6 Conclusions and Future Work
6.2 Future Research Directions
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PARA COMPRENDER EL ECUMENISMOoriginal con consecuencias indudables para el m o vim iento ecuménico en su conjunto y para la bús queda de un m odelo de unidad, por precario y hu m ilde que sea.
Tres ideas vertebran la obra de Duquoc. En pri m er lugar, el acento puesto en la m ultiplicidad de Iglesias cristianas com o va lor positivo y com o pun to de partida del pensamiento teológico en eclesio logía. Quienes, por el contrario, parten de un con cepto de Iglesia ideal, la m ultiplicidad aparece co m o un desgraciado accidente, efecto de la desobe diencia a la voluntad de Dios. Duquoc cree descu brir en la «ideología de la unidad» (p. 166) la im po sibilidad de asumir la diversidad eclesial com o va lo r positivo. La «id eo lo g ía de la u n idad», que es «id eolog ía de conquista a partir de un 'centro' que se cree factor de unificación, ha dem ostrado palpa blem ente en la historia de las Iglesias su repetido fracaso. Todas las rupturas son efecto de la volun tad hegem ónica y del deseo de acentuar la presión del centro para m antener la unidad em pírica supe rando los límites tolerables». P o r eso «e l ecum enis m o -para el dom inico francés- representa la origi nalidad de no tratar las relaciones eclesiales a par tir de un 'centro' real o im aginario, sino en función de la pluralidad» 49.
Pero la pluralidad y m ultiplicidad de Iglesias es tá en relación directa con la historicidad. N o cabe separar la esencia de la Iglesia de sus form as histó ricas e institucionales. La Iglesia se da, pues, en la m ultiplicidad de las Iglesias.
«La Iglesia no tiene esencia fuera de la construc ción temporal que hace de sí misma...; no existe, pues, en un origen que es preciso recuperar, una defi nición o una esencia pura de la Iglesia... La Iglesia no es otra cosa que la que se presenta aquí y ahora... En este sentido pertenecen al carácter histórico de la Iglesia su aspecto institucional, su visión utópica, su vitalidad mística, sus formas plurales. Es inútil sepa rar de una esencia o idea pura de la Iglesia sus for mas institucionales, divididas, variables, que descri ben su presencia en nuestro mundo. Estas rápidas precisiones bastan para establecer que rechazo una
eclesiología inspirada por una pretendida pureza ori ginaria, y que me aparto de una eclesiología definida por la pureza mística» 50.
La pluralidad de Iglesias históricas atestigua la llegada del reino de Dios. Ellas no son el reino, y de ahí su carácter provisional. La categoría de p ro v i- sionalid ad es básica en el planteam iento de Du- quoc. L o provisional
«califica el hecho de que las Iglesias son históricas y, por tanto, perecederas, lo que no es un juicio peyora tivo que insinúa un defecto de valor... Lo provisional designa la condición de la innovación, de la creación continua, de la presencia en las situaciones cambian tes; se opone a la obstinación en la voluntad de dete ner el instante, la movilidad de las formas o la morta lidad de las relaciones. Por eso lo provisional afecta a todas las formas que en las Iglesias son históricas: la organización, las formas sociales, las formas simbóli cas, las expresiones doctrinales. Al afectarlas, no las encierra en el instante, sino que las abre a su objeti vo: la llegada del reinado de Cristo» (p. 144). A partir de ahí, ya no cabe la pretensión por par te de Iglesia alguna de apropiarse, por ejem plo, de las notas de unidad, santidad, catolicidad y aposto- licidad. Las notas no tienen el va lor demostrativo que quiso una determinada eclesiología del pasado, ni son m eram ente escatológicas com o aplicables só lo a una Iglesia ideal; su carácter im perativo invita a cada una de las Iglesias históricas a superar las rupturas actuales y la m ediocridad, a salir de su aislam iento y a recuperar la com unión 51.
Cabe preguntarse, al final, si Duquoc se con for m a, con el statu qu o de las divisiones cristianas al pon er tanto énfasis en el valor positivo de la m ulti plicidad de Iglesias. La respuesta es ciertam ente ne gativa; Este autor es consciente de la existencia de una pluralidad de exclusión. P or eso afirma:
«La pluralidad de Iglesias entendida como oposi ción mutua, en el convencimiento de cada una de po seer (con exclusividad) el evangelio, es el mayor peca-
50 Ch. Duquoc, Iglesias Provisionales..., o. c., 50. 51 Ch. Duquoc, Iglesias Provisionales..., o. c., 109.
do contra la profesión de fe en un Dios, un Señor, un Espíritu’. No es efecto del Espíritu cuando va acom pañada de esta conciencia de exclusión» 52.
P or eso aboga, salvaguardando la pluralidad de Iglesias com o valor en sí m ism o que nace directa m ente del Nuevo Testamento, p o r una unidad de co m u n ió n 53, cuyas condiciones insinúa a lo largo de su obra:
- el abandono de la confrontación y de la polé mica p or la negociación y el diálogo;
- el reconocimiento, por parte de cada una de las Iglesias, de no ser actualmente el lugar en que esta com unión podría vivirse «sin transform ación institucional y sin cambio de su política» (p. 110);
- la aceptación de que las otras Iglesias no son la negación de la propia, sino el lím ite que m ani fiesta abiertamente que ninguna de ellas es el reino o «lo ú ltim o» s*.
N os parece que la aproxim ación de Duquoc a una eclesiología inductiva, que parte de la m ultipli cidad de Iglesias, y su rechazo positivo del m étodo deductivo, que parte de una Iglesia ideal, le lleva a la conclusión de que el «sistema m últiple» es la p o sibilidad más viable para una solución del proble m a ecum énico y que expresa con la categoría de «unidad de com unión». Esta categoría cura de la tentación -según Duquoc- a que están siempre ex puestos todos los intentos eclesiásticos de estructu ras unitarias y de prácticas centralistas.
3. El diálogo
El diálogo es el hilo conductor que recorre todo el m ovim iento ecuménico. Se ha esbozado ligera m ente- en el apartado inicial de este capítu lo- co m o uno de los elementos definitorios del ecumenis mo. Analizando después los diferentes m odelos de unidad, se ha podido com probar cóm o el diálogo subyace en cada página al perm itir a las Iglesias po-
52 Ch. Duquoc, Iglesias Provisionales..., o. c., 112. 5J Ch. Duquoc, Iglesias Provisionales..., o. c., 110. 54 Ch. Duquoc, Iglesias Provisionales..., o. c., 163.
nerse en actitud de escucha mutua. Abordam os, p or últim o, el diálogo en sí mism o 55, bajo una tri ple perspectiva:
• E l diálogo com o actitud y com o m étodo. • Condiciones del verdadero diálogo. • Protagonistas del diálogo ecuménico.
3.1. El diálogo como actitud
y com o método
H ay algo en la estructura del ser humano que tiene m ucho que ver con el diálogo. N o sólo en su dim ensión cognoscitiva - lo que parece evidente-, sino en la base misma de su propia constitución. Es d ifícil concebir la existencia del hom bre o de la m u je r sin considerarlo en relación con . Y es que su des tin o no es la soledad, sino la vida.
L a teo lo g ía cristiana ha vislu m brado en Dios m ism o la razón de esta verdad. El m onoteísm o cris tiano no se fundamenta precisamente en la soledad de Dios, sino que encuentra su m ejor explicación en la com unión y en las relaciones de las tres perso nas, el m áxim o diálogo divino, base del dogm a tri nitario. Un reflejo de esas relaciones divinas se da en la vida m ism a de los seres humanos. Cada indi viduo lleva en sí m ism o una abertura a los otros, y no se realiza sino en com unión con los otros. Es esa una vieja verdad que la filosofía contem poránea ha explorado con éxito, a partir, entre otros, de los estudios de M artin Buber, Sobre el Yo y el Tú y La vida en diálogo. Por eso la m ejor expresión de las relaciones interhumanas es el diálogo. Sin diálogo no hay socialización , es decir, hu m anización, ya que se im pide la com prensión de los otros, e inclu so la explicación coherente de uno mismo.
55 Existe una inmensa literatura sobre el diálogo. E n nuestro