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CHAPTER 2 Issues with the Current Lighting Design

2.1 Fixture Maintenance

La migración pone en contacto a personas que, probablemente, han crecido con visiones del mundo, formas de encarar la vida, actitudes y pautas de comportamiento muy diferentes. La migración entre sociedades, por ejemplo, constituye la causa principal de muchas de las tensiones raciales y étnicas del mundo actual. Kingsley Davis ha llegado incluso a comentar que “las ventajas de la inmigración son tan dudosas que uno se pregunta por qué los gobiernos de las naciones industriales la favorecen” (1974:105). La migración puede en efecto producir alteraciones profundas en una sociedad en un corto periodo de tiempo.

Consecuencias individuales

Los procesos migratorios tienen consecuencias tanto para el individuo como para el grupo. A nivel individual la migración puede originar stress, desorganización de la vida cotidiana o incluso distintas formas de enfermedad mental. Rieger y Beegle resumen así, por ejemplo. los problemas con que en Estados Unidos se enfrenta quien emigra desde una zona rural a otro entorno distinto: “Las relaciones normales en la vieja comunidad han quedado interrumpidas. El emigrante pasa a menudo por un periodo de desempleo que origina una sensación de inseguridad económica, cuando no de dependencia. Puede encontrar que la gente es, en su nuevo lugar de residencia, distinta de la que está acostumbrado a tratar, y puede encontrarle en condiciones y en situaciones nunca antes experimentadas en su experiencia anterior. Por lo general, se encuentra en cierta situación de desventaja educativa a la hora de competir en el mercado de trabajo.

Todos estos factores, en conjunto, pueden producir ansiedad en tanto no se consiga un nivel satisfactorio de estabilidad y seguridad" (1974:43).

Una de las formas de hacer frente a un nuevo entorno consiste en buscar la compañía de otras personas con el mismo origen cultural y geografico. Esto es a menudo favorecido, cuando no forzado, por la existencia de enclaves o ghettos donde residen inmigrantes anteriores y recientes originarios de idénticas, o similares, áreas de procedencia. De hecho, la aparición de uno de estos enclaves puede contribuir a facilitar la migración, al reducir el miedo a lo desconocido en cada potencial nuevo inmigrante. En las áreas de recepción los inmigrantes anteriores, ya adaptados y dispuestos a ayudar en el ajuste e integración social de los recién llegados, constituyen para éstos verdaderos guías respecto del nuevo entorno. En algunos casos una determinada área puede servir como centro de integración tanto de inmigrantes internacionales como de inmigrantes internos. Es el caso, por ejemplo, del área mejicano-americana (que anteriormente era un área lituana) situada al suroeste del centro de Detroit. Se trata de una zona fácil de tipificar, a partir de los datos censales, por la alta proporción de personas hispano-hablantes, y fácil de identificar en una visita personal por la existencia de restaurantes mejicanos, de una fábrica de tortillas, de una tienda de objetos típicos y de una iglesia católica donde el español es el idioma predominante. Este área ha constituido un punto de arribada para la migración interna de mejicano-americanos desde zonas rurales, al menos desde 1920, y al mismo tiempo ha sido un polo de atracción para los ciudadanos mejicanos que emigraban a Estados Unidos. Aunque localmente se la conoce como barrio, no se trata de un área cerrada de la que resulte imposible salir. De hecho sólo una pequeña parte de la población hispano-hablante de Detroit reside ahora allí, pero la mayor parte de la misma vivió allí (o tuvo padres o cónyuges que

vivieron allí) en algún momento.

Aunque el encontrarse con personas de procedencia similar puede reducir, para el nuevo inmigrante, el esfuerzo de adaptación requerido, existen datos que parecen sugerir que a la larga las consecuencias sociales de esta tendencia a agruparse (sobre todo entre parientes) se traducen en un retraso de su integración y asimilación en el nuevo entorno. Un estudio longitudinal realizado en Michigan por Rieger y Beegle (1974) indica que, al menos en comunidades pequeñas, los nuevos inmigrantes que más rápidamente se integran son aquéllos que no cuentan con parientes en el lugar de acogida. En otro estudio longitudinal realizado en Arkansas por Hendrix (1976) se encontró que, si bien la migración debilitaba los lazos de parentesco en el lugar de origen, en el lugar de destino el parentesco no contribuía en cambio a facilitar la integración de quienes emigraban del campo a la ciudad; es decir, una conclusión similar a la de Rieger y Beegle. Hendrix encontró, sin embargo, que la integración en un nuevo entorno se veía facilitada cuando existían relaciones intensas de amistad (no de parentesco).

Consecuencias sociales

Las consecuencias de la migración para el individuo (sobre todo para el desarraigado) son, sin duda, de gran interés pero sus consecuencias sociales, es decir, su impacto sobre la composición demográfica y la estructura social tanto del área donante como de la receptora, tienen un alcance más general. La composición demográfica se ve afectada por la naturaleza selectiva (en base fundamentalmente a la edad) de la migración. El área donante experimenta, por lo general, pérdida de población entre los adultos jóvenes, que pasan a sumarse a la poblac¡ón del área receptora. Por otro lado, dado que a esas edades es cuando tiene lugar la mayor parte de la reproducción, el área receptora ve aumentado, en consecuencia, su nivel de incremento natural a expensas del área donante. Este efecto de la migración sobre el incremento natural se ve además reforzado por la relativamente baja probabilidad de defunción de los adultos jóvenes en comparación con la de los miembros de la población de edad más elevada.

Cuando la naturaleza selectiva de la migración se combina con un volumen elevado de la misma, como por ejemplo ocurre en Estados Unidos, las pautas de relación social y de organización social pueden verse alteradas. Las relaciones familiares extensas se debilitan, aunque no quedan destruidas, y las instituciones locales, económicas, políticas y educativas tienen que ajustarse a los cambios en el número de personas a las que cada una de ellas ha de prestar servicios.

Podemos captar algunos de tales cambios en la comparación realizada por Morrison (1974) entre la inmigración a San José (California) con la emigración procedente de San Luis (Missouri). San José es una ciudad cuya economía está creciendo rápidamente y cuya población está aumentando con rapidez, básicamente como consecuencia de la inmigración. Tanto los niveles de inmigración como de emigración son allí elevados, dando así lugar a un importante trasiego de personas. Según Morrison este alto nivel de entradas y salidas de individuos puede resultar beneficioso para el crecimiento económico futuro de la zona, ya que una población altamente móvil puede adaptarse rápidamente a los cambios: las variaciones en la demanda local de los distintos tipos de ocupaciones pueden ser satisfechas fácilmente gracias al elevado trasiego de los componentes de la fuerza de trabajo.

En contraste con San José, la ciudad de San Luis ha estado perdiendo población desde 1970, sobre todo en los distritos del centro. Esto se ha debido fundamentalmente a la existencia de una masiva emigración hacia las afueras, y de modo especial hacia las zonas residenciales suburbanas, por parte tanto de blancos como de negros. Uno de los resultados de este proceso ha sido la ya conocida pauta de acumulaclón relativa en la ciudad de personas en situación de desventaja. Los que no pueden dejarla pertenecen, en efecto, de forma desproporcionada a los grupos raciales y étnicos minoritarios, o bien son personas pobres, ancianas, desempleadas o que viven de subsidios estatales. Parte de la diferencia entre los casos de San José de San Luis radica en la extensión de los límites de la ciudad: San Luis es una ciudad mucho más vieja y su circunscripción administrativa es mucho más reducida que la de San José. Pero la misma situación general se repite con frecuencia no sólo en Estados Unidos sino también en otras partes del mundo. La inmigración es estimulada por el crecimiento económico y, a la vez, contribuye a éste, ya que el flujo de adultos jóvenes que viene a añadirse a la población genera la demanda de una amplia variedad de bienes y servicios (puestos de trabajo, alimentación, vivienda y servicios). Por otro lado, la emigración suele ser asociada con frecuencia a la existencía de una economía que se ve desbordada por el tamaño de su población. Dado que los individuos socialmente ambiciosos y educacional y ocupacionalmente más dotados son justamente los que con mayor probabilidad abandonan este tipo de contexto, su marcha contribuye a aumentar la tendencia del mismo hacia el progresivo estancamiento o declive económico.

El proceso dual de inmigración de un grupo étnico o racial, precedido o seguido por la emigración de otro grupo étnico o racial, refleja una de las principales consecuencias sociales de la migración: su impacto sobre la estratificación social. Los inmigrantes tienden a sentir que su status socio-económico mejora al migrar a un determinado lugar del mismo modo que los que emigran de él piensan que su posición mejora al abandonarlo.

En resumen, la migración es, de los tres procesos demográficos, el que mayor impacto tiene a corto plazo sobre la sociedad. Constituye un proceso selectivo que requiere siempre cambios y ajustes por parte de quienes se ven implicados en él. Y lo que es más importante: cuando la migración alcanza un cierto volumen puede tener un impacto significativo sobre la estructura social, cultural y económica tanto del área donante como de la receptora. A causa justamente de su impacto potencial la migración es objeto, con frecuencia, de regulación gubernamental.

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