Dominican Republic
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La labor de la biblioteca desde comienzos de su historia ha estado vinculada con la
manera escrita. Esto de entrada implica que la biblioteca tiene como objeto de
trabajo la información, que ―se produce por las prácticas del leer y del escribir dentro de universos simbólicos amplios determinados por las particulares conformaciones
de cada época‖ (Álvarez, 2009:7). En este sentido, no solo tiene tareas en torno al libro como objeto que requiere organización, clasificación, conservación y
divulgación, sino que tiene roles qué cumplir en cuanto es una mediadora entre las
prácticas de lectura y escritura, como fuentes de información y como activadoras de
la producción de conocimiento, en unos contextos sociales, históricos y culturales en
los cuales está inmersa.
Por lo anterior, la biblioteca también es una herramienta de poder y de
disciplinamiento social, es decir, ―un motor de cambio inducido desde arriba, desde
las elites, instituciones o estados‖ (Mantecón, 2010:263). Esto se da en la medida en que la biblioteca puede llegar a un grupo social, difundir una cultura letrada y con
ella contenidos que por principio tienen ya una ideología, la del autor que lo escribe.
A su vez, establece unas normas que regulan estas prácticas: qué, quién, cómo,
dónde y cuándo se lee son criterios que están en potestad de la biblioteca.
En su ejercicio del poder, la biblioteca, al tener que seleccionar las obras que
conforman sus colecciones, se debate entre lo exhaustivo y lo esencial, como indica
Chartier (1996:75). Es decir, entre tratar de tener el máximo de todos los temas y
materiales posibles o seleccionar y decidir lo que no puede faltar, lo que es
necesario y lo que no es indispensable, atendiendo a su misión institucional, a sus
son las colecciones que deben estar, qué servicios son básicos o complementarios
y establecer el grado de interacción con las personas, entre otras decisiones,
marcan una perspectiva de la biblioteca.
Si bien la biblioteca ejerce un poder desde la cultura letrada como difusora de la
misma, no podemos desconocer que tiene también un potencial para hacer de estas
prácticas un bien público, disponibles para todos sin distinciones. En este sentido,
Petrucci plantea que la biblioteca se debate entre las posibilidades de ejercer un
poder restrictivo o un ejercicio más público de los derechos de acceso a una cultura
letrada (Petrucci, 1999:266).
La biblioteca se convierte en espacio de socialización y práctica de la lectura y la
escritura, muchas veces ligada a procesos educativos como apoyo a la escuela. Su
papel en la alfabetización, más que centrarse en el aprendizaje de habilidades de
lectura y escritura, se orienta a la formación de habilidades para el uso de la
información a la que se puede acceder en una cultura letrada. En un sentido amplio,
alguien alfabetizado es el que usa la lengua escrita para participar en el mundo
social (Kalman, 2003:39). En este sentido, programas de promoción de lectura y de
capacitación para el uso de fuentes de información hacen parte de las acciones de
la biblioteca para contribuir a la alfabetización.
La biblioteca actúa también como medio de difusión, a través de la cual circulan
determinados textos y contenidos, y desde donde se promueve la lectura y la
prácticas de manera individual y compartida o en grupo, como el café literario.
Además, tiene programas de promoción de la lectura que son estrategias
importantes para atender los intereses y necesidades de distintos usuarios. Vale la
pena resaltar que, en esta labor de difusión, la biblioteca diseña mecanismos para
que el usuario llegue a ella, pero a su vez busca llevar el libro y la lectura hasta
donde está el usuario. Es así como han creado servicios de extensión como visitas
a los hospitales o trabajo con centros penitenciarios.
Por otra parte las bibliotecas, al menos algunas como las nacionales, actúan como
centros de conservación de las publicaciones del país o región, y en esta medida
son el testimonio de la producción escrita y las fuentes de lectura de un pueblo.
Cobra especial importancia, a mi parecer, en la biblioteca pública para el caso de los
libros, folletos y prensa que se producen localmente y que, como lo afirma Petrucci
(1999:29), son la posibilidad de preservación de la producción de los subalternos, en
este caso de quienes no están dentro de los canales comerciales del libro, ni
acceden a espacios de gran circulación en el mercado editorial.
Las bibliotecas, como espacio de circulación de libros, se convierten también en
canales importantes para el sector editorial, especialmente las del Estado. Estas,
son centros de adquisición y por tanto de apoyo al sector editorial, aspectos que son
más visibles en el marco de los programas públicos de lectura y escritura con los
que se promueve la dotación de un gran número de bibliotecas. La apuesta por la
Francisco José de Caldas, es un ejemplo de esto, ya que durante su desarrollo el
Distrito invirtió importantes recursos financieros en la compra de colecciones.
Aquí, las bibliotecas libran una serie de tensiones con el sector del libro, pues
actúan en un campo comercial, donde entran en juego temas de oferta y demanda
que incluyen aspectos como mecanismos de compra, costos y oferta editorial vs.
necesidades de los usuarios, entre otros.
Las bibliotecas se ven también afectadas por los cambios en las formas de
producción del libro y en las nuevas prácticas de lectura y escritura que se generan.
En este contexto, las bibliotecas se van adaptando en el trascurso de la historia para
atender estas transformaciones. Este es el reto que tienen hoy: solo en Colombia
hay un gran número de proyectos de digitalización, desarrollo de bibliotecas
digitales, y editoriales especializadas en la publicación y venta de este tipo de obras,
así como es una meta del gobierno llevar al mayor número de bibliotecas
municipales el servicio de conectividad a internet.
Dichos cambios generan, como lo mencioné anteriormente, nuevos lectores que
requieren de servicios, infraestructura y personal adecuado, pero que además,
deben afrontar una nueva necesidad de alfabetización para el desarrollo de
habilidades y conocimientos que les permitan acceder a estos soportes y medios de
Es importante precisar que un punto de partida para que las bibliotecas puedan
empezar a asumir su rol como espacio de prácticas de la lectura y la escritura, es
cumplir con dos condiciones materiales que son disponibilidad y acceso. La primera
implica contar con colecciones para consulta y con la infraestructura adecuada para
permitir su uso. La segunda está relacionada con brindar a los usuarios
posibilidades para participar en prácticas letradas, no solo individuales, sino con
otras personas en donde se ponen en juego las habilidades para interactuar con
otros (Kalman, 2003:39).
Finalmente, el rol de la biblioteca, como espacio de ejercicio y difusión de las
prácticas letradas, se ha incorporado a conceptos y directrices institucionales y
académicas para bibliotecas públicas, como se verá en el siguiente apartado. En
algunos de esos conceptos, la lectura aparece de manera explícita, mientras que la
escritura está implícita, en el rol de la biblioteca de permitir el acceso a la
información y al conocimiento, y de promover la lectura.