Chapter 9: Conclusion and implication for practice and further research
9.7 Future directions for possible research
Para paliar la tremenda debacle económica, se decidió implantar un «plan para el período especial», diseñado originalmente para tiempos de gue- rra, y el cual, entre otros aspectos, se propuso distribuir equitativamente los exiguos recursos existentes. A la vez se cerraron fábricas, empresas estatales y otros centros productivos y de servicios —incluidas rutas de transportes— para los que no había ni las materias primas ni los portadores energéticos in- dispensables, que en su mayoría se importaban hasta entonces de Europa Oriental.
Era la segunda vez, en menos de cuatro décadas, que Cuba debió reorien- tar toda su economía de golpe, y de manera radical. Primero, como conse- cuencia de las transformaciones generadas después del triunfo de la Revo- lución Cubana en 1959, cuando fue necesario modificar toda la estructura económico-social del país y, ante el bloqueo impuesto por Estados Unidos, encauzar el comercio exterior en dirección a la comunidad socialista euro- pea, cerrado el tradicional mercado norteamericano dominante desde princi- pios del siglo xix. En los noventa, al desaparecer de manera inesperada el en-
torno donde se había insertado tras la ruptura con Estados Unidos, Cuba, en medio de una crisis económica sin precedentes, debió volver a variar drásti- camente todos sus vínculos externos y, en gran medida también diversos as- pectos de su sistema económico, ante el dramático dilema de conservar las conquistas sociales conseguidas por la Revolución o rendirse al asedio nor- teamericano.
Hay que recordar que en estas circunstancias el bloqueo de Estados Uni- dos a Cuba fue redoblado, primero por la ley Torricelli, aprobada por el Con- greso de Estados Unidos el 23 de octubre de 1992 con el nombre de Ley para la Democracia Cubana y que, entre otras medidas punitivas, establecía la eli- minación de las autorizaciones a empresas norteamericanas radicadas en ter- ceros países —que el gobierno de James Carter había permitido— para ne- gociar con la isla. Y a continuación por la ley Helms-Burton, firmada el 24 de febrero de 1996, se abrió la posibilidad de sancionar por los tribunales de
2 Se pasó de un promedio anual de importaciones, entre 1985 y 1990, de 7770 millones
de dólares a 1719 millones de dólares en 1993, cuando el PIB fue un 65% de lo que era en 1989. El promedio de calorías per cápita bajó a 1995 y 55 gramos de proteína. Véase Bert Hoffmann (editor): Cuba, apertura y reforma económica, Caracas, Nueva Sociedad, 1995, p. 85.
LA REVOLUCIÓN CUBANA EN LA BúSQUEDA DEL SOCIALISMO PRÓSPERO Y SOSTENIBLE 137 Estados Unidos a empresas de terceros países que tuvieran negocios con la Mayor de las Antillas.3
Además, algunas organizaciones contrarrevolucionarias en Estados Uni- dos redoblaron sus acciones violentas contra Cuba. De ello fue expresión los atentados con bombas en hoteles de La Habana, ocurridos en junio y sep- tiembre de 1997, mediante el empleo de mercenarios centroamericanos con- tratados por el terrorista internacional Luís Posada Carriles, actualmente pro- tegido en territorio norteamericano.
En aquella grave situación, se reunió, en octubre de 1991, el IV Con- greso del Partido Comunista de Cuba (PCC) que transformó sustancialmente el equipo dirigente, pues el 67% de los 225 miembros de su Comité Central fueron nuevos ingresos; propuso una reforma constitucional que incluyera la elección directa de los diputados; ratificó el unipartidismo; aceptó el ingreso de religiosos en las filas de la organización política y fundamentó la necesi- dad de las empresas mixtas con el capital extranjero. A los pocos meses, la Constitución de 1976 fue reformada en esa dirección y renovada la Asam- blea Nacional por votación directa y secreta, comicios que demostraron, pese a los acuciantes problemas económicos del país, el apoyo mayoritario de la ciudadanía al proyecto socialista.
Aun en las peores circunstancias de este penoso proceso, el gobierno cu- bano consiguió preservar los logros esenciales de la Revolución —ninguna escuela u hospital fue cerrado, a la vez que se garantizaba una mínima ca- nasta familiar de productos alimenticios indispensables a precios subsidia- dos—; mientras la inmensa mayoría de la población se veía obligada a acu- dir a diferentes formas de resistencia que espontáneamente generó las más creativas actividades para suplir ingresos y resolver los múltiples problemas surgidos con las drásticas restricciones alimenticias, del transporte, la elec- tricidad y en otros rubros básicos de la vida cotidiana. Entre las secuelas de este marcado deterioro del nivel de vida de la población cubana también es- tuvo el desplome de muchos servicios sociales y el ensanchamiento del mer- cado negro.
También como consecuencia de la crisis se incrementaron como nunca an- tes las salidas ilegales hacia Estados Unidos, en particular desde el verano de 1994, cuando el gobierno de la isla decidió despenalizar las mismas y permitir
3 Esta legislación anticubana de Estados Unidos impone sanciones a aquellas empresas
o personas que utilizaran en sus negocios en la isla bienes expropiados de ciudadanos esta- dounidenses, incluidos los cubanos, aunque no tuvieran esa nacionalidad en el momento de la confiscación. El sistema punitivo incluye varias regulaciones y trabas comerciales, como las aplicadas a un barco de cualquier país que toque puerto cubano y que no podrá hacerlo en territorio norteamericano hasta pasados seis meses de su visita a Cuba. Además, se prohíbe la entrada a Estados Unidos a todo producto cubano, así como a cualquier manufactura que tenga componentes de esa procedencia. Ninguna empresa extranjera está autorizada a vender al país caribeño productos que tengan más de un diez por ciento de componentes norteamericanos, so pena de sanciones económicas para la empresa o sus ejecutivos.
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a más de treinta mil personas abandonar el país en endebles embarcaciones. Esta oleada descontrolada, favorecida por la ley norteamericana de «Ajuste Cubano»,4 obligó al gobierno de Washington a firmar con su homólogo cu- bano nuevos acuerdos migratorios en 1994 y 1995, que abrieron las puertas a la migración legal a partir de la concesión de más de veinte mil visas anua- les por concepto de reunificación familiar y sorteo. Al mismo tiempo, Esta- dos Unidos se comprometió a devolver a Cuba los emigrantes recogidos en alta mar. El resultado fue la disminución del flujo ilegal de inmigrantes cubanos a Estados Unidos, aunque sigue existiendo hasta hoy.5
A partir del segundo semestre de 1993, se adoptaron por el gobierno de Fi- del Castro una serie de disposiciones, dirigidas a impulsar el desarrollo de las industrias turística y farmacéutica, como fuentes emergentes para la obtención de recursos externos, así como varias reformas coyunturales ajenas al modelo socialista que había caracterizado a la economía cubana. Nos referimos a la au- torización del trabajo por cuenta propia, la libre circulación del dólar —y de otras monedas extranjeras— y la apertura de tiendas en esa moneda, el paso al sistema de cooperativas de las dos terceras partes de la agricultura estatal, la promulgación de una nueva ley de inversiones —que abrió con ciertas restric- ciones al capital extranjero varios sectores económicos del país—, la reinaugu- ración de mercados agropecuarios y de bienes artesanales e industriales regidos por la oferta y la demanda, así como la concesión de permisos para alquilar ha- bitaciones particulares a visitantes extranjeros.
Sin duda esas disposiciones tuvieron relativo éxito, pues permitieron salir de los momentos más críticos, sacar al conjunto de la economía de su atolla- dero e ir poco a poco reanimando sectores agrícolas, industriales y de servicios. Prueba de ello es que el PIB creció entre 1994 y 1998 a un promedio anual del 2,2%, llegando en 1999 al 6,2%; el mismo año en que el turismo alcanzó el mi- llón y medio de visitantes extranjeros —eran sólo 200 mil en 1986—;6 mien- tras el número de empresas mixtas operando en Cuba pasaba de 4 en 1990 a 370 diez años después. El excedente de circulante en manos de la población
4 Puesta en vigor en 1966, otorga residencia legal en Estados Unidos a cualquier cubano
que llegue al territorio norteamericano, al margen de la vía utilizada.
5 A comienzos del siglo xxi, diversos estimados fijan en unos dos millones los cuba-
nos radicados en el exterior, asentados sobre todo en Estados Unidos. A diferencia de lo ocurrido en los años sesenta y setenta, muchos de los nuevos emigrantes no manifiestan in- quietudes políticas, mantienen contactos con sus familiares en Cuba, les envían ayuda eco- nómica (remesas) y visitan con frecuencia la isla. A reforzar esta tendencia han contribuido las nuevas leyes migratorias cubanas, puestas en vigor en enero de 2013, que eliminaron las restricciones y exigencias para los viajes al exterior —sólo en ese año salieron como turistas 300 mil cubanos—, las residencias temporales fuera de Cuba y las visitas de los emigrados, que en ese año llegaron a las 240 mil personas. Además, Estados Unidos también ha flexi- bilizado los requisitos para el otorgamiento de visas, muchas de ellas concedidas ahora por cinco años.
6 En el 2004 se llegó por primera vez a los dos millones de turistas y diez años después a
LA REVOLUCIÓN CUBANA EN LA BúSQUEDA DEL SOCIALISMO PRÓSPERO Y SOSTENIBLE 139 fue absorbido parcialmente y se consiguió un relativo equilibrio monetario in- terno; el peso cubano se revalorizó frente al dólar y el déficit presupuestario es- tatal se redujo a límites aceptables, pues a fines de la década del noventa repre- sentaba sólo un 3% del PIB.