Los años 60’s será el período de lo ‘clásico marginal’ en la literatura; los personajes adquieren un renombre en lo sublime de su pasiones; pertenecen a una mitología de la noche como en Los Tres tristes tigres de Cabrera Infante (1964), que hace de su mundo literario un mundo ante todo popular
En el sentido de ubicuo, nocturno, inescapable. En el caso de Manuel Puig se recurre a una mitología cinematográfica: “En La traición de Rita Hayworth, Puig describe un fenómeno también popular y masivo: la implantación de la modernidad a través del cine, que entre los años treintas y cuarentas destruye el orden monótono y el cúmulo de las reiteraciones (Monsivais, 2000: 34).
Así, millones de personas transitarán hacia una modernización inevitable y la literatura, como parte de esa realidad, también aportará en la nueva configuración de lo popular, que desde ahora será la de lo popular de masa.
Entonces lo cotidiano tan cerca de lo popular como “compenetración devocional con la pantalla”, trae a cuento la reelaboración del sonido popular al estilo de Luis
Rafael Sánchez en La guaracha del macho Camacho (1976), o La Importancia de llamarse Daniel Santos (1988).
Lo cotidiano es también el heroísmo del esfuerzo aunque inútil o fallido, la reivindicación de lo popular sin condescendencias, lo real heroico, “todas las desdichas menos una: la pérdida de realidad”, en Las Glorias del Gran Púas, de Rubén Olivares (1977), o Hasta no verte Jesús mío, de Elena Paniatowska (1969). De esta manera, poco a poco la literatura se reconcilia frontalmente con los gustos populares, y la tecnología será el punto de encuentro de este fenómeno. Todo se vuelve popular y masivo.
El capitalismo, sobre todo el dependiente con fuertes raíces indígenas, no avanza eliminado las culturas tradicionales, sino apropiándose de ellas, reestructurándolas, reorganizando el significado y la función de sus objetos, creencias y prácticas...A fin de integrar a las clases populares en el desarrollo capitalista, las clases dominantes desestructuran las culturas étnicas, de clase y nacionales, y las reorganizan en un sistema unificado de producción simbólica, regido por una lógica mercantil. Para lograrlo, separan la base económica de las representaciones culturales, quiebran la unidad entre producción, circulación y consumo, y de los individuos con su comunidad. En un segundo momento, o simultáneamente, recomponen los pedazos subordinándolos a una organización transnacional de la cultura correlativa de la transnacionalización del capital (García, 1982:13)
A su vez la cultura popular continúa su proceso en oposición a la cultura dominante o hegemónica de tal manera que se define no por una esencia a priori sino por las estrategias diversas con que construye sus posiciones como sector subalterno.
...en la masificación de las ciudades, antes de que masa designe a los medios de comunicación, masa ha designado a las ciudades que se llenan de gente, donde las mayorías se sienten con derecho a una vivienda digna, a un salario justo, a diversión, a educación, a salud. De manera que masificar era acabar con una sociedad de castas elitarias completamente segmentada, de una ciudad en la que las mayorías vivían en los espacios marginales, unas mayorías que toman el centro de la ciudad, que invaden los hospitales, que invaden los colegios. No se podía superar una vieja sociedad tan elitaria sin masificar la educación, sin masificar la salud. El primer sentido del proceso de
masificación es la presencia social, la visibilidad social de las masas que posibilitarán los populismos. El segundo período es el desarrollista de los años 60, en el cual “masa” ya designa mucho más a los medios mismos de masificación que a las masas que toman la ciudad (Martín,1995: 47).
En esta reconciliación entre la alta cultura y la cultura popular, en esta fusión constante de los dos “adversarios ancestrales”, bajo una literatura impetuosa, desenfadada en lo sexual y otros comportamientos proscritos o vocabularios ilícitos resurge el periodismo sensacionalista, y crecen los tabloides de este tipo. Pero habrá otros géneros nuevos o novedosos afincados en lo popular, de acuerdo con la enumeración que hace Monsivais en Aires de Familia, y que resumimos así:
- El thriller: subgénero distinto a la novela policial clásica, porque aquí en rigor no importan las dotes detectivescas.
- La experiencia femenina como perspectiva novelística (Silvina Ocampo, María Luisa Bombal, Teresa de la Parra, Elena Garro, Rosario Castellanos, Clarise Lispector).
- El regreso de la novela histórica. En años recientes un género fundado en la nostalgia de lo que se desconoce, se intuye o se ha vivido fragmentariamente La novela de Perón y Santa Evita, de Tomas Eloy Martínez (1985); Noticias del imperio, de Fernando del Paso (1987); Tinísima, de Elena Poniatowska (1992).
- La reelaboración del Kitsch. La ironía de las falsas virtudes.
- La literatura de la experiencia homosexual. Severo Sarduy De donde son los cantantes (1967), y Manuel Puig El beso de la mujer araña (1983). La experiencia proscrita por la moral tradicional “ansiosa de invisibilizar lo que no comprende”.
¿Cuánto de toda esta novedad o reconfiguración del campo artístico se dará en la prensa considerada sensacionalista? No olvidemos que el sensacionalismo no es un término en sí negativo, ningún texto que no expanda su proyecto hacia otras latitudes, en este caso el periodismo, se califica desde el sensacionalismo. Este es un término aplicado negativamente, hasta hace poco, sólo al periodismo, hoy tiende a romper este margen y a cuestionar nuestras matrices de interpretación.
La hibridez parece definir este cambio hacia la modernidad en América Latina. “Cultura híbrida” como le llama García Canclini para entender que en nuestro contexto lo tradicional, lo moderno, lo culto, lo popular y lo masivo no poseen un lugar fijo, no son una esencia sino un juego de oposiciones, y en ese juego se encuentra lo sensacionalista.
5. LO POPULAR Y LA CULTURA DE MASAS