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6.3 Discussion

6.3.3 Future research

La influencia ejercida en Atenas por los tres grandes filósofos de los siglos V y IV, Sócrates, Platón y Aristóteles, fue lo suficientemente impor­ tante para que la ciudad continuara atrayendo en época helenística a los filósofos.

9.1.1. L a A cadem ia y el platonismo

Los discípulos de Platón, Jenócrates y Espeusipo crearon el platonismo vulgar de los siglos siguientes a su maestro.

Entre las doctrinas de la Academia antigua sólo la demonología llegó a tener verdadera influencia. A lo ya definido por Platón —los démones como seres intermedios que podían contactar con los hombres en lugar de los dioses—, Jenócrates popularizó la diferencia entre démones buenos y ma­ los. Se legitimaba de esta manera filosóficamente un pensamiento exis­ tente ya en la fe popular.

La Academia media de los siglos m y II polemizó, sobre todo, contra la doctrina estoica del conocimiento, que atribuía contenidos de verdad a las ideas obtenidas a través de la experiencia, de la observación y de la per­ cepción científica. Los discípulos de la Academia oponían a estos puntos de vista una dialéctica que demostraba que a cada argumento se le podía contraponer otro contrario y, por tanto, debía imponerse la abstención del juicio.

Esta actitud combativa contra la mayoría de las otras corrientes filosófi­ cas comenzó a ser superada con Filón de Larisa, maestro de Cicerón en Roma, para acabar definitivamente con Antíoco de Ascalón, sucesor de Filón. Se abría, así, una nueva etapa en la cual los seguidores de estas doc­ trinas se llamarían platónicos. La extensión a partir del siglo i a. J. de las ideas platónicas se debe, pues, no al éxito de la Academia, sino a la evolu­ ción cultural, de suerte que aquellas llegaron a modelar el pensamiento general y la cosmovisión de toda la época siguiente,

9.1.2. El Perípato

Los peripatéticos seguían reuniéndose en el perípatos del gimnasio donde Aristóteles había impartido sus enseñanzas.

Ante todo, conviene señalar que durante siglos no se pudo percibir ape­ nas nada de la influencia filosófica de Aristóteles. Especialmente en el ám­ bito de la cosmología, el Helenismo no entendió la teoría del primer motor, ni su pintura mecanicista del curso del mundo. Sus escritos éticos y políti­ cos estaban excesivamente orientados hacia el modelo de la polis y se po­ dían aplicar, por ello, con dificultad a las nuevas circunstancias de la épo­ ca helenística.

Su representante más destacado, tras la muerte de Aristóteles, fue su colaborador y amigo Teofrasto (ca. 372-288), cuyos campos de interés fue­ ron variadísimos, desde la botánica a la literatura, pasando por la etnogra­ fía, y otros campos. Su sucesor, Estratón (ca. 350-270), se ocupó entre otras cosas de la enseñanza sobre el alma, cuya inmortalidad no aceptaba.

Aunque la escuela peripatética desde el siglo III a. C. no dio ya persona- 168

lidades de talla, su influencia se renovaría posteriormente, centrada sobre todo en la lógica de su fundador, llegando, incluso, a tener influjo en la filo­ sofía árabe de la Edad Media, gracias a la cual se han conservado una gran parte de los escritos aristotélicos.

9.1.3. Epicuro y la doctrina epicúrea

En contraposición con el antiguo ideario de la polis, hay que citar el Epicureismo, fundado por Epicuro (341-270), cuya doctrina es difícilde re­ construir, habida cuenta de que sus escritos se han perdido, así como los de sus discípulos y sucesores, muy fragmentariamente conservados.

No es preciso tratar aquí de su teoría del conocimiento, basada en que todas las percepciones sensoriales son verdaderas, ni sobre su atomismo. Para el ámbito intelectual helenístico, tuvo más importancia el llamado ateís­ mo de los epicúreos, su doctrina sobre la verdadera felicidad (eudaimo-

nía) y la organización del Jardín como asociación religiosa de amigos, en la que podían participar también mujeres y esclavos. La filosofía de Epi­ curo intentaba ser un sustituto de la religión.

Epicuro no rechazó el Estado, pues consideraba que todas las corrien­ tes espirituales y culturales sólo podían desarrollarse en el marco de la legalidad estatal. Su contribución más famosa a la historia de la filosofía consiste en la continuación de la teoría de Demócrito sobre los átomos, creando sobre principios racionales un sistema del Cosmos, en el cual no tenía cabida ningún tipo de influencia de los dioses sobre la vida humana. Afirmaban que el proceso de los acontecimientos naturales sigue unas le­ yes derivadas de los movimientos de los átomos y para ello no se precisa de los dioses. No existe una realidad espiritual, incluida el alma, fuera del mundo material compuesto de átomos, Para Epicuro no era posible, por tanto, asociar la idea de religión y de piedad con ningún tipo de pode­ res trascendentales.

El hombre, liberado así de todo miedo a la muerte y otros temores, po­ día dedicarse, mediante la paz del alma y la salud, a la meta más alta, el placer corporal y espiritual. Por tanto, la filosofía epicúrea, más que un sis­ tema positivo era una huida de cualquier problema y una ausencia de de­ seos y preocupaciones (ataraxia), liberando al ser humano de todo deseo desordenado.

9.1.4. La Estoa

Otra escuela filosófica, que se ocupó del problema de la felicidad fue la Estoa, llamada así por ser su lugar de reunión la Stoa Poikile en Atenas. El fundador de esta escuela fue el chipriota Zenón (ca. 335-262). De los frag­ mentos de sus obras conservados, podemos deducir que propugnaba un estado universal en el que todas las diferencias entre ricos y pobres, grie­

gos y no griegos debían ser borradas. De todas las maneras, las diferentes personalidades de esta escuela —Oleantes, Crisipo, etc.— fueron aña­ diendo nuevas líneas de pensamiento a la estructura fundamental.

Para Zenón, el principio que explica el mundo y su orden es el Logos, la Razón, que es, además, lo que hace del hombre lo que es. De esta manera, aunque se rechazara la adoración cultual exclusivamente extema, se po­ día unir la vieja fe en los dioses con las nuevas concepciones filosóficas, los dioses eran símbolo del sabio dominio de la razón universal. Los diver­ sos dioses que se adoraban en los distintos pueblos no eran, en realidad, más que nombres diferentes de una razón divina. La concepción estoica se acercaba mucho, pues, a las tendencias sincretistas de la época y pro­ porcionaba la deseada base filosófica.

El orden del cosmos no es considerado como un deterninismo sin sen­ tido, sino como un conjunto perfecto de leyes en el que todo está ordenado de manera perfecta. Por eso, la razón universal se puede comparar con Zeus, que por medio de sus leyes ha ordenado todo de antemano y todo lo dirige. Oleantes expresó estas ideas en el famoso himno a Zeus, en el que se habla de las maravillas del firmamento, así como del orden perfecto del cielo, tierra y mar, y también de los múltiples dones provechosos de la na­ turaleza como prueba de la acción benéfica de la divinidad.

En la psicología estoica, todos los afectos pertenecen a los estados en­ fermizos del alma. De ellos el sabio debe liberarse para alcanzar el obje­ tivo de la impasibilidad, apatheia y más tarde, en Epicteto, también atara­

xia.

El paralelismo con el picureísmo es claro en lo referente a la descrip­ ción de la tarea filosófica, así como en la cosmología materialista, e igual­ mente, en el ideal del sabio, que se basa en la manifestación de los valores éticos positivos. Ambas escuelas fueron responsables, pues, de que se for­ mara en el Helenismo el típico ideal del sabio, tratando de lograr la misma meta: la felicidad o eudaimonía, el equilibrio feliz del individuo que se en­ cuentra en perfecto acuerdo consigo mismo y ha superado, así, el impera­ tivo del destino. Pero mientras para el epicureismo la retirada del mundo es el presupuesto inevitable para alcanzar la eudaimonía perfecta, el sabio estoico no necesita de tal cosa. Puede alcanzar esa felicidad incluso dentro de los quehaceres mundanos y en la actividad que le ha tocado en suerte por su origen, educación y rango político, El sabio puede participar, por tanto, de manera activa en los acontecimientos de su entorno,

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