SCENARIO 2: Fleets below mean of
4. Future Development of the KPI Initiative
Una la diócesis de Ávila
La superficie de la diócesis de Ávila en el año 1936 era de 9.760 km2, ocupando el vigésimo lugar en relación con las demás
diócesis españolas. Tal superficie diocesana coincidía no con la de la provincia. La extensión provincial es de 8.048 km2. Menor, pues,
que la de la diócesis en aquel año. Reformas eclesiásticas posteriores han hecho coincidir la superficie diocesana con la provincial.
Si atendemos a la población, también hay en 1936 una notable diferencia entre diócesis y provincia. Mientras los diocesanos ascendían a 332.720, los habitantes de la provincia eran, tan sólo, 251.000. Había, pues, una diferencia de 81.720 a favor de la diócesis.
A referirme en el presente libro a cada una de las parroquias, sometidas al dominio rojo en aquel año 1936, iré indicando el número de habitantes.
Los seis arciprestazgos aparecerán por orden alfabético, tanto ellos entre sí, como los pueblos que cada uno de ellos comprendía. Adelanto este resumen:
Nombre del arciprestazgo Nº de parroquias Habitantes
Arenas de San Pedro 13 28.848
Burgohondo 12 18.561
Casavieja 17 26.513
Cebreros 8 19.820
Oropesa 14 33.494
El Real de San Vicente 7 7.923
TOTAL 71 135.159
De estas parroquias abulenses, sometidas al dominio marxista durante el verano de 1936, pertenecen a la provincia de Ávila 44; a la de Toledo 25 y a la de Cáceres 2.
Como el tema al que se refiere este libro es eclesiástico y trata del año 1936, las presentes páginas considerarán a todos los 71 pueblos, aunque no sean todos de la provincia de Ávila, ni pertenezcan y a esta diócesis abulense.
Un tiempo: los aledaños de 1936
Por lo que se refiere, más en concreto, a esta diócesis de Ávila, la situación de clara actividad antirreligiosa revestía, poco más o menos, los mismos caracteres que en el resto de la nación. Y ya están brevemente indicados en el Capítulo II. Por eso, procuraré ser muy conciso al indicar ahora algunos datos referentes a esta diócesis y en el tiempo inmediato anterior al 18 de julio de 1936, fecha del inicio del conflicto bélico.
Para los actos de culto era necesario solicitar la autorización gubernativa, siempre que tal celebración tuviera que manifestarse, de alguna manera, fuera del templo.
Como en capítulos siguientes deseo referirme a las parroquias en particular, ahora lo haré, tan sólo, en relación con la capital de la
provincia. Ello indica más fácilmente el sentir y el criterio gubernativo.
El cabildo de la catedral, en sesión celebrada el día 19 de mayo de 1932, acordó «solicitar del Excmo. señor gobernador permiso para hacer la procesión del Corpus, como en años anteriores». Y en el cabildo celebrado el día 18 de agosto del mismo año 1932 aparece escrito en el acta correspondiente:
Teniendo en cuenta la prohibición de hacer procesiones públicas, que pesa sobre esta provincia, el Excmo. Cabildo solicitó con fecha 6 de los corrientes del señor Gobernador el permiso oportuno para trasladarse procesionalmente a la iglesia de Las Madres en el día de San Bartolomé y a la de los Santos mártires el día de su fiesta, con objeto de hacer las fiestas, que tradicionalmente y desde tiempo inmemorial viene en dichas iglesias celebrando.
El día 9 se recibió un oficio del señor gobernador civil de la provincia, concediendo la autorización solicitada. El día 11 se recibe un nuevo oficio del señor Gobernador civil retirando el permiso antes concedido. El día 13 se lee un Oficio de la priora de Las Madres en que ruega al cabildo que la supresión de la misa conventual en dicho convento el día de San Bartolomé no sea definitiva, sino sólo para mientras duren las actuales circunstancias.
Como se ve la autoridad civil de la provincia iba poniendo cada día más frecuentes y mayores dificultades para la celebración pública de actos religiosos. No sólo exigía la previa petición de permiso. Con frecuencia era denegado, incluso después de haberlo concedido inicialmente.
El doctor Plá y Deniel (futuro cardenal primado y arzobispo de Toledo), obispo de Ávila entonces, publicaba el día 5 de febrero de 1933 una exhortación pastoral, pocos días después de su llegada desde Roma. En ella expone diversas consignas para todos los diocesanos, habida cuenta de las circunstancias del momento. Habla de «los males, que padece hoy España. Males religiosos, que sufrimos hoy en España...; de la tristísima caída de la España católica».
Seguidamente insiste en la descripción de las condiciones lamentables, en que económicamente se desenvuelve la diócesis, sin poder atender a las necesidades más perentorias.
La suerte futura —escribe el prelado—, por tanto, de la diócesis de Ávila y de sus parroquias y de sus templos, como de su personal eclesiástico, sin el cual no hay culto ni sacramentos, depende de si hay católicos que tengan verdadera fe y se sientan hijos de la Iglesia... Si éstos fallasen, sólo podría contemplar con dolor cómo uno tras otro fueren cerrándose sus templos.
El prelado tiene confianza de conseguir «un fruto copioso, de suerte que las adversidades y tribulaciones, que el Señor ha permitido sufra actualmente la Iglesia de España sirvan para acrisolar más nuestra fe y avivar nuestra piedad y fervor.
No obstante todas las dificultades económicas en que se desenvuelve la diócesis, el obispo escribe así a los sacerdotes abulenses el día 24 de abril de 1933.
Ofrezcamos al Señor las tribulaciones con que quiere purificamos y entreguémonos con generosidad y espíritu sacerdotal al cumplimiento de los arduos deberes del momento presente... Y estemos ciertos de que, si buscamos el Reino de Dios y su justicia, a su tiempo lo demás se nos dará por añadidura.
Como en el año anterior, resultaba necesario pedir autorización gubernativa siempre que se deseara celebrar algún acto de culto católico fuera del templo. Tal autorización era frecuentemente denegada.
Al cabildo de la catedral no se le permitió realizar cuatro procesiones durante el mes de mayo de 1933. Obra en el archivo catedralicio un documento en el que el Gobierno civil de la provincia comunica tal prohibición.
No queremos alargarnos mucho al recordar las condiciones en las que se encontraba la Iglesia católica en la España anterior al 18 de julio de 1936. Bastaríanos ir siguiendo, entre otros documentos, la declaración del Episcopado español con motivo de la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas. Tiene la fecha el día 25 de mayo de 1933.
Permítasenos remitir a la carta encíclica Dilectisima Nobis de Pío XI sobre la injusta situación creada a la Iglesia católica en España. El día 3 de junio de 1933 es su fecha.
Como ya quedó indicado, al referirme al año 1932, la priora del monasterio de San José (Las Madres) solicita del cabildo catedralicio que nombre una comisión para que asista a la misa solemne el día de San Bartolomé para conmemorar el aniversario de la fundación de dicho monasterio por Santa Teresa de Jesús aquel dichoso día 24 de agosto de 1562. Pide la priora que vaya una representación del cabildo, aunque sea privado,
ya que persisten desgraciadamente las mismas circunstancias que le impiden acudir procesionalmente, según lo venía haciendo desde tiempo inmemorial.
Durante el año 1934, y en este caso concreto, hubo más condescendencia por parte de la autoridad civil de la provincia. Según consta en el archivo catedralicio, el gobernador civil concede permiso para que el cabildo se traslade procesionalmente al monasterio de San José para celebrar allí la misa solemne.
Otro tanto sucedería con relación a las procesiones del año 1935. Son tres las concesiones firmadas por el gobernador civil. Igual benignidad gubernativa existió con motivo de la entrada solemne del nuevo obispo diocesano, don Santos Moro Briz. Tuvo lugar el día 22 de septiembre de 1935.
No obstante, no era muy tranquilizadora la situación religiosa en la diócesis de Ávila. Continuaba, con más o menos altibajos. Así se expresaba el nuevo prelado. Se refería al «estado lastimoso de esclavitud y persecución en que se tiene aherrojada, desde hace cuatro años, a la Iglesia».
Don Santos Moro Briz, en su primer saludo y exhortación pastoral a toda la diócesis, escribía en el mes de noviembre de ese año 1935:
Pero la realidad es que la Iglesia... vive perseguida y en estado de víctima, y que, al mismo tiempo que se dio una libertad absurda para todo y para todos, se creó para la Iglesia (como sabiamente dijera el Episcopado español) el privilegio de la excepción y del agravio. Seguimos bajo el signo siniestro de una constitución sectaria y de una Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas lesiva de los derechos de la religión..., atentatoria de los principios del derecho público..., contraria al bien general de la misma sociedad española.
No podemos menos de deplorar la muchísima cizaña y los enormes estragos de impiedad y liviandad que en nuestra diócesis
ha logrado sembrar el «hombre enemigo», representado en este caso principalmente por la peste del laicismo y por las sectas marxistas.
Muy preocupado se sentía el obispo por el panorama real, presente y futuro, de esta diócesis de Ávila. Su actividad religiosa iba quedando cercada al recinto de los templos. Prohibición de procesiones y otros actos de culto católico. La incautación de cementerios se iba llevando a cabo en varias parroquias. No fal- taban injurias de subido tono a sacerdotes y a símbolos religiosos. La autoridad civil no intentaba evitarlas. Más bien, las amparaba. A veces, las promovía directamente.
De todo ello tendremos ocasión de ir escribiendo algo en las páginas siguientes, al tratar de cada una de las parroquias.
Como palpable y clara demostración de la profunda inquietud sentida por el prelado, doctor Moro Briz, en aquellos meses, recordamos algunas frases de una circular escrita a la diócesis abulense con fecha del día 26 de enero del año 1936. Son muy claras y muy reales:
Convocadas las elecciones para el futuro parlamento, exhortamos a todos nuestros amadísimos fieles… a que insten con fervorosas oraciones y penitencias imploren de la Divina Clemencia auxilio eficacísimo en favor de la Santa Iglesia de España. La necesidad es en extremo apremiante... Tenemos que lamentar... el recrudecimiento de la persecución sistemática contra nuestra sacrosanta religión, por medio de campañas de la prensa atea y pornográfica de toda clase de espectáculos.
No hace falta insistir más en ello. Queda muy bien diagnosticada la situación religiosa de la diócesis en las
precedentes palabras del prelado diocesano, don Santos Moro Briz.