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How I got out of that lifestyle

THE FUTURE IS CHANGING

EL NOMBRE DE UNA MONEDA

Me llamo Esterlina Milanés Dantín y nací en La Habana el 8 de septiembre de 1904. Mis padres fueron Guillermo Milanés y Amé- rica Dantín. El [apellido] Milanés vino de la isla de Ibiza, que mis abuelos vinieron de allá y tuvieron la familia en Bayamo, y el Dan- tín viene del francés dantin, pero bueno. Me llamo Esterlina porque una abuelita mía se llamaba Ester y la otra se llamaba Lina; como yo fui la tercera de las hijas, ya no había nombre para la niña, y mi papá fue el que me lo puso. Yo le decía: "No te perdonaré nunca que me pusieras un nombre tan horrible, el nombre de una moneda:

sterling." De ahí salió el nombre.

Nosotros éramos cinco de familia, tres hermanas y dos herma- nos, dos fallecieron ya —las hembras—, y quedan los dos varones: el mayor, que se llama Guillermo y es médico, y Armenio, que es con- tador, los dos ya jubilados. Yo era la penúltima de todos y la menor de las hembras. La mayor era mi hermana Otilia y la segunda era Ofelia. Otilia fue farmacéutica; después que se casó no trabajó más, mejor dicho, no trabajó como farmacéutica, pero después, de mayor, con la revolución, se integró a trabajar: ayudó en un laboratorio y trabajó hasta dos años antes de morir, y Ofelia lo que estudió fue literatura española, y escribió [durante] mucho tiempo. Ella tuvo una hija y un hijo; la hija se casó con un muchacho que era muy revolucionario, que fue el que trajo el Corinthya,' y ellos tuvieron

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Se refiere al yate Corinthya que trajo a Cuba a 27 expedicionarios de la Orga- nización Auténtica (oA), vinculados al ex presidente cubano Carlos Prío Socarrás. Procedentes de Estados Unidos, los jóvenes revolucionarios desembarcaron el 19 de mayo de 1957 en la bahía de Cabónico, al norte de la antigua provincia de Orien- te. Sorprendidos unos días después por fuerzas del ejército del dictador Fulgencio

un niñito, pero era una gente... Nosotros todos éramos personas de mucha religión, que estuvimos muy ligados con los jesuitas y esas cosas, y entonces hasta ya en el momento que estalla la revolución tuvimos que sufrir mucho, porque nosotros queríamos que las mon- jas no se fueran y que ayudaran a Fidel, y también los curas... Pero empezamos a sufrir mucho por esas cosas ¿no?, entonces el cambio éste para nosotros fue un poco violento...

Mi abuelito paterno era bayamés, pero los padres de él vinieron de la isla de Ibiza y también pelearon por la guerra de independen- cia. Mi papá peleó muy jovencito, tenía 17 años, y llegó al grado de capitán, pero jamás en la vida quiso... Él decía que había hecho patria no para luego cobrarle, y se dedicó a la ingeniería mecáni- ca, porque ésa era su profesión. El papá de mi mamá era de origen francés —su papá era francés y su mamá española—, y llegó a ser general mayor en la guerra de independencia. Él peleó toda la gue- rra, pero le sobrevivió pocos años; mi mamá era su única hija.

Yo tuve una cosa en mi familia de lo más curiosa, debe de haber ocurrido, pienso, en muchas familias: por parte de padre mi abuelita era madrileña y su esposo era bayamés, pero los padres de mi abue- lita tuvieron 14 hijos, ¡ 14 hijos! Él era capitán de la marina mercan- te y entonces, en muchas ocasiones de la vida, llevó a su esposa para distintos lugares de España y tenían hijos en distintas provincias españolas. El caso es que cuando se establecen en Cuba para vivir con esos 14 hijos empieza la guerra [de independencia] y todo eso, y mi bisabuela tuvo la pena: de nueve hijos, cinco peleaban por Cuba y cuatro por España. Entonces mi bisabuela decía: "Que vuelvan todos vivos, y si se ven de frente, no se tiren." Eso pasó muchas veces, y habrá pasado en muchos lugares, y estará pasando, pero esto a mí de chiquita me impresionaba mucho. Llegó un momento en que mi bisabuelo no quiso viajar más, y entonces me imagino que sería la abuela o las tías, las hermanas de ellos, las que le pidieron que se quedaran en Cuba porque en muchos viajes ellos se iban y se quedaban los chiquitos aquí, y otras veces los traían de España y los dejaban aquí y volvían, y entonces se establecieron en Cuba, no salieron más a España.

Batista, 16 de ellos fueron capturados y asesinados, incluido el jefe del grupo Ca- lixto Sánchez White.

A mi bisabuelo no lo conocí pero a mi abuelito sí, al mambí2 sí, era un viejito de ojos azules muy bajito, y tenía un genio que había que verlo... El mambí se casó con la madrileña, la de los herma- nos que pelearon por Cuba y por España, y mi abuelita madrile- ña era mambisa, claro: casada con un mambí, y ellos no tuvieron problemas, desde luego, pero entonces resulta que mi abuelito era primo hermano de Tomás Estrada Palma, el primer presiden- te que vendió a Cuba.3 Mi abuelito no nos dejó ir a verlo a nosotros, que éramos chiquitos, ni a sus hijos, porque decía: "Tomasito es un traidor." En aquella época, siendo primos hermanos —mi abuelito era Milanés Estrada y la mamá de Tomás era Palma de Estrada—, nosotros nunca lo tratamos ni fuimos a Palacio ni nada, pero todo mundo sabía que ellos eran primos hermanos.

Mi papá fue un hombre muy liberado en sus ideas, yo creo que de ahí empieza la lucha de nosotros; pienso que siempre quisimos tanto a Cuba, hemos querido tanto a la humanidad... Nos aparta- mos de la religión porque eso es relativo, hay muchos religiosos que no quieren a nadie, pero de ver cómo la patria sufría tanto, aquella discriminación que había con la gente... Yo me acuerdo que había cuatro o cinco mujeres que habían trabajado con nosotras de chi- quitas, cuidándonos y todo; estas viejitas vivían al lado de nosotros y una de ellas había sido esclava, así es que a nosotras nos venía el revisar a los demás con esas cosas... La última de esas mujeres mu- rió teniendo yo 13 años, murió en mi casa, mi abuelito la cuidaba, la quería, era parte de la familia. Después que terminó la guerra mi padre no quiso meterse en política alguna, ni dejaba que nadie de sus hijos hablara de esas cosas, porque él fue uno de esos cubanos decepcionados de la política que se dio en Cuba; entonces, cuando nosotros empezamos a crecer y a estudiar, mi papá siempre nos es- taba vigilando que no nos metiéramos por ese lado, pero nosotros nos escapábamos y hacíamos muchísimas cosas junto con los demás

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Nombre popular que desde el siglo xix se dio en Cuba a los luchadores por la independencia. Al parecer procede de República Dominicana.

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Tomás Estrada Palma (1835-1908) fue el primer presidente de la República de Cuba tras el término de la intervención norteamericana (1899-1902). Luchador por la independencia en 1876 había sido presidente de la República en Armas. Tras la muerte de Martí, quedó al frente del Partido Revolucionario Cubano. Su gobierno se extendió desde 1902 hasta 1906, cuando solicitó de nuevo la intervención norte- americana ante el brote insurreccional provocado por su reelección presidencial.

estudiantes. Él no trabajó nunca para el gobierno, sino para una compañía inglesa que se llamaba Ferrocarriles Occidentales de La Habana, esos que mandaban a Inglaterra el oro en barra.

Mi mamaíta se dedicó nada más que al hogar... Ella muere te- niendo yo cuatro años, ahora tengo 75: murió hace más de 70. Mi mamá estudió idiomas porque en aquella época en que era chiquita les ponían institutrices, y ella llegó a dominar [varios] idiomas, bor- daba, pintaba... Hablaba muy bien inglés, francés, italiano. A noso- tros nos hablaba siempre en inglés; hablábamos primero inglés que español, y después, en el colegio (un colegio de monjas americanas), [también] se hablaba inglés. Inclusive, con lo anciana que estoy y que no hablo constantemente en inglés con muchas personas, sólo con los alumnos [a los] que les doy clases y eso, muchas veces se me salen las palabras en inglés, la oración en inglés, pero es por la formación.

A los dos años de quedar viudo mi papá se volvió a casar, pero la madrastra fue muy mala con nosotros. No nos dejaba usar la pasta de dientes ni el cepillo de mi papá, y él no se enteraba de nada. No tuvo hijos con ella, sólo éramos nosotros cinco, pero entonces una tía mía que era madrileña, hermana de mi abuelita, nos llevó con ella por el maltrato de la madrastra... Yo tenía como 9 años cuando me fui con mi tía Carmen, y entonces la mayor se fue con mi abuelita, mi hermano mayor con un tío, nos fuimos todos... La familia se de- sintegró, y entonces nosotros nos criamos al calor de toda la familia pero no juntos: mi hermano con el tío médico, que por eso él fue mé- dico después, y mi otra hermana [que se dedicó] a la literatura [se fue a vivir] con mi abuelita de parte de madre, que nunca se consoló la pobre de haber perdido a su única hija; mi hermano más chiquito [se fue] con otra tía abuela, hermana de mi abuelita. Se repartieron los cinco muchachos con la familia del padre y de la madre. Mi papá estuvo de acuerdo con eso porque él estaba enamorado de su mujer, él no sabía el porqué, de verdad; su mamá le había dicho: "Dame a Otilia, dame a Otilia." Y la otra abuela, suegra de él, que lo quería mucho: "Dame a Ofelia." Mi tía Carmen, la madrileña: "Dame a Es- ter", porque toda mi familia me dice Ester, nadie me dice Esterlina, y entonces las tías abuelas nos quitaron... Le decían: "Los niños están chiquitos, para qué tú los quieres tener, y además ella es una muchacha joven..." Bueno, no era tan joven, era mucho mayor que

mi mamá: era una mujer como de 40; mi papá tenía 39 años cuando enviudó, era joven, y además tenía un tipo juvenil también. Enton- ces, claro, nuestras abuelas y nuestras tías siempre tenían cuidado de integrarse en los cumpleaños; sí, ellas fueron muy cuidadosas en eso... pero después, cuando ya estuvo mayor mi padre, él se había decepcionado mucho de la política cubana, se desesperaba de ver las cosas de los cubanos, el gobierno de los cubanos, y empezó a man- dar a sus hijos fuera a estudiar; a mí me mandaron a Boston, me mandaron sola porque ya mis hermanas estaban estudiando en la universidad, aquí en Cuba.

En la familia más o menos había dinero, ¿no?, porque venía de los abuelos también, y mi padre heredó de la abuela cuando murió y sí, mi abuelita por parte de madre era gente de revolucionarios... Paula Valiente, que fue gente muy rica, y de aquellos cubanos de abolengo, pero no eran hermanos de los españoles. Qué cosa tan contradictoria que, ¡claro!, tenían todo y lucharon por la liberación de Cuba; ahora, después de la revolución, nosotros hemos pensado mucho cómo sería que podía haber patriotas que tuvieron tantas co- sas y pelearon contra España; ahí los fusilaron. El patrimonio de mi abuela por parte de madre era por tierras, ellos eran terratenientes en la Bahía Honda, provincia de Pinar del Río, y eran gente rica... porque los españoles dejaron hijos [a los que] les llamaban criollos, pero no todos los criollos eran hijos de esclavas con... No, a los pri- meros cubanos que nacían les llamaban criollos pero no sólo eran hijos de esclavas ni de las indígenas, eran hijos de españoles que na- cían aquí. Las tierras eran productivas, ellos tenían tabaco porque al principio fue mucho el tabaco, y ya después, cuando los matan a ellos, cuando se termina la guerra, la familia reclama los terrenos y es [cuando] los dedicamos al azúcar. A esta gente le dio ya por estudiar medicina.., bueno, otros fueron poetas, un primo hermano de mi bisabuelo era poeta.4 La familia Milanés fue famosa aquí en Cuba por una generación de médicos, a todos les daba por la medici- na y a algunos otros por los asuntos políticos, pero en la época de mi abuelito eran de medicina; fueron varios hermanos que vinieron de la isla de Ibiza: uno era farmacéutico, el otro médico, el otro abogado

4 Al parecer se refiere al poeta cubano, nacido en Matanzas, José Jacinto Mila- nés (1814-1863), muy conocido en Cuba.

y el padre del poeta. Mi padre estudió ingeniería mecánica en San- tiago de Compostela (Galicia); mis tíos [también] estudiaron en Es- paña, y entonces fue cuando vinieron para acá.

Cuando los hermanos quedamos distribuidos con las tías abuelas mi papá se ocupaba de nuestros gastos también; muchas veces las tías no querían y le decían: "No, mira Guillermo, no te pre- ocupes, no mandes nada, a las niñas no les hace falta nada." Una era la madre, la otra era la suegra, la otra era la tía... La familia trató siempre de que nosotros no sufriéramos la falta de la madre, pero la esposa de mi padre fue una persona mala con nosotros, por eso nos separaron. Mi papá murió con nosotras [las hijas], ya mayor, hace muy poco tiempo; él vivió 98 años. Hacía unas poesías preciosas, pero murió muy triste de no haberse dado cuenta de lo que había pasado en su patria. Mi papá murió como revolucionario, no como católico, porque él nos dijo a nosotros que no le hiciéramos ninguna ceremonia de ninguna cosa.

Mis tías siempre pensaban en nuestra educación, y como mi mamá nos había educado de chiquitas con las maestras y en inglés, mi tía me puso en las dominicas americanas, en una escuela que se llamaba American Dominican System, Santa Catalina de Richis. Ahí hago hasta high school. [En esta escuela] se daba de primero a sexto y después el high school, que eran cinco años. Ahí yo estaba interna, pero mi tía me iba a ver tres veces a la semana y nos sacaban una vez al mes. Mi tía no me pudo sacar mucho porque estaba muy delicada de salud, y sufría porque ella quería estar a mi lado y a mí me gusta- ba el internado. Me encantaba. Eran rígidos pero al mismo tiempo yo no sé si porque sería un colegio de niñas pudientes. Durante el tiem- po que yo estuve ahí, hubo tres hijas del presidente de la república; había otras escuelas muy buenas, como el Sagrado Corazón de Jesús, pero no sé si les atraía a los cubanos el inglés y el francés que ahí se hablaba. Yo estudié francés como cuatro o cinco años al principio, pero cuando ya llegué a high school no quería ver nada.

El gobierno de Machados

impuso un sistema educativo nacio- nal [que establecía] que se enseñara español, porque al principio,

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Gerardo Machado y Morales (1871-1939), general de la última guerra de in- dependencia, presidente de la República desde 1925. En 1929 impuso una prórroga de poderes que lo convirtió de hecho en un dictador, lo que despertó una verdadera revolución popular que lo obligó a huir del país el 12 de agosto de 1933.

cuando yo entré —era chiquitica, no había cumplido los cinco años todavía, que entonces no se decía como ahora la preprimaria, se decía el nursery, y después, ya mayor, era el kinder garden—, no era así. Las monjas todas me acariciaban la cara porque yo era muy gordita, estaba ahí como si fuera una muñeca, porque como decían que no tenía madre me tenían lástima, pero lástima en el sentido de la [falta de mi] madre, porque de lo demás nunca me faltó nada. Yo me acuerdo muchísimo de cuando mi mamá muere... Es una cosa, ¿cómo lo diré?, ¡macabra!: mamaíta muere del corazón, de 24 años, era linda; entonces una tía mía, que fue la que se lleva a mi hermano más chiquito para su casa, la tía María, me carga y me pone delante de la caja y me dice: "¡Mírala, mírala!, dale un besito que ya no la vas a ver más." ¡Qué cosa más macabra!, pero la pobre vieja..., y entonces mi tío el médico me cargó y yo lloraba y lloraba ¿no?: "¡Yo quiero estar con mamita, yo quiero estar con mamita!" Tenía cuatro años, y eso no se me ha borrado más de la mente. Cuando ya nos separamos los hermanos, mi papá no iba a vernos con mucha frecuencia, porque él le tenía mucho respeto a su madre, que era una buena persona y le echaba en cara que no nos atendía como debía. Yo me enteré de eso después, en aquella época yo no entendía.

En la escuela, de grados anteriores no recuerdo bien, pero en el quinto grado teníamos matemáticas, geografía, español, gramáti- ca. Teníamos, bueno, historia y también geografía de los Estados Unidos. En Cuba, Machado hace el decreto diciendo que en todas las escuelas cubanas se tiene que hablar español, aunque fueran extranjeras. Yo no sé si es por el antecedente que teníamos de mambís y de patriotas cubanos, pero por cualquier cosa mínima salíamos lastimados; en aquella época, nunca se me olvidará, fue cuando se establece en Cuba el día de las madres el segundo do- mingo de mayo, y entonces todas las muchachas empezaron a decir el nombre de sus madres, pero la monja, al pasar por mí, no se dio cuenta que yo no tenía madre y yo no contesté, nada más que empe- cé a llorar. Yo tenía 10 años, entonces en esas vacaciones me man- dan buscar para irme a Nueva York, con las alumnas que quisieran ir a los camps, summer camps... Era una saturación del inglés. Y entonces vamos y entramos en una reunión allá, y había bastantes latinas ahí, bastantes latinoamericanas, y entonces el profesor de

literatura, me acuerdo porque coincidió con la cosa de la madre, le pregunta a una irlandesa:

—¿Usted qué cosa es? —Irlandesa.

—¿Y sus padres? —Irlandeses.

—¿Usted nació en Irlanda? —No, aquí.

—No, pues usted es norteamericana.

—No, pero a mí me registraron allá como irlandesa.

Entonces una mexicana dice: "Yo soy mexicana pero me encan- taría ser norteamericana." Cuando ella dijo eso.., entonces me llegó mi turno, y el profesor me dice:

—¿Usted qué es? —Yo, cubana.

—Y si usted no fuera cubana, ¿qué le gustaría ser? —Cubana.

Eso me costó una reprimenda, porque era una ofensa [para los norteamericanos] cuando apenas estaba uno entrando ahí. Com- prendo que yo fui medio rebelde. Lo que pasaba es que a mí me gustaba estudiar y cada vez que había algún problema, por ejemplo cuando ya estaba en el high school, siempre me señalaban a mí por la rebeldía. Era que ya se habían acostumbrado a aquel trato de ellos con nosotros los latinos. El problema que yo veía en mi ado- lescencia, yo no sé si en esto no estoy siendo justa pero me parece que... yo veía niñas que cometían errores graves, faltas, en el cole- gio de monjas, en la misma universidad católica, con los profesores, y entonces a esas niñas jamás les decían nada, ni les llamaban la atención ni les decían nada; ahora, ¿quiénes eran?: hijas de banque-