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3.3 Wake mode

3.3.1 Flow features

En este capítulo 4 consideraremos los contenidos que expone el CCE en los Artículos 4 al 7 de su comentario al Credo. Estos Artículos abarcan desde la afirmación “Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado” hasta la afirmación “Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”, concluyendo así el segmento cristológico del CCE. Una primera mirada sobre este segmento del CCE permite ver que la única “estructura trinitaria” explícita se encuentra en el Artículo 5, que presenta la Resurrección de Jesús. En ese contexto aparecen tres números bajo el título: “La Resurrección, obra de la Santísima Trinidad” (CCE 648-650)

Parecidamente a lo que sucedía en los contenidos del CCE considerados en nuestro capítulo anterior, aquí también la palabra “Trinidad” aparece en un sólo lugar, justamente en el mencionado CCE 648 (y en su título).

4.1. “Jesucristo padeció... fue crucificado, muerto y sepultado” (CCE 571-630).

El Artículo 4 del comentario al Credo que analizamos aquí, está constituido por tres Párrafos. El Párrafo 1 (CEE 574-594) establece los prolegómenos de la Pasión, indicando los puntos de coincidencia, pero –sobre todo– los puntos de conflicto entre “Jesús e Israel”; particularmente, se exponen tres puntos: la Ley, el Templo y el monoteísmo. El tono del Párrafo es, entonces, sintético y temático.

El Párrafo 2 (CCE 595-623) es el más largo, y estudia prolijamente la Pasión. Aquí también, la mayor parte del desarrollo es sintético y temático, explicando el sentido de la Pasión de Jesús desde varias perspectivas. Sólo hacia al final del Párrafo –cuando se contempla la Pasión desde la perspectiva del Hijo (CCE 606-618), se intercalan –entre los textos temáticos– elementos narrativos: “la vida de Cristo” (606 título), “Juan el Bautista...” (608), la Última Cena (610), “la agonía en Getsemaní” (612), y “la cruz” (616).

Finalmente, el breve Párrafo 3 (CCE 624-630) expondrá y analizará la afirmación del Credo: “Jesucristo fue sepultado”.

En lo que se refiere a las divinas Personas en particular, observamos que el Espíritu no aparece en este Artículo 4 fuera de CCE 614, que es el único número donde aparecen los Tres. Este número lo estudiaremos más abajo, pues conviene primero considerar los contextos. La razón de esto es que, si bien hay –de nuevo– una carencia de menciones de la Tercera Persona divina, por otra parte hay – a lo largo de todo este Artículo 4– ricos textos donde aparecen juntos el Padre y el Hijo. Especialmente, esto sucede en dos Títulos que se despliegan desde CCE 599 hasta CCE 618, Títulos que están centrados –respectivamente– en el Padre y en el Hijo.1

Por eso, conviene ir considerando los textos según su orden, observando qué nos dicen sobre las Personas divinas: las Tres Personas en CCE 614, y el Padre y el Hijo en el resto de los

1

La estructura general del PR en este Artículo 4 era diferente. Comenzaba con “la subida de Jesús a Jerusalén”, que el CCE puso –junto con la entrada mesiánica en Jerusalén– al final del anterior Artículo 3 (PR 1412-1417); luego ponía los tres puntos de conflicto entre “Jesús e Israel” (PR 1418-1433); continuaba con “la entrada mesiánica en Jerusalén” (PR 1434-1436); luego –después de un resumen y una introducción– consideraba “el sacrificio de Cristo en el designio divino de salvación” (PR 1443-1447); recién entonces consideraba “el contexto histórico de la muerte de Cristo” (PR 1448-1452); y concluía –de modo semejante al CCE– con “Cristo se ofreció a sí mismo al Padre por nuestros pecados” (PR 1454-1459) y “Cristo fue sepultado” (PR 1463-1469).

números. Y, al final, agregaremos un resumen sobre qué nos dice este Artículo 4 sobre la condición divina del Hijo en particular.2

4.1.1. Texto y análisis.

4.1.1.1. El Padre y el Hijo, en los números iniciales (CCE 571-594).

Ya desde su primer número, este Artículo 4 nos muestra al Padre y al Hijo actuando “para nuestra salvación”, pues: “...El designio salvador de Dios se ha cumplido de «una vez por todas» (Hb 9,26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo.” (CCE 571).3

En el Párrafo 1, dedicado a estudiar la relación entre “Jesús e Israel” –especialmente en relación con la Ley, el Templo y el monoteísmo– aparece mencionado el Padre en relación con el Hijo. Un primer texto está en la introducción a estos temas:

– “Jesús confirma doctrinas sostenidas por esta élite religiosa del pueblo de Dios: la resurrección de los muertos... la costumbre de dirigirse a Dios como Padre...4” (CCE 575).5

Más adelante, en tres números que exponen sobre el Templo, aparece cinco veces el Padre en relación con el Hijo:

– “A la edad de doce años, decidió quedarse en el Templo para recordar a sus padres que se debía a los asuntos de su Padre.6” (CCE 583).

– “El Templo era para Él la casa de su Padre, una casa de oración, y se indigna porque el atrio exterior se haya convertido en un mercado.7 Si expulsa a los mercaderes del Templo es por celo hacia las cosas de su Padre: «No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado»... (Jn 2, 16-17).” (CCE 584).

– “Por eso, su muerte corporal 8 anuncia la destrucción del Templo que señalará la entrada en una nueva edad de la historia de la salvación: «Llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre» (Jn 4,21).9” (CCE 586).10

Y en relación con el tema del monoteísmo, hay dos textos donde aparecen el Padre y el Hijo; además, en ellos se afirma (en el segundo texto, implícitamente), la divinidad del Hijo:

– “Sólo la identidad divina de la persona de Jesús puede justificar[lo]... cuando afirma: «Antes que naciese Abraham, Yo soy» (Jn 8,58); e incluso: «El Padre y yo somos una sola cosa» (Jn 10,30).” 11 (CCE 590).

– “Jesús pidió a las autoridades religiosas de Jerusalén que creyeran en El en virtud de las obras de su Padre que realizaba.12” (CCE 591).13

2

Cf. 4.1.1.6, en p. 173, infra.

3

Esta idea –con la cita de Hb 9,26– el PR lo ponía mucho después en su PR 1448.

4

En varios lugares donde se trata de la relación con el judaísmo, el CCE es lo más conciliador posible (cf. CCE 584; 595-597). En este caso, rescata un uso –que era más bien restringido– de la invocación de Dios como Padre en el judaísmo, mientras que algunos especialistas recalcan más bien lo contrario, para destacar la novedad de Jesús. Así, se ha afirmado: “En otras palabras, si la comunidad en sus oraciones llamaba a Dios «Padre nuestro, rey nuestro»... no se ha encontrado hasta ahora en la literatura del judaísmo palestiniano antiguo ningún testimonio de la invocación personal «Padre mío»”: J. JEREMÍAS, Abbá, el mensaje central del Nuevo Testamento, Salamanca, Sígueme, 19995, 35.

5

Estas afirmaciones ya estaban en PR 1415, que concluía contundentemente: “Los fariseos no han aportado ninguna objeción contra el Sermón del Monte”.

6 Cf. Lc 22, 46-49. 7 Cf. Mt 21, 13. 8 Cf. Jn 2, 18-22. 9 Cf. Jn 4, 23-24; Mt 27, 51; Hb 9, 11; Ap 21, 22. 10

Los contenidos de los tres números citados aquí estaban ya –respectivamente– en PR 1425, 1426 y 1428. Aunque en este último caso las palabras del Evangelio de Juan no estaban citadas, sino sólo aludidas.

11

El latín –que traduce bien el texto griego– es más contundente: «Ego et Pater unum sumus» (Jn 10, 30).

12

4.1.1.2. El segmento central (primera parte) (CCE 599-613).14

Como decíamos poco más arriba, los dos Títulos que aparecen en CCE 599-618, pueden relacionarse –respectivamente– con el Padre y con el Hijo. En cada uno de ellos, se medita la Pasión de Jesús desde la perspectiva de cada una de estas Personas divinas. Y, en este gran contexto, es donde aparece CCE 614, el único número en que son mencionados los Tres.

Así, después de un primer Título que pone marcos generales (CCE 595-598), el Título II –“La muerte redentora de Cristo en el designio divino de salvación” (CCE 599-605)– muestra la Pasión del Hijo, desde la perspectiva del Padre. Incluso, tres de los cuatro subtítulos en que se divide este Título se refieren al Padre, designado como “Dios”.15 Algunos de estos números están tan centrados sobre el Padre y el Hijo, que no se puede cortar nada de ellos:16

– “Al enviar a su propio Hijo en la condición de esclavo...17 «a quien no conoció pecado, Dios le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él» (2 Co 5,21).” (CCE 602).18

– “Jesús no conoció la reprobación como si él mismo hubiese pecado.19 Pero, en el amor redentor que le unía siempre al Padre,20 nos asumió desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15,34; Sal 22,2). Al haberle hecho así solidario con nosotros, pecadores, «Dios no perdonó ni a su propio Hijo,21 antes bien le entregó por todos nosotros» (Rm 8,32) para que fuéramos «reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (Rm 5,10).” (CCE 603).22

– “Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4,10). «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5,8).” (CCE 604).23

– “Jesús ha recordado al final de la parábola de la oveja perdida que este amor es sin excepción: «De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños» (Mt 18,14).” (CCE 605).24

Como vemos, con abundancia de citas bíblicas –algunas muy atinadamente escogidas, como las de CCE 604–25 el CCE nos introduce en la Pasión del Hijo, desde la perspectiva del Padre. Pues al Padre se adjudica la iniciativa de nuestra salvación; el Padre envía a su Hijo para salvarnos; y no escatima ni siquiera a este Hijo suyo muy amado, para salvarnos a nosotros, pecadores.

Por su parte, el Título III –“Cristo se ofreció a su Padre por nuestros pecados” (CCE 606-618)– indica que aquí se meditará la Pasión desde la perspectiva del Hijo. Y así como en el Título

13

Los contenidos citados aquí de estos dos números del CCE, ya estaban –respectivamente– en PR 1432 y 1433.

14

CCE 595-598 estudian sobre quién recae la responsabilidad de la muerte de Jesús. No hay allí números en que se mencione al Padre. Un par de afirmaciones que trae CCE 598 sobre la divinidad de Jesús serán recogidas en 4.1.1.6.

15

Ellos expresan: “Jesús entregado según el preciso designio de Dios”; “Dios le hizo pecado por nosotros”; Dios tiene la iniciativa del amor redentor universal.

16

Como sucede con CCE 603s.

17

Cf. Flp 2,7.

18

Estas citas también estaban juntas en PR 1445, que pertenecía al mismo contexto de CCE 602.

19

Cf. Jn 8,46.

20

Cf. Jn 8,29.

21

Es mejor traducir: “Dios no escatimó...”; pues la traducción: “Dios no perdonó...” se presta a malas interpretaciones. El texto del CCE (en español) fluctúa acerca de qué texto bíblico (en español) preferir. En la traducción de Jn 10, 30 de CCE 590 parece seguir el Libro del Pueblo de Dios, mientras que aquí –en esta frase de Pablo– parece seguir la Biblia de Jerusalén.

22

Estas ideas y citas bíblicas estaban en PR 1445.

23

Estos contenidos y citas bíblicas ya estaban en PR 1446.

24

También esto estaba en PR 1446.

25

Dos citas centrales que hablan de la gratuidad del amor de Dios: una de Juan, centrada en la encarnación del Hijo; la otra de Pablo, centrada en el misterio pascual.

anterior casi todos los subtítulos mencionaban al Padre, aquí también los subtítulos casi siempre mencionan al Hijo, de uno u otro modo;26 aunque aquí la extensión del texto casi duplica al Título anterior. Además, como ya habíamos indicado, es en este contexto donde se encuentra el único número que menciona a las Tres Personas divinas (CCE 614).

Aquí se dice entonces, hablando del Padre y del Hijo:

“El Hijo de Dios «bajado del cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre (sed voluntatem Eius qui misit Illum) que le ha enviado» (Jn 6,38), «al entrar en este mundo, dice: ... He aquí que vengo... para hacer, oh Dios, tu voluntad...» (Heb 10,5-10). Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra» (Jn 4,34). El sacrificio de Jesús «por los pecados del mundo entero» (1 Jn 2,2), es la expresión de su comunión de amor con el Padre: «El Padre me ama porque doy mi vida» (Jn 10,17). «El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado» (Jn 14,31).” (CCE 606).27

Con abundancia de citas bíblicas –casi todas joánicas–28 aquí se muestra que la vida de Jesús está centrada en su Padre, quien es mencionado seis veces en este número. Esto ya lo anunciaba el subtítulo, que decía “Toda la vida de Cristo es ofrenda al Padre”. Este subtítulo también abarca al número siguiente, del cual también es muy difícil cortar algo, pues casi todo se refiere al Padre y al Hijo:

“Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús,29 porque su Pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación: «¡Padre líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto» (Jn 12,27). «El cáliz que me ha dado el Padre ¿no lo voy a beber?» (Jn 18,11).Y todavía en la cruz, antes de que «todo esté cumplido» (Jn 19,30), dice: «Tengo sed» (Jn 19,28).” (CCE 607).30

De modo semejante al número anterior, el texto se va entretejiendo con citas joánicas, que casi monopolizan el desarrollo del argumento. Pero, a diferencia del número anterior, aquí casi todo el peso de la exposición se concentra en la Pasión y en la Cruz. Y –aunque el número es breve– también aquí el Padre es mencionado varias veces, precisamente, tres.

Después de CCE 608, que está completamente centrado en Jesús como “El cordero de Dios que quita el pecado del mundo, CCE 609 retoma la relación de Jesús con su Padre, ya desde su subtítulo: “Jesús acepta libremente el amor redentor del Padre”. El texto dice así:

Jesús, al aceptar en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres, «los amó hasta el extremo» (Jn 13,1) porque «nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15,13). Tanto en el sufrimiento como en la muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvación de los hombres.31 En efecto, aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre (Ipse) quiere salvar: «Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente» (Jn 10,18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando El mismo se encamina hacia la muerte.32” (CCE 609).33

El CCE sigue inspirándose en los escritos joánicos para avanzar en su meditación sobre la Pasión.34 En este contexto aparece nuevamente el Padre, mencionado cuatro veces si incluimos el subtítulo (y el “Ipse” del latín). Y, aunque el número subraya la condición humana del Hijo, también habla un par de veces de su condición divina, cosa que tendremos en cuenta más abajo, cuando hablemos específicamente de esto.

A continuación, CCE 610s hablan de la institución de la Eucaristía; el primero de esos números no olvida la relación con el Padre que esto implica:

26

Salvo el subtítulo “La agonía de Getsemaní”, los otros ocho subtítulos mencionan al Hijo.

27

Estas ideas y citas bíblicas ya se encontraban en PR 1453.

28

Y la que no es joánica, también cultiva la misma cristología “descendente” que cultiva Juan.

29

Cf Lc 12, 50; 22,15; Mt 16, 21-23.

30

Estas ideas y citas bíblicas ya se encontraban en PR 1453, que fusionaba los contenidos de CCE 606-607.

31

Cf. Hb 2, 10.17-18; 4, 15; 5, 7-9.

32

Cf. Jn 18, 4-6; Mt 26, 53.

33

El CCE asume aquí los contenidos y citas de PR 1455.

34

“En la víspera de su Pasión, estando todavía libre, Jesús hizo de esta última Cena con sus apóstoles el memorial de su ofrenda voluntaria al Padre,35 por la salvación de los hombres: «Este es mi Cuerpo que va a ser entregado por vosotros» (Lc 22,19).” (CCE 610).36

Enseguida CCE 612 expone sobre “La agonía en Getsemaní”:

“El cáliz de la Nueva Alianza que Jesús anticipó en la Cena al ofrecerse a sí mismo,37 lo acepta a continuación de manos del Padre en su agonía de Getsemaní 38 haciéndose «obediente hasta la muerte» (Flp 2,8).39 Jesús ora: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz...» (Mt 26,39)... Al aceptar en su voluntad humana que se haga la voluntad del Padre,40 acepta su muerte como redentora para «llevar nuestras faltas en su cuerpo sobre el madero» (1 Pe 2,24).” (CCE 612).41

Hilando delicadamente con la escena anterior, el CCE avanza en su exposición, y nos muestra la oración de Jesús en Getsemaní. Aquí también aparece en primer plano su relación con el Padre, quien es mencionado tres veces. El número también trae una rica cristología que omitimos aquí, para estudiarla más abajo.

4.1.1.3. El texto donde aparecen juntos los Tres (CCE 614).42

Casi al final del comentario al Artículo 4, y bajo el subtítulo “La muerte de Cristo es el sacrificio único y definitivo” tenemos el único texto de este Artículo 4 en que aparecen las Tres Personas divinas:

“Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud (consummat) y sobrepasa a todos los sacrificios.43 Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo (Filium Suum) para reconciliarnos consigo.44 Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor,45 ofrece su vida 46 a su Padre por medio del Espíritu Santo (per Spiritum Sanctum),47 para reparar nuestra desobediencia.” (CCE 614).48

Enhebrando cinco alusiones neotestamentarias –tres joánicas y dos de la Carta a los Hebreos– el CCE fundamenta la afirmación que había hecho en su subtítulo.

En este contexto, aparecen las Tres Personas divinas: – se comienza mencionando el “sacrificio de Cristo”...

– que, “ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo (Filium Suum) para reconciliarnos consigo.” Aquí aparecen juntos el Padre y el Hijo, recalcándose la iniciativa del Padre, sobre la que se había expuesto largamente en CCE 599-605. Además se indica el efecto salvífico “pro nobis”.

– Finalmente –como en un crescendo que va de lo cristocéntrico a lo trinitario– aparecen las Tres Personas divinas juntas, en una sola frase. Aquí, se subraya la acción del Hijo, quien se dona 35 Cf. 1 Cor 5, 7. 36 Esto ya se encontraba en PR 1456. 37 Cf. Lc 22, 20. 38 Cf. Mt 26, 42. 39 Cf. Hb 5, 7-8. 40 Cf. Mt 26, 42. 41

Esto se encontraba ya en PR 1456, que fusionaba los contenidos de CCE 610-612.

42

CCE 613-614 son los primeros números de este Artículo 4 que vemos que no tienen precedentes en el PR.

43 Cf. Hb 10, 10. 44 Cf. 1 Jn 4, 10. 45 Cf. Jn 15, 13. 46 Cf. Jn 10, 17s. 47 Cf. Hb 9, 14. 48

CCE asume aquí PR 1447; agregándole la cita de 1 Jn; y quitándole una frase que venía a continuación de la primera, en la que se contraponían “las religiones creadas por los hombres” en las cuales el hombre tiene la iniciativa de ofrecer sacrificios, con “la novedad inaudita” del cristianismo, donde la iniciativa en el sacrificio procede de Dios.

“libremente y por amor”, “a su Padre por medio del Espíritu Santo”. Como en la frase anterior, el CCE también concluye indicando el efecto salvífico de la acción divina.

4.1.1.4. El segmento central (última parte) (CCE 615-623).49

A continuación CCE 615 nos muestra cómo “Jesús reemplaza nuestra desobediencia por su obediencia”. Citando a San Pablo en Rm 5,19 el CCE recuerda la meditación que el Apóstol hace, vinculando a Adán y Jesús como “tipo y antitipo”. Y –después de traer a colación la figura del Servidor del Señor con una cita de Is 53, 10-12– concluye con una sintética cita del Concilio de Trento que menciona también al Padre: “Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados.”

Después de mostrar que “En la cruz, Jesús consuma su sacrificio” (CCE 616s) –bajo cuyo

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