ciudades son respon- sables del 70 % de los gases de efecto invernadero (CEPAL 2018) y que el 76 % de las emisiones de gases de efecto invernadero es debido al uso de combustibles fósiles, deforestación y degradación de la biomasa; el sector de transporte es el responsable del 51 % de estas emisiones. En la actualidad la ciudad de Santa Cruz de la Sierra alberga al 61 % de la po- blación del departamento, porcentaje que se prevé se incrementará. En ese marco la acción climática en ciudades con iniciativas de mitigación y adaptación al cambio climático tienen un propósito de compromiso y participación activa de la población, para de esta manera en el tiempo incidir en la acción climática, tanto en su entorno como fuera de él.
Figura 3. Tramo piloto previa la intervención
Fuente: Jan Spickenbom.
4 En América Latina y el Caribe, alrededor del 80 % de la población habita en zonas urbanas
La iniciativa se enmarca espacialmente en el sector Este de la ciudad, en el distrito 3. Pero ¿qué significa esta ubicación en términos de la pér- dida de cobertura boscosa en la ciudad, el índice de verde urbano y las políticas públicas para generar áreas verdes en Santa Cruz de la Sierra? Apaza-Vargas (2020) analizó la pérdida de cubierta arbórea en el área de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, desde el 2001 al 2019 (ver Figura 4); en este período se encontró que la mayor pérdida de bosque se dio en el intervalo de 2005 a 2013, cuyo pico más alto fue el año 2011 con 150 ha perdidas. Esto significó una deforestación per cápita para 2011 de 1 m2/persona/año. En términos de emisiones, en el total del período, representa cerca de 219.912 t de CO2 liberados a la atmósfera, equiva- lente a 11.574 t/año.
Figura 4. Gráfico de la pérdida de cobertura arbórea (ha) en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en el período de 2001 a 2019
Superficie en hectáreas (ha)
160 140 120 100 80 60 40 20 0 Años (2001-2019) 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 Fuente: Apaza-Vargas (2020).
En términos de pérdida global de cobertura arbórea por distrito, para el período 2001 a 2019 en la Figura 5 se observa que 6 de los 16 distritos presentaron la mayor pérdida de bosque: 7, 4, 11, 9, 12, 2 y 16. En términos de superficie de cobertura arbórea, los 6 distritos con menos cobertura al 2020 serían: 11, 2, 3, 4, 7,12 y 9.