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Stearic acid

5. Future Experiments

cronológica (factor interno) y a circunstancias familiares y sociales (factor externo), por el otro la escuela como institución formal no ha tenido, a criterio de muchos especialistas en educación, los cimientos firmes. En relación a este tema varios autores han mostrado ―desde ópticas diferentes― un modelo de adolescente moderno. En esta investigación se pone énfasis en algunas ideas (considerando el tipo ideal, al que se aspira) de quien ―por sus aportes a la educación de niños y de adolescentes― es motivo de consulta permanente en los ámbitos académicos: Jean Piaget. Para éste el adolescente es un creador de teorías ―un metafísico por excelencia― al tiempo que el adulto debiera ser capaz de poner la habilidad de aquél en conjunción con la realidad. “La etapa de las utopías resulta imprescindible como pasaje para la madurez de la inteligencia y el mecanismo fundamental para estructurar la propia personalidad es la identificación”, expresa el psicólogo suizo en una de sus obras más destacadas.174 A sus palabras cabría agregar que en la actualidad los adolescentes no encuentran fácilmente figuras adultas con las cuales identificarse y que tanto los padres como los docentes han perdido en buena medida ese lugar, no obstante que de ellos siempre se espera un comportamiento ejemplar. Asimismo, la independencia económica era un logro (hoy ya no lo es tanto) que distinguía al adulto del adolescente: significaba haber llegado, alcanzar un nivel profesional o laboral estable. Debe recordarse también que legalmente otrora la mayor edad se alcanzaba a los 22 años, a partir de 1968 se era mayor de edad a los 21 años y desde 2009175 la mayoría de edad (en varones y en mujeres) tiene lugar a los 18 años.

En la hora actual muchos jóvenes aspiran a mantenerse; es decir, luchan para no volver a fojas cero. Casi ninguno está seguro y ―por otra parte― el camino de formación es muy largo (se necesita cada vez menos manos de obra y mucho más capacitada). Para un buen número de ellos es difícil mantenerse económicamente y más aún lo es independizarse de los padres. Esta realidad acontece en países latinoamericanos (Argentina es un ejemplo) y también sucede en Europa, donde faltan empleos y los que existen requieren una sofisticada calificación. Estas dificultades aún son mayores cuando el que trata de educarse es un adulto. Responsabilidades ineludibles (muchas veces la familia y/o el trabajo) hacen que en no pocas ocasiones abandonen el secundario o ni siquiera lo comiencen. En esta investigación se analiza tal problemática en escuelas medias estatales (con egresados adolescentes y adultos) del Distrito de Junín.

174. Piaget, Jean, Seis estudios de psicología. Volumen 2 de Colección Labor. Nueva Serie. Labor, Tercera Edición, 1994, páginas 28 y 64.

175. Ley Nacional Nº 26.579 sancionada el 2 de diciembre de 2009.

En otro orden de ideas, la importancia de la escuela no fue siempre reconocida únicamente en todas partes. En Argentina, desde la intelectualidad nativa y la foránea se han exacerbado ―en alguna época― las críticas, especialmente como institución formadora de jóvenes proyectados hacia una adultez responsable. No obstante, ciertas voces oportunas se ocuparon de reafirmar lo insustituible de sus funciones. Entre ellas, la del profesor Antonio Salonia quien señalara: “A fines de la década de 1970 estuvo de moda cierto movimiento tremendista y negativo respecto de la institución escuela, […]. En nuestro país algunas figuras prominentes de la educación adhirieron al snobismo de proclamar la agonía o la muerte de la escuela en el corto plazo”.176 Esa actitud ácrata e irresponsable acerca de la decadencia de la escuela se superó con la madurez y el compromiso que supieron poner de manifiesto muchos educadores. Ello ratificó la convicción de muchos respecto de la vigencia de las instituciones formales de la educación. En esa línea de pensamiento, Hilario Fernández Long afirma: “Para educar a las personas no serán suficientes los nuevos medios, ni las organizaciones intermedias. En todas las épocas y en todos los lugares del mundo los niños y los adolescentes de los pueblos civilizados se han reunido alrededor de un maestro”.177 A estas ideas podría agregarse que una relación fluida docentes-estudiantes es primordial (especialmente para los últimos), cualquiera sea el nivel socioeconómico de los responsables de los educandos. Y esa fluidez ha de tener mayor importancia aún en aquellos alumnos de sectores desfavorecidos donde las necesidades son siempre mayores. Entre otras, de sus demandas, está la de recibir mensajes veraces y oportunos sobre cuestiones que hacen a la formación de la persona para la vida misma. Ello resulta primordial, pues sabido es que en familias pertenecientes a dichos sectores (aunque no son las únicas) la comunicación necesaria puede faltar o llevarse a cabo aisladamente o de manera autoritaria, desvirtuándose ―por ende― su esencia, con el consiguiente perjuicio final para todos sus interlocutores.

A su turno, Héctor Delbosco reconoce:

La primera responsabilidad educativa siempre le corresponderá a la familia […] la familia ―lamentablemente― va perdiendo fuerza; entonces parece que cada vez se hace más necesaria una institución que, sin reemplazarla ―lo que sería a la vez imposible e indeseable― cubra aquello que la familia no alcanza a hacer en forma total.178

176. Salonia, Antonio cit. por López Espinosa, Gustavo y van Gelderen, Alfredo Manuel en La escuela argentina en transformación: ocho cuestiones y veintidós protagonistas. Buenos Aires, Aula XXI, Ediciones Santillana S.A., 1996, página 32.

177. Fernández Long, Hilario cit. por López Espinosa, Gustavo y van Gelderen, Alfredo Manuel,

op. cit., página 33.

178. Delbosco, Héctor cit. por López Espinosa, Gustavo y van Gelderen, Alfredo Manuel,

op. cit., página 34.

Algunos estudios de investigadores en educación confirman que las familias de clase alta no han perdido fuerza; al contrario, inician y continúan su etapa educativa teniendo muy definido el posible futuro de sus hijos.179 Familia y escuela devienen pilares insustituibles ―hoy por hoy― en la formación ya no sólo del ciudadano sino de todos los habitantes, cualquiera sea su condición social. Empero, muchas veces ambas instituciones ―de la que tanto y tan profundamente se escribe― no crean vínculos entre sí. Familias que prácticamente ignoran las características que tienen las escuelas a que asisten sus hijos y colegios donde casi el único dato de interés que disponen de las familias de los estudiantes son las firmas de sus responsables en un libro especial (actividad que se cumple todos los años al comenzar el ciclo lectivo). En la presente investigación se realizará el abordaje de esta problemática mediante la aplicación de cuestionarios a los responsables de los egresados del nivel medio de escuelas estatales del Distrito de Junín.

Cecilia Braslavsky (1952-2005) funda la necesidad de la escuela en la relevancia de la alfabetización ―postura que se comparte en esta tesis― y recogiendo testimonios históricos afirma:

Siempre que desaparecieron las escuelas las sociedades se transformaron en ágrafas y el ejemplo más claro es la caída del Imperio Romano de Occidente. […]. Aquí no hay que hacerse ilusiones: ni la computadora, ni la TV, ni la familia pueden enseñar a leer y a escribir, ni pueden formar las habilidades intelectuales superiores.180

Podría colegirse que tales afirmaciones reflejan ―a lo más― una expresión de deseos. En apoyo de esta reflexión sobre las palabras de Braslavsky vaya lo siguiente: los especialistas en educación del siglo XIX no anunciaron el uso de la tecnología en la escuela. La computadora llegó y está empezando a tener ―si bien aún a los remezones― una participación activa en el desarrollo de las clases. Surge la pregunta de si podría ser utilizada por los niños para aprender a leer y a escribir, sin la presencia del maestro. Hay ―asimismo― otra realidad incontrastable: que alude a la responsabilidad que tienen la familia y la escuela respecto de muchos egresados que leen y escriben con suma dificultad. Por lo demás, se discute si el lenguaje de los jóvenes es un producto de la televisión o el resultado de lo que se enseña en las aulas (o de lo que sucede en ambas a la vez). Existen padres que, a sabiendas de algunas deficiencias de la educación actual, enseñan ellos mismos ―a veces con éxito― a leer y escribir a sus hijos. Otros inquieren qué sucedería con las escuelas si se aplicase extensivamente la idea de contratar a personas que enseñen en los

179. Tiramonti, Guillermina y Ziegler, Sandra, op. cit., páginas 34-36.

180. Braslavsky, Cecilia cit. por López Espinosa, Gustavo y van Gelderen, Alfredo Manuel,

op. cit., páginas 36 y 37.

hogares a los hijos de los responsables que habitan en ellos, a similitud de lo que acontecía en la Antigüedad.

Ahora bien, sin encuadrarse entre las propuestas de la antiescolaridad han surgido algunas líneas de pensamiento que indican una crisis profunda de los sistemas escolares, inclusive reciclados o actualizados. Alberto Taquini (h) (1935-) describe el estado de la cuestión así: “El sistema educativo formal, como lo conocemos hoy y está vigente en las sociedades desde la organización de los Estados, tiene menos de ciento cincuenta años y se basa en la sistematización de la transmisión de los conocimientos y en la tecnología del libro”.181 Sobre este sistema tradicional la explosión demográfica tuvo un efecto impensado: desde el origen del hombre hasta el 1800 de la era actual, se llegó a mil millones de habitantes; en 1930 se arribó a dos mil millones y hoy suman somos cinco mil millones. Se produjo así una expansión extraordinaria de los alumnos dentro del sistema, caracterizada por la necesidad de una educación permanente. Por consiguiente, no sólo existen cinco mil millones de personas sino que también se trata de cinco mil millones de habitantes aprendiendo todos los días.

A todo lo dicho podría agregarse lo siguiente: nacen ochenta millones de niños por año, de los cuales el 90 por ciento pertenece a los países pobres. Por lo tanto, el aumento de la cantidad de docentes y el de la infraestructura que se conoce como escuela o colegio, todo eso es fundamental en el momento de evaluar a un sistema educativo. Empero, debe tenerse presente que no existe capacidad económica suficiente para mantener dicho sistema en funcionamiento y aunque se lo lograse no habría calidad, sostienen algunos especialistas. Una idea que difiere de lo antes expuesto es aquélla que sostiene que una mayor extensión de la educación ―especialmente la que incluye a los sectores desaventajados― no necesariamente debería ir en desmedro de la calidad educativa. En tal sentido, el 17 de febrero de 2012 la ministra de gobierno bonaerense Cristina Álvarez Rodríguez sostuvo que el gobierno nacional destinó el 6,6 por ciento del Producto Bruto Interno a la educación y que en la provincia de Buenos Aires el gobernador Daniel Scioli (1957-) tomó la decisión de disponer para esa área la mayor porción del presupuesto, que alcanza al 30 por ciento, convirtiéndola en la provincia que más invierte en educación.182

181. Taquini, Alberto (h), cit. por López Espinosa, Gustavo y van Gelderen, Alfredo Manuel,

op. cit., página 38.

182. Tales conceptos fueron vertidos por dicha funcionaria al presidir el acto inaugural del nuevo edificio de la Escuela Secundaria Nº 3 de General Pirán, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Clarín, SecciónEducación, 18 de febrero de 2012, página 23.