Robert Dahl ha sido un distinguido profesor de ciencia política y uno de los puntales de la denominada “teoría de la democracia”, corriente dentro de la disciplina dedicada a estudiar las particularidades del sistema político en cuestión.
El aporte más notable de Dahl a la teoría democrática es la por él denominada
debe reunir un sistema político en la sociedad contemporánea para poder ser tildada de democrática. En términos weberianos, la poliarquía es su tipo ideal de democracia.
Dahl proviene del mundo académico norteamericano y tiene por detrás cierto normativismo de retornar al ideal de la sociedad democrática descripta originalmente por Alexis de Tocqueville (1989). Esto es, dar por presupuesto un país federal, donde hay muchos centros de poder radicados en diversos espacios topográficos, por un lado y que la distribución del ingreso sea relativamente equitativa (Dahl, 1991b).
Dahl parte del supuesto que una sociedad es democrática en la medida que hay muchos poderes o grupos en la sociedad que necesariamente deben tener autonomía pero que a la vez se deben controlar mutuamente (Dahl, 1991b). Esto hace que su análisis sea reconocido por él y por el mundo académico como uno de los pilares de la así denominada teoría pluralista.
3.4.2 Las instituciones necesarias para una democracia contemporánea
El problema central es qué instituciones contar en una sociedad para que a la vez preserven organizaciones intermedias de ser afectadas por otras (por caso, los partidos político, sindicatos o cultos religiosos ser controlados o manipulados desde el Estado), pero al mismo tiempo definir un tejido que garantice que no puedan hacer lo que quieran, ya que podrían generar un perjuicio a la sociedad en general. Dahl lo pone en blanco sobre negro al sostener que,
“… las organizaciones económicas, principalmente las empresas mercantiles y los sindicatos, también están profundamente implicadas en el problema de la autonomía y el control. Su autonomía es al mismo tiempo un hecho, un valor y una fuente de daño. En todos los países democráticos las empresas mercantiles toman decisiones importantes que usualmente no están plenamente controladas por los funcionarios gubernamentales; incluso las empresas propiedad del estado usualmente gozan de una medida significativa de autonomía en relación con el parlamento, el gabinete y las burocracias centrales” (Dahl, 1991b, p. 37).
A lo largo de su vida Dahl ha variado el número de las instituciones mínimas que hacen que podamos definir un sistema político como “poliárquico”, no así el contenido de las mismas. El que haya cambiado el número supone que realizó un proceso de compresión de las mismas, pero no ha alterado el sentido original.
La versión más “comprimida” cita seis instituciones necesarias para juzgar a un sistema de democrático o no. Estas instituciones tienen un por qué, un motivo. Este es el cuadro resultante (Dahl, 1999, p. 107).
Tabla 1 Instituciones de la poliarquía
INSTITUCIONES FUNDAMENTO O POR QUÉ DE LAS
MISMAS
Cargos públicos electos Participación efectiva Control de la agenda Elecciones libres, imparciales y frecuentes Igualdad de voto
Control de la agenda Libertad de expresión Participación efectiva
Comprensión ilustrada Control de la agenda Fuentes alternativas de información Participación efectiva
Comprensión ilustrada Control de la agenda Autonomía de las asociaciones Participación efectiva
Comprensión ilustrada Control de la agenda
Ciudadanía inclusiva Inclusión plena
Fuente: Elaboración propia fundada en Robert Dahl (1999, p. 107).
Si observamos detenidamente hay dos instituciones que hacen al lugar clave que ocupan los medios de comunicación en un contexto democrático: Libertad de expresión por un lado, y, fundamentalmente, fuentes alternativas de información. El ciudadano tiene que poder expresarse, personalmente o a través de los medios, pero para poder evaluar adecuadamente un estado de situación dado debe contar con información amplia para poder conocer el estado de cosas y actuar en consecuencia. En el plano académico, es lo que hoy se denomina Media Literacy.
En la columna de los por qué de estas instituciones surge que la condición más repetida es la del control de la agenda. Esto es, en qué medida los ciudadanos pueden controlar la agenda de los funcionarios gubernamentales. Desde la participación de los medios en la determinación de la agenda, esto nos remite a la clásica teoría de la
agenda-setting de Maxwell McCombs y Donald Shaw (McCombs y Shaw, 1972).
Dahl es uno de los pocos politólogos que han fundado una teoría del sistema democrático con una prominencia del papel de los medios de comunicación al definir sus instituciones. La mayor parte se funda en sistemas de partidos políticos, sus organizaciones intermedias, leyes electorales o dispositivos constitucionales al estilo de la división de poderes.
En el caso de Dahl, la información, la noticia política, los medios de comunicación y los periodistas ocupan un rol muy importante, a la par de aquellas asociaciones estrictamente políticas. Esto permite reforzar el supuesto que los medios de comunicación de carácter informativo-periodístico tienen una proyección sobre lo público, sobre lo político. Para este autor, la concentración de poder político, económico y mediático podría ser un obstáculo para alcanzar una democracia plena. Al considerar la institución “fuentes alternativas de información” Dahl se pregunta “¿Cómo podrían los ciudadanos participar efectivamente en la vida política si toda la información que pueden obtener proviene de una única fuente, el gobierno, por ejemplo, o, para el caso, un partido, facción, o interés único?” (Dahl, 1998, p. 113). En este sentido, Dahl se adscribe a un liberalismo participativo, donde el monopolio, tanto de mercado como de Estado/gobierno es perjudicial para una sociedad democrática. Por lo tanto, no es solamente un desafío para el sistema democrático limitar a los gobernantes para que estos no limiten los derechos y las garantías de los ciudadanos, también deben limitar el avance de sectores empresarios sobre la sociedad (Dahl, 1985).
Una vez descripto el modelo democrático al cual adscribimos teóricamente, pasaremos a analizar el carácter de los medios de comunicación, por un lado, y el de las asociaciones empresariales por otro. Desde ya, la identidad y acción de los medios asoma como un actor más complejo de definir que una organización de representación de intereses.