Chapter 4: A fast immersed boundary method for external in-
4.4 Adaptive computational domain
4.5.2 Flow around low-aspect-ratio rectangular plates
Arciniegas, Faustino y Matallana (2005) explican que el uso de la literatura en la enseñanza de lenguas extranjeras no es algo nuevo. Desde hace mucho tiempo, podría decirse que desde que surgió la necesidad de aprender una lengua diferente a la materna, ya fuera por razones económicas, políticas o militares, la existencia de la enseñanza de lenguas y la utilización de la literatura para hacerlo, se remota desde los antiguos sumerios alrededor del año 3000 a.c. Como se ha mencionado antes, en el apartado sobre la historia de la enseñanza de lenguas extranjeras, una de las primeras metodologías que existió se diseñó para la enseñanza del latín. A través de la lectura y análisis de los grandes clásicos los estudiantes aprendían la lengua. Entre el siglo XVII y el siglo XVIII, gracias a la acogida que tuvo esta metodología, comenzó a usarse para la enseñanza de otras lenguas. Así lo explica Arciniegas et al. (2005):
El latín era progresivamente reemplazado por las que en adelante se denominarían “lenguas modernas”. En la medida en que éstas penetraban en el currículo, su enseñanza era calcada sobre la metodología del latín. En otras palabras, lo que más tarde se llamaría el “método literario” —el aprendizaje y estudio de una lengua a partir y a través de sus autores y escritos más aclamados—, se hacía extensivo a todo el pensum de lengua: lengua materna, lenguas modernas y lenguas clásicas (p.146).
Es importante resaltar que uno de los principales motivos para aprender una lengua era para educarse, además de comunicarse, y esto se lograba a través de la lectura de los grandes escritores ya que se consideraba que la escritura era la forma más avanzada de una lengua. Sin embargo, las autoras explican que para el siglo XVIII, debido a los nuevos cambios y necesidades que surgieron para las nuevas sociedades, la enseñanza de la lengua extranjera a través de la literatura fue desapareciendo dando lugar a nuevas metodologías que hacían el proceso de enseñanza más rápida y práctica. Fue aquí donde surgió el método de gramática y traducción junto con otras metodologías que desplazaron la literatura y dirigieron la enseñanza a una función más comunicativa.
Arciniegas et al. (2005) mencionan que no fue hasta los años setenta que nació el concepto de competencia literaria, que restablecería la importancia de la literatura en la enseñanza de lenguas, debido al escaso dominio que se tenía de la lengua escrita. Entonces, la literatura volvió a las aulas en forma de competencia literaria y desde una perspectiva más funcional que permitía el desarrollo de las habilidades propias de la literatura tales como la creatividad. Sin embargo, puesto que las actuales metodologías y teorías se basaban en la lingüística, la enseñanza de la literatura acogió estas bases también, las cuales no eran acordes con las finalidades literarias. Es por esto, que Arciniegas et al. (2005) afirman que “se hace necesario no sólo redefinir una
competencia literaria que incluya una pedagogía y una didáctica propias, competencia que debe desarrollar tanto el profesor de literatura como el profesor de lengua materna o extranjera.” (p.152). Sobre la enseñanza de la literatura en la clase de lengua extranjera, Montesa y Garrido (1990) explican la importancia de ésta en la clase. De acuerdo con los autores, el principal motivo para aprender una lengua es poder comunicarse en otra lengua efectivamente, y es por esto que todos los métodos usados hoy en día se centran en este propósito. No obstante, desde esta
perspectiva, la lengua se limita a una función comunicativa dejando a un lado la función expresiva. Montesa y Garrido (1990) aclaran qué “en la función de expresión el individuo plasma en palabras su pensamiento, sus sentimientos o sus emociones. Se expresa a sí mismo. Y esta posibilidad de hacer aflorar el mundo interior es el valor más plenamente humano del lenguaje”. Es decir, mientras la función de comunicación sirve para el intercambio de informaciones objetivas, la función de expresión se usa para comunicar ideas y pensamientos, a través de ésta función el individuo interpreta y comparte sobre lo que rodea. Así que, para poder llegar a la función de expresión del lenguaje, los autores plantean que es necesario leer textos literarios ya que por medio de estos se accede a ideas, culturas y conocimientos.
Montesa y Garrido (1990) mencionan las diferentes maneras en la que la literatura se trabaja en clase, desde una perspectiva limitada en la que los textos literarios sirven para resolver crucigramas o responder preguntas de comprensión, hasta una perspectiva más funcional, practica y participativa en la que se no sólo se limita a poner el estudiante en contacto con un texto y que lo lea, sino una manera en la que la literatura llegue a él y manifieste todas sus virtudes. Los autores explican que esto podría realizarse a través de una adecuada selección y un diseño acorde que permita que el estudiante logre entrar en el texto, recrear lo que lee, aprender y entender diferentes culturas y experimentar nuevas sensaciones.
Como se puede apreciar, la enseñanza de la lengua extranjera por medio de la literatura ha existido desde hace mucho tiempo, lo que nos deja claro el valor y la importancia que esta tiene. Hoy en día la literatura sigue teniendo el mismo sentido, tanto qué, cómo se mencionó antes, existe una competencia literaria dentro de la enseñanza de lenguas. Para este trabajo de grado nos permitimos usar los Estándares Básicos de Competencia en Lenguas Extranjeras: Inglés propuestos por el Ministerio de Educación para así conocer mejor los objetivos que los estudiantes deben lograr
en cada área y específicamente, para nuestro interés, en el componente de lectura en el área de inglés.