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From Multipotent Stem Cells to Early Lymphoid Precursors

In document Hematopoietic Stem Cell Biology (Page 113-116)

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Objetivos

Observar la producción concerniente a la LIJ latinoamericana. Objetivos de aprendizaje / competencias

Conocer autores que han consignado su interés en el tema.

Presentar algunas obras que trabajan la temática en cuestión.

Explicitar la presencia del tema en el panorama literario latinoamericano.

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Desarrollo temático

Componente motivacional

El disfrute que representa conocer algunas obras destinadas a la temática infantil dentro de las obras que ofrecen algunos autores latinoamericanos representa una mayor cercanía respecto al tema que ocupa el módulo. En las obras que aquí se destacan se puede observar la inminencia de nuestro pensamiento, costumbres, visiones sobre el mundo que nos son propias.

Recomendaciones académicas

El recorrido que presenta la cartilla, aunque apenas constituya el comienzo de la ruta en la cual figuran muchos y muy valiosos autores que destinan su esfuerzo en el campo de la escritura literaria para los niños y niñas, sí perfila la existencia de variados trabajos sobre el tema. Será entonces el estudiante quien se encargue de ahondar en la búsqueda tanto de autores como de las obras que lo introduzcan en un conocimiento más completo.

Literatura infantil en Latinoamérica

Después de ingresar en una corta etapa de sensibilización frente al género narrativo y el género poético concerniente a la LIJ en el ámbito mundial, mediante la presentación de autores que los entendidos han con- templado cardinales presencias dentro de la perspectiva temática de la infancia, del sentimiento infantil o escrita para los niños, de acuerdo al abordaje por el que cada uno optó en su momento, se procederá a dar un vistazo por las incursiones y resultados más visibles de la LIJ en Latinoamérica.

Si se observa con cuidado, una preocupa- ción renuente a hacerse a un lado en la lite- ratura de todo el territorio latinoamericano, es la de clarificar y plasmar una visión que refleje la certeza sobre la identidad. Y esa certeza se cifra en el reconocimiento del mestizaje que cimenta los pueblos latinoa- mericanos. Ejemplos de ese mestizaje pue- den encontrarse muchos, pero concreta- mente en el caso de América Latina, donde tres variantes culturales son evidentes “los mitos indígenas, desafortunadamente em- pobrecidos por el adoctrinamiento de los españoles. La rica cantera de arrullos, nanas, canciones y relatos propios de la cultura africana, recreada por los negros esclavos y, finalmente, los romances, los cuentos anti- guos y los juegos propios de la tradición his- pánica […] (Robledo, 97), que repercuten en lo que reciben los niños del subcontinente latinoamericano. Punto que Beatriz Robledo aprovecha para explicar de dónde parte la evidente convivencia intrínseca que a diario se refleja en la memoria colectiva de cada latinoamericano, y por ende se manifiesta

cordar que, “los clásicos son libros que ejer- cen una influencia particular ya sea porque se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colecti- vo o individual” (Calvino, 14).

Desde finales del siglo XIX se pueden en- contrar ejemplos de ese intento derivados de corrientes propias de su momento histo- riográfico, que podrían contemplarse como textos infantiles, pues hacer suyos muchos de los elementos ya comentados surgidos de la lírica popular, aluden a recursos rítmi- cos o temáticas que nos recuerdan versos de infancia.

La narrativa latinoamericana resulta ser la heredera directa de una cultura global en muchos aspectos, de manera que su iden- tidad se caracteriza precisamente por esa diversidad. Una tierra donde la tradición cultural diversa la enriquece aún más. Una de ellas parte de la riqueza que subsiste en forma de mitos y leyendas, textos que esta- blecen la cercanía del niño y sus raíces.

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Fundación Universitaria del Área Andina 9 Imagen 1: Popool vuh

Fuente: http://www.bibliotecapleyades.net/popol_ vuh/popol_vuh.jpg

Carmelo Sáenz explica que la primera par- te del Popol Vuh es una historia dialogada de la creación del mundo a partir de tres intentos sobre los seres que la poblarán. “Los creadores decretan destruir estos en- gendros, pero sobreviven algunas reliquias que aparecerán a lo largo de la mitología popular quiché (9). A continuación leerán el capítulo II en él se cuenta cómo era el caos antes de la creación.

He aquí el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo tranquilo, todo inmóvil, todo apacible, todo silencioso, todo vacío, en el cielo, en la tierra. He aquí la primera historia, la primera descripción.

No había un solo hombre, un solo animal, pá- jaro, pez, cangrejo, madera, piedra, caverna, barranca, hierba, selva. Sólo el cielo existía.

La faz de la tierra no aparecía; sólo existían la mar limitada, todo el espacio del cielo. No había nada reunido, junto. Todo era invisible, todo estaba inmóvil en el cielo.

No existía nada edificado. Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola, li- mitada. Nada existía. Solamente la inmovili- dad, el silencio, en las tinieblas, en la noche. Sólo los Constructores, los Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los Pro- creadores, los Engendradores, estaban sobre el agua, luz esparcida. [Sus símbolos] estaban envueltos en las plumas, las verdes; sus nom- bres [gráficos] eran, pues, Serpientes Emplu- madas. Son grandes Sabios. Así es el cielo, [así] son también los Espíritus del Cielo; tales son, cuéntase, los nombres de los dioses.

Entonces vino la Palabra; vino aquí de los Dominadores, de los Poderosos del Cielo, en las tinieblas, en la noche: fue dicha por los Dominadores, los Poderosos del Cielo; habla- ron: entonces celebraron consejo, entonces pensaron, se comprendieron, unieron sus palabras, sus sabidurías. Entonces se mos- traron, meditaron, en el momento del alba; decidieron [construir] al hombre, mientras celebraban consejo sobre la producción, la existencia, de los árboles, de los bejucos, la producción de la vida, de la existencia, en las tinieblas, en la noche, por los Espíritus del Cielo llamados Maestros Gigantes.

Maestro Gigante Relámpago es el primero. Huella del Relámpago es el segundo. Esplen- dor del Relámpago es el tercero: estos tres son los Espíritus del Cielo. Entonces se reu- nieron con ellos los Dominadores, los Pode- rosos del Cielo.

Entonces celebraron consejo sobre el alba de la vida, cómo se haría la germinación, cómo se haría el alba, quién sostendría, nutriría.

“Que eso sea. Fecundaos. Que esta agua par- ta, se vacíe. Que la tierra nazca, se afirme”, dijeron. “Que la germinación se haga, que el alba se haga en el cielo, en la tierra, porque [no tendremos] ni adoración ni manifesta- ción por nuestros construidos, nuestros for- mados, hasta que nazca el hombre construi- do, el hombre formado”: así hablaron, por lo cual nació la tierra Tal fue en verdad el naci- miento de la tierra existente. “Tierra”, dijeron y en seguida nació. Solamente una niebla, solamente una nube [fue] el nacimiento de la materia.

Entonces salieron del agua las montañas: al instante salieron las grandes montañas. Sola- mente por Ciencia Mágica, por el Poder Má- gico, fue hecho lo que había sido decidido [concerniente a] los mentes, [a] las llanuras; en seguida nacieron simultáneamente en la su- perficie de la tierra los cipresales, los pinares. Y los Poderosos del Cielo se regocijaron así: “Sed los bienvenidos, oh Espíritus del Cielo, oh Maestro Gigante [Relámpago], oh Hue- lla del Relámpago, oh Esplendor del Relám- pago”. “Que se acabe nuestra construcción, nuestra formación”, fue respondido.

Primero nacieron la tierra, los montes, las llanuras; se pusieron en camino las aguas; los arroyos caminaron entre los montes; así tuvo lugar la puesta en marcha de las aguas cuando aparecieron las grandes montañas. Así fue el nacimiento de la tierra cuando na- ció por [orden] de los Espíritus del Cielo, de los Espíritus de la Tierra, pues así se llaman los que primero fecundaron, estando el cielo en suspenso, estando la tierra en suspenso en el agua; así fue fecundada cuando ellos la

las culturas, y las latinoamericanas no son la excepción. Según cuentan para las cultu- ras originarias la formación de sus niños era primordial, y es comprensible, ellos tenían muy claro que la transmisión de su cultura se daba por recordación oral. Más adelante, surge un personaje que proviene de la li- teratura picaresca del siglo XVII en España. Se trata del pícaro, un genio para sobrevivir en un mundo que requiere de su habilidad y mañas, embustero, astuto, taimado, pero gracias a sus ardides se desarrolla la obra. En México, José Joaquín Fernández de Li- zardi, en el siglo XIX, presenta una obra de este corte, El periquillo sarniento. José María Valverde opina, “(…) lo que conserva más interés para el lector de hoy en el Periquillo es lo que tiene de reportaje, con notable efi- cacia visual, sobre tipos, calles y ambientes; se oye incluso la incorrecta fonética popu- lar en boca de muchos personajes, novedad sin duda de efecto revolucionario”. Una obra que si bien se deriva de la expresión pica- resca española, aparece como una especie de reportaje sobre su época retratando cos- tumbres, antecesora de los relatos realistas que luego desfilaron por el convulso mundo latinoamericano del momento.

El burro que cagaba plata

Una vez se encontró Pedro Urdemales un bu- rro, y montando en él se fue donde un caba- llero muy rico y generoso que lo tomó a su servicio por un año, pagándole una moneda de oro cada mes.

Pedro Urdemales y su burro lo pasaron muy bien durante ese tiempo y engordaron bas-

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sas monedas de oro, que cambió por muchas de plata, y no sabiendo dónde guardarlas, como lugar más seguro se las encajó al burro debajo de la cola.

Iba pasando Pedro por frente de los jardines del Rey, cuando el Rey lo divisa y le dice: —Muy bonito tu burro, Pedro, ¿quién te lo ha prestado?

—El burro es mío, Su Majestad, y mi bueno me ha costado; y no es nada lo bonito, como otra gracia que tiene.

—¿Y qué gracia es ésa? —preguntó el Rey. —Va a verla Su Sacarrial Majestad, —le res- pondió Urdemales.

Y clavándole las espuelas al burro con toda su fuerza, del doler que le causara, le hizo lar- gar una ventosidad y con ella salieron unas cuantas monedas de plata de las que había depositado en la parte consabida.

Pedro le dijo al Rey:

—Ya ve, pues, señor, la layita de burro que tengo, que no hay otro como él en todo el mundo. Él come su pastito como cualquiera otro, pero el pastito se le vuelve plata. —Pedro, —le dijo el Rey—, véndeme tu bu- rro.

—¡Cómo, señor, le voy a vender un burro de esta laya! Fíjese Su Sacarrial Majestad que cada vez que necesito plata, no tengo más que montarme en él y clavarle un poquito las rodajas y al tirito me regala con varias mo- nedas.

—Véndemelo, Pedro; te daré dos mil mone- das de oro por él; es tu Rey quien te lo pide.

—Por ser mi Rey quien me lo pide se lo ven- deré, aunque no es negocio: dos mil mone- das de oro es poco para ser dadas por el Rey. Le mandó dar el Rey a Pedro, dos mil quinien- tos ducados y el mejor caballo que se criaba en sus potreros, y en cuanto no más se vio montado, las enveló ño Peiro que no dejó más que la polvaera.

El Rey hizo que pusieran al burro en la me- jor pesebrera y le dieran bastante pasto y del mejor, y al día siguiente, antes de almorzar, convidó a la Reina, a los príncipes y a todos los grandes de la Corte para que vieran la maravilla que había comprado.

Cuando ya estaban todos en los balcones, el Rey en persona montó en el burro y le clavó las espuelas muy suavemente; el humo, nada. Le clavó las espuelas más fuertes y entonces el burro plantó un corcovo, levantó la cola y entre ventosidades y otros excesos despidió hasta unas veinte monedas de plata.

Todos se quedaron con la boca abierta, ad- mirados de ver una cosa tan extraordinaria. Algunas damas viejas dijeron que era señal de acabo de mundo.

Al día siguiente se hizo la misma experiencia, siempre con buen resultado, porque el burro largó todas las monedas que le quedaban aún, sin dejar adentro una ni para remedio. El Rey estaba tan contento que no le cabía un alfiler. El no sabía que la minita se había broceado. Así es que cuando al otro día re- pitieron la operación, el burro lanzó de todo, menos plata.

Era de ver la rabia del Rey y cómo ordenaba a sus generales que mandaran tropas en per- secución de Pedro, que lo había engañado.

Las tropas salieron pero ya hacía tres días que Pedro había hecho la venta y dos que habla salido de los estados del Rey.

¿Irían a pillar a esa liebre?

Imagen 2: El periquillo sarniento y Lazarillo de Tormes

Fuente: http://ecx.images-amazon.com/images/ I/411jaiA9AlL._SL500_AA300_.jpg

El periodo decimonónico implicó un proce- so de cambio en muchos aspectos sociales, dentro de las manifestaciones culturales el modernismo surtió de muchas renovacio- nes al lenguaje literario. Reformas que con- dujeron a que el interés se cifrara en él una nueva forma que repercutió en la visión so- bre el entorno que formulaban sus textos. Dentro de los muchos ejemplos está el caso de Rubén Darío (1867-1916) en Nicaragua.

Sonatina

La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión.

[…]

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; en caballo, con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con un beso de amor» (Darío, 30).

Cansados de desbarajuste político y el favor de la literatura para dar cuenta de ello, los modernistas quisieron abandonarse al tra- bajo del lenguaje literario, por eso les resul- tó principal romper con los moldes románti- cos y realistas que persistían en la época. Su filiación directa fue con vanguardias euro- peas como el simbolismo, impresionismo… de donde en palabras de

Gautier,

“hereda- ron la tendencia a producir efectos de des- lumbramiento mediante palabras que dan brillo y color a la frase, por sugerir joyas, esmaltes, gemas, camafeos, pedrería, en fin, todo cuanto signifique color, cabrilleos, re- fulgencias, y todo lo que hiera la vista con la sensación de luz. El color es sólo un efec- to, una resultante de la impresión causada por el sonido. Estamos en plena técnica de sinestesia impresionista”. El interés moder- nista se instala en el resultado sensual de la palabra y la belleza, los cuales se articulan

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Fundación Universitaria del Área Andina 13 1896) escribe en Colombia Los maderos de

San Juan:

¡Aserrín! ¡Aserrán!

Los maderos de San Juan, piden queso, piden pan, los de Roque alfandoque, los de Rique alfeñique ¡Los de triqui, triqui, tran!

Y en las rodillas duras y firmes de la Abuela, con movimiento rítmico se balancea el niño y ambos agitados y trémulos están;

la abuela le sonríe con maternal cariño mas cruza por su espíritu como un temor ex- traño

por lo que en lo futuro, de angustia y desen- gaño

los días ignorados del nieto guardarán. Los maderos de San Juan

piden queso, piden pan. ¡Triqui, triqui,

triqui, tran!

Esas arrugas hondas recuerdan una historia de sufrimientos largos y silenciosa angustia y sus cabellos, blancos, como la nieve, están. De un gran dolor el sello marcó la frente mustia

y son sus ojos turbios espejos que empaña- ron

los años, y que ha tiempos, las formas refle- jaron

de cosas y seres que nunca volverán. Los de Roque, alfandoque

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Imagen 3: Jose Asuncion silva Fuente: torreliteraria8a.blogspot.com

Mañana cuando duerma la Anciana, yerta y muda,

lejos del mundo vivo, bajo la oscura tierra, donde otros, en la sombra, desde hace tiem- po están,

del nieto a la memoria, con grave son que encierra

todo el poema triste de la remota infancia cruzando por las sombras del tiempo y la dis- tancia,

¡de aquella voz querida las notas vibrarán! Los de Rique, alfeñique

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Y en tanto en las rodillas cansadas de la Abuela

con movimiento rítmico se balancea el niño y ambos conmovidos y trémulos están, la Abuela se sonríe con maternal cariño

mas cruza por su espíritu como un temor ex- traño

por lo que en lo futuro, de angustia y desen- gaño

los días ignorados del nieto guardarán. ¡Aserrín!

¡Aserrán!

Los maderos de San Juan piden queso, piden pan, los de Roque

alfandoque los de Rique alfeñique

¡triqui, triqui, triqui, tran!

¡triqui, triqui, triqui, tran! (Silva, 1892).

Otro autor que despierta un especial gusto infantil en sus escritos es Horacio Quiroga (1878-1937), seguramente influenciado por todo el maravilloso cúmulo de aventuras dispuestas en la narrativa europea de sus contemporáneos produjo las célebres aven- turas que dejó para grandes y chicos en los

Cuentos de la selva, aunque las aventuras que el uruguayo remite se desarrollan en su país, y toda la exuberancia que para los eu- ropeos representa África y Oriente, Quiroga lo dispone en las exótica selva argentina. Lectura recomendad, Cuentos de la selva de Horacio Quiroga http://goo.gl/KEO5zf

Hablar de literatura infantil en América Lati- na y no contemplar a la primera mujer que obtuvo el premio Nobel para los latinoa- mericanos sería imperdonable; se trata de Gabriela Mistral (1889-1957), aunque la chi- lena además que escribir textos para niños, se destaca por tratar el tema de la infancia desde una mirada crítica frente a la pobreza de estos países, tal como se puede apreciar en su poema Piececitos.

Piececitos de niño, azulosos de frío,

¡cómo os ven y no os cubren, Dios mío!

¡Piececitos heridos por los guijarros todos, ultrajados de nieves y lodos!

El hombre ciego ignora que por donde pasáis, una flor de luz viva dejáis;

que allí donde ponéis la plantita sangrante, el nardo nace más fragante.

Sed, puesto que marcháis por los caminos rectos, heroicos como sois perfectos.

Piececitos de niño, dos joyitas sufrientes, ¡cómo pasan sin veros las gentes!

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