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Functionality of immune cells in muscle and lymph nodes

4 RESULTS AND DISCUSSION

4.4 Functionality of immune cells in muscle and lymph nodes

“La ciencia se corrompe con facilidad si dejamos que se estanque.” (Edmund Burke)

PREVENCIÓN

Las medidas de intervención para cuidar y prevenir las alteraciones que se pue- den presentar en la perilesión son fácilmente deducibles desde la interpretación de este texto.

En primer lugar, conviene elaborar una anamnesis exhaustiva con el enfermo y con algún familiar, para detectar los posibles problemas irritativos, alérgicos o de disconfort de la medicación tópica, los apósitos, los adhesivos y todo el material concerniente a la esfera de las curas (1). Más adelante, interesa registrar, en un análisis lo más detallado posible, el estado y las características de la piel, así como el volumen y las particularidades visuales del exudado (2).

Tras estos pasos, la elección del apósito idóneo para la herida se debe determi- nar en función del estado de la piel que la rodea. Para finalizar, dentro de los planes de cuidados, se debe valorar el uso sistemático de los protectores cutáneos no irritantes de que disponga (Figura 1).

Además, cualquier alteración perilesional debe ser revisada y anotada según la frecuencia de cambio del apósito. Lo mismo debe hacerse con la piel sometida a secreciones constantes o en la incontinencia en cada cambio de pañal o de bolsa colectora (3).

De la misma forma, no hay que desentenderse del cuidado integral del resto de la piel del paciente, que se planificará en función de su edad, de la enfermedad base, de las enfermedades concomitantes y del transcurso evolutivo de las lesiones. Tampoco se debe dejar de lado la optimización racional de los recursos y el ase- soramiento para ello mediante guías clínicas acreditadas por sociedades cientí-

ficas (4), trabajando siempre sobre las mejores evidencias científicas verificadas en las fuentes de revisión e investigación mejor catalogadas.

INVESTIGACIÓN

Todo profesional que desee iniciarse en la investigación en cualquiera de sus modalidades y seguir una línea tanto de observación como de análisis conse- cuente no sabe dónde se está metiendo, debido a la multitud de compañeros y administradores que van a dedicarse a la conocida tarea del “acoso y derribo”. Qué tendrá esta forma de ver la realidad, que tanto molesta al foro romano actual, es algo que no se sabe a ciencia cierta. Parece como si reflejar por escri- to lo observado durante la práctica diaria dependiera de cánones perpetuos o de gurús del conocimiento.

La realidad es que aquello a lo que se va a enfrentar el investigador es menos mensurable que las conclusiones a las que pueda llegar y, por supuesto, no va a encontrar mucho apoyo en su entorno laboral. Tendrá que sacar tiempo de su tiempo, ganas de sus ganas, ánimo de su ánimo y motivación de su motivación; para el caso, valga leer el artículo de Rodríguez Palma Dificultades de los enfer- meros para investigar en úlceras por presión y heridas crónicas (5), y se compren- derá lo que aquí se pretende decir.

Una vez superadas las “pequeñas” trabas descritas por Rodríguez Palma (5), el investigador se encontrará con un mundo infinito de posibilidades. Si se toma la piel perilesional de las heridas agudas y crónicas, se podrán legitimar a bote pronto muchos vacíos: no se conoce a fondo el riesgo al que está sometida ante los apósitos de nueva generación, no se ha concretado qué ocurre en ella a largo plazo cuando se la somete a la acción de la plata, etc. Por otra parte, el mundo de los limpiadores y de las sustancias para el lavado y el cuidado crece a tal velocidad que siempre está a medio explorar, y la tecnología punta sorpren- de cada día con algo nuevo ante lo cual no se sabe cómo va a responder la perilesión.

Los sistemas de registros están desarrollados pero no se publican, y las escasas escalas para valoración de la piel perilesional están todavía por validar; basta ver los trabajos de Grocott (6) sobre las úlceras neoplásicas, para darse cuenta de la importancia del asunto de las escalas de valoración y de riesgos.

En conclusión, los trabajos en la piel perilesional son cada vez más abundantes en la bibliografía, posiblemente porque el trabajo de algunos ilusionados está lle- gando a muchos profesionales interesados. Como dijo el poeta más castellano de los andaluces (7):

“…caminante, no hay camino, se hace camino al andar.”

Tampoco hay que olvidar que la perilesión forma parte de la herida y ésta per- tenece íntimamente al paciente, que es a fin de cuentas a quien se debe brindar la mejor calidad de los cuidados de Enfermería si se quiere alcanzar la excelen- cia dentro de la carrera profesional (Figura 2).

Por tanto, la realidad es apabullante. La ciencia de las heridas compete cada día a más expertos e interesa más a quien debe incumbir: a los profesionales de la salud, a los enfermos y a los familiares. Quizás estas sean las causas por las que es preciso seguir investigando a toda costa y a todo coste, asombrándose por todo lo nuevo, revisando lo antiguo y cuestionando lo dado por sabido, ya que si no fuese así se entraría en el inmovilismo, a un paso del burnout profesio- nal y la desidia, y se formaría parte integral de los consabidos “yo he visto mucho…”, “a mi me ha ido muy bien…”, “siempre ha sido así…”. Situación ésta ante la que sólo resta remitirse al pensamiento de Kuhn, quien, en el enfrenta- miento entre inmovilistas apoltronados e ilusionados revolucionarios de una cien- cia viva, recrimina a los de toda la vida:

“¿Dirá alguna vez ese grupo que el resultado de su victoria ha sido algo inferior al progreso? Eso sería tanto como admitir que estaban equivocados y que sus Figura 2. Investigación: objetivos. Alegoría gráfica.

oponentes estaban en lo cierto. Para ello, al menos, el resultado de la revolución debe ser el progreso cuestionable antes que el inmovilismo.” (Kuhn. La estructura de las revoluciones científicas. 2001: 257) (8).

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