¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué a algunas personas les va bien por un tiempo y después, de repente, comienza a irles mal? Algunos empiezan una tarea con entusiasmo y la llevan a cabo durante un tiempo, pero un buen día la abandonan. Para alcanzar el equilibrio que nos lleva al éxito en la vida y mantenernos allí (aunque atravesemos dificultades en algunos momentos) necesitamos saber que todos los seres humanos tenemos tres cerebros que funcionan como uno solo:
• El cerebro primitivo
El primero, según los neurocientíficos, es un cerebro primitivo muy antiguo que se llama «reptiliano». Se trata de un cerebro instintivo que evalúa las condiciones de supervivencia. Todo nuestro cuerpo está dirigido por él. Por eso, no pensamos en respirar y no nos preocupamos por la temperatura corporal ni por los latidos del corazón, ya que este cerebro se encarga de todo eso. También evalúa si hay peligro o no. Por ejemplo, si ahora se produjera un terremoto, nadie se detendría a pensar en cómo se produce un terremoto, sino que todos tratarían de escapar. Automáticamente, ante el peligro este cerebro considera dos cosas: pelear o huir. Si peleamos, nos enviará sangre a las manos para que golpeemos al contrincante; si huimos, nos enviará sangre a las piernas para que echemos a correr. El cerebro que maneja la supervivencia no piensa, funciona
en automático detectando el peligro. Vamos caminando y de repente presentimos que nos van a atracar. ¿Qué ocurre? Automáticamente nos palpita el corazón y fluye sangre a los miembros: está actuando el cerebro reptiliano de la impulsividad. En la antigüedad, cuando una persona estaba en la selva y veía un animal feroz, necesitaba actuar de inmediato para sobrevivir. Todavía lo necesitamos para pelear o huir ante una amenaza.
• El cerebro emocional
Al segundo cerebro lo llaman «límbico». Es un cerebro emocional propio de los mamíferos. Es el asiento de las emociones que se activan automáticamente cuando hay un estímulo. Todas las emociones: ira, tristeza, angustia, etc., aparecen en este cerebro, que es juguetón, busca sentir placer y no piensa en el mañana, sino en el ahora... ¡Solo quiere divertirse!
• El cerebro racional
Este se activa después de los dos anteriores y es el racional. Con él, pensamos, analizamos, meditamos, evaluamos. Se lo llama también «corteza prefrontal» y es la parte que analiza todo.
3. ¿JINETE O ELEFANTE?
El cerebro racional y el emocional a veces no se llevan bien; son como un jinete montado en un elefante. ¿Por qué? Porque el racional dice: «Hay que levantarse para trabajar», y el emocional contesta: «¡Anda ya! Prefiero quedarme descansando.» El cerebro emocional es la pasión, la fuerza. Si estos dos cerebros (el jinete y el elefante) no se ponen de acuerdo, ¿quién gana? El elefante: la emoción. Por eso, toda nuestra vida es emocional. El jinete provee la dirección y el elefante, la fuerza; pero si no tenemos al jinete, no tendremos la capacidad de pensar, de razonar, y viviremos a pura emoción y andaremos sin rumbo.
El niño y el adolescente son puro «elefante» porque su cerebro racional, que no alcanza la madurez hasta los veintiún años, no está totalmente desarrollado. Algunos viven toda su vida sin jinete porque no han desarrollado este cerebro. Pero si se ponen de acuerdo, el jinete y el elefante pueden llevarse muy bien. Cuando el jinete dice: «Vamos para allá» y el elefante va en esa dirección, esa persona es indestructible.
Si no tenemos al «jinete» podríamos ser manipulados. Sin razón, pueden llevarnos a cualquier lado. Es interesante que en la televisión por cable de cien canales hay noventa y siete para el elefante, es decir, para que la gente se divierta y se distraiga. Nuestro desafío, si queremos llegar a seres humanos completos, es que el jinete esté fuerte, así tendremos la capacidad de pensar, de analizar, de darle una dirección al elefante. ¡Necesitamos que nuestro jinete esté sano!
Se puede tener por compañera a la fantasía, pero se debe tener como guía a la razón.
Samuel Johnson
Si el elefante representa el cerebro emocional, el cocodrilo representa el primitivo, propio de la gente impulsiva. Según los neurocientíficos, todos los mensajes nos llegan al cerebro emocional; hay un circuito que funciona en milésimas de segundos. Pero cuando llega la emoción, los varones la pasan al cocodrilo. Por eso, los varones somos más agresivos que las mujeres y todo lo evaluamos en términos de pelea o huida. Somos los locos o los cobardes.
Mientras que las mujeres, cuando reciben el estímulo, en general lo pasan al elefante y este, al jinete. Eso es así neurobiológicamente; es decir, que los varones sentimos algo y en milésimas de segundos, menos que un parpadeo, ya estamos actuando: peleamos o huimos; mientras que las mujeres están pensando.
Esa es la razón por la que ellas recuerdan más que nosotros. La memoria de las mujeres es asombrosa y mucho más amplia que la de los varones. Está demostrado que las mujeres estudian más que los hombres. ¿Por qué? Porque apenas reciben algo nuevo, lo sienten e inmediatamente lo envían a la razón. Por eso, las mujeres son más responsables que los varones... ¡y hablan mucho más que nosotros!
Una mujer puede tardar horas para decidir qué zapatos comprar. El jinete está un poco indeciso, motivo por el cual ella se pregunta: «¿Compro los negros o los azules?» ¡Y finalmente se lleva los dos pares! Un hombre, en cambio, compra ropa basándose en lo que le dice el cocodrilo, es decir, por impulso. Nosotros vivimos todo por fuera porque nos mueve el instinto de supervivencia que proviene del cerebro instintivo.
Las mujeres sienten más empatía que los varones porque cuando llega el estímulo al elefante, el jinete piensa en cómo se siente el otro: «Ay, qué mal estuvo lo que dije... no debería habérselo dicho.» En cambio, el varón se justifica: «Le pegué porque se lo merecía», o «Me fui porque no tenía otra opción». Nosotros solemos estudiar menos las situaciones. Las mujeres no solo las estudian más, sino que además sienten y recuerdan más.