3. Data and methodology
4.2. Section 1: Facebook's first response to the data breach crisis
4.2.2. The first response to Facebook's crisis by the media
4.2.2.2. First section: negative response from the media
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INTRODUCCIÓN
La muerte celular juega un papel importante en el desarrollo y la homeostasis normal de los tejidos. Se sabe que un desequilibrio entre la proliferación y la muerte celular se relacionan con el desarrollo de enfermedades que incluyen el cáncer, enfermedades autoinmunes, trastornos neurodegenerativos, infecciones virales y SIDA (Elmore, 2007). Se conocen tres tipos principales de muerte celular; la muerte celular Tipo I (apoptosis), muerte celular Tipo II (autofagia), y muerte celular Tipo III (muerte celular no lisosomal) distinguibles por sus diferencias morfológicas (Bialik et al., 2010; Tan et al., 2009). Las células apoptóticas muestran cambios morfológicos distintivos, el primero es la degradación del ADN genómico por acción de las endonucleasas nucleares (enzimas dependientes de calcio y magnesio). El ADN se corta en sitios localizados entre los nucleosomas y, de ese modo, se generan fragmentos de tamaños múltiplos de bases. La degradación de la cromatina en fragmentos discretos, provocada por endonucleasas, se observó por primera vez en células apoptóticas del timo de ratas (Wlodkowic et al., 2011). Otros cambios importantes en las células apoptóticas son; la modificación de la permeabilidad de la membrana celular, la condensación de las membranas sin pérdida de su integridad y la agregación de la cromatina que se observa pegada a la membrana nuclear. Finalmente, se produce la formación de vesículas o “cuerpos apoptóticos” debido a que las organelas no se desintegran y estos cuerpos apoptóticos son fagocitados sin producir respuesta inflamatoria y sin daños a los tejidos circundantes (Ouyang et al., 2012; Sui et al., 2013). Los estímulos que desencadenan la apoptosis son extremadamente variables e incluyen la exposición a radiación ultravioleta (UV) o a agentes citotóxicos, la ausencia de factores de crecimiento, infecciones, pérdida de adhesión celular al substrato, radicales libres (ROS) entre otros. De acuerdo al estímulo recibido y en base al tejido al cual pertenezca la célula se pueden activar diferentes vías apoptóticas. Hay dos vías principales, la denominada vía intrínseca, que es activada por una alteración en la homeostasis intracelular, y la vía extrínseca que es activada por una señal de muerte que proviene del entorno (Duprez et al., 2009; Sprick & Walczak, 2004).
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En la vía intrínseca la mitocondria tiene un rol clave en la ejecución de la apoptosis, esta organela experimenta cambios rápidos que llevan a la permeabilización de la membrana mitocondrial externa, con la consecuente formación de poros en la misma (Galluzzi et al., 2010). Estos poros son formados por proteínas pro-apoptóticas, como es el caso de Bax, que en condiciones normales se encuentran principalmente en el citosol pero ante un daño celular experimentan un cambio conformacional que permite su inserción en la membrana mitocondrial externa y la formación de oligómeros de Bax, formando así dichos poros (Westphal et al., 2011). Existen también otro grupo de proteínas de la familia Bcl-2 que son anti-apoptóticas y evitarían la apoptosis al secuestrar a miembros pro-apoptóticos previniendo de este modo la desorganización de la membrana externa mitocondrial (Rong et al., 2008). La formación de poros permite la salida al citosol de diferentes proteínas que son responsables de la activación de la apoptosis, por lo que han sido denominadas “factores de muerte”. Entre estos factores se encuentran el citocromo-c, procaspasa-9, endonucleasa G y la proteína inductora de apoptosis (IAP), esta última estaría implicada en una vía independiente de caspasas (Polster et al., 2005).
Cuando se activa la vía extrínseca en cambio, las células activan en su membrana plasmática receptores pertenecientes a la superfamilia de receptores del factor de necrosis tumoral (TNF-R). Esta familia de receptores está involucrada en muchos aspectos del funcionamiento del sistema inmune, incluyendo el desarrollo de los órganos linfáticos, inflamación aguda y estimulación linfocitaria. Algunos de sus miembros también están involucrados en la transducción de la señal de muerte, por ello a dichos receptores se los conoce como “receptores de muerte” (Indran et al., 2011) (Figura I-A).
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Figura I-A. Inducción de la apoptosis. Hay dos vías principales que llevan a la activación de vías de señalización que culminan con la activación de caspasas efectoras. Una, mediada por ligandos que se unen a receptores en la superficie celular (vía extrínseca), y la otra, mediada por estrés celular o por daños en el ADN (vía intrínseca; donde la mitocondria tiene un rol clave en la ejecución de la apoptosis. Esta organela experimenta cambios rápidos que llevan a la permeabilización de la membrana mitocondrial externa, con la consecuente formación de poros y liberación de proteínas mitocondriales, como el citocromo c. Adaptado de Indran y col. (Indran et al., 2011).
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La familia de proteínas Bcl-2 está compuesta por proteínas pro- y anti-apoptóticas que juegan un rol fundamental en la regulación de la apoptosis, especialmente a través de la vía intrínseca con participación de la mitocondria (Volkmann et al., 2014). Todos los miembros de esta familia de proteínas se encuentran localizados por fuera de la membrana externa mitocondrial, son dímeros que se encargan de permeabilizar la membrana mitocondrial externa a través de la creación de poros o canales en la misma (Hongmei, 2012). Se han identificado al menos 17 proteínas Bcl-2 humanas, cada una caracterizada por presentar cuatro regiones de homología, es decir, dominios de homología de Bcl-2 (BH). Los miembros se clasifican en tres grupos funcionales (Czabotar et al., 2014). El primer grupo está formado por proteínas anti-apoptóticas que contienen los cuatro dominios BH, algunos ejemplos son Bcl-2, Bcl-xL, Mcl-1, Bcl- w, A1/Bfl-1 y Bcl-B/Bcl2L10. El segundo grupo está compuesto por proteínas que presentan solamente un dominio BH-3, algunas de ellas son BID, BIM, Puma, Noxa, BAD, Bmf, Hrk y Bik. Estas proteínas, que se consideran iniciadoras de la apoptosis, se encuentran activas ante daños por estrés celular, estrés de retículo endoplasmático o daños en el ADN. Los miembros del tercer grupo contienen los cuatro dominios BH y son proteínas pro-apoptóticas (Bax, Bak y Bok/Mtd) (Kluck, 2010). Cuando ocurre un desequilibrio entre las proteínas pro- y anti-apoptóticas de la familia Bcl-2, el resultado es una desregulación de la apoptosis en las células afectadas (Figura I-B).
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Figura I-B. Mecanismos que contribuyen a la desregulación de la apoptosis y carcinogénesis. La desregulación en la apoptosis tiene un rol indispensable en el desarrollo de la carcinogénesis. Hay muchos mecanismos por los cuales las células evaden la muerte celular, en general se dividen en: 1) equilibrio alterado de proteínas pro- y anti-apoptóticas, 2) disminución en la función de caspasas efectoras, 3) alteración de la señalización de los receptores de muerte, 4) mutaciones en p53 y 5) aumento en la expresión de proteínas IAPs. Adaptado de Wong (Wong, 2011)
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En estudios previos, hemos demostrado que el 1α,25(OH)2D3 y su análogo menos
calcemiante TX 527 tienen efectos anti-proliferativos en células endoteliales (SVEC) y transformadas por el receptor viral vGPCR induciendo arresto en el ciclo celular con la consecuente inducción de la apoptosis en un mecanismo dependiente de caspasa-3 (González-Pardo et al., 2014).