CHAPTER II An Evaluation of the Advantages and Limitations in
2.5. Finite Element Modeling
Secrètes, Paris). –Este libro es de un carácter demasiado “político” para que sea posible hablar largamente de él, y debemos limitarnos a formular, a su respecto, una observa- ción de alcance mucho más general: y es que lo que aquí se llama el “orgullo judío” no nos parece que represente algo tan excepcional como se quiere decir; en el fondo, la actitud de los Judíos frente a los Goyim ¿es muy diferente de la que era, por ejemplo, la de los Griegos frente a los Bárbaros? En principio, por lo demás, todos los casos de este género pueden muy bien explicarse por la necesidad, para evitar toda mezcla ilegítima entre formas tradicionales diversas, de dar fuertemente a los adherentes de cada una de ellas el sentimiento de una diferencia entre ellos y los otros hombres; siendo la naturale- za humana lo que es, esta diferencia es naturalmente tomada por una superioridad, al menos para el vulgo que no puede conocer su verdadera razón profunda, lo que impulsa forzosamente, en éste, a la degeneración de ese sentimiento en una especie de orgullo y es incluso comprensible que ello se produzca, sobre todo cuando de trata de una colecti-
vidad rigurosamente “cerrada”, como aquella a la cual está destinada la tradición judai- ca... Pero, de hecho, ¿¿por qué no se habla del “orgullo europeo”, que es muy cierta- mente el más insolente de todos y que, no podría encontrar ni la sombra de una justifi- cación o de una excusa en consideraciones de orden tradicional? –añadiremos solamente una observación sobre un punto de detalle: el autor cree equivocadamente (¡y no es cier- tamente l único!) que el “Sello de Salomón”) (llamado también “escudo de David”, pero no “sello de David” como él dice) es un símbolo específicamente judío, mientras que, en realidad, pertenece tanto al Islamismo y al hermetismo cristiano como al Judaísmo. Él señala, al respecto, que, en las armas de la ciudad de Privas, tres flores de lys habrían sido reemplazadas recientemente por “tres estrellas judías” (sic) de seis puntas”; no sa- bemos si el hecho es exacto, pero, en todo caso, aquello de lo que sin duda está muy lejos de sospechar y que torna la cosa verdaderamente divertida, es que los dos símbolos son casi equivalentes, estando construidos uno y otro, lo mismo que el Crismón, sobre un mismo y solo esquema geométrico, el de la rueda de seis radios; y ello muestra una vez más que haría bien absteniéndose de tocar ciertas cuestiones ¡cuando no se poseen al menos algunas nociones elementales de simbolismo!
Publicado en Etudes Traditionnelles , noviembre de 1938. Retomado en Comptes Rendus.
Eliphas Lévi. La Clef des Grands mystères. (Editions Niclaus, Paris). Nuestros lec-
tores saben cuáles reservas hemos de hacer sobre las obras de Eliphas Lévi, conviene, por otra parte, no tomar lo que ellas contienen más que como la expresión de “visiones personales”, pues el autor mismo no ha jamás pretendido reivindicar ninguna filiación tradicional; ha incluso declarado siempre no deber nada más que a sus propias investi- gaciones, y las afirmaciones contrarias no son sin duda más que leyendas debidas a sus admiradores demasiado entusiastas. En el presente libro, lo que hay quizá de más intere- sante son los detalles verdaderamente curiosos que da sobre ciertos “entresijos” de la época en la cual fue escrito; aunque no fuese más que a causa de ello, merecería ser re- editado. En otro orden, hay que señalar algunos de los documentos que se adjuntan en apéndice, especialmente las figuras herméticas de Nicolás Flamel, de las que se puede sin embargo preguntar hasta que punto si no han sido “arregladas” y la traducción del
Asch Mezareph del Judío Abraham; para esta última, es muy de lamentar que la prove-
niencia de los fragmentos que se dan separadamente como complementos de los ocho capítulos, no sea indicada expresamente, lo que hubiese sido garantía de su autenticidad; la reconstitución del conjunto del tratado no es, por lo demás presentada más que como “hipotética”, pero es bien difícil saber en qué medida los copistas que” lo habrían tro- ceado para tornarlo ininteligible” son en ello responsables y cuál es justamente la parte de Eliphas Lévi mismo.
Publicada en Etudes Traditionnelles, febrero de 1940. Retomada en Comptes Rendus.
Robert Ambelain, Adam, Dieu rouge. Editions Niclaus, Paris. - El título de este li-
bro es bastante extraño, y tanto más cuanto que no se encuentra en suma nada que ex- plique o justifique la “divinidad” así atribuida a Adán; pero lo que todavía es quizá más singular es que el capítulo por el que comienza está netamente en contradicción con los siguientes, Este primer capítulo, en efecto, no es más que una exposición de las opinio- nes más disolventes de la “crítica moderna concerniendo al Génesis, sin la menor re- flexión que pudiese hacer suponer al menos que el autor no las adopta enteramente; aho- ra bien es evidente que esas opiniones implican necesariamente la negación formal de todo esoterismo en la Biblia, mientras que, a continuación, él afirma al contrario la exis- tencia de este esoterismo, cualquiera que sea por otra parte la concepción que de él se hace y la calidad de lo que presente como tal. Podría preguntarse si no hay ahí el efecto de cierto “mimetismo” que permite al autor exponer indiferentemente no importa qué como si se tratara de sus propias ideas; si fuera así, ello probaría en todo caso que no tiene convicciones muy arraigadas... como quiera que sea, el esoterismo que aquí enfoca es sobre todo el que atribuye a los Ofitas; pero, como no se sabe en suma nada muy pre- ciso sobre éstos, no más por otra parte que sobre la mayor parte de las otras sectas de- nominadas “gnósticas”, ello le permite hablar un poco de todo a este respecto: Kábala, hermetismo y muchas otras cosas aún, y también pretender relacionarlos directa o indi- rectamente con todo lo que, en el mundo judeo-cristiano, se presenta con algún carácter esotérico, desde los Esenios hasta los Rosa-Cruz! No intentaremos ciertamente desem- brollar este caos, lo que de él se desprende más claramente, es que en el pensamiento del autor, se trata de una “doctrina luciferina”, que concibe aparentemente como un dua- lismo, pues él afirma especialmente que “la creencia en dos dioses adversos procede de un esoterismo real”; da por otro lado como “luciferinos” a símbolos que no tienen de ningún modo tal carácter. Sería muy difícil adivinar cuales han podido ser exactamente sus intenciones; pero lo menos que se puede decir es que atestigua un gusto muy pro- nunciado por la heterodoxia, e incluso por las peores formas de ésta, puesto que llega hasta a esforzarse por encontrarlas allá mismo donde no hay de ellas la menor huella. En la última parte, que se dice dedicada a la “doctrina rosacruciana” no hay en realidad nada de específicamente rosacruciano; pero la idea misma de querer establecer un lazo entre el Rosacrucismo y la doctrina “luciferina” nos parece extremadamente sospecho- so, así como ciertas reflexiones sobre la Masonería, o la frecuente asociación de las pa- labras “luciferino” e “iniciático”, o tal frase sobre el Islam donde reencontramos esta bizarra obsesión por el color verde que ya hemos tenido ocasión de señalar, den presen- cia de semejantes cosas no se podría ser sin duda demasiado desconfiado...