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De la primera guerra mundial surge el intento de pasar del uni- bilateralismo al multilateralismo de las relaciones internacionales. Se crea la Sociedad de Naciones (1919) con el fin de garantizar la paz y la seguridad pero el peso de los Estados nacionales es aún fuerte y lleva el mundo a la segunda guerra y sus holocaustos en la civilizada Europa, centro del dominio mundial. La voluntad de reconstruir imperios expansionistas basados en la propia supe-

rioridad militar y étnica (nazi-fascismo) como Estado-Nación es derrotada por una alianza multinacional. La política del horror abre el paso a una nueva era. El sistema anárquico de islas absolutas con la exclusividad del uso de la fuerza interna y externa y con una intocable jurisdicción doméstica revela todos sus límites y riesgos. Entra en crisis el sistema mundial basado en el principio de Estado nacional soberano absoluto.

Queda claro que para prevenir y evitar la guerra y para garantizar la paz y la seguridad mundial se requiere un pacto político de convivencia entre las naciones así como las pequeñas sociedades se rigen por un pacto social como lo concibieron Locke, Hobbes y Rousseau. Cada Estado renuncia a ejercer aisladamente parte de su soberanía y decide coejercerla en órgano colectivo mediante un contrato (Tratado). Nace así la Organización de las Naciones Unidas con la Carta de San Francisco del 1945. Se pasa del unilateralismo y bilateralismo (alianzas de poder) al multilateralismo relacional. De la depen- dencia a la interdependencia pacífica. El propósito fundamental de la ONU es Mantener la paz y la seguridad mundial. Para ello adopta un método que es el de la solución pacífica de las controversias y sobre todo la prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas (art. 2.4 Carta ONU). Sin embargo, las relaciones siguen siendo dominadas por los intereses de los Estados y sus políticas exteriores así lo demuestran. Cada Estado implementa su propia política exterior buscando maximizar sus intereses económicos y comerciales en la escena mundial. La alianza que había derrotado al nazi-fascismo se divide según dos visiones políticas y económicas del mundo. Se crean los dos bloques con sus respectivas áreas de influencia política entre capitalismo de Occidente (USA-Europa) y socialismo de Oriente URSS-Asia-Medio Oriente). Se trata de un Multilateralismo bipolar que se traduce prácticamente en otro modo de bilateralismo diplomático dado que los tomadores de decisiones siguen siendo dos actores (USA-URSS). Cada polo confía en el propio poder te- miendo el desconocido poder del otro. Esto explica el rol determinante de los servicios secretos y del espionaje que ha enriquecido y/o envilecido la filmografía mundial. Cada polo crea su propio aparato militar de seguridad (OTAN 1949 y Pacto de Varsovia 1955). Pero aun así se negocia y se dialoga para, en el temor, garantizar la seguridad planetaria. Se había pasado de la

política del horror (Primera y Segunda Guerra Mundial) a la política del temor (Guerra Fría). Para llegar hoy a la política del terror (Guerra preventiva).

En los años 60 la escena mundial se enriquece de actores con el proceso de descolonización de los países africanos y asiáticos. Surgen nuevas relaciones y nuevas exigencias. Promovido por la India de Nehru, Egipto de Nasser y la Ex - yugoslavia de Tito se crea la alianza de los países no alineados respecto a los dos bloques, que en su mejor momento llegó a agrupar a 113 países (hoy son 53). En 1964 los Países en Vía de Desarrollo forman el Grupo de los 77 (hoy cuenta 133 países).

En este contexto, Latinoamérica sufre el peligroso juego de las áreas de influencia y la política del temor se traduce en prácticas de horror nazi- fascista para asegurarse el control como área de influencia. Los años 60 representan el ápice de la tensión bipolar. Con el triunfo de la Revolución cubana (1959) Latinoamérica y Caribe se convierten en laboratorio caliente de la guerra fría. En el 1962 la crisis de los mísiles soviéticos en Cuba pone en jaque al mundo. La crisis fue, por fortuna, hábilmente manejada por Kennedy y Kruschev. Pretextando el temor a la difusión del comunismo en su más cercana área de influencia Usa restaura la Doctrina Monroe y elabora la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN) basada en el concepto de “enemigo interno” que llegó a legitimar la práctica de la tortura y la desaparición física del adversario político. Inaugurada con el golpe militar del 1964 en Brasil y cerrada en el 1988 con la derrota de Pinochet en su referendo. La DSN entrega el poder político a las dictaduras militares en el continente (salvo algunas excepciones) que producen el escalofriante fenómeno de los desaparecidos. En el 1989 los alemanes orientales derriban el muro divisorio del mundo que había sido creado en Berlín. El reformista Gorbachov lo permite y en 1991 se disuelve totalmente la URSS naciendo la Comunidad de Estados independientes. Con ella se disuelve también el Pacto de Varsovia. La OTAN hubiera tenido que disolverse y en cambio empieza a cooptar a los países del Este.

Con la caída de los bloques en el 1989 salta también la dosis de seguridad internacional garantizada por la guerra fría y nacen y se difunden los conflictos internos que generan migraciones masivas tanto en los ámbitos nacionales

como a escala internacional. Tales migraciones tienen causa económicas y políticas y adquieren dimensiones cada vez mayores llegando a ser vistas ellas mismas como amenaza a la seguridad mundial. El incremento de las desigualdades y de la difusión de la pobreza en algunas áreas del mundo se suma a viejas causas políticas que siguen desestabilizando el mundo como la causa Palestina que se agudiza cada vez más a partir de la creación del Estado de Israel (1948), luego con las sucesivas guerras e intifadas hasta hoy. El triunfo de la visión occidental del mundo y su política prometía un refuerzo del multilateralismo democrático y pacifista. Sin embargo no fue así. Poco después Irak invade Kuwait y Usa logra hacerse autorizar por la ONU para guiar una coalición contra Irak. Además de volver al permanente riesgo de guerra entre Estados se multiplican los conflictos entre facciones políticas, étnicas y religiosas dentro de los Estados. La misma Europa asiste al dramá- tico conflicto entre las repúblicas de la ExYugoslavia y luego a la tragedia del Kosovo. Así mismo, explota el conflicto interétnico en los Grandes Lagos (Rwanda y Burundi) que motivan la creación de los Tribunales penales ad hoc. El continente africano es escenario de otros grandes conflictos como exZaire, Liberia y Sierra Leona y últimamente en Sudán. A estos conflictos la Comunidad Internacional genera respuestas inadecuadas y entrega peligrosa- mente su mandato fundamental de restablecer la seguridad mundial a otros organismos no democráticos y de carácter militar como la OTAN. La misma ONU viola con frecuencia su propio estatuto. Esto evidencia la insuficiencia de los instrumentos internacionales para responder al nuevo cuadro clínico planetario. Usa aprovecha tal vacío y se repropone como único gendarme del mundo iniciando así un proceso de frenada del multilateralismo que venía tomando fuerza. Esto representa, un freno también, a la evolución de la política internacional y del derecho internacional público que había dado vida a múltiples tratados, muchos de ellos constitutivos de Organizaciones Internacionales con carácter democrático como la Organización de Estados Americanos, la Liga de Países Árabes, el Consejo de Europa, la Comunidad Económica Europea que evolucionaría en UE (1992), la Organización para la Unidad Africana (OUA 1963) que evolucionaría en UA (2000), Association of Southeast Asian Nations (Asean, Bangkok 1967), el Acuerdo de Heksinki (1975) que se convertiría en Organización para la Cooperación y la Seguridad europea Ocse (1989), y otras. Esta galaxia de actores regionales se agrega al

universo de las agencias, institutos especializados y programas especiales del sistema ONU y al sistema de Bretton Woods del 1944 (BM y FMI). Este orden político mundial basado en el multilateralismo y que evolucionaba hacia el multipolarismo sufre una brusca frenada.Los actores se encuentran ante un nuevo y peligroso reto unipolar que puede hacer involucionar a todo el sistema fatigosamente construido. ¿Cómo garantizar la paz y la seguridad planetaria en este nuevo escenario sin favorecer un monopolio estatal?

Sabemos bien que no existe una sola percepción de la paz y de la seguridad. Existe cuanto menos una paz blindada con la fuerza que garantiza el orden y una paz con justicia internacional, democracia y derechos humanos como anhelo en construcción.¿Cómo reforzar el multilateralismo recién nacido y ya tempranamente puesto en crisis por una potencia? ¿Cómo sostener la triangulación entre crecimiento económico, cohesión social y democratización?

Entre los intentos de respuesta por parte de las distintas escuelas de relaciones internacionales, focalizamos la Escuela cosmopolita de Habermas, Rawls y la Escuela constructivista de Keohane. En estrecha síntesis podemos decir que tales escuelas, a pesar de sus diferencias, concuerdan en que la Carta de la ONU contiene ya los principios fundamentales del Nuevo Orden Político Internacional y del Nuevo Orden Jurídico Internacional. Tales principios constituyen el germen de lo que podría devenir en una Constitución política mundial fortalecida con la evolución del Derecho Internacional. Se trata del marco político y jurídico del Nuevo Orden Internacional.

Por desgracia el avance del multilateralismo y del derecho internacional público aplicado sobre todo a los derechos humanos y al derecho interna- cional humanitario (Ius in bello) sufre una abrupta frenada con las medidas tomadas a partir del atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001. De hecho, Usa emana el documento “La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos de América” que no sólo recorta las liber- tades fundamentales de los ciudadanos estadounidenses sino que extiende tales límites al entero universo. La idea de que tal atentado es contra toda la comunidad internacional parece legitimar a los Estados Unidos para perseguir el terrorismo y los “Estados canallas” en cualquier lugar y con

cualquier método. Esto significa cancelar el avance del Derecho Interna- cional y los aportes de convivencia iniciados con la ONU y reforzados por las otras Organizaciones Internacionales como la Organización de Estados Americanos y la Unión Europea. Sobre todo, viola la prohibición del uso de la fuerza para afrontar las crisis internacionales (art. 2.4 Carta ONU). Según la “Doctrina Bush”, el apoyo al terrorismo internacional y la posesión de armas nucleares y químicas de destrucción masiva configurarían amenazas tan graves a la seguridad internacional que legitimarían una acción militar contra un Estado, incluso antes de que tuviera lugar un ataque contra el pueblo o el territorio USA.

Es así como se introduce la “Doctrina de la guerra preventiva” condenada por el Derecho Internacional. Despoja al Consejo de Seguridad de la ONU de su facultad de decidir las medidas que se adoptan en caso de amenazas a la paz mundial en sintonía con la Carta ONU y con el Derecho Internacional y, prácticamente, otorga tal facultad a la OTAN. USA decide combatir el terror con el terror, generando así una cadena de violencias sin fin y desconocien- do las prescripciones del sistema mundial para combatir el terrorismo en

el marco del Derecho Internacional1. Es la política del terror que expone el

mundo a una guerra étnica o religiosa entre Occidente cristiano y Oriente musulmán. Esta representa de por sí la más grande amenaza a la paz y a la seguridad mundial. El único caso en el que el Derecho internacional permite el recurso a la fuerza por parte de un Estado contra otro es por legítima defensa y a condición de que sea inmediata, legítima y proporcional a la agresión sufrida.

2.4. Hacia un nuevo orden político internacional

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