CHAPTER 4: RESEARCH FINDINGS
4.4 EMPIRICAL FINDINGS
4.4.2 SUPPORT STRUCTURES THAT ASSISTED DURING FORMALIZATION
4.4.2.1 Formal support structures
Inicialmente, la universidad se define como una “institución de enseñanza superior que comprende diversas facultades, y que confiere los grados académicos correspondientes” (RAE, 2018). Sin embargo, también se observa como un espacio en el que se transforman, producen, forjan y establecen nuevos conocimientos mediante un desarrollo colectivo
La universidad es el lugar de encuentro de quienes acceden a esos máximos niveles de formación en las distintas áreas y constituye un espacio privilegiado en donde las ciencias sociales y naturales, el arte y la filosofía no solo se difunden y se preservan sino que se enriquecen y transforman. Se caracteriza, en primera instancia por la pluralidad de los saberes y por el ejercicio de producción de conocimientos universalmente nuevos, validados por las comunidades mundiales encargadas de cuidar y acrecentar esos conocimientos (Hernández, s.f , p. 229).
Estos saberes o conocimiento que se concibe en la universidad, permiten reconocerla como un espacio integrador de cultura, ya que como afirma Pineau (2010)
Aporta elementos diferentes que se ponen en juego en las aulas, promueven la construcción y la reconstrucción del patrimonio cultural existente dando como resultado un nuevo patrimonio. Esta es una de las formas en las que las universidades construyen y crean patrimonio cultural. Al entender al patrimonio cultural como el conocimiento que genera una cultura, las universidades ocupan un lugar central en este proceso. Son el lugar en donde el conocimiento se crea, se transmite, se conserva y se analiza (p. 8)
Las universidades se constituyen en centros generadores de diversidad cultural, dada su responsabilidad por comprender, analizar y conservar el conocimiento generado en ellas y por la comunidad académica que les rodea o compone, siendo tan diversa y plural; configurando así, un patrimonio social e identitario en dicho espacio dialógico.
La universidad tiene como tarea central apropiar y ampliar el saber necesario para el desarrollo colectivo. El estudiante, el maestro y el maestro-investigador deben valorar esencialmente su capacidad de prestar un servicio a la sociedad; este objetivo debe ser mucho más fuerte, mucho más integrador de las distintas voluntades que se dan cita en la universidad, que los intereses personales o de grupo (Hernández, s.f , p. 230).
4.2. ¿Qué es la cultura académica universitaria?
“La cultura académica, se entiende como aquellas orientaciones compartidas por los miembros de una organización educativa, siendo estas normas, valores, filosofías, perspectivas, actitudes, creencias, etc.”
Parra, (2015)
Así pues, comprender el qué y cómo, los conocimientos y la comunicación tienen consecuencias pedagógicas fuertes entre las tradiciones académicas y las tradiciones extracadémicas, genera entonces, un factor clave para comprender la cultura académica universitaria. En efecto, para comprender las consecuencias pedagógicas, se observa la lectura y la escritura como dos ejes que configuran este panorama, siendo entonces, herramientas que se consideran “ya aprendidas” en la educación superior, sin embargo, son procesos inherentes a cada comunidad académica. Al respecto, Carlino (2005) alude que
La escritura se usa de forma instrumental, pero no reflexiva, y no se le da lugar al aprendizaje ni a la producción del conocimiento. A raíz de esto, expone que emergen cuatro problemas en el proceso de escritura de los estudiantes: la dificultad que éstos tienen para escribir, teniendo en cuenta la perspectiva del lector; el desaprovechamiento que tienen del potencial epistémico de la escritura; la preferencia por revisar los textos sólo en forma lineal y centrándose en aspectos locales y poco sustantivos (…) la cultura académica de la formación de la lectura y la escritura es un saber transversal que al ir avanzando, se va complejizando; además, no se puede limitar a un docente especialista, pues requiere la competencia de todos
los docentes, que tengan las condiciones metodológicas y epistemológicas para incentivar y cualificar en los estudiantes las competencias comunicativas académicas (p.26).
De este modo, el intercambio de saberes, el diálogo, los intereses y las relaciones sociales, son mecanismos que establecen articulación de propósitos académicos y la construcción del conocimiento mediante el referente de la escritura y la lectura para configurar dicha cultura académica. Esto entonces, parte de una escritura disciplinar, porque “la universidad promueve ciertos modos de leer y escribir, ciertas prácticas de lectura y escritura, en atención a un tipo de cultura académica que intenta favorecer” (Carlino, 2014, p. 84) desarrollándose un intercambio, códigos, reglas y lenguajes particulares.
Pertenecer a la comunidad implica apropiarse de un sistema simbólico de saberes y prácticas basadas en un conjunto de conocimientos y presupuestos compartidos, relacionados con el campo científico. Como se ha afirmado, lo anterior se hace posible a partir de la enseñanza y aprendizaje de la lectura y la escritura. De allí la importancia de conocer las distintas formas de leer y escribir que se originan en cada disciplina (Arvilla, 2014, p. 85).
A causa de lo anterior, perspectivas como las de Mendoza (2015)
el tiempo para pensar la lectura y la escritura en el contexto académico de la universidad es insuficiente y, a veces, nulo (…) las instituciones de educación superior piensan erradamente en la lectura y la escritura como habilidades y destrezas del lenguaje, no como prácticas sociales y culturales que hacen parte de la cultura académica y que “dan significado a las acciones que fortalecen las relaciones intersubjetivas, disciplinares, científicas y si se analizan desde el sentido y el valor que le adjudican las personas a estas acciones, pueden convertirse
en prácticas sociales que dinamizan y le dan identidad a dicha cultura” (Sevilla & Blandón, 2010).
Con esto, comprender la cultura académica universitaria, requiere de miradas en donde se apropien no solo habilidades de lectura y escritura, sino maneras sociales con miras a estas prácticas desde lo cultural y lo sociales dándole mayor significación a los sujetos que se enfrentan a ellas y no enmarcadas en miradas disciplinares, ya que, la universidad recalca la diversidad como manera de comprender a los sujetos inmersos en dichos ambientes.