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El trabajo infanto-juvenil además de ser una problemática social que afecta a los niños, niñas y adolescentes y sus contextos más cercanos como lo son las familias, le ha permitido al Trabajo Social como profesión revisarse y reinventarse en su quehacer profesional con esta población. El reconocimiento de una labor que está supeditada al escenario donde se vincula con los NNA, sus características, pautas de crianza, etapas de desarrollo, identidad, las familias, las instituciones que trabajan con la problemática, y las leyes que amparan y restituyen los derechos de los NNA, dan muestra de una profesión que transita por diferentes variables en un entorno, pero que también se retroalimenta del campo problemático para su ejercicio profesional, en el cual comprende y construye respuestas conceptuales, metodológicas, que sustenten su acción de orientar, acompañar ese contexto en particular.

Es importante agregar, que el Trabajo Social como una profesión parte de la realidad y de las experiencias sociales para intervenir, da valor a los componentes teóricos que han influido y contribuido con el pasar de la historia a esta profesión que desarrolla su quehacer en escenarios con una necesidad, pero también reivindica nuevas formas y estrategias para abordar sujetos que habitan en una sociedad dinámica y cambiante, que tiene nuevos procesos de interacción social, conductas, razonamientos, percepciones, entre otras, que demandan ser intervenidos desde la diferencia.

Comprendiendo lo anterior, la cotidianidad de los sujetos con diversidad de estructuras sociales y familiares, necesitan profesionales que estén abiertos a nuevas perspectivas y construcciones sociales, lo que exige del profesional un reconocimiento de ese nuevo horizonte, para ayudar a construir respuestas que ahonden y gestionen determinada problemática, en este caso en el trabajo infanto-juvenil.

A su vez, las estrategias que son componentes planificados y unificados para garantizar el bienestar de los NNA, han actuado para los profesionales de Trabajo Sociales como posibles vías de conocimiento y acción en los proceso de

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intervención, además también como disposiciones elementales para retomar la problemática infanto-juvenil, construyendo maniobras tácticas que configuren esa realidad que afecta a los NNA, con ello los profesionales realizan gestiones que dan muestra del estudio y ejecución de las consideraciones articuladas a la institucionalidad, realizando un intercambio de saberes conceptuales para operar de forma concreta.

Las profesionales bajo la experiencia con sujetos infanto-juveniles potencia las habilidades sociales de estos, a través de estrategias que transformen y de alguna manera den respuesta del porqué de este fenómeno y la manera en que sus redes de apoyo influyen o no en estos niños, niñas y adolescentes para que se vinculen a temprana edad al mercado laboral, de esta forma el análisis aquí encontrado muestra la importancia de la labor de las trabajadoras sociales en el abordaje de este tema y más aún en su proceso de intervención para lograr la mitigación de la problemática de trabajo infanto-juvenil.

Cabe destacar, que el proceso de intervención social de las trabajadoras sociales de ACJ genera un despliegue acciones analíticas, estructuradas de estrategias, métodos y teorías que influyen en el proceso de inserción, diagnóstico y planificación de las profesionales, dándoles una contextualización para que se ubiquen en esa cuestión social. De esta manera, las trabajadoras sociales por medio de equipos interdisciplinarios articulan acciones, y abordan la complejidad del trabajo infanto-juvenil, realizando un fortalecimiento de los NNA y sus familias a través de intervenciones de familia, grupos focales, donde a las familias de los NNA en riesgo o en medio de trabajo infanto-juvenil; grupos preventivos, de promoción y recreativo en torno a la reivindicación de derechos, y demás problemáticas que puedan vulnerar a la población infanto-juvenil, desarrollando un procesos de intervención dinámico que acoge la realidad específica que se le presenta.

De acuerdo a lo anterior, es preciso agregar, que inmerso a todo ese proceso también se encuentra conectado la interdependencia entre la teoría y práctica, que acompañan y al mismo tiempo posibilitan el dinamismo del proceso de intervención, contrastando y acogiendo aquella realidad, desde posturas que

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enriquezcan la práctica profesional, lo cual hace relevante decir que su relación en el proceso de intervención que desarrollan las trabajadoras sociales de ACJ en el campo problemático es fundamental para construir junto con los NNA y sus familias rutas de solución para el trabajo infanto-juvenil.

Así mismo, la reflexión que realizan las profesionales de ACJ les lleva a una continua evaluación del proceso de intervención, aportando al quehacer de las trabajadoras sociales y develando otras lógicas pertinentes al momento de desempeñar la intervención como lo es la sensibilidad por la realidad que viven los niños, la empatía que deben asumir ante la problemática, el pensarse y analizar las estrategias, teorías y metodologías del proceso, y también la relación del profesional con la institucionalidad que establece los lineamientos generales del proceso de intervención, todo ello, con la finalidad de brindar un crecimiento profesional y humano, nuevas perspectivas y destrezas, y un conocimiento amplio de aquella condición de trabajo infanto-juvenil.

Finalmente este análisis deja evidenciar la forma en la que el quehacer está guiado por el protocolo de las instituciones en este caso del ICBF, de esta forma se crea un conjunto de trabajo que lleva al plano entre lo teórico, las técnicas y lo planeado por la institución, para alcanzar los objetivos y de esta manera contrarrestar el trabajo infanto-juvenil en esta zona, pero, en muchas ocasiones este trabajo articulado puede dejar un sin sabor en las profesionales al sentir que no es suficientes los tiempos marcados para conseguir resultados, dejando de lado lo que verdaderamente quieren alcanzar con su proceso de intervención.

Se plantea entonces, que los tiempos juegan en contra de las trabajadoras sociales, debido que deben cumplir con los parámetros del ICBF, pero, también deben implementar el proceso de intervención para cumplir con su objetivo el cual es lograr mitigar, disminuir o acabar con el trabajo infanto-juvenil, de cierta manera esto se convierte en una frustración como lo menciona las trabajadoras sociales de ACJ donde los tiempos son limitados y hace que estén en una constante carrera para el cumplimiento de los objetivos, lo cual ocasiona choques entre el quehacer y los requisitos establecidos, poniendo a las

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profesionales a mediar y reinventarse entre ambas demandas para realizar el proceso de intervención.

Dicho de otro modo, las profesionales están en una encrucijada de cómo debe ser su rol frente a lo que se quiere cumplir versus las instituciones y los beneficiarios de ACJ, sin embargo viéndose como una oportunidad de posicionarse como profesional en destinado campo las trabajadoras sociales con una clara formación desde la academia, y también con el sentido común del deber ser del Trabajo Social se enmarcan en una proceso donde deben sortear con los lineamientos de las instituciones para generar un proceso de intervención que aporte a la población infanto-juvenil vinculada a ACJ.

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