3 BUSINESS INTELLIGENCE 26
3.3 Framework for business intelligence in management control 48
el contacto es bueno y necesario, y se dedican a tomar contacto con el mayor número posible de personas. Esto, en algunos casos, puede desarrollar la capacidad de hacer contactos, pero, en general, este tipo de contactos carece del afecto auténtico y genuino que caracteriza a un contacto más real. Véase la figura 4.11.
Figura 4.11. Contacto por el contacto mismo.
FORMAS MÁS COMUNES DE INTERRUMPIR EL CONTACTO
A continuación vamos a revisar algunas de las formas más corrientes de interrumpir el contacto, y a proponer algunos ejercicios para corregir estas interrupciones, después de habernos dado cuenta de ellas. Veamos las formas más corrientes de interrumpir el contacto a través del órgano de la vista:
• No mirar. Evitando continuamente el trato directo con la mirada. Hay que ver para qué nos sirve esta actitud y qué tratamos de evitar con ella. La mayoría de las veces la gente piensa que si ellos no miran a los otros, los otros no los mirarán a ellos. La vergüenza es otro sentimiento que interviene a la hora de evitar mirar o que nos miren.
80
MAIOR
-• Mirar sin ver. Esta es una actitud bastante extendida. Si preguntamos
a alguna persona que nos diga y nos describa las características de un lugar que hace poco que ha visita do, es muy probable que no pueda darnos gran cantidad de datos al respecto, precisamente por este mirar sin ver. Véase la figura 4.12.
Figura 4.12. Mirar sin ver.
• Clavar la mirada rigidizándola. Esta forma se parece a la de mirar sin ver, pero aquí se añade el componente de rigidez. Se produce frecuen- temente cuando se asocia a la tarea el tener que hacerla de una manera determinada. Véase figura 4.13.
Figura 4.13. Clavar la mirada rigidizándola. M a n u a l p r á c t i c o d e p s i c o t e r a p i a g e s t a l t
EJERCICIOS PARA RESTABLECER EL CONTACTO
Existen una serie de ejercicios destinados a restablecer el contacto, que a la vez nos sirven para detectar las zonas en que se producen dichas interrupcio- nes y bloqueos. Entre otros, existen los siguientes:
• Mirar intencionadamente y ver qué es lo que nos prohibimos mirar. A veces nos prohibimos mirar determinadas zonas corporales, o disfrutar con la mirada, a la que se le da un carácter negativo –morboso, indecen- te, provocativo, etc.– aunque és tas no son las únicas prohibiciones. • Mirar y ser vistos, “Mirar y dejarse mirar”. Este ejercicio se puede
realizar sentados o en movimiento, aunque es conveniente hacerlo de las dos formas para experimentar y vivir ambas opciones. La primera tiene la ventaja sobre la segunda de que al hacerse quietos hay menos probabilidades de desviar la mirada sin darse cuenta de algo que se está experimentando. Y la segunda, sobre la primera, tiene la ventaja de que las posibilidades de mirar al otro son mayores y más variadas. Además el movimiento da mayor soltura y ofrece más posibilidades de experi- mentación. Véase la figura 4.14.
Figura 4.14. Mirar y dejarse mirar.
• Elegir y rechazar a través de la mirada. Lo haremos dándonos cuen ta de lo que sentimos al realizarlo.
• Experimentar con distintos tipos de mirada. Miradas suplicantes, agre- sivas, dominantes, indiferentes, tristes, alegres, receptivas, etc.
• Exponerse a las miradas de los demás mientras nos miran.
E l c o n t a c t o
82
MAIOR
Con respecto al órgano del oído, y más concretamente con respecto al escu- char, interrumpimos el contacto de las siguientes maneras:
• Elogiando de labios para afuera. Cuando en realidad se desprecia a aquella persona de la que estamos hablando, o simplemente nos es indi- ferente. Véase la figura 4.15.
Figura 4.15. Elogiando de labios para afuera.
• Cuando partimos de puntos de vista preestablecidos –creencias, intro- yectos–, nos impedimos escuchar los puntos de vista del otro de una forma abierta y relajada. En estas ocasiones estamos esperando a que el otro diga cualquier cosa que esté en contra de lo que nosotros pensamos, para saltar y atacar por ese flanco sin escuchar el resto de las cosas que dice.
• Cuando estamos en una actitud de cazadores, para ver dónde y en qué se equivoca el otro, en lugar de dialogar y permitirle exponer sus puntos de vista.
• Cuando únicamente escuchamos o recordamos las críticas pero no las
alabanzas. Seleccionamos una parte de la conversación en vez de estar
atentos al todo. Véase la figura 4.16.
Figura 4.16. Escuchar sólo las críticas.
• Los que oyen sólo los detalles. Censuran el fondo en aras de la estética o de la perfección. Véase la figura 4.17
Figura 4.17. Los que oyen los detalles.
• Los que oyen simplificando las cosas. Es el opuesto del anterior. Para él los detalles carecen de importancia. Véase la figura 4.18.
84
MAIOR
Figura 4.18. Simplificar las cosas.
He aquí alguno de los ejercicios que se emplean para mejorar el contacto a través del escuchar:
• Concentrarse no en las palabras, sino en la musicalidad de las pala-
bras, en el tono o el timbre.
• Repetir lo oído para ver si se ha fijado en los deta lles y si ha captado
el conjunto.
• Esperar a oír y escuchar todo lo que tiene que decir la otra persona, sin interrumpirla antes de acabar.
Con respecto a la voz es conveniente:
• Fijarse en cómo son los tonos, si son monótonos o musica les.
• Ver cómo la persona utiliza el aire. Si sobrecarga las cuerdas vocales o si la voz es un hilo que se va diluyendo a medida que la persona habla. • Observar si aumenta o disminuye el tono de voz a medida que trans-
curre la conversación, o si esto lo hace en función del contenido de lo
que dice y de los afectos que lleva implícito aquello que dice.
Con respecto a las palabras conviene:
• Notar cómo a veces “el contenido o rollo” en sí es un truco para no esta- blecer contacto. Esto ocurre a veces con los ora dores o con las personas que están más pendientes de la forma en que dicen las cosas que de lo que dicen.
• Ver cómo algunas personas repiten reiteradamente las ideas, porque en realidad muchas veces no tienen nada que decir, y el hablar les sirve para llenar los vacíos que sienten durante los silencios.
• Prestar atención al “sí... pero...”. Perls (1975) hacía caso omiso de lo que antecedía a un pero, ya que el poner un pero detrás de una afirmación es una forma de borrar lo dicho anteriormente. Notad la diferencia entre de cir:
Sí ...pero...” Sí ... y ...”
Decir “me gustaría ir contigo al cine, pero no puedo porque tengo que estudiar” es bien diferente a decir “me gustaría ir al cine contigo y (elijo) que- darme a estudiar”. Con este simple cambio hacemos que la persona se haga responsable de su decisión y no le eche la culpa al estudio. Efectivamente, hay una elección de la cual me responsabilizo. A menudo tenemos varias opciones entre las que tenemos que elegir, y casi siempre lo hacemos en función de unas prioridades. En este caso, si quiero aprobar mi examen, elijo quedarme a estu- diar y tal vez quedar contigo en otra ocasión para ir al cine. Asumo mi poder de elegir, y no le echo la culpa al estudio. Simplemente le doy prioridad a uno, y le hago esperar al otro deseo o necesidad. Véase la figura 4.19.
86
MAIOR
Figura 4.19. Prestar atención al “sí... pero...”
• Transformar las preguntas en afirmaciones, y darse cuenta de la dife- rencia y de las capacidades que se ponen en juego. Además, toda pre- gunta lleva implícita en sí misma una res puesta, que el que pregunta se guarda para después contrastar con la que recibió. Esta actitud puede ser muy tramposa. La pregunta se puede realizar como una forma de poner a prueba al que responde o para pelearse con él. Bastante a menu- do las preguntas no se formulan para pedir información. Hay demasia- dos cazadores dispuestos a dejar en ridículo al conferenciante de turno. ¿Razones para estas actitudes? Evidentemente, lo primero que sobresale es un intento de colocarse por encima del otro, y después los rasgos nar- cisistas del que hace este tipo de preguntas con esa finalidad.
Con respecto al tocar:
Existen formas de conducta que evitan el acercamiento o el contacto direc- to con otras personas. El tabú del contacto ha sido una de las grandes trabas que ha sufrido la humanidad, con diferencias más o menos notables entre los distintos países. Podemos ver estas limitaciones a nivel de contacto en las siguientes situaciones:
• Darnos cuenta de cómo evitamos el contacto en la vida cotidiana. Ver cómo y cuándo nos alejamos o nos acercamos.
• Averiguar el significado de los contactos que hacemos y de las distan-
cias que marcamos. Por ejemplo, cuando nos sentamos en los lugares
públicos, como puede ser el autobús o el metro. O cómo lo hacemos entre personas que conocemos.
• Ver qué tipo de contacto evitamos, si tocar o que nos to quen.
• Darnos cuenta de si preferimos el contacto con personas de un sexo o
de otro.
Para este nivel de contacto utilizamos ejercicios tales como: