Las organizaciones son formaciones sociales de redes y vínculos relacionales entre sus integrantes. El análisis de las disfunciones psicosociales, el deterioro de las interacciones profesional-cliente y profesional-organización en las organizaciones, permiten entender mejor y predecir la aparición, y el desarrollo del burnout (Gil-Monte, 2005a). El entorno laboral y las condiciones de trabajo disfuncionales son los principales detonantes que intervienen en la etiología del burnout, éstas pueden presentar diferentes patrones de influencia sobre el síndrome y sus dimensiones. Por lo tanto, es preciso incluir en estudios, además de algunos factores individuales, que pueden resultar como elementos de vulnerabilidad, los factores del contexto organizacional que configuran los riesgos objetivos para que el síndrome se produzca en un determinado grado (Zurriaga-Lloréns, González-Navarro, & Martínez-Moreno, 2007).
3.1. Taxonomía de los antecedentes del burnout.
Siguiendo el modelo de McFGrath (1976) para explicar la conducta de los individuos en las organizaciones, Gil-Monte (2005a) propone una taxonomía de los antecedentes organizacionales
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y variables personales de vulnerabilidad más relevantes del síndrome, agrupándolos en cuatro categorías:
- Antecedentes del entorno social de la organización. Aluden a los cambios sociales que han surgido en las últimas décadas y han originado un desequilibrio entre la demanda y la oferta laboral, incluyen: la sobrecarga cuantitativa y cualitativa del trabajo, aumento del “trabajo emocional”, pérdida del prestigio social de las profesiones de ayuda, deterioro de la relación trabajador-cliente, entre otros;
- Antecedentes del sistema físico-tecnológico de la organización. Engloban a las variables relacionadas con la configuración estructural y tecnológica de la organización, estas son: normas burocráticas, características de la tarea, políticas organizacionales, percepción del apoyo institucional, subcontratación de servicios y actividades, etc.;
- Antecedentes del sistema social-interpersonal de la organización. Se refieren a la calidad de relaciones interpersonales en el trabajo como el principal desencadenante del burnout, incluyen las variables derivadas de la disfunción de roles, ausencia del apoyo social en el trabajo, conflictos interpersonales, entre otros;
- Antecedentes del sistema personal de los miembros de la organización. Enfatizan dos variables vinculadas a la aparición del burnout: la autoeficacia y la motivación para la ayuda, también incluyen variables de personalidad, que podrían explicar la etiología del
burnout, tales como: personalidad resistente, patrón conductual tipo A, Locus de control,
estrategias de afrontamiento, etc.
3.2. Detonantes del burnout docente en América Latina.
Los estudios del estrés docente son relativamente recientes y escasos, tienen sus inicios a partir del año 2000 (Cornejo Chávez & Quiñónez, 2007; Esteve, 2006; Martínez, 2001). La docencia históricamente se ha configurado como un “servicio social” más que como un trabajo para el cual se requería de calificaciones, estándares de desempeño y procesos de evaluación. El concepto de profesionalidad del trabajo docente surge, relativamente, hace poco tiempo, en
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medio de los debates acerca de la calidad de la educación y su relación con el desarrollo. Aún, en algunos países de América Latina, sobre todo, en América Central se ha mantenido el sentido intrínseco del ser maestro es optar por el “sacrificio y renuncia”, lo que implica trabajar en condiciones inadecuadas, recorrer enormes distancias hasta su escuela, contar con recursos didácticos rudimentarios, atender muchos estudiantes, lidiar con los problemas generados por la ausencia de los padres de los alumnos, padecer enfermedades derivadas del ejercicio, etc. (Robalino Campos & Körner, 2005).
Durante las últimas décadas, el trabajo docente de países de América Latina, ha experimentado grandes transformaciones que han impactado significativamente la salud y el bienestar de los maestros (Reyes & Cornejo Chávez, 2008). Se puede mencionar los siguientes fuentes del estrés docente: (1) la incorporación masiva de sectores populares, (2) el desarrollo explosivo de nuevas “fuentes de comunicación y socialización”, (mal uso de internet, medios de comunicación masivos y de redes sociales), en pugna con la experiencia escolar; (3) la intensificación del trabajo docente (el aumento de la cantidad y la variedad de las tareas, de responsabilidades asignadas, que se da en el mismo tiempo de trabajo) (Observatorio Chileno de Políticas Educativas [OPECH], 2006, 2008); (4) el abandono del docente, (la debilidad de las estructuras de apoyo a la labor pedagógica), y la “culpabilización” de docentes del fracaso escolar (Cornejo Chávez & Quiñónez, 2007; Murillo, 2005; Redondo & Descouvieres, 2004); (5) la crisis del modelo identitario del docente como “experto técnico” que aplica metodologías y técnicas “comprobadas” de enseñanza (Cornejo Chávez, 2009; Guerrero, 2005).
En el contexto de las transformaciones en el trabajo docente latinoamericano los discursos sobre “profesionalización” de los docentes chocan con un trabajo fragmentado y precarizado. Desde un análisis de los procesos de trabajo y de la salud y el bienestar docente, la carencia de relatos coherentes que den cuenta, desde los propios protagonistas, acerca de lo que significa ser maestro desemboca en crisis de sentido y frustración en el trabajo educativo (Freire, 1993; Núñez, 2003; M. Prieto, 2004).
Centrando en el análisis de las condiciones de trabajo docente, fuentes del desgaste profesional, éstas representan un amplio escenario donde convergen un conjunto de dimensiones sociales, personales y físicas en las cuales laboran los docentes. Las características de la
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profesión y del contexto organizacional se convierten en estresores cuando éstos empiezan a tener impacto en la personalidad de un docente (Zavala Zavala, 2008). Entre los factores organizacionales, que han figurado con más frecuencia en los estudios, como predictores más fuertes del burnout docente son: el exceso de demandas y exigencias académicas, burocráticas y emocionales, (la sobrecarga cuantitativa y cualitativa de trabajo), falta de recursos y materiales, falta de reconocimiento profesional, bajos salarios (Extremera, Rey, & Pena, 2010). También los causantes del burnout podrían ser factores vinculados a las tareas: ambigüedad y conflicto de rol, presiones de tiempo, razón profesor-alumno excesiva; atención a la diversidad; a las relaciones
interpersonales: falta de motivación de los estudiantes, conductas disruptivas, padres pocos
comprensivos o colaboradores; o variables personales: expectativas laborales no cumplidas; autoestima, introversión (Schaufeli, 2005).