“El mito es un habla” (Roland Barthes 1980, 190)
El mito es una manera de significación que vacía los sentidos para crear un relato que permita al hombre dar cuenta de su historia. El mito surge de la necesidad de escapar a la temporalidad de la existencia, a la caducidad de las certezas y a la contingencia de los lenguajes. Entregado al mito el ser escapa a su extinción para situarse como ser-en-un-tiempo diacrónico e inscribirse como actor de momentos sincrónicos, en los que supone plasmar algo que dé cuenta de su paso, eternizándolo en la memoria.
Si bien el mito está impregnado de imaginarios, se sostiene precariamente del relato de una historia, toma de los hechos para alimentarse y construir con ellos el metalenguaje con el cual versará sobre aquel lenguaje objeto, aquello que basado en una materia ya trabajada, definida, se organiza como construcciones semiológicas previas de un sistema lingüístico que serán de lo que habla el mito. Es así que el mito se torna en un metalenguaje, puesto que habla
acerca de un lenguaje anterior18.
Mientras que el lenguaje común me dice simplemente que el significante expresa el significado, en cualquier sistema semiológico no nos encontramos con dos, sino con tres términos diferentes. Lo que se capta no es un término por separado, uno y luego el otro, sino la correlación que los une: tenemos entonces el significado, el significante y el signo, que consiste en el total asociativo de los dos primeros términos. (Barthes 1980, 204)
El sistema semiológico lingüístico presenta una estructura tridimensional donde el significante será la huella acústica, la traza mnémica, vacía y hueca que es significada solo en el après-coup de su relación con un significado, noción o definición al que el significante es ligado. De la relación entre estos dos elementos, significante y significado, deviene el signo como el
resultado de la función de significancia, el efecto de significación que es productor de sentido19.
18 Roland Barthes: “Existen en el mito dos sistemas semiológicos de los cuáles uno está desencajado respecto al otro: un sistema lingüístico, la lengua (o los modos de representación que le son asimilados), que llamaré lenguaje objeto, porque es el lenguaje del que el mito se toma para construir su propio sistema; y el mito mismo, que llamaré metalenguaje porque es una segunda lengua en la cual se habla de la primera”. Barthes, Roland. 1980. Mitologías. México: Siglo XXI Editores, p. 206.
19 Roland Barthes: “Para Saussure, que trabajó un sistema semiológico particular aunque metódicamente ejemplar, la lengua, el significado es el concepto, el significante la imagen acústica (de orden psíquico) y la relación de concepto e imagen, el signo (la palabra, por ejemplo) o entidad concreta”. Barthes, Roland. 1980. Mitologías. México: Siglo XXI Editores, p. 204.
68 Para que se estructure un mito es necesario que antes se haya organizado una cadena semiológica lingüística previa, donde el signo sea vaciado, despojado de sentido para dar origen a una nueva cadena semiológica mítica, una cadena significante casi infinita cuyo resultante no será un signo sino una cadena simbólica, que lejos de definir, pretende explicar el estar-en-el- mundo de un sujeto. El mito es por lo tanto, un metalenguaje, un decir de signos del discurso primero, donde el discurso mítico implica una lógica diferente, propia y única.
En el mito reencontramos el esquema tridimensional al que acabo de referirme: El significante, el significado y el signo. Pero el mito es un sistema particular por cuanto se edifica a partir de una cadena semiológica que existe previamente: es un sistema semiológico segundo. (Barthes 1980, 205)
Es así que del término resultante de la primera cadena significante, del signo, sentido, de acuerdo a Barthes, surge la cadena mítica. El signo vuelve a ser significante, término primero, al que el autor denomina forma.
Gráfico 9
SISTEMA LINGÜÍSTICO: SISTEMA MÍTICO:
Significante: Hueco, huella mnémica. Significante: Forma.
Significado: Definición del diccionario. Significado: Concepto.
Signo: Sentido. Signo: Significación.
FUENTE: Elaboración propia, 2004.
El significante del mito se presenta en forma ambigua: es, a la vez, sentido y forma, lleno de un lado, vacío del otro. Como sentido el significante postula de inmediato una lectura, se lo capta con los ojos, tiene una realidad sensorial […] Cómo suma de signos lingüísticos el sentido del mito tiene un valor propio, forma parte de una historia […]: en el sentido ya está construida una significación que podría muy bien bastarse a sí misma, si el mito no la capturara y no la constituyera súbitamente en una forma vacía, parásita. El sentido ya está completo, postula un saber, un pasado, una memoria, un orden comparativo de hechos, de ideas, de decisiones. Al devenir forma, el sentido aleja su contingencia, se vacía, se empobrece, la historia se evapora, no queda más que la letra. (Barthes 1980, 208-209)
SISTEMA LINGÜÍSTICO SIGNIFICANTE (Sentido) SIGNO SIGNIFICADO SISTEMA MÍTICO (Forma) SIGNIFICACIÓN CONCEPTO
69 El Signo producido por el sistema lingüístico, se convierte en el significante que funda al sistema mítico, cuando deja de ser sentido para transfigurarse en forma, en productor de nuevos sentidos, concepciones otras temporales y propias del mito que se está construyendo. Sin embargo, no deja de ser sentido, necesita del patrimonio, de la abundancia y la historicidad del sentido al cual el mito retorna para sostener su relato imaginario entre la realidad factual y la
fantasía fabulosa del mito estructurante y ontogénico20.
Es que el mito es una palabra robada y devuelta. Solamente la palabra que se restituye deja de ser la que se había hurtado: al restituirla, no se la ha colocado exactamente en su lugar. Esta pequeña ratería, este momento furtivo de un truco, constituye el aspecto transido del habla mítica. (Barthes 1980, 218)
A pesar del sentido, y en detrimento de éste, el mito es arbitrario, aliena el sentido y lo subvierte al concepto, el cual lo deforma, lo desfigura y lo trastorna para disfrazar la realidad y escribirse como una suerte de icono in-interpretable del epigrama lenguajero de un relato contemporáneo, con que dice del sujeto que en él se inscribe y desde dónde se elabora, como
heredero de una historia y sucesor de una cultura21.