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Finally, are the services at issue currently performed by bargaining unit

In document 2013 Employment Law Conference (Page 101-104)

11:15 12:00 p.m Morning Breakout Session

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porque los hechos lo han persuadido de que el triunfo de los franceses redunda en perjuicio de Italia y de Florencia 1M, Maquia- velo presenta un estado de ánimo muy distinto 130.

Aclarada así la premisa, podemos ahora preguntarnos qué pensaba Maquiavelo entre el verano de 1 51 3 y la primavera de 1514, y de qué manera cambió de opinión, si es que de cambios puede hablarse.

Tanto para Maquiavelo como para Guicciardini, la batalla de Novara constituye un hecho imprevisto 131; también para él, la situación de los franceses hacia fines de agosto está ya muy comprometida. Releamos las referencias de la carta del 26 de agosto: * «(...) ahora que él tiene que combatir contra las poblaciones armadas (...) ha perdido, y corre el riesgo de no tener nada más que perder. Y esta ruina de Francia (...)». A despecho de la fe que Maquiavelo sigue experimentando por la suerte de los franceses, y que está expresada antes, en el principio de la misma carta, el curso de los acontecimientos se presenta ahora amenazador; ya nada puede aliviarlo de ese contraste entre la esperanza y los deseos del escritor, por un lado, y por el otro el crudo dato real, que él mismo, por lo menos en parte, está obligado a admitir.

Sobreviene un largo silencio, precisamente cuando más valioso sería oír de viva voz del secretario florentino las impresiones provocadas por los graves hechos de fines de agosto y principios de septiembre. Lo rompe sólo por las palabras de Vettori del 2} de noviembre: «Y luego que interrumpimos el escribirnos, se ha visto algo; y aunque la fiesta no haya acabado, aún parece un poco quieta; y creo que lo mejor, hasta que no se desembrolle, es no hablar de ella.» 132

Ese «algo» eran los reveses infligidos a los franceses por los ingleses y los suizos; eran Guinegate, Thérouanne, Tournay y el obligado acuerdo de Dijon; eran los acontecimientos encadenados uno tras otro, que habían provocado, entre otras cosas, esta reflexión de Guicciardini: «la situación de ese rey [Luis XII] (...) se encuentra en un punto en que parece que tenga que esperar algo más que deliberaciones y remedios vanos».

La correspondencia entre ambos amigos se reanuda, pues,

L tflm famiiiaric¡»., C X X X I1.

150 P . Vi l l a r i, op. til., I , p . 6 7 j , hace notar q u e Vettori no era partidario de loa tráncese», como Maquiavelo.

1,1 L etlm fam iiiari cit., C X X1V (ao de junio).

In ib ii., X X X V I. Obsérvese que el juicio de Vettori concuerda, en lo sustancial, con el de Morone: «(...) todo esté callado», Miscrlbnua di Sim ia italiana cir., III, p. 140.

SOBRE LA COMPOSICIÓN DE «EL PRÍNCIPE» 1 8 7

cuando ese periodo de hundimiento parece superado: «la fiesta parece un poco quieta». E l 19 de diciembre, Maquiavelo le refiere a su amigo las torvas predicciones de fray Francesco da Montepulcia- no, que anuncian la ruina de Francia. Pero téngase en cuenta que la exposición viene precedida de esta frase: «Se encuentra en ésta nuestra ciudad, imán de todos los embaucadores del mundo, un fraile», a la que sigue una broma muy irónica acerca de las castañas y los erizos. Está claro que Maquiavelo cree poco en las profecías. Sigue un largo lapso sin nada, con sólo una alusión a la maraña de noticias y previsiones fantásticas que mantenían en vilo a la opinión pública florentina y de las demás ciudades italianas 133, y otra bastante clara acerca de la venturosa situación del rey de Inglaterra ,34.

Por último, el 16 de abril encontramos un punto de referencia muy neto. Al cabo de tantas fábulas, Maquiavelo vuelve a desenre­ dar madejas políticas, y de inmediato cae en la cuenta de que el rey de España, que siempre ha sido el primer motor de todas las confusiones cristianas, se encuentra «puesto en medio, actualmente, de muchas dificultades». Porque, ante todo, no le favorece a él la situación creada en Italia, a total beneficio del Papa y de los suizos.

Y luego surge de pronto un comentario más amplio, que es preciso examinar con cierto detalle:

«Paréceme además que, estando las cosas del otro lado de los montes en guerra, no le favorezcan, porque no siempre puede resultar la guerra en empate, como el año pasado. Y seria menester a la larga que el rey de Francia, o venciera, o perdiera; ni en un caso ni en otro está la seguridad de España; y cuando no ocurriere una tercera cosa, que se cansaran, podrían volverse todos en contra de la causa de sus males, porque es de creer que sus engaños sean conocidos y que le hayan empezado a granjear molestia y odio en los ánimos de los amigos y enemigos.»

La alusión a la guerra «del otro lado de los montes» no se refiere a las guerras de Femando por Navarra, sino a la guerra angloimpe- rial-suiza, esto es, a las hostilidades desarrolladas y por desarrollar en el norte y el este de Francia. Esto resulta incontrovertiblemente claro de todo el contexto ,3S. ¿O acaso podía decir Maquiavelo que

«De aquí nada hay que deciros, como no sean profecías y anuncios de calamidades C X L1I, del 4 de febrero de 1)14 .

«(...) y si la cosa es como me habéis escrito, os rengo más envidia a vos que al rey de Inglaterra», C X L IV , del 2$ de febrero de 1) 14 .

1,3 Apañe de la expresa declaración de Vettori: «Comparto la opinión vuestra, que para l.spaña no interesa la guerra del otro lado de los montes entre Francia e Inglaterra (...)», carta del 16 de mayo, C X I.V1I.

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