«No os toméis la vida demasiado en serio, de todos modos, no saldréis vivos de ella.»
BERNARD FONTENELLE
El sentido del humor es el mejor engranaje para que las cosas rueden más fácilmente y es el medio más eficaz para acabar con una situación tensa. Un ejemplo de ello me sucedió hace poco. Estábamos en casa viendo la televisión y en un intermedio le pedí a una de mis hijas que pusiera la mesa, ya que queríamos hacer una cena especial por el fin de las vacaciones. Se fue a la cocina y al cabo de un rato se escuchó un golpe tremendo. Como no le siguió el grito que suele preceder al llanto y en cambio se oían ruidos de trajín, entendí que se había caído algo, pero no la niña. Así que me levanté tranquilamente y fui a la cocina. —¿Qué ha pasado? Me miró con cara compungida, bajó la vista y dijo en un susurro: —Se me han roto seis vasos. Mi reacción, todavía no sé muy bien por qué, no fue ponerme a gritar, ni decirle que nunca tiene cuidado, que las cosas cuestan mucho o que se fuera inmediatamente a la cama. Simplemente me la quedé mirando con la cara sólo medio seria. Ella dijo entonces con un hilo de voz:
—Podría haber sido peor, porque llevaba una torre de diez. Al menos he salvado cuatro.
—Espera, que te ayudo a recogerlo. La niña me miró extrañada.
—¿No te enfadas?
—No chiqui, un accidente lo tiene cualquiera, pero tienes que hacerme caso cuando te pido que no apiles los vasos, que los coloques de uno en uno, te lo he dicho muchas veces. Ella se puso a recoger y al rato me dijo: —No lo voy a volver a hacer. La miré muy seria y comenté: —Creo que has aprendido la lección ¿no? Ella se abrazó a mí riendo y me dijo:
—Ya te digo... La he aprendido, pero de verdad. —Y nos reímos con ganas.
Podría haberme enfadado y haber estropeado la cena especial por seis vasos, es decir, unos diez euros. Es cierto que la mayoría de las veces no perdemos los estribos por el daño material en sí, sino porque estamos convencidos de que los niños no prestan atención o no obedecen. Es casi como si pensáramos que lo hacen aposta, cosa que por supuesto no es así.
Es más, cuando nos pasa a nosotros, soltamos un taco y nos increpamos: «¡Parezco idiota!», cuando sería mucho más provechoso reírnos de nosotros mismos, porque no es necesario que nos tomemos tan en serio. ¿Para qué? ¿Se nos van a dejar de resbalar objetos? ¿Nos vamos a dejar de tropezar? ¿Ya no meteremos nunca más la pata por «regañarnos» a conciencia? Nada cambia, excepto una cosa, nuestro humor y, lo peor (y también lo mejor) es que el humor es contagioso, el malo y el bueno. ¿Por qué no elegir el bueno?
A veces, uno va por la calle y ve a alguien caminando sonriente y se pregunta: ¿Por qué estará ése tan contento?
Cuando nos sonríe alguien al dejarnos pasar con el coche o el quiosquero que nos vende el periódico o el camarero que pone nuestro café sobre la barra, esas sonrisas y ese buen humor se nos contagian y probablemente llegaremos a la oficina con mejor pie. De la misma manera,
nuestra sonrisa cuando demos los buenos días también se contagiará a los demás y así tendremos todos un día mejor. Se me puede acusar de «buenista», pero lo digo por experiencia, las sonrisas y las malas caras de los demás nos afectan mucho y las nuestras también afectan a los demás.
Y si afectan las de unos desconocidos ¿cómo no afectará nuestra sonrisa a nuestros hijos y a nuestros colaboradores? ¿Y una buena carcajada?
Esto se refleja claramente en el ejemplo que vimos de Mónica. Cuando ella se puso de mal humor porque tenían que quedarse trabajando hasta tarde, su equipo se contagió. En cambio, cuando decidió que, ya que tenían que hacerlo, era mejor hacerlo de buenas, eso también se transmitió al resto.
Los niños están mucho más dispuestos a reírse que los adultos, y deberíamos intentar imitarles porque según varios estudios, los adultos que tienen una actitud positiva y de buen humor son más espontáneos, más curiosos y más creativos, tienen mayor capacidad de tomar la iniciativa y son más abiertos mentalmente. En general, tienen más facilidad para superar las dificultades, para buscar el lado positivo de las cosas y para encontrar soluciones originales.
Los hijos valoran mucho el buen humor y la alegría de sus padres y un equipo que trabaje con buen humor, aunque trabaje mucho, lo hace de forma más creativa. La ilusión les permite trabajar más y ahorrar una energía que, de otro modo, se vería reducida por el estrés.
«Jugando a ser el directivo perfecto, el padre perfecto, he hecho la vida imposible a mucha gente. Soy imperfecto, por eso es tan importante el humor», dice Santiago Álvarez de Mon en su libro ya citado.
Como explican Jesús Damián Fernández Solís y Eduardo Jáuregui en www.humorpositivo.com, el sentido del humor siempre ha sido un gran aliado de los empresarios, políticos, comunicadores y profesionales más brillantes. El buen humor y el trabajo no están, en absoluto, reñidos, sino todo lo contrario. En mis clases, cuando explico esto, siempre pongo el ejemplo de las oficinas de Google, y les enseño fotos a los alumnos. En
ellas se ve el tobogán que tienen para bajar de una planta a otra, estancias con karaokes, futbolines y mesas de billar, salas de reuniones con forma de cabina de teleférico o de iglú... y en cambio, sus resultados y su crecimiento son espectaculares.
Pero todavía existe la cultura empresarial del trabajo «duro y gris» y muchas personas siguen evitando el humor en su entorno laboral. Los descubrimientos científicos recientes sobre los beneficios del humor están cambiando esto. En Estados Unidos, en Europa y en muchos otros países, los libros y cursos sobre el humor en el trabajo son cada vez más frecuentes y muchas empresas importantes ya integran el humor en sus programas de formación, o incluso tienen en cuenta lo positivo que sea el ambiente laboral en las distintas áreas para la retribución de sus directivos.
Por todo ello, si conseguimos potenciar el sentido del humor en nuestra empresa, eso nos proporcionará una gran ventaja competitiva, ya que mejora el ambiente laboral, incrementa la productividad y el sentido de pertenencia
Según un estudio realizado por las científicas Rothbard y Wilk, tanto un estado de ánimo positivo como negativo afectan a la productividad del trabajador, pero el efecto causado por el buen humor es mucho más poderoso. También descubrieron que el humor con el que se llega al trabajo tiene un efecto mayor sobre el estado de ánimo del resto del día — y sobre los resultados que se obtienen— que los cambios de humor provocados por hechos puntuales que suceden a lo largo del día en el trabajo.
Rothbard sugiere que se podrían mejorar los resultados de una empresa ayudando a los empleados a sobrellevar las cosas que les ocurren en sus vidas privadas y afectan a su estado de ánimo, como por ejemplo, aconsejando a los empleados cómo minimizar las molestias asociadas al transporte diario u ofreciendo asesoramiento para resolver problemas familiares.
También insisten en que «los ámbitos no laborales y laborales son permeables, y el humor a menudo se desborda del uno al otro», por lo que
el tipo de día que hayamos tenido en el trabajo también nos afectará en cuanto al humor con el que llegaremos a casa.
Cuanto más positivos seamos en ambos sitios, mejores resultados tendremos también en ambas funciones, las relaciones con los hijos y con los empleados serán más fluidas y esto nos ayudará a sentirnos más plenos. Además, el buen humor mejora la salud.
«Unas buenas carcajadas movilizan gran parte de la musculatura corporal, favorecen la circulación sanguínea, refrescan de oxígeno los pulmones, favorecen la digestión con un masaje a los órganos internos y relajan el sistema nervioso. Incluso hay estudios que sugieren que reírse estimula el sistema inmunológico y genera endorfinas.
»También existen pruebas de los beneficios del humor para la salud mental. A corto plazo, la risa y el humor reducen las emociones negativas y aumentan el bienestar subjetivo. Y a largo plazo, existe una asociación estadística entre el sentido del humor (o más bien, los estilos de humor positivos y no los agresivos o los autodestructivos) con diversos indicadores de salud mental: mayor autoestima y bienestar psicológico, menor depresión y ansiedad. Incluso se ha demostrado que el humor estimula capacidades cognitivas asociadas a la creatividad y al aprendizaje.»[22]
22. Jesús Damián Fernández Solís y Eduardo Jáuregui. Humor positivo. www.humorpositivo.com
En definitiva, se puede afirmar que el humor reduce el estrés, potencia la salud y las capacidades mentales y al menos indirectamente puede influir positivamente sobre la salud física a largo plazo.
El ser humano es el único ser vivo que puede reírse.
¡Ríete!... cuando estés solo o con los demás, de ti mismo... y recuerda que nunca se hunde el mundo, aunque a veces creamos que sí.