En su recorrido como castigo por los siete valles, Cholito recibe la ayuda de dos divinidades cristianas incorporadas al mundo andino como parte de su universo mágico: el Niño Manuelito y el tayta Wiracocha. El Niño Manuelito se le aparece primero, en un sueño, cuando está en peligro, entregándole objetos mágicos para su defensa con los cuales podrá vencer a sus enemigos:
Ni bien mis ojos se cerraron, cuando empecé a soñarlo al Niño Manuelito, de quien yo era su pastorcito todos los años en la fiesta de la navidad de mi pueblo, y para quien cantaba villancicos y le hacía ofrendas en la iglesia, con toda devoción.
―Tienes que huir lo más antes que puedas‖, me dijo en mi sueño, ―la vieja achiké está haciendo hervir piedras en ese perol y con engaños hará que te acerques para empujarte. Lo que quiere es alimentarse con tus restos, como ha hecho con otras criaturas. Llévate el peine, el espejo y la aguja que dejo a tu lado, y arroja cualquiera de ellos a tu tras si sientes que vienen a darte alcance‖.
Asustado me desperté pensando en que sólo sería sueño; pero no, cuando miré a mi lado, allí estaban las cosas que dijo el Niño Manuelito que me dejaba. De veras, un espejito redondo, un peine de cuerno, brillosito, y una aguja grande como de arriero.
[…] Asustado, sin pensarlo más, asegurándome de llevar conmigo esos tres objetos que me regaló e Niño Manuelito, abandoné la casa y me interné en el monte alumbrado ligeramente por la luna. (Colchado, 2017, pp. 54-55)
La historia del Niño Manuelito y su incorporación a la cultura andina tiene su origen en la evangelización realizada en el siglo XVI, en donde tomó importancia el tema relacionado con el nacimiento de Jesús. Los curas pusieron especial hincapié en la historia del nacimiento y la anunciación de la virgen María, centrándose en el libro del profeta Isaías donde se menciona por
primera vez el nombre Emanuel para el niño Dios que ha de nacer: ―El señor, pues, les dará esta señal: La joven está embarazada y dará a luz un varón a quien le pone el nombre de Emmanuel, es decir: Dios-con-nosotros‖ (Isaías 7: 14 La Biblia Latinoamericana).
Con el tiempo, Emmanuel derivó en Manuelito que es con que se conoce en gran parte del mundo andino a Jesús. Los sacerdotes católicos leían estas expresiones del profeta Isaías explicando a los nativos que Jesús quería decir Emanuel o ‗Dios está con nosotros‘, sobre todo en navidad, en la misa de la catedral del Cusco. El uso terminó transformando el nombre en Manuelito. Según la tradición cusqueña, las campanas de la catedral del Cusco anuncian su nacimiento la noche del 24 de diciembre de cada año.
La incorporación del Niño Jesús a las creencias andinas se produjo también a través de las representaciones musicales e iconográficas. Sostiene Labán (2017) que en los inicios del virreinato ―el poder de la imagen sacra fue vital para mover a la conversión de los naturales‖ (p.2), siendo el pintor y escultor jesuita Bernardo Bitti el principal difusor de la imagen sagrada y tal vez el primero39. Sus primeras representaciones del Niño Jesús fueron con motivos incaicos. Citando a Ramón Mujica, Labán afirma que:
[…] el Niño Jesús realizado por Bitti apareció en 1610 vestido con ropajes neo incas, su culto se había expandido en cien comunidades jesuitas del siglo XVI, siendo la talla del niño Jesús de Huanca (fig. N° 1), la única sobreviviente. (p. 75) El Niño Jesús Salvador del Mundo es representado con mascapaicha símbolo de poder y realeza del Sapa Inca. En la pintura
39 Al respecto, Labán escribe: «En “Los jesuitas en el Perú”, el sacerdote Bracamonte, provincial de los jesuitas en el Perú, solicita a Everardo Mercuriano (General de la Compañía de Jesús en Roma), la venida de artistas a nuestras tierras. El padre Bracamonte expone la importancia de la imagen devocional para los naturales. (Mesa, J. y Gisbert, T., 2005, p.49) La solicitud es atendida y arriba al Perú, el pintor jesuita Bernardo Bitti. Él será el principal difusor de la imagen sagrada cristiana, ejerce como pintor y escultor. En Cuzco realiza una escultura del Niño Jesús para la Cofradía de Indios, según testimonios de la época, era una obra de suma hermosura y primor, esta imagen sale en procesión en la serie del Corpus Christi (Mesa, J. y Gisbert, T., 2005, p.60)» (p. 3).
Niño Dios de Huanca (fig. N° 2), aparece ataviado con una túnica tipo unku, portando una vara (creemos que es una cruz papal), sin el orbe del mundo, pero mantiene el gesto bendiciente. Sobre el unku un collar de plumas, en la cabeza, un llauto de perlas y una borla imperial roja. Sobre ella una pluma blanquinegra del corequenque, en los hombros sujetando la capa dos rostros de puma, también en las rodillas y en el empeine. (Schenone, 1998, pp. 118-119 según Mujica, 2005, p.102).
[…]
Otra pintura titulada Niño Jesús con la corona imperial Inca y el ajuar de sacerdote Católico (fig. N° 3) tiene una posiblemente carga trasgresora, el Divino Niño presenta borla imperial roja (mascapaicha), capa roja, cortinajes alzados y alba (vestimenta eclesiástica), además lleva una valona sobre la túnica dorada. (Mujica, 2005, p.102-103). (2017, pp. 3 y 5)
La imagen del Niño Dios debió encontrar su correspondencia con las creencias de los naturales. En el cuadro (fig. Nº 3), se puede apreciar que el Niño Jesús lleva una waraka (honda) en su mano izquierda. Labán hace
Arriba, a la izquierda: Figura Nº 1, con la talla del Niño Jesús de Huanca con ropaje neo inca (s. XVII), citada por Magaly Labán (2017, p. 4).
Arriba, a la derecha: Figura Nº 3, con la pintura del Niño Jesús con la borla imperial roja, la
también mención a un dibujo de Guaman Poma donde el cronista hace referencia a la captura del inca Tupac Amaru I: en este dibujo, se aprecia a uno de los españoles con el Niño Jesús en su mano con su correspondiente par encima (expresión del dualismo andino), pero dentro de un resplandor que hace recordar a la imagen del sol llamada Punchao. Para Labán, el Niño Jesús sustituye al sol produciéndose un sincretismo de las creencias incas con la cristiana:
Según Garcilaso de la Vega en el Coricancha existía una efigie escultórica del sol, llamada Punchao. En la Nueva corónica y buen gobierno, se observa un dibujo donde el capitán Martin García de Loyola lleva capturado a Túpac Amaru I (fig. N°4), a su costado un soldado sostiene en sus manos un ídolo en forma de niño, sobre el ídolo, la misma figura irradiando un resplandor semejante al sol. (Guamán Poma: 449 [451]) El Punchao era según algunos cronistas, una escultura de un niño con rayos solares saliendo de su testa y flanqueado por dos felinos […] El Niño Jesús es el árbol de la vida y de la abundancia, el verdadero sol y criador, con este culto los jesuitas instauran una evangelización sincrética, Cristo sustituye al Punchao, el otrora señor del día o sol. (2017, pp. 5 y 6).
Figura Nº 4, citada por Magaly Labán, con el dibujo de Guaman Poma de Ayala (s. XVII) con el Niño Jesús en la mano del capitán Martín García de Loyola con el Punchao encima (s. XVII) (Labán, 2017, p. 4).
Detalle: Niño Jesús en el dibujo de Guaman Poma de Ayala con el Punchao flotando arriba.
Al incorporarse a las creencias de los naturales, el Niño Jesús fue imaginado como un natural más, con los atributos e indumentaria del inca. Además, como niño que era, jugaba con los demás niños. Entre las cosas que llevaba estaba la waraka (honda de lana). De allí que en Ayacucho también se le llama Niño de la Waraka o Niño Honderito. Según la leyenda de los hermanos Ayar, Ayar kachi utilizaba su waraka para tumbar montañas. Labán relata en su tesis de maestría (2016) una leyenda donde el Niño Honderito utiliza su honda para hacer llover durante la sequía:
Otra leyenda, también de Huamanga, relata las aventuras del Niño de la Waraka o Divino Honderito. Alfonsina Barrionuevo en el cuento El Honderito (2004?), relata que el Niño Jesús jugaba con los niños en Huanta, un día los encontró entristecidos, al preguntar el motivo le explicaron que era porque los mayores predecían un año seco, sin lluvias. El Niño pidió una honda y disparó al cielo formándose nubes y llovió, produciéndose el milagro. Luego dijo a los niños que no volvería a jugar con ellos y si deseaban verlo, fueran a la iglesia de la Pampa de San Agustín. Los niños fueron con sus padres y lo encontraron en la iglesia, era una escultura. (Barrionuevo 2004:1-12). (p. 364)
El Niño Honderito en la narrativa andina contemporánea. Portada del libro El Honderito.
Travesuras del Niño Dios en la tierra de los inkas,
de Alfonsina Barrionuevo con ilustraciones de Kukuli Velarde publicada el año 2004. Fuente: http://www.librosperuanos.com/libros/detalle/14 847/El-honderito.-Travesuras-del-Nino-Dios-en-la- tierra-de-los-inkas
Si en Ayacucho el Niño Jesús es imaginado como el Niño Honderito que juega con los demás niños; en Cusco y otras partes del mundo andino, es representado en la imaginación como el Niño Manuelito que juega con los demás niños y –jugando– se hinca con una espina (ankukichka, en quechua) en el pie. También se le conoce como Niño de la Espina. Esto se debe a que la tradición del accidente con la espina fue introducida por los españoles. Así, en la iconografía española del siglo XVII se puede apreciar las imágenes del Niño de la Espina contemplando su dedo herido al intentar manipular una corona de espinas. Entre estas imágenes, por ejemplo, hay una de autor anónimo sobre cuya temática comenta el Blog católico Desde el silencio de la Cartuja. Pensamientos y reflexiones:
Se trata de una obra anónima titulada El Niño de la espina, en donde se puede ver al Niño Jesús observando una gota de sangre salir de su dedo tras haberse pinchado con una espina de la corona ante la que se encontraba meditando. Corona de espinas anacrónica, testimonio de la futura pasión y muerte del Redentor.
Como hemos dicho, la relación con la Orden viene correspondida por este tema iconográfico del lienzo: el Niño Jesús con apenas unos años ya tiene un objeto ―premonitorio‖ de su pasión con 33 años, se adelanta de esta manera simbólicamente a su futuro. Fue un motivo pintado por muchos autores cristianos en época barroca, entre ellos Zurbarán, y que viene narrado por primera vez en la obra Vita Christi del cartujo Ludolfo de Sajonia o Rudolfo el Cartujano.(El niño de la espina y la Vita Christi del cartujo Ludolfo de Sajonia, 6 de junio de 2013)
Como se puede notar, hay una diferencia entre las representaciones española y andina. En la representación española, el Niño Jesús se pincha el dedo y medita. Por eso se le llama también el Niño de la Espina. En la representación andina, el Niño Manuelito juega con los otros niños y pisa una espina. Una de las posibles explicaciones, sostiene el padre Luis Enrique, prior
del convento de los Dominicos del Cusco, ―es que el niño cusqueño sea una andinización de la versión europea‖ (Sánchez, 2009). Así se tiene:
Versión europea: Versión Andina:
Contemplación (está solo)
Juego (con otros niños)
Mano izquierda Pie izquierdo
Sostiene Sánchez (2009) que algunos relatos sobre el Niño de la Espina sitúan su origen en Vilcabamba; otros en Pisac; pero, los Manuelitos en general tienen su origen en el poblado de Mahuayani. Todos estos pueblos están en el Cusco:
Dice la tradición que había un niño en aquel pueblo que siempre jugaba con los niños campesinos, tanto que a veces provocaba que sus padres les reprendieran. En uno de esos juegos, el niño clavó una espina en el pie Óleo sobre lienzo del s. XVII expuesto en
el Museo del Prado (Madrid), de autor anónimo, Nº de catálogo: PO1318 (Fuente: Laus Deo, 2003).
Artesanía cusqueña con el Niño de la Espina (Fuente: Torre Dorada Residencial E.I.R.L, 2005).
descalzo y cuando sus compañeros le sacaron la púa se convirtió en Niño Jesús […] Otra versión dice que fueron los padres de los niños quienes, al querer atrapar al niño retozón, provocaron que se pinchara el pie […] Otra versión sostiene que los padres de los otros chicos que, molestos, regaron el atrio de la iglesia con espinas para evitar que este niño jugase allí. Al hincarse ocurrió su divina transformación […] La explicación que señala que el Niño de la Espina es parte de los Manuelitos sería sólo una asociación por la edad de la imagen. Como se sabe, los Manuelitos tienen su origen en el poblado de Mahuayani, Cusco, vinculados a los niños pastores, y este se cruza, con la tradición del Señor de Qoyllur Ritti, definitivamente otro rito, aunque también proveniente del imaginario campesino de la zona. (P. 6)
En líneas generales la fiesta del Qoyllur Rit‘i se basa en la historia del niño Marianito Mayta, quien huyendo de su hermano mayor que le explotaba y maltrataba llega al nevado de Qolqepunco donde se encuentra con el Niño Manuelito, con quien juega y danza el Wayri Chuncho o Puca Pacurizo. Mientras bailan el ganado se reproduce. Al ser descubiertos el Niño Manuelito desaparece y en su lugar aparece el Señor Crucificado y Marianito Mayta muere, siendo sepultado al pie de un gran peñasco40 (Cuscomanía, 2016).
40 Mendoza (2010) sintetiza así las diferentes versiones sobre el Señor de Coyllurrit’i: “Existen muchas versiones orales y escritas diferentes sobre el origen del culto al Señor de Qoyllurit’i. Las escritas varían desde la versión «oficial», registrada por la Iglesia católica en 1932 (Flores Lizana 1997; Sallnow 1987), hasta las múltiples versiones impresas que se venden en el santuario y en mercados de la región. Las orales, como es de esperarse, no solo varían de comunidad a comunidad sino también de narrador/a a narrador/a, incluso en el mismo pueblo. *…+En forma resumida, la versión más larga y elaborada que recogí en Pomacanchi resalta los siguientes puntos:
– El niño pastor Marianito Mayta es explotado y maltratado por su hermano mayor. Por ello Marianito Mayta decide dejar sus rebaños y escaparse, y se dirige hacia los nevados para trasmontarlos y llegar a Maldonado o Quincemil (o sea a la zona selvática) a buscar mejor fortuna.
– Durante su huida, Marianito se encuentra con el niño Manuelito (Jesucristo de niño) en Sinak’ara y este lo consuela.
– Ambos niños se encuentran repetidamente en el mismo lugar para jugar y bailar ch’unchu.
– Debido a esta interacción, los rebaños se multiplican.
– Finalmente, los niños son descubiertos por familiares y miembros del clero, y luego de una persecución, el niño Manuelito desaparece, dejando detrás una cruz de tayanka (Baccharis odorata,
árbol de la región) y una imagen de Cristo crucificado en una roca. Marianito, al ver ambos signos de que su amigo había sido asesinado, muere junto a la roca y es allí donde es enterrado” (pp. 19-20)
Como se puede ver, la incorporación no es mecánica sino que se adecúa a la realidad y la visión del mundo del pueblo que lo hace suyo, fusionándose. Es posible que tras la aguja y el peine entregado a Cholito por el Niño Manuelito, en la novela de Óscar Colchado, esté la asociación con la idea de la espina y tras del espejo, relacionado con el agua, esté la honda.
Antigua postal con la imagen del Niño Jesús Cholito subastado por Internet (Recuperada de https://goo.gl/jUptsL).
CAPÍTULO IV
4.1. LA ACHIKÉ
En la novela, la achiké aparece en dos ocasiones: en el primero de los siete valles, punzando con una espina a un sapo y más adelante, en el relato del hacendado, liberando al supay. Cholito empieza aquí esta segunda aventura luego de ser reprendido y castigado por la wayra warmi, siendo arrojado al primero de los siete valles. Entonces le llama la atención una mariposa y al correr tras ella se pierde en el bosque. Es en estas circunstancias que descubre a la achiké y esta le reconoce por el olor de su cuerpo. Cholito ya no puede ocultarse:
Quise darle la cara y no también, después que con tanto entusiasmo había corrido.
Me hubiera quedado a espiarla mejor, si no hubiese sido porque ese ratito, husmeando al aire, sin verme todavía, le oyera yo decir:
-–Huele a gente. Alguien anda por aquí cerca…
De pelo ceniciento, de nariz larga, con la cara tapadita de granos, esa mujer tenía el aspecto de achiké, la famosa bruja de que me hablaban en sus cuentos los de mi pueblo [mis cursivas]; medio tisiquienta también era, tal como lo pintaban, Una ligera sospecha me entró al comienzo, pero viendo que ya era tarde para ocultarme, me di nomás valor pensando en los años ya que habrían pasado desde que aquella mujer moriría [mis
cursivas]. (Colchado, 2017, pp. 50-52)
En los distintos relatos que se cuentan sobre ella, la achiké muere cayéndose sobre un peñasco luego de intentar trepar al cielo para atrapar a sus víctimas. Cholito lo sabe, lo ha oído contar en su pueblo, por eso cree que ella está muerta y que la vieja no podría ser la achiké. Sin embargo, resulta siendo ella. Óscar Colchado inserta de esta forma el mito de la achiké en la novela, transformándolo en un ser casi inmortal que se convierte en viento y luego en cabeza voladora en su afán por atrapar a nuestro héroe, quien se
defiende con los objetos mágicos que le dio –mientras soñaba– el Niño Manuelito (un peine, una aguja y un espejo). Concretamente, sobre el mito de la achiké, Benaducci (2006) ha logrado compilar hasta 15 versiones distintas41, sintetizando en grandes rasgos sus detalles más significativos:
[…] los padres, presentes en la mayoría de las versiones, empujados por el hambre a deshacerse de sus hijos, llegan a una crueldad que se hace más patente en la versión de Javier Pulgar Vida! (2), donde llegan a decir" muérete", expresión que se transforma en eco, fenómeno que aparece en otras dos versiones pero en diferente situación.
Estos padres son reemplazados por una mala mujer en la versión recopilada en la provincia de Aija (1) y en Huaylas (7), por la mismísima bruja quien ha usurpado su lugar haciéndoles creer a los niños que ella es su madre; mientras que en la versión de Arguedas (10) es una madre viuda quien también muere, y en la publicada en Bolivia los padres ya han muerto. Situaciones éstas [sic] que eliminan el factor de la culpa paterna.
Los niños, invariablemente mujercita mayor y varoncito menor, son presentados como púberes en las versiones del departamento de Huánuco; y en aquella de Jesús Lara, como varones los dos. Hay muy pocas versiones en las cuales el niño no es devorado por la bruja, curiosamente en las más literarias.
El personaje de la bruja, Achike o Achkay, escrito con diferentes ortografías, es siempre el mismo y con las mismas ansias antropófagas por el niño, nunca por la niña, quien en varias versiones es salvadora.
[…]
En tres de las historias aquí presentadas, la bruja es madre. En la de Pomabamba, tiene una hija llamada Oronkay o Mullu-wallqa; en la de Llata, una niña anónima; mientras que Marcos Yauri presenta un varón. La heroína del cuento consigue engañar a la bruja cambiando a su hermano por el retoño de ésta, desatando su furia. Aquí vemos la similitud con el cuento europeo del ingenioso Pulgarcito quien logra burlar a! ogro reemplazando a sus hermanos por los hijos del devorador.
41 Sobre estas versiones Benaducci escribe: «Se trata pues, de quince versiones del mismo cuento, si bien la consignada con el número ocho (8), recogida por Rosa Huerta en la provincia de Aija, también