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4. IMPLICATIONS FOR DEVELOPING COUNTRIES

4.6 Final remarks 4.5 Rice

El secreto que se esconde detrás de la crítica cientificista es el pro- blema filosófico que obliga por un lado a afirmar la necesidad como algo implícito en el proceso cósmico, y que luego para establecer un principio ético que rija la conducta humana, necesita del principio de la libertad. Necesidad y libertad son los dos grandes términos en torno a los cuales se libra la batalla filosófica. Uno de los motivos de la deca- dencia del Positivismo no es sólo el hecho de que conduce a un siste- ma realista, cosa que no tiene mayor gravedad, sino que juntamente lleva al Mecanicismo, al Determinismo. Lo mismo le pasó al Cientificismo ingenuo. La posición científica forzosamente conduce a esta concepción mecanicista, entonces, si todo el Universo es un me- canismo, nosotros seremos un simple engranaje dentro de él, hace- mos lo que estamos obligados y no tenemos responsabilidad de nues- tros actos. Sobre este sistema se puede inventar alguna moral de carác- ter biológico, sociológico que valdrá para el que quiera emplearla, pero que no tendrá su raíz verdadera dentro de la naturaleza humana, por- que la libertad, base de toda posición ética, queda excluida.

El Cientificismo crítico no puede prescindir tampoco de concebir el proceso cósmico como necesario, como un mecanismo, pero llega a la conclusión de que ese mecanismo, construido por la ciencia, sólo es una interpretación del proceso cósmico bajo el punto de vista científi- co, una interpretación cuantitativa, aunque sea una verdad –esa verdad

es relativa– lo cual nos permite creer que, considerado este proceso desde otro punto de vista, deja margen para el concepto de libertad.

En el fondo tanto necesidad como libertad son conceptos necesarios. Pero, ¿cómo vamos a conciliar la existencia conjunta de la libertad y la

necesidad? Podemos adoptar dos posiciones filosóficas o afirmar en el terreno espiritual, como un hecho su coexistencia, y hay metafísicas que concilian una con otra.

Siempre ha habido corrientes filosóficas que han protestado con- tra esta última conclusión del mecanismo universal y absoluto, tratan- do de buscar una solución que permita salvar el concepto de libertad. Naturalmente para hacerlo han tomado la cuestión filosófica de un punto de partida completamente distinto del Positivismo y Cientificismo. El Positivismo, que al fin y al cabo descansa sobre la misma base de las ciencias, tiene que partir del mundo externo, del dato empírico que obtenemos por medio de los sentidos, y suponer que la actividad del pensamiento humano es siempre resultante de fuerzas externas que actúan sobre nosotros. Y si les preguntamos: ¿qué es nuestro pensamiento, nuestra conciencia? Dicen: es el epifenómeno

último. De ahí resulta el concepto de un proceso determinista y nece- sario: que exista o no el epifenómeno el proceso va a desenvolverse lo mismo.

Los que desean combatir esta posición, aquellos que conceden más interés el problema ético que el científico, adoptan una posición con- traria y parten del hecho que los naturalistas llaman epifenómeno, y en lugar de empezar por el mundo externo, empiezan por el examen di- recto de la conciencia; dicen: «dejemos el mundo objetivo porque so- lamente lo conocemos como un hecho de la conciencia, por nuestra representación en la conciencia, averigüemos si corresponde a una realidad independiente de la conciencia».

Estas corrientes filosóficas toman la posición del Idealismo frente al Realismo.

A fines del siglo pasado y en lo que corre del presente, a medida que va extinguiéndose el Positivismo, resurgen otra vez las doctrinas idealistas, para comprenderlo debemos tener en cuenta que la

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situación europea en lo que respecta a Filosofía es completamente distinta de la nuestra. Indudablemente que allí en el siglo pasado también el Positivismo ha sido la orientación dominante que ha acompañado el desarrollo de las ciencias naturales y exactas, pero no de una manera tan exclusiva como entre nosotros, que no tenemos tradición filosófica. ¿Qué ha ocurrido en nuestro país? Durante la Colonia tenemos una enseñanza filosófica vinculada, como la Escolástica, a las concepciones religiosas predominantes, luego va extinguiéndose esta enseñanza pero en realidad no se la reemplaza por otra, sino que todavía existe en la Universidad de Buenos Aires, en que la cátedra de Ideología se prolonga hasta la muerte de Alcorta (1837), luego se extingue toda tradición filosófica. Se mantiene más tarde al establecerse lentamente la enseñanza oficial, y cuando ésta se acentúa, ya predomina entre nosotros el Positivismo, entonces esa enseñanza tiene carácter exclusivamente positivista. Cuando, con la creación de esta Facultad y de la Facultad Pedagógica en La Plata, la enseñanza filosófica llega a la cátedra universitaria bajo los auspicios del Positivismo. Entre nosotros no existía más filosofía que la positivista. Habíamos llegado a imaginar que ella era la filosofía por excelencia y mirábamos con asombro el proceso que se desenvolvía en Europa: la decadencia del Positivismopuro.

En Europa el Positivismo siempre se desenvuelve a la sombra de una vieja y poderosa tradición filosófica, y nunca llegó a desalojar com- pletamente esta tradición de las cátedras y de la enseñanza; por el con- trario, ha ocurrido que mientras el Positivismo, en las capas intelectua- les era la orientación dominante, en la enseñanza oficial persistía la vieja tradición filosófica. De manera que esta tradición en Europa no se ha interrumpido, y cuando el Positivismo ha empezado a ceder, vemos un retorno al Idealismo del pasado que se esfuerza para adap- tarse a la situación nueva, pero realista, para ocupar la posición del Positivismo.

En Francia, Comtenunca ocupó una cátedra en que pudiera enseñar su filosofía. Lo que dominaba en aquella época es el Espiritualismo ecléctico de Cousin, y cuando Comte muere, ya esta orientación

filosófica estaba agotada. Muere Comte desconceptuado ante la inteligencia francesa, pero sus discípulos se mantienen en la cátedra, pues Comte había llegado a adquirir importancia en el manejo de los asuntos públicos y dominaba la provisión de las cátedras en la enseñanza secundaria y pública. Sobreviene el Segundo Imperio, que quita sus cátedras a Taine y Renán. Los filósofos tienen que mantener en la cátedra una enseñanza que pueda conciliarse con las corrientes religiosas e intereses clericales que le convienen al gobierno. Entonces el Positivismo queda también excluido de la enseñanza oficial. Vuelven del destierro, pero Taine, por ejemplo, para enseñar Historia. La misma enseñanza filosófica sólo experimenta una pequeña influencia positivista, pero la académica prescinde de esa posición, son los institutos oficiales los que representan el pensamiento de la generación anterior. Hay algo más: a pesar del desarrollo extraordinario del Positivismo se mantiene en Francia el desenvolvimiento del Espiritualismo ecléctico que trata de adaptarse a otra posición, es decir que no toda la intelectualidad se deja arrastrar por el Positivismo. A pesar de la desaparición de Cousin y sus descendientes, surgen hombres que poco a poco llegan a imponerse y salvar de eso lo que es posible: Secretan, Ravesan, Janet, Frank (autor del diccionario filosófico); poco a poco esta dirección espiritualista incorpora elementos kantianos, y de espiritualismo ecléctico se convierte en neo-criticismo, porque no se apoderan de Kant íntegramente, pero adoptan su posición crítica, aprovechan lo que es posible, y con esta nueva posición dan también un nuevo contenido al Espiritualismo ecléctico.

Así nace en Francia el neo-Criticismo, cuyo representante más cons- picuo es Renouvier.

Renouvier era republicano decidido, por lo cual quedó excluido de la enseñanza oficial. No era Positivista, de manera que no figura entre los representantes de la intelectualidad de aquél tiempo, desenvuelve su vida al margen de la orientación e influencias reinantes, vida de continua abnegación y de trabajo; publica una serie de obras y su Revis- ta de Metafísica, con ínfimo éxito, solo un pequeño grupo le acompaña en sus esfuerzos, y así llega casi a fines del siglo pasado, a la edad de 80

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años, sin que su obra reciba ninguna distinción pública o del gobierno, sin que los institutos de enseñanza se hubieran ocupado de él. Llega a la edad de 80 años y de repente lo descubre la Academia de Ciencias y hace el honor de incorporarlo, lo descubre cuando el Positivismo agotado disminuye de la enseñanza oficial y surgen nuevas corrientes. En sus últimos años, Renouvier todavía alcanza la visión de una época en que su trabajo filosófico no se ha de perder.

De Renouvier viene Boutroux, que ya llega a la enseñanza pública. Escribió su primera obra, su tesis, que fue la base de todo su trabajo filosófico. ¿En qué consiste su obra?, en la tentativa de demostrar que el concepto de necesidad aplicado al desarrollo de los hechos no tiene un valor absoluto; que, además de la necesidad, está la contingencia; que es posible admitir la producción de un hecho nuevo, que después se in- corpore a los existentes y sea el punto de partida de una serie que luego desarrolla, pero ese hecho nuevo no está vinculado a los hechos causales. Boutroux introduce nuevamente el concepto de libertad, y trata de demostrar cómo esa contingencia va creciendo, a medida que nos elevamos de los hechos inorgánicos o físicos a los de orden psí- quico; y como aún en el dominio de las ciencias físicas ocurren hechos contingentes, nuevos; en el de la biología esa contingencia aumenta, y en la psicología ya es una verdad imposible de eliminar. La influencia de Boutroux ya fue considerable en su época y así se comprende que se pudiera iniciar una nueva corriente filosófica y dar otra regla a la especulación.

Contemporáneo de Boutroux está Lachelie, psicólogo y metafísico que después ejerció influencia excepcional en Francia. Lachelie ya adop- ta una actitud idealista kantiana.

De Lachelie viene Bergson. La primera obra fundamental de Bergson está dedicada a su maestro Lachelie. Con Bergson, llegó a su fin también el neo-Criticismo francés, que ha sido como el encargado de mantener la tradición filosófica idealista y de transmitirla hasta que surgiera un pensamiento nuevo, que es lo que ocurre con Bergson, ya creador, que coloca el pensamiento filosófico sobre nuevas bases. Con Bergson se inicia la filosofía del siglo XX, es decir, una posición nueva:

salimos de la eterna discusión sobre realismo e idealismo, es una posición por encima de las dos grandes corrientes opuestas, esa es la hazaña más importante de Bergson; porque si después de extinguirse el Realismo positivista hubiera venido el Positivismo otra vez, hubiéramos proseguido sin encontrar término a esa discusión que ha dominado en el siglo XIX (época romántica y positivista) y que, en realidad, es insoluble. De Bergson haremos un objeto especial de nuestro estudio.

Había en Europa la persistencia de esa tradición filosófica, de la cual nosotros carecemos, por eso tenemos que realizar un vuelco completo. Nuestro Positivismo ha sido siempre chato, sin discusión, en el cual los grandes problemas no se han planteado con entereza, se ha desarrollado en un medio desprovisto de cultura, lo que le da su carácter particular, impidiéndole levantar sus alas, toma las cosas como se presentan, para él solo existe la ciencia empírica, más que Positivis- mo el nuestro ha sido realismo ingenuo. Y es interesante establecer cómo en Francia no se ha interrumpido esa sucesión que viene de Cousin, así como éste proviene de otros antecedentes. Cuando estudiamos a Bergson veremos una persistencia extraña de ciertas modalidades pe- culiares del pensamiento francés, de manera que podremos asentar

vinculaciones exactas que existen entre Bergson y Cousin.

En otros países ocurre algo semejante. La época romántica del siglo pasado, post-kantiana, había dado lugar al desarrollo de la filosofía alemana por la creación de sus grandes sistemas que después del Romanticismo –en la época positivista casi se olvidan, pero no del todo– continúan ejerciendo su influencia aunque a veces indirectamente. La obra de Schopenhauerempezó a leerse recién en la época posterior al Positivismo, porque en la del Romanticismo el predominio de Hegel es tan grande que Schopenhauer casi permanece desconocido, y es durante la época positivista que viene a ejercerse su influencia. Por otra parte, de la cátedra nunca desapareció la enseñanza tradicional de la filosofía, y el mismo Positivismo alemán se distingue de las otras corrientes positivistas porque tomó como centro principal la Teoría del Conocimiento, por lo cual se designó retorno a Kant. Pero

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este mismo carácter lo obligó a mantenerse en contacto con la tradición filosófica. No puede prescindir de Kant ni de los sistemas idealistas, y vemos esta influencia en el mismo Wundt, el representante más conspicuo del Cientificismo alemán, que al construir su Filosofía cae en un sistema idealista que reúne de manera híbrida ideas de Kant, Schopenhauer y Hegel. No es pues extraño que al declinar el Positivismo, las escuelas idealistas estén ya preparadas para ocupar su puesto; pero no podríamos designar dentro del gran movimiento filosófico que sigue su desenvolvimiento universal, una personalidad descollante que caracterice esta nueva evolución. El último gran filósofo que ha tenido Alemania es Nietzsche, que aún estaba dentro del Positivismo, por más que fuera como demoledor, y si su influencia se prolonga, es en otra dirección que precisamente no es idealista. Actualmente predomina una tendencia anti-positivista, anti-realista, pero como filosofía de la cátedra, erudita, con hombres preparados; es decir como filosofía técnica y no como filosofía viva que desborde la enseñanza y sirva de dirigente a toda la intelectualidad. No se podría señalar hoy, un representante de una filosofía típicamente alemana.

En cambio en Italia existe la ventaja de haber surgido una persona- lidad típica de esta reacción idealista. El Positivismo en Italia había llegado a una intensidad considerable: era la filosofía de todas las per- sonas medianamente cultas; pero también allí se mantuvo en la cáte- dra, la tradición; así cuando se extingue en Alemania la tradición filo- sófica con Hegel, Spaventa la resurge en la Universidad de Nápoles. En el Norte de Italia donde actuó Ardigó (positivista) no se pudo eliminar del todo la influencia de Rosmini de la época romántica idea- lista. En Italia tampoco ha desaparecido nunca la enseñanza de la Es- colástica: de allí partió la Encíclica de León XIII, de gran influencia en los asuntos católicos, renovando el estudio de Tomás de Aquino. En Nápoles surge Croce, que ha sido el filósofo italiano que en los últi- mos tiempos ha ejercido influencia más considerable. Hoy por hoy, surgen ya corrientes opuestas: su gran obra está realizada y se discute; pero eso no impide que hasta la fecha sea el representante más conspi- cuo en Italia de la reacción idealista que ha sobrevenido desde fines

del siglo pasado. Croce tiene la ventaja de no ser profesor de filosofía, sino hombre de posición independiente, y escritor no sólo de filoso- fía, de manera que libremente ha podido desenvolver su teoría sin encontrar trabas oficiales que lo detengan; así ha podido llevar a cabo una obra extraordinaria, su vida es de polémica y lucha; su importan- cia es doble: primero en cuanto ha destruido la posición naturalista y positivista del pensamiento italiano, luego, como creador relativo de su propio sistema.

En Inglaterra –teatro del agnosticismo y empirismo– hay una si- tuación especial que ha hecho que tampoco allá el Positivismo tome, fuera de la cátedra, ese carácter de orientación imperativa que ha teni- do entre nosotros. Lo vemos en el propio Spencer: el primer volumen de su Filosofía Sintética se divide en «De lo cognoscible» y «De lo incog- noscible»; pero Spencer desenvuelve de una manera típicamente ingle- sa esta oposición, dice: «se trata de una oposición entre religión y cien- cia; dejemos para la ciencia lo cognoscible y para la religión lo incog- noscible». Se apresura a evitar un conflicto con el dogmatismo religio- so, procedimiento consentido por su pueblo. Eso es típicamente in- glés; en cambio un francés, cuando afirma «esto es la verdad», ataca lo otro. Darwin tiene su sepulcro en la capilla de Westminster: la iglesia nunca tuvo inconveniente en alojar al hombre que con su doctrina quizás ha conmovido más las tradiciones bíblicas y religiosas. El ag- nosticismo inglés siempre presenta un fondo de restricción mental. Dice el mismo Spencer que durante su vida tuvo que vivir polemizan- do contra los representantes de las tendencias teológicas y contra al- gunos de corrientes espiritualistas.

Es necesario tener por delante este cuadro para explicar, cómo en Europa, se ha verificado el cambio, y pasó de una orientación filosófi- ca a otra, subsistiendo siempre otras tendencias; hay una predominan- te hasta que llega el momento en que los vencidos toman la revancha y vienen a ocupar, a su vez, el sitio de antes, así, el ritmo puede verifi- carse de manera continua. Hay que tener presente esta reacción contra el Positivismo y Naturalismo que llega a extremos opuestos. Al mismo tiempo que la filosofía anti-positivista, vemos surgir a fines del siglo

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pasado, una corriente mística; la misma generación que se había empa- pado en el Naturalismo, de repente, sale apoyando a un místico eslavo o ruso, Tolstoi, que intenta renovar la misma doctrina de los Evange- lios; y vemos cómo, del país en que se rindió culto a la novela natura- lista aparece un escritor como Maeterlinck, que incorpora a su obra un sentimiento místico del más allá. Esas son manifestaciones extremas de la reacción que se verifica en estos momentos.

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