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2. T HE AIAS MNE D ATABASE

2.3. First analysis using the MNE Database

Perelman creía que sería una historia intelectualmente apasionante la de los avatares y progresivo declive de la retórica desde las postrimerías de la Antigüedad hasta nuestros días64:

63 Dualismo que ha llevado incorporado la idea “toute faite” bastante reduccionista

aventada por el mismo Platón en sus diálogos Gorgias y Fedro que consiste en diferenciar la “buena” retórica, reflejo –en el sentido de representación- matemático de lo real; de la “mala” retórica, pérfida y manipuladora, solo reflejo -en el sentido de ilusión- de lo real.

64 Con “nuestros días” nos estamos refiriendo a 1969, once años después del TA,

fecha en la que se escribe lo citado en el cuerpo del texto, bajo el significativo título Rhétorique et Philosophie, en tanto y en cuanto que en este capítulo se propone una reflexión sobre la relación histórica entre dos disciplinas que se han pensado distintas, contrapuestas y hasta, nos aventuramos a decir, superpuestas.

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«Ce serait une histoire intellectuellement passionnante que celle des avatars et du déclin progressif de la rhétorique, depuis la fin de l’antiquité jusqu’à nous jours. En effet, à part un renouveau aux siècles de la Renaissance, on a vu son champ d’action et son influence progressivement diminuer.» (Rh: 211)

De tal modo apasionante, tal como sostiene Perelman, quizá porque a excepción del nuevo destello retórico en el Renacimiento, el camino de la Retórica no había hecho nada más que descender toda vez que su campo de aplicación se iba recortando, consecuencia del auge del positivismo y de una concepción estrecha no solo de la ciencia sino también de la racionalidad:

“En la primera mitad de este siglo (s. XX), la retórica había degenerado en la enseñanza media europea: una asignatura llamada “Elementos de retórica”, recuerda Perelman, venía a reducirse a un aprendizaje de memoria de una lista de figuras retóricas en consonancia con la noción vulgar que identifica retórica con estilo florido, elocuente, un arte del lenguaje (…) Por otra parte, si en nuestro siglo ha tardado la retórica en resurgir en Occidente, a pesar de una larga tradición democrática, ello se ha debido al prestigio prepotente de la ciencia positiva, a causa de la cual nada se consideraba persuasivo si no se amoldaba a criterios estrictamente científicos (…) Reducida, pues la retórica a arte de la expresión, perdió todo su interés filosófico. “(González Bedoya 2006: 8- 9)

La andadura de la retórica ha sido larga65. En nuestro trabajo solo señalaremos, siguiendo a Perelman, los hitos más significativos de su periplo con el propósito de comprender mejor su rehabilitación y reviviscencia a mitad del siglo pasado como una forma más de conocimiento y su estrecha relación con la filosofía, hasta el punto de pensar toda filosofía en términos retóricos, incluidas las más antirretóricas de entre ellas. Ha sido dentro de la misma filosofía donde latía el vencimiento de la retórica pero no por ser ajena a la

65Para profundizar en la evolución histórica de la retórica se pueden consultar, entre

otras, las obras de: Albadalejo 1989; Barilli 1995; Barthes 1982; Bender & Wellbery 1990: Berguez 1990; Capdevilla Gómez 2005; Damelle 2008; Desbordes 1996; Dupréel 1948; Gómez Redondo 1996; González Bedoya 1990; Hernández Guerrero & García Tejera 1994; Laborda 1993, Meyer 1999; Mortara 1991; Murphy 1988; Natali 2002; Robrieux 1993; Reboul 1986 b; Ruiz Castellanos 1994; Spang 1984; Vega Reñón & Olmos Gómez.

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filosofía sino justamente por lo contrario, por estar latente, por latir en las mismas entrañas de esta.

Para desentrañar la historia de la derrota de la retórica hemos seguido el rastro de los indicios dejados por Perelman en su obra permitiéndonos atisbar y reflexionar sobre el origen de su completo abatimiento hasta llegar a convertirse en solo forma, más o menos florida, que comúnmente y de modo peyorativo calificamos incluso hoy día de “meramente” retórica, sin importancia ni sustancia, en contraposición a lo que sí la tiene, a lo que sí dice algo de verdad. Es un lugar común pensar que un discurso retórico es un discurso

florero, huero, vacío, que puede decirnos algo si nos resulta persuasivo,

convincente, podemos hasta sucumbir a sus encantos, pero que en el fondo, todos sabemos, que hay que tener cuidado con él, porque no dice nada. No es esta, después de llevar años leyendo, pensando y repensando la obra de Perelman, nuestra opinión. Es justamente contra esta idea extendida sobre la retórica contra la que se planta la NR de Perelman, al revivir un arte, una técnica, un modo de pensar y de decir consciente de su calado en todo momento retórico. Lo que supone un modo de hacer filosofía que, desde la misma filosofía antirretórica, había sido desterrado de los “verdaderos” dominios de la Filosofía.

La historia de la retórica que es también la de la filosofía comenzó con los sofistas. Para estos comerciantes del saber la retórica es un instrumento que permite la demostración técnica de lo verosímil: no es objeto de la sofística la noción de verdad66. Motivo del desprestigio sufrido por los sofistas por parte de Platón, puesto que la verdad no guiaba sus discursos. Y no solo atañe al conocimiento sino también al ámbito moral, para Platón, el conocimiento

66E. Bréhier 2012 (1930): 72-73, autor del prefacio póstumo inacabado de Rhétorique

et Philosophie (1952), escribe algo, nada novedoso, sobre los sofistas en su Histoire de la philosophie que, seguramente, debió leer Perelman:

«Les sophistes sont des professeurs qui vont de ville en ville chercher leur auditoire et qui, pour un prix convenu, apprennent à leurs élèves, soit en des leçons d’apparat, soit en une série de cours, les méthodes pour faire triompher une thèse quelle que soit. À la recherche et à la publication de la vérité est substituée la recherche du succès, fondé sur l’art de convaincre, de persuader, de séduire.»

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verdadero y el bien van de la mano: se entiende la ética como la defensa de una verdad absoluta67.

A los sofistas se les etiquetó de escépticos puesto que no creían en la posibilidad de conseguir la verdad. Los sofistas, en un mundo donde reinaban los dioses y los semidioses se acercaron a la vida real del hombre, a la dimensión social del hombre: con ellos se empieza a conocer al hombre en tanto que individuo en el seno de una comunidad social. De ahí la importancia capital de la palabra. Los sofistas fueron quizá los primeros teóricos del poder de la palabra y en subrayar el influjo de esta en los asuntos humanos.

Isócrates (436-338 antes de J.-C.), enseña la technê rhêtorikê, sin embargo, rechaza tanto la dialéctica platónica como los artificios sofistas y establece un puente entre la oratoria y la elocuencia, donde la retórica sería un arte de pensar, un arte de vivir que no se traduciría en la búsqueda de la verdad sino de la virtud. La retórica es para él toda la filosofía, convencido de que el hombre no puede conocer las cosas tal como son, situando la dialéctica de Platón al mismo nivel que la erística de los sofistas. Para Isócrates los fundamentos de la filosofía son retóricos. Evidentemente, Platón se opondrá a esta concepción de la filosofía (Carrilho 1999: 33-37)

Ahora bien, ¿en qué momento de la historia empieza este creciente descrédito de la retórica según Perelman?

«Pour examiner le discrédit croissant de la rhétorique, on a évoqué le changement de régime à la fin de l’Antiquité, où les assemblées délibérantes ont perdu tout pouvoir politique et même judiciaire, au profit de l’empereur et des fonctionnaires nommés par lui.» (Rh: 211)

Con la evocación del cambio de régimen al final de la Antigüedad Perelman pretende resaltar el conflicto entre los filósofos (aquellos que se proponían esencialmente el conocimiento verdadero) y los sofistas (aquellos

67Perelman deja claro en la introducción de su Introduction historique à la philosophie

morale (1980): 12, contrariamente a Platón, que para poder hablar de concepción razonable en materia de moral es esencial desvincular la noción de razonable de la idea de verdad; y para ello será preciso una raison élargie muy distinta de la que guía al filósofo platónico, cartesiano o humeano, por poner los ejemplos más destacados de filósofos “primeros”, o como diría Rorty, “sistemáticos”.

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que se disponían a educar a sus discípulos tanto para las deliberaciones políticas como para los asuntos de la justicia). No obstante, parece que se produce un auge de la figura política del emperador en detrimento de las asambleas, lugar en el que se requería ser un buen orador para ser escuchado. El emperador y sus funcionarios nombrados por él no necesitaban ganarse al público mediante su discurso puesto que ellos eran los portavoces del orden natural de las cosas, de un conocimiento instalado en el firme suelo de lo verdadero.

Y los filósofos tuvieron la última palabra. Platón se opone a la idea sofista de que la retórica es filosofía, para él están netamente separadas retórica y filosofía: la retórica es el reino de la opinión mientras que la filosofía es el reino de la verdad.

La diferencia entre los sofistas, por un lado, y Sócrates y Platón, por el otro, consistió en que los dos filósofos subordinaron la retórica a la filosofía. Aunque en el pensamiento antiguo la técnica retórica tenía bastante que decir en la resolución de los conflictos de la polis, la filosofía constituía algo más que una mera τέχνη, un mero arte para la persuasión con independencia del contenido de lo enunciado. Para Platón y los socráticos, la Filosofía era un saber mayúsculo, riguroso, que aspiraba a la verdad absoluta, no susceptible de manipulación retórica.

Para Platón solo si la Retórica era buena no podía ser lo contrario a la Filosofía sino su complementario, su eco68; mientras que la mala Retórica además de su contrario era su peor contrincante, capaz de argumentar cualquier cosa, a favor o en contra69. Pero quizá Platón se equivocara sin darse

68 De tal modo que a la Retórica, como Eco, solo le está permitido pronunciar las

últimas palabras de su Narciso, mientras que este, la Filosofía, tendría la última palabra.

69 Interesante al respecto son los Discursos dobles, de autor desconocido y de

indudable contenido sofístico, donde se reflejan las habilidades retóricas en el manejo las palabras:

“A lo largo de toda ella (la obra sofista Discursos dobles) se avanzan argumentos opuestos sobre la identidad o no identidad de términos filosóficos o simplemente de nombres aparentemente antitéticos, tales como bueno / malo, verdadero / falso (…) La técnica de los Discursos dobles no consiste pues en excogitar nuevos argumentos para rechazar el contrario, retorciendo y

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cuenta, ya que lo peor que puede pasarle a la retórica no sea apuntalar lo dicho por la filosofía sino estar al servicio del calado inmoral de quien la utiliza. Pero en ese caso no es mala, nunca sería mala la retórica, solo el uso que de ella se hace sería malo. Platón creía que el buen retor sería aquel que supiese de filosofía; y en este caso ya estaríamos hablando de una retórica filosófica; que no es lo mismo que una filosofía retórica, mala. En este sentido, retórica y sofística son lo mismo (Gorgias 465 c; 520 a). Ahora bien, quizá la retórica no sea ni buena ni mala sino la persona con su retórica (Gorgias 457 a-c; 504 d 5)70:

“La retórica filosófica es a la retórica común, como el demagogo al político, o el droguero al médico. Esta mala retórica era dañina para los individuos y para los estados, ya que debilitaba el vigor de las leyes, que son las que dan vida a la sociedad. Cuando alguien que se ha ejercitado en la retórica la utiliza contra su patria y sus leyes, no se convierte en indeseable y traidor a causa de la retórica, sino de su propia maldad. Un ejemplo muy parecido es usado por Platón en el Gorgias, así dice, cuando un boxeador pega a su padre, no es a causa del boxeo, sino a causa de su inmoralidad. Este ejemplo, aquí, también se amplía a la retórica, cosa en la que no cayó Platón, cuando en el mismo texto, se queja de que una asamblea elegiría antes a un orador que a un médico, anulando el efecto primero. Es en definitiva la técnica de ‘hacer más fuerte el argumento más débil’” (Melero Bellido 2007 : 392)

70 La retórica no lleva consigo la falsedad. Hay distintos niveles en que puede

entenderse y ejercitarse la retórica en el Gorgias platónico, a tenor de Gadamer: “El primero de ellos, expresado por Gorgias, es aquel en que la retórica se toma como un puro instrumento, por lo que su valor depende del uso que se haga de ella. Pero la conclusión última del diálogo es sin embargo que el buen retórico debe usar bien su arte, y que cuando este se usa bien lleva ciertamente a desarrollar en quienes lo escuchan el sentido de lo justo y lo injusto, de lo que está bien y lo que está mal. Debemos por tanto liberarnos de ese concepto erróneo de la retórica como arte de la ilusión. Vico se sitúa en la auténtica tradición retórica (esta sería también la línea que sigue Perelman), él no ha inventado nada nuevo, solo ha mantenido firme lo que en toda cultura de la antigüedad era normal y había sido obligatorio. É simplemente nos ha recordado todo esto, mostrándonos una vez más que todo nuestro saber no es demostración (el subrayado es nuestro con objeto de resaltar la confluencia de Perelman con la concepción del saber en Vico entendida por Gadamer), escribe contra Galileo y el pensamiento derivado de él. Debemos darnos cuenta que después de él, durante dos siglos completos, la retórica ha sido considerada como “mera retórica” y nada más(…) Es preciso, pues, redescubrir el sentido de la retórica antigua, su sentido auténtico está hoy tan escondido que ninguno cree ya que la ética fue al principio retórica.” (Gadamer 2010 (2002): 71)

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para el puesto de médico, o a un orador a un artesano para realizar cualquier trabajo. Pero de lo que no se da cuenta Platón es de que en ambos casos el retórico es inmoral porque convence mintiendo, no es orador, es un mentiroso, a no ser que sea un médico o una artesano que usa las bondades de la retórica para presentar mejor su proyecto.” (Román Alcalá 2007: 148)

Cabría preguntarse si también para Perelman habría una Retórica mala. Los razonamientos aceptables serían retóricos mientras que los argumentos que el propio Perelman califica de sophistiqués deberían ser inaceptables, al diferenciar entre los argumentos en los que se busca persuadir y convencer de aquellos en los que se busca engañar o inducir al error:

«Cet esprit critique n’est pas inné, et il ne pourrait s’acquérir par une éducation qui se limiterait à une formation rigoureuse de type mathématique. Les notions confuses constituent, dans la théorie et la pratique de l’action, surtout de l’action publique, des instruments de communication et de persuasion inéliminables. Mais il faut les manier avec prudence. C’est le rôle de la rhétorique, telle que je la conçois, c’est-à-dire d’une théorie de l’argumentation, qui englobe d’ailleurs la dialectique des Anciens, celle de Socrate, de Platon et d’Aristote, de nous prémunir contre l’usage abusif des notions confuses. C’est par l’étude des procédés argumentatifs, rhétoriques et dialectiques que nous apprendrons à distinguer les raisonnements acceptables des raisonnements sophistiqués, ceux où l’on cherche à persuader et à convaincre de ceux où l’on cherche à tromper, à induire en erreur. C’est la raison d’ailleurs pour laquelle je considère l’enseignement de la rhétorique ainsi comprise comme un élément central de toute éducation libérale. » (RD: 163)

No habría dos retóricas, una buena y otra mala a lo platónico: una que sirve a la filosofía y al conocimiento verdadero; y la otra, la de los sofistas, que no toca fondo y se mueve en las procelosas y confusas aguas de la opinión. No hay así pues dos retóricas en Perelman aunque sí dos filosofías; y, en último término, múltiples filosofías. Cuando hablamos de dos filosofías en relación a Perelman nos referimos a las filosofías primeras, aquellas que creen en fundamento; y a las filosofías regresivas, en consonancia con múltiples filosofías.

Lo que ha opuesto tradicionalmente desde Sócrates y Platón a la

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solo de la razón teórica sino también de una razón práctica, es el peligro que presenta la persecución a todo precio del éxito, caro a los demagogos, en desprecio de la verdad que es lo que importa al filósofo. Para el filósofo lo que cuenta no es la adhesión o la opinión de la muchedumbre ignorante, sino la verdad y la elaboración de un saber válido: tema central del Gorgias:

«Ce que l’on a, depuis Socrate et Platon, traditionnellement opposé à cette recherche de l’adhésion, au discours visant l’action sur autrui, à cette psychagogie, c’est le danger que présente la poursuite à tout prix du succès, cher aux démagogues, au mépris de la vérité qui importe au philosophe. Ce qui compte, en effet, pour ce dernier, ce n’est pas l’opinion et l’adhésion de la foule ignorante, c’est la vérité et l’élaboration d’un savoir valable. Comme on le sait, c’est le thème central du dialogue platonicien, Gorgias.» (Rh: 244)

El descrédito que Platón proyecta sobre la retórica en su Gorgias es debido a que se trata de una técnica de lo verosímil, de lo que no es verdadero. La preocupación del orador consiste en actuar de una manera eficaz sobre un auditorio de ignorantes, el orador en este caso debía necesariamente adaptar su discurso al nivel de aquellos que lo escuchaban. Por este motivo las pruebas más sólidas, a los ojos de los hombres competentes no eran siempre las correspondientes a la convicción; es comprensible que Platón condene los subterfugios de los oradores como indignos del filósofo:

«Le discrédit que Platon jette sur la rhétorique, dans son Gorgias, est dû au fait qu’il s’agit d’une technique du vraisemblable à l’usage du vulgaire. La préoccupation de l’orateur étant d’agir d’une façon efficace sur un auditoire d’ignorants, il devait nécessairement adapter son discours au niveau de ceux qui l’écoutaient. Les preuves le plus solides, aux yeux des hommes compétents, n’étaient pas toujours celles qui emportaient la conviction, et l’on comprend que Platon condamne les subterfuges des orateurs, qu’il juge indignes d’un philosophe.» (Rh: 318)

Va de suyo, según Perelman, que para Platón, no es suficiente con conocer la verdad, también hay que comunicarla y hacerla admitir por los otros. En este sentido, también parece que cuenta la adhesión, pero solo aparentemente. Solo para convencer de verdades echaría mano el filósofo de la retórica: es decir, como dice en el Fedro (273 e), una retórica a la altura de

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los dioses mismos. Será pues en este diálogo en el que Platón soñará con una

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