“Entonces Dios dijo: <Que exista la luz>. Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el primer día. Dios dijo: <Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas>. Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y éste separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el segundo día. Dios dijo: <Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme>. Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: <Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro>. Y así sucedió (...). Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el tercer día”267.
Estos primeros tres días del Hexamerón, afirman Pedro Lombardo y San Alberto Magno, se identifican con las tres obras de distinción.
Y con respecto a la primera, el Magno sostiene: “lo que es moviente y luminoso por sí es por naturaleza superior, y la distinción de esto es la primera distinción que corresponde a la obra del primer día (...). Pero ninguno considera que la luz fuera distinguida de las tinieblas, sino más bien que la naturaleza del móvil luminoso se distingue de la naturaleza del móvil denso, esto es que la naturaleza del quinto cuerpo
267
se distingue de la naturaleza de la tierra. Y a esto se lo considera como la primera distinción”268.
La primera obra de distinción es coincidente con el primer día, en donde fue distinguida la luz de las tinieblas, y esto significa que la naturaleza luminosa, es decir el quinto cuerpo, los cielos, fueron separados de la naturaleza densa, de la tierra. Y a partir de esta primera distinción, es que el cielo y los astros que lo constituyen conforman el
día,y la tierra la noche269. El quinto cuerpo fue el primero en ser distinguido dado que, como vimos en el capítulo anterior270, es superior en perfección a los demás elementos, es luminoso y móvil.
Luego, San Alberto Magno afirma: “el medio también debe ser distinguido en sus extremos. En efecto, esto es lo que le conviene al móvil luminoso, porque el medio, que es un móvil luminoso, debe distinguirse del extremo superior. Ésta se considera la segunda distinción que fue realizada en el segundo día, cuando fueron distinguidas las aguas que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento”271. La segunda obra de distinción llevada a cabo en el segundo día, estuvo dirigida a la distinción de las aguas: las que se encuentran sobre el motor luminoso, que es el firmamento, respecto de las aguas que se encuentran por debajo de él, sobre la tierra. Esta obra distintiva, explica el Magno, se centró sobre todo en la parte superior acuosa de la materia, en tanto la distinción fue desde el medio hacia la parte superior del cielo, entendiéndose esto como la expansión del firmamento hacia lo alto. De esta manera, continúa un proceso de distinción de la materia confusa del quinto elemento, y de la
materia mezcla de los cuatro elementos, proceso ya iniciado en el primer día. Aquí se separan las aguas que permanecen sobre la tierra, de las que se encuentran en la parte
268
D. Magni, In II Sententiarum (Borgnet ed.), en ob. cit., Distinción XIII, Artículo I, Solución, A la cuestión: “Quod igitur est movens et luminosum per se, est per naturam extremum superius: et illorum distinctio ab invicem est opus primae diei, sicut infra ostendetur: quia nihil aliud puto esse lucem quae distinguitur a tenebris, nisi naturam luminosi moventis a natura opaci moti, hoc est, naturam coporis quinti a natura terrae: hoc igitur facit unam distinctionem”.
269
Cfr. D. Magni, In II Sententiarum (Borgnet ed.), en ob. cit., Distinción XIV, Artículo I, Solución.
270
Cfr. cap. III, sección referida al quinto elemento.
271
D. Magni, In II Sententiarum (Borgnet ed.), en ob. cit., Distinción XIII, Artículo I, Solución, A la cuestión: “Medium autem habet distinctionem ad utrumque extremorum: secundum enim quod convenit cum luminoso moventi, quia ipsum est perspicuum movens, oportet distinguere ipsum ab extremo superiori: et hoc fit secundo die, quando distinguuntur aquae quae sunt sub firmamento, ab his quae sunt supra firmamentum”.
superior acuosa de la materia, que como vimos se denomina cielo cristalino, o agua evaporable272.
Pero asimismo, la separación de ambas aguas significa que “en el segundo día, fueron distinguidas la naturaleza de los elementos que se encontraban mediando entre el cielo y la tierra”273. Esto es, la distinción de las aguas, del firmamento, y del cielo cristalino, trae consigo la distinción de todos aquellos elementos que se encuentran entre el cielo y la tierra, lo que significa que también la naturaleza del aire y del fuego fue distinguida aquel mismo día.
Por otra parte, con respecto al segundo día, tanto San Alberto Magno como Pedro Lombardo, se han preguntado por qué es que en la obra del segundo día no se dice en las Escrituras “Vio Dios que eso era bueno”, cuando sí es dicho esto en todas las otras obras de los cinco días.
Pedro Lombardo, por su parte, siguiendo a San Jerónimo, responde que aquello no fue dicho en la obra del segundo día puesto que “el número dos es el principio de la alteridad y un signo de división”274.
San Alberto Magno, siguiendo al Lombardo, sostiene que la obra de distinción es del medio hacia ambos extremos, y en el segundo día aún faltaba la distinción del medio hacia el extremo inferior, la cual sería producida recién en el tercer día. Por ello, en este último día es que todos los elementos serían distinguidos y ordenados; y “por consiguiente en la distinción perfecta es que dicha obra recibe la bendición, así como en todas las otras obras perfectas”275. Como en el segundo día, entonces, todavía no se había acabado la obra distintiva, por eso que allí no fue bendecida, y lo fue recién en el tercer día, cuando habría finalizado totalmente.
272
Cfr. cap. III, sección referida a la división de las aguas.
273
D. Magni, In II Sententiarum (Borgnet ed.), en ob. cit., Distinción XIV, Artículo I, Solución:
“Secunda autem die, natura mediorum elementorum inter coelum et terram, et natura coeli superior habet distinctionem”. También ver Distinción XIII, Artículo I, Solución, A la cuestión: “in aquae enim distinctione, ut dicunt Sancti, intelliguntur alia elementa distingui, ut aer, et ignis”; y Distinción XIV, Artículo VIII, Solución: “quod ignis et aer intelliguntur distincta, quando libera ab aliis serenata”.
274
Texto de Pedro Lombardo citado en D. Magni, In II Sententiarum (Borgnet ed.), en ob. cit., Distinción XIV, D: “quia binarius principium alteritatis est, et signum divisionis”.
275
D. Magni, In II Sententiarum (Borgnet ed.), en ob. cit., Distinción XIV, Artículo VII: “et ideo distinctio ista non perficitur nisi die tertia: et tunc benedicitur quando aquae distinctae sunt, et alia duo elementa a terra, ut Magister infra dicet: quia in distinctione aquae intelligitur distinctio ignis et aeris quando libera ab aquis sunt serenata: tunc igitur perfecta distinctione accipient benedictionem sicut et alia opera”.
Por último, “es necesario que se distinga el medio del extremo inferior, pues aún el móvil denso puede devenir, y ésta es la tercera distinción que fue realizada en el tercer día, cuando fueron reunidas las aguas que se encontraban en un lugar, debajo del cielo, y surgió la tierra seca”276. En el tercer día, advierte el Magno, fueron distinguidas las aguas que se encuentran sobre la tierra, de la tierra misma, y esto porque el móvil denso o pesado, es decir la tierra, todavía podía mutar. Esta tercera obra distintiva pudo reunir las aguas en sectores, de modo que pudo emerger la tierra y su vegetación. Así, esta obra se dirigió fundamentalmente a la parte inferior de la materia, en tanto la distinción fue del medio hacia el extremo inferior.
Con respecto a este tercer día, siguiendo a Beda, Pedro Lombardo277 sostiene que la tierra comenzó a hundirse en determinados sectores, y que fue formando concavidades para que éstas pudiesen almacenar y contener las aguas. Además, afirma que las primeras aguas poseían una naturaleza enrarecida, y que conformaban una niebla que ocultaba a la tierra. Mas a medida que fueron reunidas en las concavidades terrestres, fueron adoptando una naturaleza más densa, permitiendo a la tierra y a la vegetación emerger.