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FIVE-YEAR PROJECTED NET MIGRATION TOTAL

In document The Future Global Muslim Population (Page 145-156)

Sub-Saharan Africa

FIVE-YEAR PROJECTED NET MIGRATION TOTAL

en grupos.

Resulta indispensable al tratar de hablar del lugar del psicoanálisis como teoría y método de investigación remitirse a su fundador Sigmund Freud y a la ruptura que surge en el pensamiento a partir del descubrimiento del inconsciente. En el artículo “Una dificultad del psicoanálisis” (1917/2000) describe los tres famosos golpes al narcisismo del hombre: el giro copernicano, que le hace darse cuenta al hombre que la tierra no es el centro del universo; el golpe que el pensamiento darwiniano asesta al disolver la separación entre el animal y el hombre alejándolo de su pensamiento de concepción divina; y por último la injuria que acomete el psicoanálisis al hombre haciéndole saber acerca de su condición de desconocimiento de sí mismo, así como la condición constitutiva de este a nivel de lo que se denomina el yo. Y es precisamente este desconocimiento de sí mismo lo que funda el quehacer del psicoanálisis y se le nombra loinconsciente. Pero qué características tiene este inconsciente que se propone desde el psicoanálisis y cómo un concepto viene a marcar una ruptura de pensamiento.

Para Foucault, en la entrevista de 1965 entre él y Alain Badiou (Encuentro, 2013), el descubrimiento del inconsciente de Freud produjo a fines del siglo XIX un viraje no sólo en la psicología sino en las ciencias sociales, al plantear que tanto el cuerpo como el grupo social, la cultura, nuestros padres, son figuras del inconsciente. Chertok & Saussure (1980) describen

cómo la noción de inconsciente ya existía con anterioridad en la filosofía del siglo XIX y puede ser hallado en las obras de Schelling, Schopenhauer y Nietszche como ese aspecto oscuro, nocturno del alma que se manifestaba en los sueños y en la locura. Así mismo el concepto de “no-conciencia” habría sido utilizado por el jurista Henry Homes Kames entre 1696-1782, pero era entendido como una serie de automatismos o de hábitos. La grandeza de Freud consiste, para estos autores, en haber sabido sintetizar y en haber podido superara la perspectiva puramente descriptiva de sus antecesores. Freud al tratar de reconstruir el pasado de sus enfermas y al hacerles tomar consciencia de sus recuerdos reprimidos, se dio cuenta de la importancia de los fantasmas y advirtió que la realización de nuestros deseos por medio del sueño revelaba la estructura y funcionamiento del inconsciente. A partir de este descubrimiento lo inconsciente pasó a ser objeto accesible al conocimiento científico (Chertok & Saussure, 1980).

Sin embargo, esta última aseveración no viene sin problemas. La posibilidad de que el inconsciente sea considerado como objeto de estudio científico es una discusión que ha permanecido desde su surgimiento, especialmente por las ciencias positivistas, con discusiones como las de Popper (1991), que plantea que el inconsciente al no poder ser falseado no puede ser considerado como objeto de estudio científico, como ésta la mayoría de críticas y debates se encuentran centrados en la imposibilidad empírica del inconsciente. Existen otras teorías que colocan al psicoanálisis dentro de una hermenéutica y plantean que el psicoanálisis no puede ser tomado como una ciencia empírica sino es más cercano a las ciencias históricas; otras que apuestan al psicoanálisis como una ética. (Férnandez, 1999)

Para Lacan la propuesta freudiana radica en la concepción del inconsciente como lenguaje constitutivo del sujeto. El problema de la ciencia radicaría en que por lo general deja

por fuera al sujeto, el cual se encuentra concernido en aquello que estudia, objetivando y cosificando, olvidándose de la instancia del inconsciente que está más allá de la medición. Lo que el psicoanálisis buscaría en contraposición al objeto de la ciencia es escuchar el discurso del sujeto del inconsciente allí donde reside el verdadero sustrato de éste. Se trataría de una contraposición del sujeto de la ciencia que parte del cogito cartesiano al sujeto del psicoanálisis que esencialmente se encuentra escindido por efecto del lenguaje (Lacan, 1966/2013)

El sujeto del psicoanálisis es, entonces, el sujeto del deseo, el sujeto del inconsciente, el cual a su vez sería el efecto de la inmersión del hombre en el lenguaje (Ramírez Escobar, 2009). Es por tanto un efecto del lenguaje y como tal debe de ser leído. Esta sería la diferencia radical entre el sujeto de la ciencia y el sujeto del psicoanálisis. El sujeto del psicoanálisis está estructuralmente escindido por esa sujeción al lenguaje, la cultura que lo determinan y lo instituye en su alienación, “sujeto constituido como efecto del orden simbólico la falta y su división” (Castro, 2005, p.35). Y como tal marca el desconocimiento del sujeto en la dimensión de su deseo, ese desconocimiento que Freud ya había planteado como un yo que no es amo de su propio territorio. Un desconocimiento que constituye una parte fundamental del yo.

En “Dos artículos de enciclopedia” (1923/2004) define al psicoanálisis de la siguiente manera:

1) un procedimiento que sirve para indagar procesos anímicos difícilmente accesibles por otras vías; 2) de un método de tratamiento de perturbaciones neuróticas, fundado en esa indagación, y 3) de una serie de intelecciones psicológicas, ganadas por ese camino [...] (p.231)

El psicoanálisis entonces se funda no sólo como una teoría general del psiquismo, ni cómo una cura para los padecimientos neuróticos, sino que desde su base misma el psicoanálisis se concibe como un método de investigación. Para el psicoanálisis entonces el método de investigación coincide con el método de intervención (Aguado, Aranda, & Ochoa, 1992). Para acercarse a ese inconsciente Freud inaugura un método: la interpretación. Y este método supone una técnica: la asociación libre que mediante una escucha analítica de la palabra permite acceder a las formaciones del inconsciente: sueños, lapsus, chiste. El método que propone Freud (1900/2004) no se limita a la consigna de hablar de las ocurrencias, sino que Freud tematiza, les pide a los pacientes que asocien respecto al sueño. La apuesta es separar lo manifiesto de lo latente, interpretar el sueño, pero no en la búsqueda de sentido a través de la decodificación de sus elementos en una suerte de diccionario de signos, sino a través de una interpretación que opera en el discurrir del hablante respecto a ese sueño, una sustitución de componentes evidentes de lo manifiesto por significaciones que se desprenden latentes de las asociaciones. El método propuesto por Freud se inaugura a la sazón como “un camino de investigación o, para ser más precisos, un verdadero procedimiento o dispositivo que permite el acercamiento al objeto de estudio” (Perrés, 1998, p.28). El sueño es el paradigma de la investigación en psicoanálisis en tanto que conduce a descubrir, lo mismo que se propone la cura, lo que sustenta la cadena discursiva del inconsciente.

El descubrimiento psicoanalítico de ese saber del que no se sabe pero que genera efectos en la subjetividad, así como el método creado para acceder a él, crea una ruptura epistemológica y al mismo tiempo abre un dialogo con otras disciplinas, de las cuales no sólo el psicoanálisis se nutre sino aporta líneas criticas de pensamiento. El mismo Freud (1913/2003a) ya apuntalaba estos espacios de interlocución: con la pedagogía, la biología, la

historia de la cultura. Disciplinas que abordan la condición humana y a las que Freud les inserta la relación con la sexualidad comprometida en el cuerpo y en las relaciones de parentesco.

Específicamente la posibilidad de una lectura psicoanalítica en el acontecer social surge a partir de la investigación que deja abierta Freud y que ya apuntalaba en las obras Psicología de las masas y análisis del yo (Freud, 1921/2004b), donde Freud trabaja temas como la identificación y la idealización narcisista y cultural; y Tótem y Tabú (Freud, 1913/2003b) en el que trata de encontrar en el mito del asesinato del padre la respuesta a las fantasías de origen. De esta interpelación de una lectura psicoanalítica de lo social y otros acercamientos surgen intentos de llevar el trabajo psicoanalítico a otros campos. Uno de los más importantes y tal vez más controvertido el del trabajo psicoanalítico en las instituciones, y el trabajo en grupos pequeños, el cual se trata, como menciona Anzieu (1978): “de una aplicación de la teoría psicoanalítica a los fenómenos de grupos” (p.7). Por lo tanto, lo inconsciente ligado al lenguaje no es ni colectivo ni individual. Es cuestión de sujetos inscritos en el orden de la palabra que dispone y compromete lazos con los otros.

El trabajo terapéutico en grupos surge fuera del campo del psicoanálisis, y tiene sus antecedentes en una especie de “clases colectivas” con pacientes tuberculosos que tenían el objetivo de ayudar en la recuperación física, con ayuda de un sistema de premiaciones sustentado en la relación de los pacientes con el médico, el cual fungía un rol guía paternal Otros antecedentes serían los de los grupos de alcohólicos anónimos que funcionan como una terapia colectiva supeditada a la eficacia del lazo colectivo y la solidaridad. Y el psicodrama, que tiene por objetivo el dramatizar el conflicto de los pacientes. (Grinberg, Langer, & Rodrigue, 1977). Si bien se les puede dar una lectura psicoanalítica a estos trabajos el primer trabajo con grupos, según lo describen Grinberg et al., se encuentra en la obra de Slavson y

Klapman. Ellos encuadran el método psicoanalítico a los grupos al introducir la interpretación, pero el problema fundamental radicaba en ¿a quién interpretar? La solución deviene con la creación de artificios que permitieran unificar al grupo, de forma que las interpretaciones tuvieran un eco en los participantes. Los artificios implementados fueron: a) La homogeneización del grupo, por edad, nivel socioeconómico, problemática; b) la selección de los integrantes, y c) la preparación del grupo, que incluye la proposición de temas sobre los que versara la o las sesiones. El enfoque de estos analistas se centraba en abrir la discusión, pero sobre todo en las interpretaciones y la situación transferencial grupal.

Sin embargo, aún con esta aplicación del método psicoanalítico persiste la problemática no sólo sobre ¿a quién interpretar?, sino de ¿qué es lo que se interpreta? ¿Se puede hablar de un trabajo de interpretación del inconsciente en un grupo? Recordando que para Freud la interpretación era el proceso inverso a la construcción del sueño que hace manifiesto lo latente. Es decir, el sueño desanda el camino de su formación revelando sus componentes impensados, ajenos a la consciencia.

Surgen así diversas escuelas. En los años cuarenta Bion, parte de la premisa de que el grupo existe como algo distinto de los individuos, se trata de una representación grupal que opera como fantasía, consecuencia de la regresión como fenómeno inevitable en el grupo (Bernard, 1992). Esto sugiere una tríada de conceptos medulares para un quehacer orientado por estudiar las neurosis en grupo: mentalidad grupal, cultura de grupo y supuestos básicos. El grupo adquiere unidad en cada supuesto básico que supone una posición inconsciente del grupo. Por su parte, en Latinoamérica León Grinberg, Marie Langer y Emilio Rodrigué (19567), trabajan el grupo en una suerte de un gran individuo, en donde la transferencia, las ansiedades se leen en relación con la figura del analista (Escárcega, 2006).

En los años 70 surge el grupo de la escuela francesa: Didier Anzieu, Jean Bertrand Pontalis, Rene Käes, André Misserand y Ángelo Bejarano, entre otros. Ellos conciben al trabajo grupal como un espacio en el que hay un juego de fomentación de fantasías, angustias, afectos y representaciones simbólicas de los que participan tanto el grupo como el psicoanalista concebido como monitor. Estos elementos formarían parte del inconsciente y el trabajo implicaría vía la interpretación que los participantes desentrañen de qué manera este inconsciente que circula se relaciona con su inconsciente personal. Se trata así pues de descubrir y reconocer:

En contraposición al trabajo psicoanalítico propiamente dicho [...] la formación a través del grupo introduce a los participantes a una dimensión inconsciente diferente de la interacción del pasado infantil y del presente individual, les permite aprehender, en una situación concreta común, la interacción de muchos inconscientes semejantes, aunque pertenece a organizaciones psíquicas diferentes (Anzieu et al., 1978)

Anzieu (1998) llama a esto psicoanálisis aplicado, al cual define como un conjunto de prácticas del método aplicado al trabajo individual, que se encuentran siempre en desarrollo. El trabajo del psicoanálisis para este autor sería el de descubrir los efectos específicos del inconsciente en el grupo, en el cual se establecen relaciones imaginarias. Es decir, la experiencia grupal estaría cimentada en el intercambio y fomento de imágenes, lo que el autor llama: el imaginario grupal. En este tenor para Maisonneuve (1981) es significativo el hecho de que el término “miembros” se aplique a los individuos que componen un grupo ya que este concepto “recuerda la imagen de un cuerpo del cual serían partes a la vez dependientes y móviles [...]” (p.7). El grupo en su carácter imaginario se plasma en esta visión como un gran cuerpo, que a su vez se sostiene a nivel del yo.

Pos su parte Rene Käes (2006) hace una gran labor para tratar de delimitar las condiciones que harían posible pensar epistemológicamente una teoría psicoanalítica del grupo, una que vaya más allá de un psicoanálisis aplicado. El autor parte de lo que considera el mayor problema: “¿cómo se trasforma el concepto de inconsciente en la hipótesis de grupo” (p.20). Para lo cual considera necesario definir el concepto de grupo. Él encuentra cuatro sentidos a este concepto: a) Aquel que designa la estructura y forma de organización de vínculos intersubjetivos. Estas relaciones entre varios sujetos del inconsciente a su vez producirán formaciones y procesos psíquicos específicos que pueden ser verificables en grupos empíricos y contingentes; b) También designa la forma y estructura de una organización intrapsiquica. Es decir, la grupalidad como materia psíquica; y por último c) el grupo como dispositivo de investigación y tratamiento de los procesos y formaciones de la realidad psíquica.

Esta última acepción resulta fundamental para este trabajo de tesis ya que implica la posibilidad de la constitución del grupo como paradigma metodológico: “Como dispositivo metodológico, el grupo es una construcción, un artificio; se subordina a un objetivo determinado que no podría alcanzarse con los mismos efectos de otra manera.”(Käes, 2006, p. 21). En estos grupos el objeto primero de análisis sería los efectos en la realidad psíquica de las formaciones sociales, culturales y políticas.

La advertencia del autor entonces estaría en que, si en efecto, el objeto se construye con el método, según el principio epistemológico bachelariano, la construcción del saber sobre el inconsciente no puede ser disociada de las condiciones de su elaboración. Por lo que el método generaría inevitablemente un recorte, un resto. Aunado a esto en el grupo se abrirían dos figuras, la del sujeto del inconsciente y la de sujeto de grupo que podrían contraponerse ya que

el grupo, ineluctablemente, surge como lugar en el que los efectos del inconsciente “ocultan al sujeto las apuestas de su objeto” (p.376). Así la investigación en el campo de la intervención, investigación y teoría psicoanalítica de grupos se encuentra aún abierta.

Actualmente algunos psicoanalistas trabajan sobre el aporte del trabajo de grupos en el área de la investigación social. No desde una instrumentalidad, que radicaría en una mera interpretación psicoanalítica de una investigación social. Sino en una investigación que implica una mirada distinta del objeto epistemológico. Recio (1999) desde una perspectiva lacaniana plantea, al igual que Kaes, cómo el sujeto del inconsciente es un efecto del dispositivo que lo produce, por lo que el dispositivo analítico trabaja sobre la abertura del inconsciente por medio de la transferencia. Al contrario, el dispositivo grupal trabajaría en el cierre y el objetivo sería “analizar la promoción del ideal del grupo, la identificación imaginaria en torno a los significantes que los agrupan, las idealizaciones cristalizadas” (p. 8). Por tanto, el trabajo psicoanalítico en grupos se mantiene al nivel del yo, se trabaja con el registro de lo imaginario atravesado, sin embargo, por el simbólico. El inconsciente se manifestaría no en el habla, sino en los tropiezos del habla, en la interpretación psicoanalítica del discurso. Para este autor el psicoanálisis como teoría permite orientar la investigación en grupo de manera que se puedan entender los desplazamientos metonímicos del deseo, los anclajes y los semblantes. Es decir, es un modo de tratar lo grupal entendiendo sus formaciones imaginarias enmarcadas y demarcadas por la palabra circulante.

3.2 De la propuesta dispositivo grupal: el grupo de reflexión como recuperador de experiencias en contexto de violencia

Käes (1995) plantea al grupo como un modelo de relación y expresión de lo social en el cual se puede codificar la realidad grupal: psíquica, social y cultural a través de las

representaciones. Las condiciones metodológicas para el estudio de las representaciones en el grupo, plantea el autor, se dan a partir de las situaciones proyectivas controladas que permitirán a su vez analizar no solo las construcciones subjetivas sino aquellas que se consideran colectivas o grupales. Se puede entender entonces que el estudio de las representaciones sociales del grupo en sus diferentes modalidades expresivas va a recaer sobre la transformación de la experiencia grupal y de la vivencia grupal intrapsíquica “en un sistema social de representación medianamente coherente, ubicado a través de un lenguaje y una de cuyas funciones mayores es la de hacer inteligible un orden de relación con un objeto y establecer al respecto una comunicación intersubjetiva” (Käes, 1995, p.60). La conformación de estas representaciones ocurre en cualquier grupo ya sea natural o artificial ya que, como Didier Anzieu (1998)lo plantea, el grupo siempre va a ser un lugar para el fomento de imágenes.

Bajo esta premisa se propone la escucha analítica de las representaciones imaginarias de un grupo respecto a la violencia de su contexto social, especialmente aquella ligada al narcotráfico, y los diversos matices de tensión que en el discurso se anuden, esto implica la escucha de un inconsciente que atraviesa y moldea lo grupal. El cual se abrirá en el intersticio entre el discurso manifiesto y el discurso latente (Bejarano, 1978). La violencia es un tema en el cual se encuentran entrelazadas diversas dimensiones del sujeto, pero sobre todo la violencia confronta al sujeto en su dimensión de lazo social.

Específicamente la violencia relacionada con el narcotráfico ha dejado su impronta en el lazo social y como tal consideramos importante trabajarla en la dimensión grupal partiendo de la idea de Kaës de que “el grupo es la interferencia de muchas dimensiones […] un encuentro polifónico de discursos y ante todo un encuentro problemático entre diferentes sujetos, constituidos en sus historias y en sus estructuras con características específicas” (pp.

221-22), es decir un encuentro de alteridades y de identidades. Así mismo Käes se adscribe a la psicología social de Pichón-Rivière, al plantear que el sujeto es un sujeto producido por el grupo ya que no existe en él nada que no sea resultado de una interacción discursiva entre sujetos. Es decir, el sujeto se construye en una intersubjetividad moldeada por los intercambios

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