CHAPTER 4: DISCUSSION
4.2 Evidence of balancing selection in D melanogaster
4.2.2 Function of the candidate genes
El empresario es quien tiene a su cargo la función de fijar los objetivos de la empresa agropecuaria, para luego atraer y coordinar los recursos, llegando al logro de dichos objetivos.
De acuerdo a lo expuesto, se presenta el concepto de empresario en el sentido amplio, que engloba el papel de propietario, administrador y decisor. Más adelante se harán consideraciones al respecto.
La tarea a la que se refiere el concepto inicial es conocida como gestión de la empresa. La gestión como función dinámica y organizadora, es la que marca la diferencia entre el productor y el empresario.
Un productor agropecuario es quien trabaja la tierra, y aprovecha los recursos naturales para obtener bienes económicos agrícolas o ganaderos, realizando los procesos de manera tradicional, y haciendo uso para ello, casi exclusivamente de su experiencia personal, y los conocimientos transmitidos por sus antecesores. Un empresario agropecuario es quien gestiona la empresa, con una serie de funciones acompasadas, planeamiento, conducción y control, que encauzan los procesos para que se realicen de una manera eficiente, e incorpora a las prácticas tradicionales, los nuevos conocimientos tecnológicos.
Se puede observar así, la diferencia entre conceptos. El productor se maneja casi instintivamente y de una manera que podría decirse, abandonada a la suerte y a la ocurrencia de los hechos, esperando que el clima, los mercados y el contexto en general le sean propicios para obtener buenos resultados. El empresario tiene una mentalidad organizadora, se maneja con información y toma decisiones en función a la situación en que está inmersa la empresa, adecuándose pero también luchando para cambiar la realidad con resultados favorecedores, y nutriéndose de conocimientos técnicos. La técnica es lo que diferencia la forma de actuar instintiva, propia de los animales, de la forma de actuar racional del hombre. Mientras el instinto acepta la realidad tal cual es y se adapta, la técnica reacciona frente al medio y lo transforma para sacar provecho de él.
Con el correr de los años, el término empresario ha sido usado de diferentes maneras. En la Edad Media, aparece por primera vez en Francia, para referirse a quienes asumían a su cargo expediciones militares. En el siglo XVII se empieza a relacionar empresario y riesgo, utilizándose para aquellos que llevaban adelante grandes obras, generalmente servicios a la corona. Pero se atribuye a Richard Cantillon la creación del término “entrepreneur”, que se aplicaba a quienes hacían negocios, en el siglo XVIII. Se siguió utilizando este término y pasó de Francia al resto de los países europeos, con un perfil tan amplio con respecto a las funciones que desarrollaba, y tan cambiante en el tiempo, que genera controversias a la hora de dar un concepto. Opinan Castillo y De Zuani23, “…lo que ha hecho que, en muchas ocasiones, la atención se haya desplazado hacia la empresa, o, en el mejor de los casos, hacia los gestores, administradores o managers, objetivos mucho más palpables y más fáciles de definir”.
El enfoque del empresario como “organizador” se refiere a quien toma la responsabilidad de reunir los factores de la producción y organizarlos, para obtener los productos que satisfarán las necesidades de los individuos. Es quien asume el riesgo de concretar los objetivos, utilizando el capital aportado por otros. En esta 23 Castillo, Leopoldo y De Zuani, Elio, “Fundamentos de Gestión Empresarial”, Valletta Ediciones, 2004, pág.81.
visión, sostenida por Cantillon (1730), y continuada por Jean Baptiste Say (1830) y John Stuart Mill (1951), propietario y empresario son personas distintas, y serán retribuidos en forma separada por sus aportes, en un caso con el interés sobre el capital y en el otro con el beneficio por la organización y el riesgo.
El enfoque del empresario “riesgo”, iniciado por Frank H. Knight (1921), presenta la versión de un individuo que atrae factores a un determinado precio, que constituyen los costos de la actividad, y posteriormente vende los productos a otros precios, y de esta diferencia surge el éxito o el fracaso de su función, asumiendo el riesgo de esta actividad.
El enfoque del empresario como “capitalista” muestra a un propietario, que aporta el capital necesario para llevar adelante las actividades elegidas, y además es quien maneja los recursos y procesos. En este caso se presentan el propietario y el administrador en una misma persona. Esta es la versión del empresario para Adam Smith, quien en el siglo XVIII, detecta la existencia del conductor de la empresa pero lo asimila al que entrega el capital, y en esa conjunción no logra separar con exactitud sus retribuciones, fundiendo en una sola, al interés por el capital que aporta el dueño, con el beneficio del que gestiona. Es por eso que, cuando se habla de los factores de la producción de los economistas clásicos, se nombra la tierra, el trabajo y el capital. Y es mucho después, que aparece el cuarto factor que diferencia al administrador, y que los economistas nombran de distinta manera, como capacidad empresarial o riesgo empresario, o conocimientos tecnológicos.
El enfoque del empresario “innovador” es posterior, y muestra a un empresario atento a los cambios del entorno donde debe actuar, capacitándose continuamente, y dispuesto a introducir nuevos productos para adaptarse a las demandas de los consumidores, y enfrentando a la competencia, aplicando la tecnología que mejora los procesos, produciendo un desequilibrio que logrará los cambios necesarios para el progreso económico. En este contexto, Joseph Alois Schumpeter (1968), considera al empresario como fuente de conocimientos tecnológicos a ser aplicados en los procesos, tanto de producción como administrativos, y merecedor de una retribución llamada beneficio, habiendo
retribuido antes a todos los demás factores, por esa función coordinadora, innovadora y ejecutiva, favoreciendo no sólo a la empresa sino a todo el sistema económico. Queda reforzada aquí, la idea del cuarto factor, con su retribución, el beneficio.
El enfoque del empresario “tomador de decisiones” se basa en el papel del empresario como directivo, y consecuentemente sujeto decisor. Esta nueva visión, con el economista Herbert A. Simon (1957) como principal exponente, más cercana a nuestros días, separa al propietario, del administrador, y busca otra nueva figura que se distingue de aquellas para ser quien se dedique fundamentalmente a la toma de decisiones, necesaria sobre todo, en las grandes empresas. El empresario será quien actúe con la racionalidad suficiente para decidir, contando con los conocimientos y la información que lo habiliten para ello. En este ámbito de las grandes empresas, el propietario es quien invierte en una alternativa que le ofrece la empresa, aportando capital, pero ni siquiera se conecta con ella, el administrador es el ejecutivo, que realiza las acciones necesarias para cumplimentar lo planeado, y este tercer personaje, entra en escena como director, o decisor, encargado de la determinación de los objetivos y la planificación estratégica, que conlleva la toma de decisiones.
El enfoque del empresario “líder”, le asigna a éste, el rol de guía del grupo humano, pasando de administrador que conjuga la utilización de los recursos y tomador de decisiones, a ser también quien estimula la acción del personal, fomentando su formación y brindándole las mejores condiciones de trabajo, haciendo que se sientan involucrados con la actividad de la empresa, sus objetivos y su misión. Como iniciadores del enfoque se pueden nombrar a W.G. Bennis y E.H. Schein (1965). Al cumplir esta función beneficia al grupo de recursos humanos, y al tener éstos, un rendimiento superior, benefician a la empresa, recordando esta postura, a las ideas de Frederick Taylor, pero con la diferencia de que este autor propiciaba el salario diferencia, es decir una compensación sólo monetaria, en cambio esta postura más moderna hace hincapié en el ambiente favorecedor para el empleado, que lo compense no sólo en lo monetario sino también en lo personal.
En el ámbito agropecuario coexisten diferentes casos con respecto al abordaje del término empresario. Las pequeñas empresas están dirigidas por sus propietarios, quienes normalmente lo hacen incorporando a su familia a las distintas funciones, transformándose en su medio principal de vida. Las medianas empresas, suelen tener al frente a sus propietarios, pero en funciones comerciales y administrativas, dejando de lado las operativas, que son delegadas a terceros empleados. Y las grandes empresas, generalmente sociedades, son dirigidas por personal contratado al igual que el desarrollo de tareas operativas, siendo sus propietarios controladores esporádicos, receptores de resultados finales, y tomadores de decisiones aisladas de importancia referida a los objetivos principales.