En el presente capítulo, analizaré los distintos bienes que fueron objeto de regalo entre los soberanos de Aragón y Castilla. Para una mejor contextualización de los mismos, he optado por dividir en dos partes este apartado. En primer lugar, tras exponer brevemente los intercambios culturales en los años precedentes al ascenso al trono de Juan I de Aragón, abordaré los presentes, remitidos a uno u otro monarca, en el trienio 1387-1390, coincidentes cronológicamente con los últimos años del reinado de Juan I de Castilla. En segundo lugar, trataré los regalos enviados entre ambos soberanos en el quinquenio 1391-1396, es decir, durante los primeros años del reinado de Enrique III y los últimos de Juan I de Aragón.
La importancia que, en mi opinión, tiene este capítulo, radica en el aspecto íntimo y personal del mismo, pues, tanto los reyes de Castilla como los de Aragón se preocuparon por enviar a uno y otro territorio toda suerte de objetos, los cuales, sabían que agradarían al receptor de los mismos. Es decir, este tipo de noticias documentales muestran con gran veracidad el nivel de complicidad entre los soberanos de Aragón y Castilla. Además, mencionaré el simbolismo de cada uno de estos obsequios.
Los regalos y presentes194, como han afirmado varios estudiosos, constituían un
elemento simbólico de gran valor, pues, además de ser una muestra de cortesía, como indica Miguel Ángel Ochoa Brun, se consideraban símbolos de paz y, preparaban el camino para una fructífera colaboración entre los principales actores del juego
194 Una visión general del tipo de regalos más comunes en la Edad Media, acompañado de diversos
ejemplos, puede verse en: Ochoa Brun, Historia, III, pp. 403-412. Dicho autor, divide en tres tipos la tipología de los presentes: 1, seres humanos; 2, animales; 3, objetos. En esta última categoría, incluye reliquias, obras de arte, metales preciosos, joyas, armas, trofeos, ropa, alimentos y libros: Ibidem, p. 403. Para una visión más general sobre el regalo diplomático, a nivel europeo, véase: Benkmann, “Schenken”; Groebner, “Liebersgaben”; “Hanning, “Ars donandi” y Pastoureau, “Les ménageries”.
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diplomático195. Por lo tanto, el tránsito de los mismos entre las dos coronas fue algo muy
habitual, pues, eran una de las principales manifestaciones de cordialidad, amistad y, sobre todo, familiaridad, entre las monarquías castellana y aragonesa.
6.1. Precedentes (1380-1386)
Dentro del marco general de las relaciones entre dos soberanos o, como acaeció en estos años, entre un rey y el heredero de otra corona, los intercambios culturales tuvieron un papel clave, por dos motivos principales. En primer lugar, los bienes entregados como presentes eran una muestra de buena voluntad entre los dos actores que participaban del juego político, pues, con ellos, se intentaba abonar y ahondar las relaciones de cordialidad existentes entre los dos interlocutores. En segundo lugar, este tipo de reciprocidad, de un modo u otro, favorecían la expansión de nuevas obras literarias, descubrimientos científicos y demás avances.
Pese a que no se dispone de muchas noticas sobre este asunto, los intercambios de libros, obras de arte y el envío de ministriles y juglares entre una y otra corte debieron de haber sido muy abundantes. El duque de Gerona fue un acérrimo lector, como demuestra su correspondencia con personajes como Juan Fernández de Heredia, al que constantemente estaba pidiendo que le enviara las obras históricas que se realizaban en su scriptorium196. Sobre el intercambio de obras literarias con la corte castellana, existen
algunas noticias. La primera es de principios de agosto de 1382, cuando a través de su embajador en castilla, Pere Boïl, envió una biblia en lengua catalana a su hermana, la reina Leonor197. La siguiente noticia es de febrero de 1384, cuando el rey Pedro IV ordenó
comprar cierta cantidad de pergamino, para realizar una copia de sus famosas Ordinacions y enviársela posteriormente al rey de Castilla198. Por último, a finales de
195 Ochoa Brun, Historia, III, p. 403. Véase también: Péquignot, Au nom, pp. 277-278 y Moeglin,
Péquignot, Diplomatie, pp. 247-249.
196 Véase a este respecto: Rubió Lluch, Documents, I, pp. 299-300, 320-321, 326-328, 334-335, 340. 197 ACA, Cancillería Real, reg. 1666, ff. 37v-38r; Rubió i Lluch, Documents, I, p. 302.
198 ACA, Cancillería Real, reg. 1287, f. 2r; Rubió i Lluch, Documents, I, p. 318. Véase también a este
respecto: Palacios Martín, “Sobre la redacción”, pp. 677-679 y Cañas Gálvez, “La casa de Juan I”, pp. 139- 140.
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marzo de 1386, el duque de Gerona pidió al rey de Castilla que le mandase un ejemplar de la Gran Crónica d´Espanya, la cual deseaba leer199.
En cuanto a otras manifestaciones artísticas y culturales compartidas entre las dos casas reales, se puede destacar el intercambio mutuo de profesionales en distintas artes. Los juglares y ministriles200, personajes muy queridos y apreciados por el duque de
Gerona, eran algunos de aquellos individuos que por recomendación expresa del infante aragonés, acudían a la corte de su cuñado castellano. Entre ellos hay que destacar a la cantadora Argentina, nativa del ducado de Bar, quien en compañía de su marido, Juan de Brujas, fue enviada por deseo del duque a la corte castellana en diciembre de 1380201.
Por otro lado, hay constancia del intercambio de artistas infantiles, como fue el caso del flamenco Juan de Brujas en mayo de 1381, quien “maguera muy ninyo”, tras actuar durante unos días en la corte de Pedro IV, le fue concedido a él y a su familia un salvoconducto para dirigirse a la corte castellana202. No permanecieron mucho en tierras
de Castilla, pues en noviembre de ese mismo año se encaminaban hacia Francia203.
Pese a tratarse de un testimonio un poco anterior al marco cronológico del presente trabajo, creo conveniente destacar un episodio, referente al intercambio de objetos exóticos, en concreto, un fragmento de cuerno de unicornio (vanya del unicuerno), remitido por el duque de Gerona al aún infante Juan de Castilla, en junio de 1378204.
Además, se envió otra carta similar a Leonor de Aragón, en la cual, su hermano le indicó como había que usar el cuerno de unicornio. El procedimiento para su consumo consistía, simplemente, en triturar el cuerno del animal y mezclarlo con agua, debiéndose consumir posteriormente dicha mezcla por el hombre, sobre quien se pretendía que hiciesen efecto los poderes afrodisiacos. Dicha medicina, a la que se le atribuían efectos afrodisiacos, fue
199 ACA, Cancillería Real, reg. 1673, f. 100r; Rubió i Lluch, Documents, I, pp. 337-338. El rey de Castilla
se demoró en enviarle dicho libro al duque de Gerona, pues el 22 de abril el infante Juan volvió a pedirle que le remitiera un ejemplar de la citada obra: ACA, Cancillería Real, reg. 1674, f. 8r. Sobre los gustos de Juan I de Aragón por los libros de historia véase: Rubió i Lluch, Joan I, p. 30.
200 Sobre este tipo de personajes y su importancia en las cortes bajomedievales, véase: Narbona Cárceles,
“La actividad”; Cañas Gálvez, “Música” y Cingolani, “Entretenimientos”.
201 ACA, Cancillería Real, reg. 1660, f. 70v; López de Meneses, “Documentos culturales”, p. 730. 202 ACA, Cancillería Real, reg. 1272, f. 40v; López de Meneses, “Documentos culturales”, pp. 735-736. 203 ACA, Cancillería Real, reg. 1271, f. 184r; López de Meneses, “Documentos culturales”, p. 740. 204 ACA, Cancillería Real, reg. 1745, f. 105r.
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siempre un bien muy codiciado por el duque de Gerona, quien mandó a oriente diversas expediciones mercantiles para adquirir cuernos de unicornio205.
6.2. Años finales del reinado de Juan I de Castilla (1387-1390)
En el período comprendido entre 1387-1390, se cuenta con un cierto número de noticias referentes al intercambio de presentes entre los reyes de Castilla y Aragón, principalmente, perros decaza (alanos, lebreles y podencos), además de caballos con sus respectivos utensilios para el ejercicio de la equitación (genetes), enviados al soberano aragonés por el rey de Castilla y algunos de los principales nobles de dicho reino. En efecto, la predilección de Juan I de Aragón por la caza y la cultura, queda muy patente en el flujo de mercancías de lujo producto de intercambio entre los dos soberanos y demás miembros eminentes de sendas cortes206.
Los animales, équidos y canes, fueron el tipo de presentes más comunes que recibió de tierras castellanas el monarca aragonés, debido a la gran afición del rey de Aragón por la actividad cinegética. A este respecto, en agosto de 1387, Juan I de Aragón solicitó a su cuñado castellano el envió de “II genetes que sean buenos e bien acentados” y de “VI alenes, yes a saber, IIII mascles e II femellas”207. Dichos animales aún no habían
sido enviados al monarca aragonés a comienzos de septiembre, pues en una nueva carta dirigida a su homónimo castellano, seguía reclamándolos208. En febrero de 1390, Juan I
de Aragón volvió a recibir un grupo de caballos de parte de su cuñado castellano209.
205 Por ejemplo, a finales de mayo de 1375, el duque de Gerona encargó al mercader barcelonés Tomás
Leopard, que adquiriera astas de unicornio en Chipre o Alejandría: ACA, Cancillería Real, reg. 1719, f. 95v; López de Meneses, “Documentos culturales”, p. 719.
206 La iniciación de Juan I de Aragón en el arte de la caza comenzó cuando era muy pequeño, pues ya con
siete años de edad, en el verano de 1358, se sabe que se ejercitaba en “caçar perdius”: ACA, Cancillería Real, reg. 1159, f. 201v; Roca, Johan I d´Aragó, p. 25. El interés de Juan I por la caza llegaba hasta extremos disparatados, tales como llenar los huertos de los conventos en los que se hospedaba y los jardines de la Aljafería de Zaragoza, con conejos y liebres, para poder dedicarse en cualquier momento a la “caza doméstica”: Sanpere y Miquel, Las costumbres, p. 179.
207 ACA, Cancillería Real, reg. 1751, ff. 100v-101r. 208 ACA, Cancillería Real, reg. 1751, ff. 111v-112r.
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Juan I no solo pidió animales de caza a su cuñado castellano, sino también a los principales nobles de Castilla. Por ejemplo, en octubre de 1387 solicitó a Diego Hurtado de Mendoza210, alférez del rey de Castilla, que le enviase “II alanes e I alana, II podencos
e I pondeca bellos, II galgos de los grandes, para liebres y II sahuesos de trayella”211.
En febrero de 1388, se documenta una curiosa petición de dos alanos, por parte del rey de Aragón, a su sobrino Fernando, hijo menor de Juan I de Castilla212. Esta
referencia creo que es muy interesante, pues, indica, con bastante veracidad, que ya desde bien jóvenes (Fernando aún no había cumplido ocho años), los hijos de los reyes ya disponían de sus propias manadas particulares de perros de caza. No obstante, considero poco probable que Fernando participara a esa edad en grandes cacerías, aunque no por ello deja de ser relevante la información contenida en la petición del rey de Aragón. También el príncipe de Asturias, a finales de 1388, remitió a su tío aragonés dos alanos “muyto buenos”, cuyos nombres eran Amdís y Ogel. A cambio de los perros, Enrique pidió a Juan I de Aragón unos halcones “de ribera”. No obstante, el monarca aragonés comunicó a su sobrino que en ese momento no disponía de rapaces de esas características. Sin embargo, indicó al príncipe que había enviado a Francia “a algunos amigos nuestros”, para que le trajesen dichas aves, las cuales, posteriormente, remitiría al heredero castellano213.
Otra noticia bastante relevante se encuentra en una misiva remitida por Juan I a su homónimo castellano, el 15 de febrero de 1389, en la cual, le pidió que le enviase “un podenco negro muyt bel”, propiedad de Pedro, conde de Trastámara214. En efecto, según
se desprende la carta del monarca aragonés, ya a finales del siglo XIV la fama de ciertos animales, bien por sus habilidades o bien por su belleza (como es el caso de este podenco del conde de Trastámara), traspasaba fronteras. En mi opinión, este dato es importante, pues, probablemente, ya en estos años podrían existir agentes o representantes de nobles y reyes encargados de promocionar y dar salida a los animales criados por los oficiales y servidores de dichos individuos, e incluso, es posible que el propio Juan I de Aragón
210 Sobre este personaje véase: Pérez de Guzmán, Generaciones, pp. 99-101. 211 ACA, Cancillería Real, reg. 1751, ff. 134v-135r.
212 ACA, Cancillería Real, reg. 1868, f. 62v. 213 ACA, Cancillería Real, reg. 1954, ff. 163rv. 214 ACA, Cancillería Real, reg. 1871, f. 125v.
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mandara sus propios agentes y observadores, en busca de los animales más idóneos para las jaurías reales.
Sobre el intercambio de bienes culturales, la única noticia que he podido encontrar a este respecto en la documentación del Archivo de la Corona de Aragón, es una petición de información enviada por Juan I de Aragón a su cuñado castellano, concerniente a una copia del libro de viajes de Mandeville que se estaba realizando para Juan I de Castilla215.
No obstante, considero que las noticias referentes a intercambios de bienes y presentes culturales entre los reyes de Castilla y Navarra debieron ser más abundantes, pues, Juan I de Aragón era un gran amante de la cultura.
En cuanto a los obsequios remitidos por el soberano aragonés a su homólogo castellano, el porcentaje de reciprocidad por parte aragonesa debió de ser menor que por el lado castellano, pues, solo he podido localizar en el Archivo de la Corona de Aragón dos noticias a este respecto. La primera, fechada en octubre de 1387, consistió en el envío a Juan I de Castilla de un bálsamo para tratar un cólico nefrítico que padecía el soberano castellano216. La segunda, datada en febrero de 1390, consistió en el envío a la corte
castellana de especias, fruta confitada y frutos secos217. Estos bienes enviados por el
monarca aragonés a su cuñado castellano, desde mi punto de vista, guardan un mayor simbolismo que el envío de caballos o perros, pues, eran alimentos cuya finalidad era la mejora de la salud. En efecto, en la concepción bajomedieval, no solo los bálsamos medicinales, sino también las especias, los frutos secos y los confites, se empleaban como medicina para los males del cuerpo218. Además, estimo que el monarca castellano debió
de agradecer todos estos regalos de su homólogo aragonés, pues, al parecer, su estado de salud no debía de ser del todo óptimo219.
Estas noticias, aunque escasas en número para los años 1387-1390, son muy interesantes, pues muestranuna faceta poco conocida y, más personal, de las relaciones entre los distintos soberanos, en donde, sin duda, se debían de conocer muy bien los
215 ACA, Cancillería Real, reg. 1957, f. 140v. Sobre el papel de la cultura en las relaciones peninsulares,
véase: Beceiro Pita, “La importancia”.
216 ACA, Cancillería Real, reg. 1751, f. 134v.
217 ACA, Cancillería Real, reg. 1957, ff. 124rv: apéndice documental nº XI. 218 Serrano Larráyoz, Medicina y enfermedad, p. 154.
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respectivos gustos de cada monarca. Por ello, no es extraño que el rey de Aragón recibiese de la realeza y nobleza castellana básicamente animales de caza, pues, estos bienes eran los que más apasionaban al rey de Aragón. Por desgracia, los deleites de Juan I de Castilla no quedan reflejados en la documentación conservada en los registros de la cancillería aragonesa. No obstante, el envío de productos medicinales, por parte de su antiguo cuñado, es una muestra de la preocupación e interés del soberano aragonés a cerca de la salud y bienestar de uno de sus principales aliados220. Obviamente, muchos más debieron
ser los obsequios enviados entre ambos soberanos. Si se revisa el intercambio de presentes que mantuvo Juan I de Aragón con otros reyes y nobles en esos mismos años, se detalla un gran número de productos y animales.
Así pues, se tiene constancia en 1387 del envío de ciertas vestimentas solicitadas por el rey de Aragón a sus suegros, los duques de Bar221. En ese mismo año, pidió el
monarca aragonés a León V de Armenia, a quien Juan I de Castilla había nombrado señor de Madrid en 1383222, que le enviara “I falco grifaut blanch”223.
El maestre de la Orden de San Juan, el aragonés Juan Fernández de Heredia, también será uno de los personajes más importantes que, de manera constante, remitirá gran cantidad de libros al monarca aragonés. Entre los títulos enviados al monarca, destacan las composiciones realizadas por orden del maestre en lengua aragonesa224. Así
pues, a finales de 1388 el rey de Aragón le pidió que le mandara la segunda parte de la
220 Este interés por la salud del monarca, no obstante, ha sido considerado como una simple formula de
cortesía por algunos autores. A este respecto, véase: Péquignot, Au nom, p. 483 y Rochwert-Zuili, “La correspondencia”, pp. 57-58.
221 ACA, Cancillería Real, reg. 1751, f. 74v. Sobre el obsequio de tejidos lujosos en la Baja Edad Media,
véase: Oreja Andrés, “El obsequio”.
222 Sobre la concesión del señorío de Madrid a León V de Armenia, véase: Amador de los Ríos, Historia
de la villa, I, pp. 401-407; Millares Carlo, Varela Hervías, Documentos, I, pp. 171-190; Suárez Fernández, Historia del reinado, I, pp. 136-137 y Fradejas Lebrero, León V. La concesión de aquella villa por parte del rey de Castilla fue una medida puramente caritativa, destinada a paliar la precaria situación del monarca armenio, cuyo reino le había sido arrebatado por el Sultanato Mameluco, siendo además encarcelado durante años, hasta que se consiguió el monto total del rescate que pidió el sultán. Sobre la liberación de León V véase: Sáez Pomés, “La ayuda de Valencia”.
223 ACA, Cancillería Real, reg. 1751, f. 86r. El tipo de halcón al que se refiere Juan I es un gerifalte. 224 Sobre la producción literaria de este personaje véase: Nieto Soria, “Las inquietudes”, pp. 190-194.
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Crónica d´Espanya, pues ya había terminado de leer la primera225. En abril del siguiente
año, la reina Violante de Bar escribió al conde de Foix, comunicándole el enorme placer que había tenido su marido al recibir una copia del famoso libro de caza escrito por el mismo conde226. Juan I escribió una carta del mismo tenor a Gastón Febo, agradeciéndole,
además, el envío de ciertos perros cazadores227.
Con los monarcas musulmanes, también hubo intercambio de presentes. En este contexto destaca, por los exóticos obsequios que solicitó Juan I228, una carta remitida al
rey de Tremecén el 13 se septiembre de 1387:
E pues parece vos haver a nos tal afección, plazenos que por semblant manera, si algunas cosas vos cumplen de nuestros regnos escrivades a nos, e complzer vos endemos. En lo que cumpliere a la honra de nuestra reyal magestat, e a vuestros buenos plazeres, rogantes vos que nos enviedes II buenos rocines genetes e bien acendados, e I espada con unas vestiduras o ropas moriscas, para la nuestra persona, e otrosí II leones e II leonas que sean xicos e buenos229…
6.3. Los últimos años de Juan I de Aragón (1391-1396)
Para el período 1391-1395, a diferencia del anterior, se documenta un mayor número de presentes enviados por Juan I a tierras castellanas. ¿Quizás el soberano aragonés mostró un mayor interés en agasajar a su sobrino que a su antiguo cuñado? ¿Simplemente fueron recogidas más noticias sobre estos temas en los registros de la cancillería aragonesa? De un modo u otro, la riqueza documental para este período es más abundante.
Entre los obsequios que recibió Juan I de tierras castellanas, al igual que en los primeros años de su reinado, destacan, principalmente, los animales, tanto los empleados para cabalgar como los utilizados en las labores cinegéticas. A comienzos de marzo de
225 ACA, Cancillería Real, reg. 1868, f. 14r. El documento se encuentra publicado en: Rubió i Lluch,
Documents, I, pp. 355-356.
226 ACA, Cancillería Real, reg. 2053, f. 101v. Publicado en: Rubió i Lluch, Documents, I, pp. 356-357. 227 ACA, Cancillería Real, reg. 1958, f. 6v. Trascripción parcial del documento en: Sanpere y Miquel, Las
costumbres, p. 180.
228 Para una visión general sobre los regalos exóticos a finales de la Edad Media, principalmente, en el
ámbito de la corte portuguesa, véase: Santana Simões, “The Symbolic”, pp. 522-525.
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1391, el rey de Aragón pidió en esta fecha al duque de Benavente, Fadrique de Castilla, que le enviase para la “caça del puerco”, ciertos “alanos, buenos e aptos para la dita caça,