4. Treatment Effects
4.5 Further Evidence – Fixed Effect Estimators
La cárcel, desde sus inicios, ha sido malentendida con un frágil propósito de convertir las conductas punibles que en la vida real no es posible transformar; tales intenciones se han desvirtuado a lo largo de la historia, dado que la prisión no
trascendió más allá de ser un albergue temporal o definitivo de „delincuentes‟. Foucault manifiesta que la cárcel desde sus primeras manifestaciones ha sido un completo fracaso. Cuando se optó por confinar a las personas que actuaban mal, se debió pensar en realidad en un proceso reformador; es decir, la prisión debió haberse concentrado en la figura de la escuela; sólo un proceso educativo y pedagógico hubiera podido hacer frente a conductas derivadas en el principio de la inequidad social. No se puede culpar únicamente al Estado de la delincuencia por falta de oportunidades; debemos atribuir gran responsabilidad a la pretensión de apartar a quienes infringían la ley pensando que esa era la solución; dichas políticas desencadenaron un efecto inverso frente al papel del delito, pues las cárceles se convirtieron en verdaderas academias del crimen.
La grieta entre la sociedad y quienes cumplían su pena en la prisión crecía notablemente, el „sujeto moral‟ discriminaba con su juicio a quien, por los motivos que fuere, estaba dentro de la prisión, tal estigma lo acompañaría siempre, señalándolo en todos los espacios de la sociedad. La actividad resocializadora no trascendía más allá de una fuerza de trabajo fundada más en el oportunismo mercantilista de la época que en el fomento de la virtud del trabajo como alternativa de vida. El trabajo que se infunde en la prisión no sirve para nada, según Foucault.
El derecho y los procedimientos penales fracasaron en dos grandes retos:
1-La sociedad se forja sobre una doble moral, la corrupción corroe los estamentos del Estado; el delito y la tolerancia hacia él crece; el dinero impone las condiciones generando así que los castigos sean para quienes no son capaces de comprar su inocencia.
2-La subjetividad a la hora de juzgar –sin ánimo de justificar el delito- es el problema más difícil que debe asumir la justicia y el derecho penal; no es lo mismo una
persona que roba por robar, a otra que roba por su condición de pobreza; que roba por él y por el hambre de su familia.
Mi propósito no es discutir los dilemas jurídicos, porque el fracaso de la prisión no se deriva de la legislación; es más, está directamente relacionado con la actitud del aparato administrativo que se encarga de disponer las directrices de la prisión como establecimiento.
“[…] El momento en el que se ha percibido que era, según la economía del poder, más eficaz y más rentable vigilar que castigar[…]” (Foucault, 1989, pág. 140).
Todo apunta a un nuevo „ejercicio de poder‟; los ideólogos de este nuevo proyecto apuntan a la figura de observar procesos sin una fundamentación teórica. El Estado asume el control de quien entra a la prisión, lo vigila constantemente pero no fomenta en él una figura seria de cambio; su propósito es marginarlo, para no cometer más crímenes por fuera de la prisión, confinándolo así a vivir paralelamente en un submundo donde poco importa su comportamiento; lo que nos interesa es “conservarla estabilidad” en la sociedad.
¿Qué sucede en el momento en que dicho individuo retoma su libertad? Ha sido reprimido de sus emociones, forzado a realizar trabajo, y actividades determinadas; nunca tuvo la opción de reflexionar acerca de la culpa que lo acompañaba –aun habiéndola purgado por un lapso determinado de tiempo-. El resultado que tenemos es un hombre con sus pasiones reprimidas, con pocas oportunidades frente a la sociedad, en consecuencia y como resultado de sus actos, sale peor de lo que entró a la prisión, enfrentándose a una sociedad que le atribuye una cuota de culpa que posiblemente ya
pagó; sin tener en cuenta que según las reglas y estatutos que todo el conjunto social comparte; él es libre de nuevo porque cumplió con su condena15.
No se puede sólo utilizar el término –vigilar-, es necesario en el actual contexto, señalarlo al tiempo con el acto de castigar; la utilización de los dos conceptos al mismo tiempo, sugieren el sentido de responsabilidad de las conductas punitivas. La acción que se refiere a sólo vigilar, propone el cuidado intrascendente de algo, en este caso un individuo para conservarlo tal y como está, razón por la cual el castigo y la vigilancia responsable, debe ser proporcional a una acción de cambio. Los niños en su proceso educativo se castigan y a la vez se educan con el fin de eliminar conductas negativas para su desarrollo individual y colectivo. Cuando se castiga a un niño física o verbalmente, se hace énfasis en que dicha conducta lo indispone con su entorno y con él mismo; tal castigo además le brinda una lección para juzgar en algún momento frente al sin número de situaciones que le presenta la vida.
Hasta el momento, en la investigación del estudio de Foucault sobre la prisión la combinación entre vigilancia y castigo es el vértice que nos permite entender por qué ha fracasado la prisión y, a su vez, abre la posibilidad de introducir la educación filosófica en la prisión como un elemento de cooperaciónen el proceso reformador de los establecimientos penitenciarios. A continuación hablaré del castigo y los resultados que éste debe brindar cuando se ejerce con total responsabilidad.
15
Es importante aclarar que en esta afirmación, sólo hago referencia al papel del condenado de cara a una nueva vida frente a la sociedad; sin ánimo de justificar sus actos y teniendo presente que él fue quien con sus acciones afectó a la sociedad y se afectó a sí mismo.